BS"D
01 BERESHIT
בְּרֵאשִׁית
Génesis 1:1 - 6:8 Haftará: Samuel I 20:18-42
MATERIAL DE ESTUDIO
DE GAL EINAI
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1 MELAVE MALKA, EL ANGEL MIJAEL Y LOS
ZAPATOS ROTOS DESPUÉS DE Shabat y Sucot ALEGRÍA A TODO EL AÑO
https://youtube.com/shorts/v6NhIijRvlA
DESPEDIMOS EL SHABAT CON BAILE, CANTO Y UNA HISTORIA DEL BAAL SHEM TOV
Los zapatos rotos que se convirtieron en una corona
Una enseñanza de un discurso sagrado
Una vez, en Simjat Torá, el Baal Shem Tov contó a sus discípulos:
En la mañana de Simjat Torá nos despertamos más tarde de lo habitual, debido a
los bailes y a la alegría de las hakafot de la noche anterior. Pero los
ángeles, que no habían dicho «¡Lejaim!» la noche de Simjat Torá, se presentaron
como de costumbre para la plegaria de Shajarit. Sin embargo, los ángeles no
pueden entonar su canto hasta que el pueblo de Israel lo hace en la tierra. Así
que se quedaron sin nada que hacer y decidieron aprovechar su tiempo para
realizar una limpieza en los cielos...
Descubrieron entonces que los cielos estaban llenos de objetos extraños:
zapatos de casa rotos, suelas y restos de zapatos. Los ángeles estaban
acostumbrados a encontrar allí tzitzit, tefilín y otros objetos sagrados, pero
jamás habían visto cosas semejantes. Decidieron preguntarle al ángel Mijael, el
defensor de Israel, qué significaban aquellas cosas.
«Sí», les respondió el ángel Mijael, «esta es mi mercancía. Estos son los
zapatos que quedaron de las hakafot que se realizaron anoche, durante las
cuales los judíos bailaron con la Torá». Y, con orgullo, comenzó a mostrar los
zapatos rotos, ordenándolos según las distintas comunidades: «Estos son de
Kamin ka, estos son de Mezritch...».
Entonces dijo el ángel Mijael: «El ángel llamado Metatrón teje coronas para el
Creador del mundo a partir de las plegarias del pueblo de Israel. Pero yo
—proclamó el ángel Mijael— voy a presentar hoy ante el Creador del mundo una
corona mucho más espléndida: una corona hecha de zapatos rotos...».
La suela del zapato es su parte más baja. Además, el zapato en su totalidad es
la vestimenta del pie, que se encuentra por debajo de todas las demás
vestimentas del cuerpo; y dentro del propio zapato, la suela es precisamente la
parte más inferior. Y, sin embargo, justamente allí, en ese lugar tan bajo, se
extiende y penetra la alegría de Simjat Torá.
Más aún: precisamente el hecho de bailar con los pies produce una elevación
también en el corazón y en la cabeza. Existe una manera en la que una persona
puede permanecer sentada en su lugar y levantar solamente los pies. Pero en
Simjat Torá no se permanece sentado en el mismo lugar: hay que bailar. Y la
manera en que se baila es que, mediante los pies, la persona se impulsa a sí
misma para elevarse por encima de la tierra. Y, a través de ello, se eleva toda
su estructura corporal, también el corazón y la cabeza.
Así, aquello que aparentemente representa lo más bajo —los zapatos rotos, los
pies que pisan la tierra— puede convertirse en el vehículo de una elevación
extraordinaria. La alegría de la Torá comienza abajo, en los pies que bailan,
pero desde allí asciende y eleva a toda la persona, hasta alcanzar también su
corazón y su mente.
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UPSHERNISH
IEHUDA ARIE LEIV PRODAN
Corte de Pelo completo Iehudale Arie
Leiv Prodantcheski
Rabino Itzjak Ginsburgh
Kfar Jabad - Israel
EL JUEVES 20 DE TISHREI, JOL HAMOED
SUCOT, 1 de Octubre 2026 el rabino Ginsburgh nos bendijo y cortó un mechón de
pelo de Iehudale.
Upshernish (אופשערניש,
también escrito Upsherin o Upsherinish) es una ceremonia
jasídica del primer corte de pelo de un niño, que generalmente se realiza
cuando cumple 3 años.
La palabra viene del idish opshérn,
que significa “cortar” o “cortar el pelo”.
En muchas comunidades jasídicas, hasta los
tres años se deja crecer el cabello del niño. Al llegar a esa edad se hace una
celebración en la que familiares, amigos y rabinos cortan pequeños mechones de
su cabello. El niño comienza así una nueva etapa de su vida.
¿Por qué a los 3 años?
La costumbre se relaciona con la idea de
que los primeros tres años son una etapa de crecimiento inicial y que, a partir
de los tres, comienza una nueva etapa de educación en Torá y mitzvot.
Además, se acostumbra dejar las peot
—las patillas—, en cumplimiento del precepto de «No destruiréis las esquinas
de vuestra barba» (Levítico 19:27), aplicado tradicionalmente también al
cabello de las patillas.
En la tradición cabalística y jasídica, el Upshernish
tiene un significado más profundo: representa la transición del niño hacia una
vida en la que comienza a estar más conscientemente conectado con la Torá,
las mitzvot y la santidad.
Una costumbre muy conocida es que en ese
día el niño comience formalmente a aprender las letras hebreas y reciba su
primer contacto más estructurado con el estudio de Torá.
El Upshernish tiene un significado
mucho más profundo que simplemente “el primer corte de pelo”. En la tradición
cabalística y jasídica, los tres años marcan un verdadero pasaje espiritual
en la vida del niño.
🌱 De los
tres años en adelante: comenzar a revelar
Durante los primeros tres años, el niño se
encuentra principalmente en una etapa de crecimiento y desarrollo natural.
A los tres años comienza una nueva etapa: la de entrar conscientemente en el
mundo de la Torá y las mitzvot.
Por eso se corta el cabello precisamente
entonces. El cabello representa algo que crece de manera casi automática, sin
que tengamos que ocuparnos directamente de él. Al cortarlo, se expresa
simbólicamente que ahora el crecimiento del niño comienza a ser orientado y
educado hacia la santidad.
✂️ ¿Por qué
cortar el pelo?
En la Cabalá, el cabello —se'arot—
está relacionado con canales de energía que descienden desde niveles
espirituales superiores hacia la realidad.
Por eso el cabello no es algo indiferente
en la tradición judía. Las peot, que se dejan sin cortar, señalan que
hay determinadas “esquinas” que no deben eliminarse. Son una expresión visible
de que incluso aquello que parece exterior y físico puede estar conectado con
una dimensión espiritual.
El Upshernish, entonces, no significa
simplemente quitar el cabello, sino comenzar a dar forma al
crecimiento.
👦 El
niño empieza a estudiar Torá
A partir de los tres años se acostumbra
comenzar una educación más consciente del niño en las letras hebreas y en la
Torá.
Hay aquí una idea muy hermosa:
Primero crece el niño; después
comenzamos a enseñarle hacia dónde debe crecer.
La educación no consiste solamente en
agregar conocimientos. Consiste en revelar la forma interior que ya está
presente en el alma.
🍯 Las
letras con miel
En muchas comunidades, durante la ceremonia
se muestran al niño las letras del Alef-Bet cubiertas con miel, para que
las lama.
La idea es grabar en él desde pequeño que:
La Torá es dulce.
No se comienza la relación del niño con la
Torá como una obligación pesada, sino con la experiencia de que las palabras de
la Torá son dulces, agradables y deseables para el alma.
Esto tiene una importancia enorme en la
educación jasídica: antes de enseñar cuánto debe hacer, hay que despertar en él
el amor por la santidad.
🕯️ Las
peot: dos caminos que permanecen
Después del corte se dejan las peot.
Desde una perspectiva jasídica, esto puede
contemplarse como una imagen de que el niño entra en un mundo de límites y
dirección. No todo se corta, no todo se modifica: hay aspectos que deben
permanecer intactos porque expresan una conexión con lo esencial.
El niño comienza a aprender que crecer no
significa hacer cualquier cosa con uno mismo. Significa transformarse sin
perder la raíz.
🌳 Los
tres años y el árbol
Existe también una conexión muy bella con
el versículo:
«El hombre es como el árbol del campo» (Deuteronomio 20:19).
Los primeros tres años de un árbol tienen
un carácter particular, y la Torá establece leyes especiales respecto de sus
frutos. En el cuarto año, los frutos adquieren un estatus de santidad (neta
revai).
De aquí surge una hermosa imagen para
comprender al niño:
Los primeros tres años son los años de
echar raíces. A partir de entonces comienza una nueva etapa de revelar el
fruto.
Por eso el Upshernish puede verse como una
especie de “neta revai” espiritual: después de tres años de crecimiento,
comienza una etapa en la que el potencial del niño empieza a expresarse de
manera más consciente.
💎 Y hay
algo todavía más profundo
En el pensamiento jasídico, la educación de
un niño no consiste en crear algo que no existe, sino en revelar lo
que ya existe en su alma.
Cada niño posee una neshamá, un alma
divina, y la tarea de los padres y educadores es ayudarla a manifestarse en
pensamiento, palabra y acción.
Por eso el Upshernish es una celebración de
algo mucho más profundo que un corte de cabello:
celebramos que el alma del niño comienza
a entrar conscientemente en el camino de la Torá.
Y quizá por eso la imagen más hermosa del
Upshernish no sea la de unas tijeras cortando cabello, sino la de un niño
pequeño, sentado entre sus padres y sus seres queridos, recibiendo por primera
vez las letras de la Torá como algo dulce, querido y luminoso.
DARKEJA ELOKEINU – PLEGARIA DE IOM KIPUR
ÉXTASIS ESPIRITUAL DEL RAV ITZJAK
1 EL NIGÚN
El nigún “Darkeja Elokeinu” pertenece al repertorio tradicional de Nigunei Jabad y está construido sobre las palabras del piyut:
“Darkeja Elokeinu lehaarij apeja, laraim velatovim, vehí tehilateja”, “Tu camino, Dios nuestro, es prolongar Tu paciencia con los malos y con los buenos, y ésta es Tu alabanza”.
En Jabad, como ocurre con muchos nigunim, la melodía no es simplemente un acompañamiento musical del texto. El nigún intenta llevar al corazón aquello que las palabras expresan intelectualmente.
La melodía tiene el carácter de una tefilá interior. No comienza como una canción de alegría expansiva, sino con un movimiento contenido, serio y meditativo. La sensación es la de una persona que se encuentra frente a Hashem consciente de su pequeñez y, al mismo tiempo, de la inmensidad de la misericordia divina. Por eso las palabras “lehaarij apeja”, la paciencia de Hashem, adquieren en el nigún una profundidad especial: no estamos describiendo simplemente un atributo divino; estamos pidiendo experimentar personalmente que Hashem todavía nos da tiempo para regresar.
Una característica fundamental de los nigunim de Jabad es que la repetición no busca simplemente embellecer la melodía. La repetición es parte de la hitbonenut. Se vuelve una y otra vez sobre las mismas palabras porque la primera vez las dice la boca, después comienzan a penetrar en la mente y finalmente pueden alcanzar el corazón. En ese sentido, cantar “Darkeja Elokeinu” lentamente puede convertirse en una forma de meditación jasídica: primero comprendo que Hashem es paciente conmigo; después siento cuánto necesito esa paciencia; finalmente aparece el deseo de hacer teshuvá.
También hay un contraste muy jasídico dentro del nigún. Por un lado está el sentimiento de shiflut, la conciencia de nuestra pequeñez: no tenemos de qué vanagloriarnos delante de Hashem. Pero esa humildad no conduce a tristeza ni desesperación. Al contrario, conduce a bitajón y cercanía. Si “el camino de Hashem” es prolongar Su paciencia, entonces incluso desde el lugar más bajo puedo volver. La melodía parece moverse precisamente entre esos dos polos: el corazón quebrantado y la confianza absoluta en la misericordia divina.
Ésta es una diferencia importante entre atzvut, tristeza paralizante, y merirut, amargura santa, tan desarrollada en el Tania. La tristeza dice: “Estoy lejos y no puedo cambiar”. La merirut dice: “Estoy lejos, y precisamente por eso deseo regresar”. Un nigún como Darkeja Elokeinu puede transformar la conciencia de nuestras faltas en movimiento. El corazón se quiebra, pero ese quiebre abre la puerta.
Por eso este nigún tiene una fuerza particular alrededor de Iom Kipur y los Iamim Noraim. Expresa algo esencial de la teshuvá según el Jasidut: no regresamos a Hashem solamente por temor al castigo. Regresamos porque descubrimos que, aun cuando nos alejamos, Él nos estaba esperando. Lehaarij apeja significa que Hashem dejó abierta la puerta.
Cuando un jasid canta este nigún con kavaná, puede meditar así: “Hashem, Tu camino es tener paciencia conmigo. Si me concediste otro día, otra oportunidad y otro aliento, entonces todavía esperas algo de mí. No utilizaré Tu paciencia como permiso para permanecer igual; la recibiré como una invitación a regresar.”
Entonces el nigún deja de ser simplemente una hermosa melodía de Jabad. Se convierte en un diálogo entre el alma y Hashem: la melodía comienza en la pequeñez del hombre, atraviesa la misericordia divina y termina despertando el deseo de teshuvá y de una nueva cercanía con Hashem.
2 LA PLEGARIA
“Darkeja Elokeinu” — דַּרְכֶּךָ אֱלֹקֵינוּ, el piyut que se dice en la Kedushá de Musaf de Iom Kipur, es un texto muy especial porque resume una de las ideas centrales de Iom Kipur: Hashem no desea la destrucción del pecador, sino su teshuvá y su vida.
El texto central dice:
דַּרְכְּךָ אֱלֹקֵינוּ לְהַאֲרִיךְ אַפֶּךָ, לָרָעִים וְלַטּוֹבִים, וְהִיא תְהִלָּתֶךָ. לְמַעַנְךָ אֱלֹקֵינוּ עֲשֵׂה, וְלֹא לָנוּ. רְאֵה עֲמִידָתֵנוּ דַּלִּים וְרֵקִים.
Darkejá Elokeinu, lehaarij apejá, laraím velatovím, vehí tehilatejá. LemaanejáElokeinu asé, veló lanu. Reé amidateinu dalim vereikim.
“Tu camino, Dios nuestro, es prolongar Tu paciencia tanto con los malos como con los buenos, y ésta es Tu alabanza. Por Ti mismo, Dios nuestro, actúa, y no por nosotros. Mira cómo estamos ante Ti, pobres y vacíos.”
Darkejá — דרכך, “Tu camino”, significa aquí la manera en que Hashem conduce Su mundo. ¿Cuál es ese camino? Lehaarij apejá — להאריך אפך, prolongar Su paciencia, no apresurarse a ejecutar el juicio. Esta expresión está íntimamente relacionada con Erej Apaim — ארך אפים, “lento para la ira”, uno de los Trece Atributos de Misericordia. Hashem da tiempo al ser humano. Incluso cuando una persona se ha alejado, la puerta de la teshuvá permanece abierta. La paciencia divina no significa indiferencia frente al pecado; significa que Hashem concede al hombre tiempo y posibilidad para regresar.
El texto agrega laraím velatovím — לרעים ולטובים, “con los malos y con los buenos”. Éste es un punto extraordinario. Hashem continúa sosteniendo la existencia incluso de aquel que todavía no ha corregido su conducta. El sol sale, la persona respira y recibe vida a cada instante. Esa prolongación de la vida contiene una invitación silenciosa: todavía puedes volver. Mientras hay vida, existe la posibilidad de teshuvá.
Por eso continúa vehí tehilatejá — והיא תהלתך, “y ésta es Tu alabanza”. Podríamos pensar que el poder de un rey se demuestra castigando inmediatamente al rebelde. Aquí aprendemos lo contrario: una manifestación mucho más elevada del poder divino consiste en contener el juicio y darle al ser humano la oportunidad de transformarse. Hashem no desea simplemente castigar al hombre por aquello que hizo; desea que el hombre deje de ser quien era y se convierta en alguien nuevo.
Luego decimos algo todavía más profundo: Lemaanejá Elokeinu asé, veló lanu — למענך אלקינו עשה ולא לנו, “Por Ti, Dios nuestro, hazlo, y no por nosotros”. En Iom Kipur llega un momento en que dejamos de presentar argumentos. No decimos: “Perdónanos porque lo merecemos”. Al contrario, reconocemos nuestra pobreza espiritual: Reé amidateinu dalim vereikim — ראה עמידתנו דלים וריקים, “Mira cómo estamos ante Ti, pobres y vacíos”.
Dalim vereikim, “pobres y vacíos”, no significa desesperación. Expresa bitul, la anulación del ego ante Hashem. Llegamos ante Él sin pretender que nuestros méritos nos den derecho a exigir nada. Es como decir: “Hashem, quizá no tengo suficientes méritos para presentarte, pero tengo mi vínculo contigo”. Y precisamente cuando dejamos de depender de nuestros propios méritos puede revelarse una misericordia que está por encima del cálculo de mérito y culpa.
Desde el Jasidut, ésta es una de las profundidades de Iom Kipur. Durante el año nuestra relación con Hashem puede percibirse dentro de un sistema de medida: una mitzvá genera mérito, una averá requiere reparación. Pero en Iom Kipur se revela una dimensión más profunda: la esencia del alma, la Iejidá, cuyo vínculo esencial con Hashem no puede ser destruido por el pecado. El pecado puede ocultar esa unión, pero no puede eliminarla. La teshuvá de Iom Kipur permite retirar aquello que la oculta y revelar nuevamente lo que siempre estuvo allí.
También es significativo que digamos Darkejá Elokeinu. El Nombre Elokim está asociado en la Cabalá con din y guevurá, juicio, medida y ocultamiento. Sin embargo, precisamente aquí hablamos de la paciencia de “Elokeinu”. Esto revela que en la raíz incluso el juicio divino contiene misericordia. Hashem no juzga para destruir, sino para rectificar. Incluso la guevurá tiene como finalidad última permitir que el hombre regrese a su verdadera raíz.
Hay aquí también una enseñanza fundamental para nuestra relación con los demás. Si el camino de Hashem es lehaarij af, tener paciencia incluso con quien todavía no se encuentra donde debería estar, nosotros también debemos intentar incorporar algo de esa cualidad. No debemos definir a una persona únicamente por su peor caída ni confundir al ser humano con el error que cometió. Debemos saber dejar espacio para la teshuvá, el crecimiento y el cambio.
Éste puede ser uno de los mensajes más profundos de Darkeja Elokeinu: Hashem mira al ser humano no solamente según lo que es en este momento, sino también según aquello en lo que todavía puede convertirse. Su paciencia expresa la posibilidad permanente de regresar. Por eso nos presentamos ante Él dalim vereikim, pobres y vacíos, pero nunca desesperados. Precisamente cuando dejamos de decir “dame porque merezco”, podemos decir algo mucho más profundo: “Hashem, aunque no tenga nada que presentarte, sigo siendo Tuyo”. Y allí, más allá del mérito y del cálculo, se revela la misericordia esencial de Hashem y la unión esencial del alma con Él.
SIMJAT TORÁ – TESHUVÁ CON ALEGRÍA
Una meditación para Simjat Torá a la luz de la figura de Rabí Shimón ben Lakish
El “protagonista” de Sheminí Atzeret es Rabí Shimón ben Lakish: ¡su nombre tiene la misma guematria que Sheminí Atzeret!
Rabí Shimón ben Lakish dice: “Adórnate [corrígete] a ti mismo y después adorna [corrige] a los demás”.[1]
Éste debe ser el sentimiento y la atmósfera —“el aire de la Tierra de Israel otorga sabiduría”[2]— de un farbrenguen, una reunión jasídica de jasidim y hombres de acción, en Sheminí Atzeret y Simjat Torá.
La Torá de Simjat Torá es la Torá de los baalei teshuvá,[3] pues fue entregada en Iom Kipur, cuando Moshé descendió por tercera vez del monte.[4] Rabí Shimón ben Lakish constituye un arquetipo —quizás el arquetipo por excelencia— del baal teshuvá entre nuestros Sabios.[5]
Rabí Shimón ben Lakish pertenece a los takifei deAra deIsrael, “los poderosos de la Tierra de Israel”.[6] Takif, fuerte, enérgico, también alude aquí a la alegría, como encontramos respecto del mes de Adar, el mes de la alegría, acerca del cual se dice que “su mazal es fuerte — takif mazalei”.[7] Su teshuvá no surge de la amargura —teshuvá tataá, la teshuvá inferior—, sino de una alegría grande e inmensa, propia de la teshuvá ilaá, la teshuvá superior.[8]
Rabí Shimón ben Lakish es, entonces, un baal teshuvá besimjá, alguien que hace teshuvá con alegría, siempre. Y la expresión בעל תשובה בשמחה — baal teshuvá besimjá tiene el mismo valor numérico que רבי שמעון בן לקיש — Rabí Shimón ben Lakish y que שמיני עצרת — Sheminí Atzeret, como explicamos anteriormente.
La enseñanza es especialmente apropiada para Simjat Torá: después de la teshuvá de Elul, Rosh Hashaná, los Diez Días de Teshuvá y Iom Kipur, llegamos a un nivel en el cual la teshuvá ya no se expresa principalmente mediante llanto y amargura, sino mediante alegría. El alejamiento mismo se transforma en una fuerza para acercarse todavía más a Hashem. Ésta es la grandeza del baal teshuvá: no solamente regresa, sino que puede transformar su pasado en impulso para una unión más profunda con Hashem.
Así podemos entender por qué la figura de Reish Lakish resulta tan apropiada para Sheminí Atzeret y Simjat Torá. Su vida demuestra que una persona puede transformar una enorme fuerza que anteriormente estaba orientada en otra dirección y ponerla enteramente al servicio de la Torá. La teshuvá no destruye necesariamente las fuerzas anteriores de la persona: las transforma, las eleva y las vuelve hacia la kedushá. Y cuando esa transformación alcanza su plenitud, la teshuvá misma se convierte en simjá.
Notas
[1] Bavá Metziá 107b: “קשוט עצמך ואחר כך קשוט אחרים — Keshot atzmejá veajar kaj keshot ajerim”, corrígete/adórnate primero a ti mismo y después a los demás.
[2] Bavá Batrá 158b: “אוירא דארץ ישראל מחכים — Avira deAra deIsrael majkim”, “el aire de la Tierra de Israel otorga sabiduría”.
[3] Véase la clase de Simjat Torá 5783, publicada posteriormente en el boletín de Sucot–Simjat Torá 5784.
[4] Véase Séder Olam, cap. 6, y otros lugares. Moshé descendió del monte con las segundas Tablas en Iom Kipur, después del perdón por el pecado del Becerro de Oro. De ahí la vinculación entre la segunda entrega de la Torá y la dimensión de los baalei teshuvá.
[5] Véase Bavá Metziá 84a, donde se relata el encuentro de Reish Lakish con Rabí Iojanán y la extraordinaria transformación de su vida hasta convertirse en uno de los grandes sabios de Israel.
[6] Meguilá 28b.
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