DESPEDIMOS EL SHABAT CON BAILE, CANTO Y UNA HISTORIA DEL BAAL SHEM TOV Los zapatos rotos que se convirtieron en una corona
Una enseñanza de un discurso sagrado
Una vez, en Simjat Torá, el Baal Shem Tov contó a sus discípulos:
En la mañana de Simjat Torá nos despertamos más tarde de lo habitual, debido a
los bailes y a la alegría de las hakafot de la noche anterior. Pero los
ángeles, que no habían dicho «¡Lejaim!» la noche de Simjat Torá, se presentaron
como de costumbre para la plegaria de Shajarit. Sin embargo, los ángeles no
pueden entonar su canto hasta que el pueblo de Israel lo hace en la tierra. Así
que se quedaron sin nada que hacer y decidieron aprovechar su tiempo para
realizar una limpieza en los cielos...
Descubrieron entonces que los cielos estaban llenos de objetos extraños:
zapatos de casa rotos, suelas y restos de zapatos. Los ángeles estaban
acostumbrados a encontrar allí tzitzit, tefilín y otros objetos sagrados, pero
jamás habían visto cosas semejantes. Decidieron preguntarle al ángel Mijael, el
defensor de Israel, qué significaban aquellas cosas.
«Sí», les respondió el ángel Mijael, «esta es mi mercancía. Estos son los
zapatos que quedaron de las hakafot que se realizaron anoche, durante las
cuales los judíos bailaron con la Torá». Y, con orgullo, comenzó a mostrar los
zapatos rotos, ordenándolos según las distintas comunidades: «Estos son de
Kamin ka, estos son de Mezritch...».
Entonces dijo el ángel Mijael: «El ángel llamado Metatrón teje coronas para el
Creador del mundo a partir de las plegarias del pueblo de Israel. Pero yo
—proclamó el ángel Mijael— voy a presentar hoy ante el Creador del mundo una
corona mucho más espléndida: una corona hecha de zapatos rotos...».
La suela del zapato es su parte más baja. Además, el zapato en su totalidad es
la vestimenta del pie, que se encuentra por debajo de todas las demás
vestimentas del cuerpo; y dentro del propio zapato, la suela es precisamente la
parte más inferior. Y, sin embargo, justamente allí, en ese lugar tan bajo, se
extiende y penetra la alegría de Simjat Torá.
Más aún: precisamente el hecho de bailar con los pies produce una elevación
también en el corazón y en la cabeza. Existe una manera en la que una persona
puede permanecer sentada en su lugar y levantar solamente los pies. Pero en
Simjat Torá no se permanece sentado en el mismo lugar: hay que bailar. Y la
manera en que se baila es que, mediante los pies, la persona se impulsa a sí
misma para elevarse por encima de la tierra. Y, a través de ello, se eleva toda
su estructura corporal, también el corazón y la cabeza.
Así, aquello que aparentemente representa lo más bajo —los zapatos rotos, los
pies que pisan la tierra— puede convertirse en el vehículo de una elevación
extraordinaria. La alegría de la Torá comienza abajo, en los pies que bailan,
pero desde allí asciende y eleva a toda la persona, hasta alcanzar también su
corazón y su mente.
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INSTITUTO GAL EINAI
EL PORTAL A LA DIMENSIÓN INTERIOR DE LA TORÁ
Del RABINO ITZJAK GINSBURGH
EL JUEVES 20 DE TISHREI, JOL HAMOED
SUCOT, 1 de Octubre 2026 el rabino Ginsburgh nos bendijo y cortó un mechón de
pelo de Iehudale.
Upshernish (אופשערניש,
también escrito Upsherin o Upsherinish) es una ceremonia
jasídica del primer corte de pelo de un niño, que generalmente se realiza
cuando cumple 3 años.
La palabra viene del idish opshérn,
que significa “cortar” o “cortar el pelo”.
En muchas comunidades jasídicas, hasta los
tres años se deja crecer el cabello del niño. Al llegar a esa edad se hace una
celebración en la que familiares, amigos y rabinos cortan pequeños mechones de
su cabello. El niño comienza así una nueva etapa de su vida.
¿Por qué a los 3 años?
La costumbre se relaciona con la idea de
que los primeros tres años son una etapa de crecimiento inicial y que, a partir
de los tres, comienza una nueva etapa de educación en Torá y mitzvot.
Además, se acostumbra dejar las peot
—las patillas—, en cumplimiento del precepto de «No destruiréis las esquinas
de vuestra barba» (Levítico 19:27), aplicado tradicionalmente también al
cabello de las patillas.
En la tradición cabalística y jasídica, el Upshernish
tiene un significado más profundo: representa la transición del niño hacia una
vida en la que comienza a estar más conscientemente conectado con la Torá,
las mitzvot y la santidad.
Una costumbre muy conocida es que en ese
día el niño comience formalmente a aprender las letras hebreas y reciba su
primer contacto más estructurado con el estudio de Torá.
El Upshernish tiene un significado
mucho más profundo que simplemente “el primer corte de pelo”. En la tradición
cabalística y jasídica, los tres años marcan un verdadero pasaje espiritual
en la vida del niño.
🌱 De los
tres años en adelante: comenzar a revelar
Durante los primeros tres años, el niño se
encuentra principalmente en una etapa de crecimiento y desarrollo natural.
A los tres años comienza una nueva etapa: la de entrar conscientemente en el
mundo de la Torá y las mitzvot.
Por eso se corta el cabello precisamente
entonces. El cabello representa algo que crece de manera casi automática, sin
que tengamos que ocuparnos directamente de él. Al cortarlo, se expresa
simbólicamente que ahora el crecimiento del niño comienza a ser orientado y
educado hacia la santidad.
✂️ ¿Por qué
cortar el pelo?
En la Cabalá, el cabello —se'arot—
está relacionado con canales de energía que descienden desde niveles
espirituales superiores hacia la realidad.
Por eso el cabello no es algo indiferente
en la tradición judía. Las peot, que se dejan sin cortar, señalan que
hay determinadas “esquinas” que no deben eliminarse. Son una expresión visible
de que incluso aquello que parece exterior y físico puede estar conectado con
una dimensión espiritual.
El Upshernish, entonces, no significa
simplemente quitar el cabello, sino comenzar a dar forma al
crecimiento.
👦 El
niño empieza a estudiar Torá
A partir de los tres años se acostumbra
comenzar una educación más consciente del niño en las letras hebreas y en la
Torá.
Hay aquí una idea muy hermosa:
Primero crece el niño; después
comenzamos a enseñarle hacia dónde debe crecer.
La educación no consiste solamente en
agregar conocimientos. Consiste en revelar la forma interior que ya está
presente en el alma.
🍯 Las
letras con miel
En muchas comunidades, durante la ceremonia
se muestran al niño las letras del Alef-Bet cubiertas con miel, para que
las lama.
La idea es grabar en él desde pequeño que:
La Torá es dulce.
No se comienza la relación del niño con la
Torá como una obligación pesada, sino con la experiencia de que las palabras de
la Torá son dulces, agradables y deseables para el alma.
Esto tiene una importancia enorme en la
educación jasídica: antes de enseñar cuánto debe hacer, hay que despertar en él
el amor por la santidad.
🕯️ Las
peot: dos caminos que permanecen
Después del corte se dejan las peot.
Desde una perspectiva jasídica, esto puede
contemplarse como una imagen de que el niño entra en un mundo de límites y
dirección. No todo se corta, no todo se modifica: hay aspectos que deben
permanecer intactos porque expresan una conexión con lo esencial.
El niño comienza a aprender que crecer no
significa hacer cualquier cosa con uno mismo. Significa transformarse sin
perder la raíz.
🌳 Los
tres años y el árbol
Existe también una conexión muy bella con
el versículo:
«El hombre es como el árbol del campo» (Deuteronomio 20:19).
Los primeros tres años de un árbol tienen
un carácter particular, y la Torá establece leyes especiales respecto de sus
frutos. En el cuarto año, los frutos adquieren un estatus de santidad (neta
revai).
De aquí surge una hermosa imagen para
comprender al niño:
Los primeros tres años son los años de
echar raíces. A partir de entonces comienza una nueva etapa de revelar el
fruto.
Por eso el Upshernish puede verse como una
especie de “neta revai” espiritual: después de tres años de crecimiento,
comienza una etapa en la que el potencial del niño empieza a expresarse de
manera más consciente.
💎 Y hay
algo todavía más profundo
En el pensamiento jasídico, la educación de
un niño no consiste en crear algo que no existe, sino en revelar lo
que ya existe en su alma.
Cada niño posee una neshamá, un alma
divina, y la tarea de los padres y educadores es ayudarla a manifestarse en
pensamiento, palabra y acción.
Por eso el Upshernish es una celebración de
algo mucho más profundo que un corte de cabello:
celebramos que el alma del niño comienza
a entrar conscientemente en el camino de la Torá.
Y quizá por eso la imagen más hermosa del
Upshernish no sea la de unas tijeras cortando cabello, sino la de un niño
pequeño, sentado entre sus padres y sus seres queridos, recibiendo por primera
vez las letras de la Torá como algo dulce, querido y luminoso.
El nigún “Darkeja Elokeinu” pertenece
al repertorio tradicional de Nigunei Jabad y está
construido sobre las palabras del piyut:
“Darkeja Elokeinu lehaarij apeja, laraim velatovim, vehí tehilateja”,
“Tu camino, Dios nuestro, es prolongar Tu paciencia con los malos y con los
buenos, y ésta es Tu alabanza”.
En Jabad, como ocurre con muchos nigunim,
la melodía no es simplemente un acompañamiento musical del texto.
El nigún intenta llevar al corazón aquello que las palabras expresan
intelectualmente.
La melodía tiene el carácter de una tefilá interior.
No comienza como una canción de alegría expansiva, sino con un movimiento
contenido, serio y meditativo. La sensación es la de una persona que se
encuentra frente a Hashem consciente de su pequeñez y, al mismo tiempo, de la
inmensidad de la misericordia divina. Por eso las palabras “lehaarij apeja”,
la paciencia de Hashem, adquieren en el nigún una profundidad
especial: no estamos describiendo simplemente un atributo divino; estamos
pidiendo experimentar personalmente que Hashem todavía nos da tiempo para
regresar.
Una característica fundamental de los nigunim de
Jabad es que la repetición no busca simplemente embellecer la melodía.
La repetición es parte de la hitbonenut. Se vuelve una y otra vez
sobre las mismas palabras porque la primera vez las dice la boca, después
comienzan a penetrar en la mente y finalmente pueden alcanzar el corazón. En
ese sentido, cantar “Darkeja Elokeinu” lentamente puede
convertirse en una forma de meditación jasídica: primero comprendo que Hashem
es paciente conmigo; después siento cuánto necesito esa paciencia; finalmente
aparece el deseo de hacer teshuvá.
También hay un contraste muy jasídico dentro del nigún.
Por un lado está el sentimiento de shiflut, la conciencia
de nuestra pequeñez: no tenemos de qué vanagloriarnos delante de Hashem. Pero
esa humildad no conduce a tristeza ni desesperación. Al contrario, conduce
a bitajón y cercanía. Si “el camino de Hashem” es prolongar Su
paciencia, entonces incluso desde el lugar más bajo puedo volver. La melodía
parece moverse precisamente entre esos dos polos: el corazón
quebrantado y la confianza absoluta en la misericordia divina.
Ésta es una diferencia importante entre atzvut,
tristeza paralizante, y merirut, amargura santa, tan desarrollada
en el Tania. La tristeza dice: “Estoy lejos y no puedo cambiar”. La merirut dice:
“Estoy lejos, y precisamente por eso deseo regresar”.
Un nigún como Darkeja Elokeinu puede
transformar la conciencia de nuestras faltas en movimiento. El corazón se
quiebra, pero ese quiebre abre la puerta.
Por eso este nigún tiene una fuerza particular
alrededor de Iom Kipur y los Iamim Noraim. Expresa algo esencial de
la teshuvá según el Jasidut: no regresamos a Hashem solamente por temor al
castigo. Regresamos porque descubrimos que, aun cuando nos alejamos, Él
nos estaba esperando. Lehaarij apeja significa que
Hashem dejó abierta la puerta.
Cuando un jasid canta este nigún con kavaná,
puede meditar así: “Hashem, Tu camino es tener paciencia conmigo. Si me
concediste otro día, otra oportunidad y otro aliento, entonces todavía esperas
algo de mí. No utilizaré Tu paciencia como permiso para permanecer igual; la
recibiré como una invitación a regresar.”
Entonces el nigún deja de ser simplemente una
hermosa melodía de Jabad. Se convierte en un diálogo entre el alma y
Hashem: la melodía comienza en la pequeñez del hombre, atraviesa la
misericordia divina y termina despertando el deseo de teshuvá y de una nueva
cercanía con Hashem.
2 LA PLEGARIA
“Darkeja Elokeinu” — דַּרְכֶּךָ אֱלֹקֵינוּ,
el piyut que se dice en la Kedushá de Musaf de
Iom Kipur, es un texto muy especial porque resume una de las ideas
centrales de Iom Kipur: Hashem no desea la destrucción del pecador,
sino su teshuvá y su vida.
“Tu camino, Dios nuestro, es prolongar Tu paciencia tanto
con los malos como con los buenos, y ésta es Tu alabanza. Por Ti mismo, Dios
nuestro, actúa, y no por nosotros. Mira cómo estamos ante Ti, pobres y vacíos.”
Darkejá — דרכך,
“Tu camino”, significa aquí la manera en que Hashem conduce Su mundo. ¿Cuál es
ese camino? Lehaarij apejá — להאריך
אפך, prolongar Su paciencia, no apresurarse a ejecutar el juicio.
Esta expresión está íntimamente relacionada con Erej Apaim — ארך אפים, “lento para la ira”, uno de los Trece
Atributos de Misericordia. Hashem da tiempo al ser humano. Incluso cuando una
persona se ha alejado, la puerta de la teshuvá permanece abierta. La paciencia
divina no significa indiferencia frente al pecado; significa que Hashem concede
al hombre tiempo y posibilidad para regresar.
El texto agrega laraím velatovím — לרעים ולטובים, “con los malos y con los buenos”. Éste es
un punto extraordinario. Hashem continúa sosteniendo la existencia incluso de
aquel que todavía no ha corregido su conducta. El sol sale, la persona respira
y recibe vida a cada instante. Esa prolongación de la vida contiene una
invitación silenciosa: todavía puedes volver. Mientras hay vida, existe la
posibilidad de teshuvá.
Por eso continúa vehí tehilatejá — והיא תהלתך, “y ésta es Tu alabanza”. Podríamos pensar
que el poder de un rey se demuestra castigando inmediatamente al rebelde. Aquí
aprendemos lo contrario: una manifestación mucho más elevada del poder divino
consiste en contener el juicio y darle al ser humano la oportunidad de
transformarse. Hashem no desea simplemente castigar al hombre por aquello que
hizo; desea que el hombre deje de ser quien era y se convierta en alguien
nuevo.
Luego decimos algo todavía más profundo: Lemaanejá Elokeinu asé,
veló lanu — למענך אלקינו עשה ולא
לנו, “Por Ti, Dios nuestro, hazlo, y no por nosotros”. En Iom Kipur
llega un momento en que dejamos de presentar argumentos. No decimos:
“Perdónanos porque lo merecemos”. Al contrario, reconocemos nuestra pobreza
espiritual: Reé amidateinu dalim vereikim — ראה עמידתנו דלים וריקים, “Mira cómo estamos
ante Ti, pobres y vacíos”.
Dalim vereikim, “pobres y vacíos”, no significa
desesperación. Expresa bitul, la anulación del ego ante Hashem.
Llegamos ante Él sin pretender que nuestros méritos nos den derecho a
exigir nada. Es como decir: “Hashem, quizá no tengo suficientes méritos para
presentarte, pero tengo mi vínculo contigo”. Y precisamente cuando dejamos de
depender de nuestros propios méritos puede revelarse una misericordia que está
por encima del cálculo de mérito y culpa.
Desde el Jasidut, ésta es una de las profundidades de Iom
Kipur. Durante el año nuestra relación con Hashem puede percibirse dentro de un
sistema de medida: una mitzvá genera mérito, una averá requiere
reparación. Pero en Iom Kipur se revela una dimensión más profunda: la esencia
del alma, la Iejidá, cuyo vínculo esencial con Hashem no puede
ser destruido por el pecado. El pecado puede ocultar esa unión, pero no puede
eliminarla. La teshuvá de Iom Kipur permite retirar aquello que la oculta y
revelar nuevamente lo que siempre estuvo allí.
También es significativo que digamos Darkejá Elokeinu.
El Nombre Elokim está asociado en la Cabalá con din y guevurá,
juicio, medida y ocultamiento. Sin embargo, precisamente aquí hablamos de la
paciencia de “Elokeinu”. Esto revela que en la raíz incluso el juicio divino
contiene misericordia. Hashem no juzga para destruir, sino para rectificar.
Incluso la guevurá tiene como finalidad última permitir que el
hombre regrese a su verdadera raíz.
Hay aquí también una enseñanza fundamental para nuestra
relación con los demás. Si el camino de Hashem es lehaarij af,
tener paciencia incluso con quien todavía no se encuentra donde debería estar,
nosotros también debemos intentar incorporar algo de esa cualidad. No debemos
definir a una persona únicamente por su peor caída ni confundir al ser humano
con el error que cometió. Debemos saber dejar espacio para la teshuvá, el
crecimiento y el cambio.
Éste puede ser uno de los mensajes más profundos de Darkeja Elokeinu:
Hashem mira al ser humano no solamente según lo que es en este momento, sino
también según aquello en lo que todavía puede convertirse. Su paciencia expresa
la posibilidad permanente de regresar. Por eso nos presentamos ante Él dalim vereikim,
pobres y vacíos, pero nunca desesperados. Precisamente cuando dejamos de decir
“dame porque merezco”, podemos decir algo mucho más profundo: “Hashem,
aunque no tenga nada que presentarte, sigo siendo Tuyo”. Y allí, más
allá del mérito y del cálculo, se revela la misericordia esencial de Hashem y
la unión esencial del alma con Él.
SIMJAT TORÁ – TESHUVÁ CON
ALEGRÍA
Una meditación para Simjat
Torá a la luz de la figura de Rabí Shimón ben Lakish
El “protagonista” de Sheminí
Atzeret es Rabí Shimón ben Lakish: ¡su nombre tiene la misma
guematria que Sheminí Atzeret!
Rabí Shimón ben Lakish dice: “Adórnate
[corrígete] a ti mismo y después adorna [corrige] a los demás”.[1]
Éste debe ser el sentimiento y la
atmósfera —“el aire de la Tierra de Israel otorga sabiduría”[2]— de un farbrenguen,
una reunión jasídica de jasidim y hombres de acción, en Sheminí Atzeret y
Simjat Torá.
La Torá de Simjat Torá es la Torá
de los baalei teshuvá,[3] pues fue entregada en Iom Kipur, cuando Moshé
descendió por tercera vez del monte.[4] Rabí Shimón ben Lakish constituye un arquetipo
—quizás el arquetipo por excelencia— del baal teshuvá entre nuestros
Sabios.[5]
Rabí Shimón ben Lakish pertenece a
los takifei deAra deIsrael, “los poderosos de la Tierra de Israel”.[6] Takif,
fuerte, enérgico, también alude aquí a la alegría, como encontramos respecto
del mes de Adar, el mes de la alegría, acerca del cual se dice que “su mazal
es fuerte — takif mazalei”.[7] Su teshuvá no surge de la amargura —teshuvá
tataá, la teshuvá inferior—, sino de una alegría grande e inmensa,
propia de la teshuvá ilaá, la teshuvá superior.[8]
Rabí Shimón ben Lakish es, entonces,
un baal teshuvá besimjá, alguien que hace teshuvá con alegría,
siempre. Y la expresión בעל תשובה בשמחה
— baal teshuvá besimjá tiene el mismo valor numérico que רבי שמעון בן לקיש — Rabí
Shimón ben Lakish y que שמיני עצרת — Sheminí Atzeret,
como explicamos anteriormente.
La enseñanza es especialmente
apropiada para Simjat Torá: después de la teshuvá de Elul, Rosh Hashaná,
los Diez Días de Teshuvá y Iom Kipur, llegamos a un nivel en el cual la teshuvá
ya no se expresa principalmente mediante llanto y amargura, sino mediante alegría.
El alejamiento mismo se transforma en una fuerza para acercarse todavía más a
Hashem. Ésta es la grandeza del baal teshuvá: no solamente regresa, sino
que puede transformar su pasado en impulso para una unión más profunda con
Hashem.
Así podemos entender por qué la
figura de Reish Lakish resulta tan apropiada para Sheminí Atzeret y
Simjat Torá. Su vida demuestra que una persona puede transformar una enorme
fuerza que anteriormente estaba orientada en otra dirección y ponerla
enteramente al servicio de la Torá. La teshuvá no destruye necesariamente las
fuerzas anteriores de la persona: las transforma, las eleva y las vuelve
hacia la kedushá. Y cuando esa transformación alcanza su plenitud, la
teshuvá misma se convierte en simjá.
Notas
[1] Bavá Metziá 107b: “קשוט עצמך ואחר כך קשוט אחרים — Keshot
atzmejá veajar kaj keshot ajerim”, corrígete/adórnate primero a ti mismo y
después a los demás.
[2] Bavá Batrá 158b: “אוירא דארץ ישראל מחכים — Avira deAra
deIsrael majkim”, “el aire de la Tierra de Israel otorga sabiduría”.
[3] Véase la clase de Simjat Torá
5783, publicada posteriormente en el boletín de Sucot–Simjat Torá 5784.
[4] Véase Séder Olam, cap. 6,
y otros lugares. Moshé descendió del monte con las segundas Tablas en Iom
Kipur, después del perdón por el pecado del Becerro de Oro. De ahí la
vinculación entre la segunda entrega de la Torá y la dimensión de los baalei
teshuvá.
[5] Véase Bavá Metziá 84a,
donde se relata el encuentro de Reish Lakish con Rabí Iojanán y la
extraordinaria transformación de su vida hasta convertirse en uno de los
grandes sabios de Israel.
Que toda la Torá, la Cabalá y el Jasidut
que te transmitimos con las enseñanzas del rabino Ginsburgh te de la alegría
para disfrutar de la Torá hasta con los pies. Como es Shabat no vamos a
transmitir, y el domingo sigue la festividad fuera de la Tierra de Israel.
Hoshana Rabá no es simplemente el último
día de Sucot. Es el momento en que todo lo vivido desde Rosh Hashaná desciende
a la vida concreta. Rosh Hashaná es la coronación;
Iom Kipur, la purificación; Sucot, el abrazo de Hashem; y Hoshana Rabá es el
momento de llevar esa luz hasta la realidad cotidiana.
Hoshana Rabá,
el séptimo día de Sucot, es la culminación de todo el proceso espiritual
iniciado en Rosh Hashaná y Iom Kipur. Es llamado “el día del gran Hoshana”,
porque rodeamos la bimá siete veces con los Arbaat HaMinim y pronunciamos
numerosas súplicas de “Hoshana — ¡Sálvanos, por favor!”
🌅 Al
comenzar Shajarit: “la salvación grande”
El nombre הוֹשַׁעְנָא רַבָּא —
Hoshana Rabá puede entenderse como “la gran
súplica: ¡sálvanos!”. No pedimos solamente ser rescatados de algo negativo. En
Jasidut, yeshuá implica también salir de nuestras propias limitaciones.
Al comenzar Shajarit podemos pensar:
Ribono shel Olam, hoy no te pido
solamente que cambies lo que me rodea. Te pido que me permitas salir de mis
propias estrecheces y revelar aquello para lo cual me enviaste al mundo.
El día conserva una dimensión particular de
din, juicio, pero ya está completamente envuelto por la alegría de
Sucot. Por eso existe la antigua expresión aramea פִּתְקָא טָבָא —
Pitká Tavá, “un buen escrito/decreto”: que aquello
que fue establecido para el nuevo año se manifieste concretamente para bien.
🔥 El
Hallel: transformar el juicio en alegría
En Hoshana Rabá decimos Hallel completo.
Esto encierra una enseñanza extraordinaria: precisamente cuando el día conserva
una dimensión de juicio, el judío responde con alabanza y alegría.
Cuando llegues a: אָנָּא ה׳ הוֹשִׁיעָה נָּא, Ana Hashem, hoshía na, “Por favor, Hashem, ¡sálvanos!” podés detenerte interiormente unos
segundos.
La palabra נא — na no es solamente una petición. Es el grito del alma que sabe que la
salvación divina puede irrumpir ahora. No mañana. No cuando todo esté
preparado. Ahora.
🌿Las
siete Hakafot y las siete midot
En las Hoshanot de Hoshana Rabá rodeamos la
bimá siete veces. Cabalísticamente podemos contemplarlas como una
rectificación de las siete cualidades emocionales:
Jesed — que
mi amor sea santo.
Guevurá — que mi fuerza tenga dirección.
Tiferet — que verdad y compasión se unan.
Netzaj — que no abandone mi misión.
Hod — que sepa agradecer y reconocer.
Iesod — que mis vínculos sean verdaderos y puros.
Maljut — que toda mi vida revele el reinado de Hashem.
Durante Sucot trabajamos estas siete
dimensiones día tras día. En Hoshana Rabá las rodeamos todas, como
diciendo: ninguna parte de mi personalidad debe quedar afuera de la kedushá.
Y hay algo todavía más profundo: no somos
nosotros quienes estamos realmente en el centro.
En el centro está la Torá.
Nuestra personalidad entera gira alrededor
de la voluntad divina.
🌿 Los
cinco aravot
Uno de los momentos más especiales del día
es Jabatat Aravá, tomar cinco ramas de sauce y golpearlas en el suelo
según la costumbre recibida.
La aravá es justamente la especie
que nuestros Sabios describen como carente de sabor y aroma. Simboliza al judío
que aparentemente no posee grandes méritos de Torá ni de mitzvot.
Y precisamente ella protagoniza el final de
Hoshana Rabá.
Es una enseñanza jasídica formidable:
cuando desaparecen los títulos, los
conocimientos y los logros, queda la esencia del judío.
Y esa esencia está unida con Hashem de una
manera que no depende de ninguna cualidad.
Los cinco aravot se relacionan en la
tradición cabalística con las cinco guevurot. Golpearlas representa la hamtakat
hadinim, la mitigación o endulzamiento de las severidades.
No destruimos la guevurá. La
transformamos.
La fuerza que podía manifestarse como rigor
puede convertirse en energía, disciplina, salud, sustento y capacidad para
cumplir nuestra misión.
💧 El
secreto del agua
Toda la festividad de Sucot está
profundamente relacionada con el agua y con el juicio sobre las lluvias.
El agua siempre desciende.
Por eso representa shefa, abundancia
divina que baja desde niveles elevados hasta nuestro mundo.
Podemos pedir hoy:
Que descienda la bendición.
Que no permanezca solamente como una
posibilidad espiritual.
Que llegue a la salud. A la familia. A la
parnasá. A la paz. Al estudio de Torá. A la difusión de Jasidut. Y a todo
aquello que necesitamos para cumplir nuestra misión.
👑 Hoshana
Rabá y Maljut
Según la estructura interior de Sucot, el
séptimo día culmina en Maljut, reinado.
Y aquí aparece una paradoja bellísima: Maljut
“no tiene nada propio”. Precisamente por no atribuirse nada, puede recibirlo
todo y transmitirlo al mundo.
Ese es el trabajo de Hoshana Rabá:
dejar de preguntarme solamente qué
quiero recibir este año y comenzar a preguntarme para qué Hashem me está dando
este año.
La berajá deja entonces de ser únicamente
algo que recibo.
Se convierte en una misión.
🌅 Una kavaná
para hoy
Antes de terminar Shajarit, podés tener
esta intención:
Hashem, todo lo que comenzó en Rosh
Hashaná, fue sellado en Iom Kipur y se reveló durante Sucot, haz que hoy
descienda hasta mi vida concreta. Endulza todo juicio y transforma cada
dificultad en bendición. Dame vida, salud, alegría y fuerza para cumplir la
misión que me corresponde. Que este año sea un año de Torá, mitzvot, Jasidut y
difusión de la luz divina. Y que la gran Hoshana sea la Gueulá verdadera y
completa, con Mashíaj Tzidkeinu.
פתקא טבא — Pitká Tavá.
Que recibamos un buen decreto, revelado y manifiesto, בטוב הנראה והנגלה — betov haniré vehaniglé, con un
bien visible y revelado.
Hoshana Rabá,
el séptimo día de Sucot, es la culminación de todo el proceso espiritual
iniciado en Rosh Hashaná y Iom Kipur. Es llamado “el día del gran Hoshana”,
porque rodeamos la bimá siete veces con los Arbaat HaMinim y pronunciamos
numerosas súplicas de “Hoshana — ¡Sálvanos, por favor!”
📖Lectura
de la Torá: Bamidbar/Números 29:26-34.
En Hoshana Rabá, como en los demás días de
Jol HaMoed Sucot, se llaman cuatro personas a la Torá.
🔹
PRIMERA ALIÁ — Bamidbar 29:26-28
“Y en el quinto día: nueve toros, dos
carneros y catorce corderos…”
La Torá describe los sacrificios
correspondientes al quinto día de Sucot. Los toros disminuyen cada día: 13, 12,
11, 10, 9, 8 y finalmente 7.
Nuestros Sabios explican que los 70
toros de Sucot corresponden a las 70 naciones del mundo. Israel no reza
solamente por sí mismo: en el Beit HaMikdash ofrecía korbanot por la bendición
y existencia de toda la humanidad.
🔹
SEGUNDA ALIÁ — Bamidbar 29:29-31
“Y en el sexto día: ocho toros, dos
carneros y catorce corderos…”
La disminución continúa: ahora son ocho
toros. Espiritualmente, Sucot realiza un proceso de birur, refinamiento:
la multiplicidad del mundo va regresando progresivamente hacia su fuente
divina.
El ocho alude además a aquello que
está por encima del ciclo natural representado por el siete. Dentro de Sucot ya
comienza a insinuarse Sheminí Atzeret, el encuentro íntimo entre Hashem
e Israel.
🔹
TERCERA ALIÁ — Bamidbar 29:32-34
“Y en el séptimo día: siete toros, dos
carneros y catorce corderos…”
Llegamos a Hoshana Rabá. Quedan
siete toros.
El siete representa la integridad dentro de
la creación: siete días, siete cualidades emocionales —Jesed, Guevurá,
Tiferet, Netzaj, Hod, Iesod y Maljut— y los siete Ushpizín de Sucot.
Después de atravesar los siete días,
buscamos que todas las dimensiones del corazón sean refinadas y dirigidas hacia
Hashem.
🔹 CUARTA
ALIÁ — Bamidbar 29:32-34
Se vuelve a leer la ofrenda correspondiente
al séptimo día, destacando así la santidad particular de Hoshana Rabá.
Los siete toros completan los 70 toros
ofrecidos durante Sucot. La multiplicidad de las naciones llega a su tikún
y el mundo queda preparado para el paso siguiente: Sheminí Atzeret,
cuando se ofrece un solo toro, expresión de la unión singular entre Hashem y el
pueblo de Israel.
🌿 EL
MENSAJE DE HOSHANA RABÁ
Hoshana Rabá es el día en que todo lo
vivido desde Rosh Hashaná, Iom Kipur y Sucot desciende a la realidad.
Por eso tomamos las aravot, las
ramas de sauce. La aravá no tiene ni sabor ni aroma, y representa al judío que
aparentemente carece de grandes méritos en Torá o mitzvot. Sin embargo,
precisamente con ella culminamos la avodá de Hoshana Rabá.
El mensaje es extraordinario: ningún
judío queda afuera.
Rodeamos siete veces la Torá proclamando “Hoshana”.
No pedimos solamente ser salvados de las dificultades. Pedimos que Hashem
revele la chispa divina escondida dentro de cada aspecto de nuestra vida.
Y después golpeamos las cinco aravot contra
el suelo. Según la dimensión interior de la Torá, este antiguo minhag de los
profetas expresa la mitigación de las guevurot, los juicios severos,
para transformarlos en bondad revelada.
Hoshana Rabá nos enseña que después de las
grandes luces de los Jaguim llega el momento de hacerlas descender hasta la
tierra, hasta nuestra vida cotidiana.
הוֹשַׁע
נָא — Hoshana: ¡Hashem, sálvanos!
Que todas las decisiones sean selladas para
bien, que las guevurot se endulcen en jasadim, y que desde Hoshana Rabá
entremos con inmensa alegría en Sheminí Atzeret y Simjat Torá, hasta la Gueulá
verdadera y completa, con Mashíaj Tzidkeinu.
Vemos maravillas
Sucot corona un proceso de ascenso
espiritual que se desarrolla a lo largo de las festividades de Tishrei.
Desde la teshuvá por temor, pasando por la teshuvá por amor,
hasta llegar a la teshuvá de la alegría; desde un estado de “espalda
con espalda” (ajor beajor), centrado con temor en uno mismo, hasta
la alegría del “rostro a rostro” (panim bepanim), dirigiéndonos
hacia Hashem, que está más allá de nosotros; y desde el intenso esfuerzo de la
teshuvá hasta llegar a una danza de alegría que iguala y une al pequeño con
el grande.
Estas diferentes etapas se corresponden con
las partes del versículo:
“Y hubo un Rey en Ieshurún, cuando se
reunieron los jefes del pueblo, juntas las tribus de Israel”
(Devarim 33:5).
Estas palabras describen también una unidad
cada vez mayor entre todos los integrantes del pueblo de Israel, una unidad
capaz de superar toda discusión y división, incluso aquellas que son “por
amor al Cielo” (leshem Shamaim).
Y entonces surge una pregunta muy concreta:
¿Un izquierdista convencido se sentiría
cómodo en tu sucá?
Quizás, después de esta clase… sí.
_____________________
«Purifica nuestro corazón para servirte
con verdad»
Otra columna en honor al nuevo año,
dentro de una serie de columnas especiales para el sitio, escritas por
distintos autores. Esta semana, Jaguit Gron, de “Melugma”, escribe sobre el
cuerpo, el alma, la Divinidad y las Cuatro Especies:
El cuerpo humano no es simplemente un
recipiente; es un mapa. Al contemplar la propia estructura del cuerpo
podemos encontrar indicios acerca de nuestra esencia y extraer de ella
inspiración.
Nuestros Sabios dicen que las Cuatro
Especies corresponden a cuatro órganos del cuerpo: el etrog
corresponde al corazón, el lulav a la columna vertebral, el hadás
a los ojos y la aravá a los labios. Y la propia sucá es comparada
con el vientre materno. La sucá es redondeada, envuelve y cobija.
La sucá representa un or makif, una
“luz envolvente”: la sombra de la emuná, la fe, que nos cubre desde
arriba. Las Cuatro Especies, en cambio, representan un or pnimi, una
“luz interior”. Cuando agitamos las Cuatro Especies, tomamos precisamente esa
fe y la hacemos descender hasta nuestra vida cotidiana.
Al tomar las Cuatro Especies pronunciamos
específicamente la bendición «al netilat lulav» — «por la toma del lulav»,
a pesar de que el etrog es el “tzadik” del grupo, completo tanto en Torá como
en buenas acciones. ¿Por qué? Algunos sugieren que se debe a que el lulav es el
más alto, recto y erguido de todos, mientras que el etrog es redondeado y queda
oculto; incluso hay quienes acostumbran cubrirlo durante los movimientos de las
Cuatro Especies.
Esto nos invita a contemplar la posibilidad
de que exista algo en la rectitud del lulav que sea más interior que la
forma circular de la sucá y del etrog.
Si observamos el cuerpo humano, podemos ver
que su parte superior, la más cercana al cielo, está compuesta por órganos de
formas redondeadas: el cráneo, los ojos, la boca. Pero a medida que descendemos
hacia la tierra, los órganos del cuerpo se vuelven rectos. Los huesos de las
extremidades —cuya esencia es el encuentro con la realidad y con el prójimo—
son rectos.
La columna vertebral, representada
por el lulav, encierra algo maravilloso: está formada por vértebras redondeadas
que, al unirse, forman una estructura recta y erguida.
Así se mueve nuestro servicio a Hashem
entre la emuná —la fe, representada por el círculo— y el bitajón —la
confianza, representada por la línea recta.
El propósito de la creación es dar
satisfacción a Hashem mediante la unión entre amigos, el dar, el jesed,
la misión de difundir los manantiales de la Jasidut y traer la Gueulá. Todo
esto se realiza mediante la línea recta, a través de la cualidad del bitajón:
la capacidad de mantenerse erguido, extender la mano y actuar en el mundo. La
rectitud es la finalidad de la vida.
Pero si vivimos únicamente en esa línea
recta, puede transformarse en presión y en un choque permanente con la
realidad.
Por eso tenemos también el círculo de la
emuná.
La fe siempre está allí, en la corona
circular que envuelve nuestro ser. Cuando resulta difícil seguir avanzando en
línea recta, cuando sentimos que algo de la realidad choca contra nosotros,
soltamos y regresamos al interior del círculo, a la sucá. No para
escapar, sino para volver a cargarnos de fuerzas.
Solo quien tiene un círculo al cual
regresar puede mantenerse verdaderamente erguido.
Las iniciales de la plegaria:
וְטַהֵר
לִבֵּנוּ לְעָבְדְּךָ בֶּאֱמֶת
VeTaher Libeinu Leovdeja BeEmet
«Purifica nuestro corazón para servirte con verdad»
forman la palabra:
לולב — LULAV.
El lulav corresponde a la sefirá de
Iesod, cuyo atributo interior es la verdad. Y precisamente él
representa la columna vertebral, formada de manera maravillosa por círculos
de emuná que se unen para formar una línea de bitajón.
El equilibrio y el fluir natural entre emuná
y bitajón, fe y confianza, hacen nacer en nuestro corazón la inmensa
alegría de esta dulce festividad de Sucot.
Sobre el mensaje del lulav
Explicar las Cuatro Especies
Resumir la idea central
_____________
El sjaj no ama el enojo | Relato para
Sucot 🌿
Había un sencillo sirviente al servicio del
Rebe Maharash de Lubavitch, llamado Iosef Mordejai, quien también
había servido al Rebe Tzemaj Tzedek, padre del Maharash.
En una ocasión, Iosef Mordejai entró en la
sucá del Rebe estando enojado. Apenas había terminado de reprender a alguien en
la cocina y entró en la sucá todavía dominado por su enojo.
El Rebe le dijo:
«Iosef Mordejai, es cierto que eres un meiujás
—una persona de distinguido linaje—, pero hay que comportarse con derej
eretz ante el sjaj. El sjaj no ama el enojo».
¿Y por qué el Rebe lo llamó meiujás?
Por algo que había sucedido anteriormente.
En una ocasión, el Rebe Tzemaj Tzedek le ordenó que fuera a dormir en la
sucá. El Tzemaj Tzedek tenía dos sucot, una en la casa y otra en el patio.
Hacía mucho frío afuera, e Iosef Mordejai le dijo:
—Rebe, hace mucho frío.
El Rebe le respondió:
«Amalek es frío; un judío tiene calidez.
Ve a dormir en la sucá y tendrás el mérito de una larga vida».
Por eso el Maharash lo llamaba meiujás:
había recibido personalmente aquella bendición del Tzemaj Tzedek.
Y efectivamente, Iosef Mordejai vivió
103 años. Cuando tenía 98 años todavía bailaba sobre el techo del “Gran
Salón”, como se denominaba al gran recinto de la sinagoga en el patio del
Rebe, como si fuera un joven.
(De “Sipurei Jasidim”, del rabino Shlomo
Iosef Zevin)
Un punto para meditar
¿Por qué el sjaj no ama el enojo?
El Rebe Maharash explica en sus discursos
sobre Sucot que, en su raíz espiritual, el sjaj proviene de la nube
del incienso —ketoret— que ofrecía el Cohen Gadol en Iom Kipur. La nube del
ketoret de Iom Kipur eleva el aroma agradable que surge de la teshuvá
del pueblo de Israel en ese día.
En Iom Kipur, el judío se presenta ante
Hashem con el corazón quebrantado. Su teshuvá es sincera y brota de lo
profundo del corazón, porque reconoce cuánto le falta y hasta qué punto todavía
no es perfecto. Por eso, en su raíz, el sjaj representa precisamente
este movimiento interior de teshuvá: el reconocimiento de nuestras propias
carencias e imperfecciones.
El enojo expresa justamente el movimiento
contrario.
Cuando una persona se enoja con su
compañero, muchas veces lo hace porque se percibe a sí misma como completa y
al otro como deficiente. “Él se equivocó, él hizo las cosas mal por sus
defectos; yo, en cambio, advertí perfectamente su error”. La persona queda
atrapada en una falsa sensación de perfección que le permite ver con enorme
claridad la falta del otro, pero le impide reconocer la propia.
Por eso puede llegar a enfurecerse tanto.
Cuando Iosef Mordejai entró enojado en la
sucá, había olvidado demasiado rápidamente cómo, apenas unos días antes, en Iom
Kipur, había permanecido ante Hashem con el corazón quebrantado, consciente
de sus propias faltas y de su propia imperfección.
Ahora el sjaj que estaba sobre su
cabeza venía a recordárselo.
Quizás este sea uno de los mensajes más
profundos de la sucá: antes de mirar lo que le falta al otro, levantemos los
ojos hacia el sjaj y recordemos lo que todavía debemos reparar en nosotros
mismos.
El sjaj no ama el enojo porque quien
vive verdaderamente bajo la sombra de la Emuná aprende a ser menos duro con los
demás y más consciente de sí mismo.
El relato está dedicado a la elevación del
alma del dulce niño Tzur Levaví Simjí, de bendita memoria. ❤️
Los relatos se comparten en el grupo “BeOhalei
Tzadikim – Historias”.
¿Les gustó? ¡Compártanlo! ❤️
LECTURA DE LA TORÁ CUARTO DÍA DE SUCOT 5786 : 10 TOROS, 10
SEFIROT y 14 CORDEROS
En Eretz
Israel, el tercer día de Jol HaMoed Sucot corresponde al cuarto día de Sucot.
La sección
central correspondiente es Bamidbar 29:23-25:
וּבַיּוֹם הָרְבִיעִי פָּרִים עֲשָׂרָה...
Uvaiom harevií, parim asará...
«Y en el cuarto día: diez toros, dos carneros y
catorce corderos de un año, sin defecto...»
Ese día se
ofrecían 10 toros. La secuencia completa de Sucot es: 13 + 12 + 11 + 10 + 9 + 8
+ 7 = 70 toros, que nuestros Sabios relacionan con las setenta naciones del
mundo (Sucá 55b).
Una meditación para hoy
El número
10 es especialmente significativo en Cabalá: diez sefirot, desde Kéter hasta
Maljut. Es decir, la luz divina no permanece en un único nivel, sino que
desciende por toda la estructura de la creación hasta alcanzar Maljut, la
realidad concreta.
Podemos
leer entonces los diez toros del cuarto día de Sucot como una imagen de
integración: llevar la presencia de Hashem a todas las dimensiones de la
existencia.
Y hay algo
todavía más profundo. Cada día disminuye un toro: 13, 12, 11, 10... No
significa que disminuya la santidad. Al contrario: disminuye la multiplicidad
para revelar la Unidad.
Todo
conduce finalmente a Sheminí Atzeret, cuando se ofrece un solo toro.
70 → 1.
Las setenta
naciones, las múltiples culturas y las innumerables formas de la creación
tienen una única raíz: Hashem Ejad.
Por eso,
una kavaná apropiada para este tercer día de Jol HaMoed sería:
“Que las diez fuerzas de mi alma se unifiquen
en el servicio a Hashem, y que por medio de Israel la bendición divina llegue a
todas las naciones, hasta que toda la multiplicidad del mundo revele al Uno”
Aunque tenemos publicaciones por venir, estamos incluyendo este breve
texto en preparación para "el tiempo de nuestra alegría." En las
enseñanzas del Arizal, la víspera de Sucot nos proporciona un tipo especial de
alegría, el tema de este breve artículo, un extracto de Simjat Beit HaSho'eivah
de 5773, parte del cual incluía una discusión en profundidad sobre los consejos
del Rebe Najman de Breslov para alcanzar la alegría tomados de su Sefer
HaMidot.
El Rebe Najmán nos enseñó a nosotros y a todo el pueblo
judío que, "Es una gran mitzvá estar siempre alegre"[1], mitzvá
gdolá lihiot besimjá tamid (מִצְוָה גְּדוֹלָה
לִהְיוֹת בְּשִׂמְחָה תָּמִיד), como el rey David, de quien Maimónides
también aprende que la alegría es un ingrediente necesario para servir a Di-s
durante Sucot.[2]El Rebe Najman también escribe que todo aquel
que provenga del linaje de David tiende
a llorar de tristeza, pero, al igual que el propio Todopoderoso, que aúna los
opuestos de "audacia y alegría en Su morada"[3], oz vejedvá bimekomó (עֹז וְחֶדְוָה בִּמְקֹמוֹ)- "en sus
aposentos más recónditos [Él llora], en los aposentos exteriores [Él muestra
alegría]."[4]Siguiendo a los Sabios, el Rebe Najmán
escribe que el llanto y la tristeza se deben a la gracia, jen (חֵן), que ha sido arrebatada al pueblo judío y
debe serle devuelta. Este es un hilo conductor que atraviesa todas sus
enseñanzas, comenzando con la primera enseñanza en el Likutei Moharán.
¿Cómo se merece estar alegre? El Rebe Najman ofrece muchos
consejos anecdóticos en su libro, Sefer HaMidot. Podemos organizarlos
según correspondan a las sefirot. El consejo que da y que pertenece a la
sefirá de bondad (jesed) es dar tzedaká - caridad[5], al
iedei tzedaká belev shalem ba lidei simjá (עַל יְדֵי
צְדָקָה בְּלֵב שָׁלֵם בָּא לִידֵי שִׂמְחָה). Quien da caridad a
los pobres merece alegría.
El Tania dice[6] que la tzedaká es el
mandamiento prescriptivo inclusivo de la Torá, y que toda la Torá es tzedaká.
El mandamiento de dar tzedaká se describe en el versículo: "Tu
mandamiento es, sin duda, muy amplio."[7] Es la mitzvá que Di-s
mismo realiza en cada momento, dando origen a toda la Creación, incluidas todas
las criaturas. La creación es el mayor acto de bondad. Un judío que sostiene a
otra persona la está trayendo, en cierto sentido, al ser, y no hay mayor
alegría. El mundo se sostiene por la bondad.[8]
Ahora podemos entender mejor la afirmación del Arizal de que
el día más auspicioso del año para dar tzedaká, para dar una gran
cantidad de tzedaká, es la víspera de Sucot, la víspera de "la
temporada de nuestra alegría." ¿Quieres sentir la alegría en el momento en
que comienza la festividad, quieres bailar alegremente en Simjat Beit
HaSho'eivá - las celebraciones nocturnas durante Sucot? Da una gran
cantidad de tzedaká antes de que comience la festividad.
NOTAS AL PIE
[1] El
valor de esta frase en hebreo es 7 veces 207, 7 veces "luz", or
(אוֹר),
o 63 por 23, el valor de "deleite", jedvá (חֶדְוָה).
La frase completa consta de "deleite" (23) (חֶדְוָה), letras.
63 es el lleno del Nombre esencial de Di-s, Havaia (יוד הי ואו הי),
que corresponde con la sefirá de entendimiento y el principio madre; la
experiencia interior de entendimiento es la alegría.
Sucot es
llamado Zman Simjateinu — זמן שמחתנו, “el tiempo de nuestra
alegría”. Y justamente en esta festividad Hashem nos entrega una mitzvá muy
particular: tomar cuatro especies completamente diferentes y convertirlas en
una sola unidad.
Nuestros
Sabios explican que las Arbaat HaMinim representan diferentes tipos de judíos.
El etrog, con sabor y aroma, simboliza a quien posee Torá y buenas acciones; el
lulav, cuyo fruto tiene sabor pero no aroma, a quien posee Torá; el hadás, con
aroma pero sin sabor, a quien se distingue por sus buenas acciones; y la aravá,
sin sabor ni aroma, a quien aparentemente carece de ambos.
Pero hay
algo sorprendente: ninguna de ellas puede reemplazar a la otra. Podemos
encontrar el etrog más hermoso del mercado, pero sin la sencilla aravá la
mitzvá está incompleta.
Aquí
comienza la alegría de Sucot.
Durante
Rosh Hashaná y Iom Kipur estuvimos mirando hacia nuestro interior: hicimos
balance, teshuvá, confesamos nuestras faltas y buscamos acercarnos a Hashem. En
Sucot salimos de esa introspección y descubrimos algo nuevo: no estamos solos.
Tomamos al otro y lo acercamos a nosotros.
La alegría
más profunda no nace de ser perfectos, sino de descubrir que juntos formamos
algo que ninguno podría formar por separado.
Por eso las
especies no solamente están una al lado de la otra: las sostenemos juntas con
nuestras manos. El etrog no le pregunta a la aravá por qué no tiene aroma; el
hadás no compite con el lulav. Cada uno aporta aquello que recibió de Hashem.
Y entonces
las agitamos hacia todas las direcciones, como proclamando: Hashem está aquí,
allí, arriba, abajo y en cada aspecto de nuestra vida. Pero para proclamar esa
unidad de Hashem, primero debemos revelar la unidad entre nosotros.
Hay aquí
una enseñanza jasídica muy bella: la alegría rompe las barreras — שמחה פורצת גדר,
simjá poretzet gueder. Cuando estamos encerrados en nosotros mismos vemos
diferencias, defectos y categorías. Cuando aparece una verdadera simjá, las
paredes caen y podemos abrazar al otro tal como es.
Quizás este
sea uno de los secretos de Zman Simjateinu: después de pedir en Iom Kipur que
Hashem nos acepte a cada uno, en Sucot descubrimos que Él quiere encontrarnos
juntos.
El etrog es
hermoso, el lulav es elevado, el hadás perfuma y la aravá es sencilla; pero la
verdadera belleza aparece cuando los cuatro se convierten en uno.
Y lo mismo
ocurre con Am Israel: nuestra mayor alegría comienza cuando dejamos de buscar
quién es más perfecto y descubrimos cuánto necesitamos unos de otros.
En vísperas
de Sucot, el mercado de las Arbaat HaMinim — las Cuatro Especies se
convierte en algo extraordinario. Uno toma un etrog, lo gira hacia la luz,
busca una pequeña mancha; otro examina cada hoja del hadás; otro levanta el
lulav para comprobar que sea recto. De repente, todos nos convertimos en
expertos en detalles.
Pero quizás
ese mercado sea también un espejo del alma. Durante todo el año aprendemos a
convivir con nuestros defectos; en Sucot, después de Rosh Hashaná y Iom Kipur,
Hashem despierta en nosotros el deseo de buscar belleza y perfección.
Y hay algo
todavía más profundo: las cuatro especies son muy diferentes, pero la mitzvá
sólo está completa cuando las unimos y las sostenemos juntas. La
perfección no significa que todos seamos iguales ni que ninguno tenga defectos.
Significa descubrir cómo cada uno, precisamente con sus cualidades
particulares, puede formar parte de una unidad.
Buscamos el
etrog más hermoso, el lulav más recto, el hadás más completo
y la aravá adecuada. Pero mientras los buscamos, Hashem parece
preguntarnos:
¿Con el
mismo cuidado buscas también lo hermoso que hay en el otro?
Quizás esa
sea una de las preparaciones más bellas para Zman Simjateinu, el tiempo
de nuestra alegría: buscar la perfección, pero aprender a encontrarla cuando
nos unimos.
MERCADO
DE SUCOT Y LAS 4 ESPECIES
PARTE 2: 🍋 EL
ETROG: LA BELLEZA QUE NACE DESDE ADENTRO
En el
mercado de las Cuatro Especies ocurre algo curioso: podemos pasar mucho tiempo
buscando el etrog perfecto. Lo tomamos en la mano, lo giramos,
observamos su forma, su color, cada pequeña marca. Queremos cumplir la mitzvá
con hidur, con la mayor belleza posible.
Pero el
etrog tiene una enseñanza especial. Nuestros Sabios lo identifican con el «fruto
de un árbol hermoso — פרי עץ הדר, pri etz hadar». Hadar significa belleza,
esplendor. Sin embargo, la verdadera belleza que buscamos en estos días no es
solamente la que se ve por fuera.
Después de
Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando hemos revisado nuestra vida y hecho teshuvá,
llega Sucot y Hashem nos dice: ahora toma todo lo que eres y conviértelo en
algo bello.
El etrog
representa, según nuestros Sabios, al corazón. Y entonces la búsqueda en
el mercado adquiere otro significado: mientras revisamos cuidadosamente el
etrog buscando que esté entero y hermoso, también podemos preguntarnos: ¿cómo
está mi corazón? ¿Está entero? ¿A quién necesito perdonar? ¿A quién necesito
acercarme? ¿Dónde puedo agregar un poco más de amor a Hashem y al prójimo?
No existe
una persona sin marcas. Incluso un hermoso etrog posee sus pequeñas
irregularidades naturales. La perfección espiritual no consiste en no haber
tenido nunca una marca, sino en llegar a Sucot después de la teshuvá con un
corazón entero, refinado y dispuesto a servir a Hashem con alegría.
Quizás por
eso sostenemos el etrog tan cerca del corazón: para recordar que el hidur
mitzvá más profundo es hacer de nuestro propio corazón un etrog hermoso
para Hashem.
PARTE 3, 🌿EL
LULAV: CRECER DERECHO Y HACIA LO ALTO
En el
mercado de las Cuatro Especies buscamos un lulav hermoso, recto, firme,
con sus hojas unidas y su parte superior íntegra. Lo miramos desde todos los
ángulos, buscando que no tenga defectos.
Pero quizás
el lulav también nos está mirando a nosotros.
El lulav
proviene de la palmera datilera, un árbol que crece alto y derecho.
Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, Sucot nos enseña que la teshuvá no termina
con el arrepentimiento: ahora hay que crecer. Elevarse un poco más que
ayer, sin desviarse del camino.
Nuestros
Sabios comparan el lulav con la columna vertebral. La columna mantiene
al hombre erguido; el lulav nos pregunta cuál es nuestro eje interior. Podemos
inclinarnos ante Hashem con humildad, pero debemos caminar por el mundo con una
columna espiritual firme, fieles a la Torá y a nuestra misión.
Y hay algo
todavía más bello: sus hojas son muchas, pero permanecen unidas alrededor de
un mismo eje. También nosotros tenemos muchos pensamientos, deseos,
preocupaciones y proyectos. Sucot nos invita a reunirlos y orientarlos hacia
una sola dirección: Hashem.
Cuando
levantamos el lulav y lo movemos hacia todas las direcciones, proclamamos que
no existe lugar separado de Él: arriba y abajo, derecha e izquierda, adelante y
atrás, «מלוא כל הארץ כבודו — toda la tierra está llena
de Su gloria».
Quizás el
lulav perfecto no sea solamente el que encontramos después de buscar mucho en
el mercado. Es también el que despierta dentro nuestro el deseo de crecer
derechos, permanecer unidos y elevar toda nuestra vida hacia Hashem.
En el
mercado de las Cuatro Especies tomamos el hadás — mirto y lo observamos
con atención. Buscamos que sea bello, fresco, que sus hojas estén ordenadas y
que crezcan armoniosamente alrededor del tallo. Pero el hadás nos invita a
mirar algo más profundo que su apariencia.
Nuestros
Sabios señalan que el hadás tiene buen aroma pero no tiene sabor.
Representa a quien posee buenas acciones, aunque todavía le falte
profundizar en el estudio de la Torá. Hay personas cuya grandeza se percibe
como un perfume: no necesitan hablar demasiado; sus actos dejan una fragancia a
su alrededor.
Además, las
hojas del hadás recuerdan la forma de los ojos. Después de Rosh Hashaná
y Iom Kipur, Sucot nos pregunta: ¿cómo miramos al otro? ¿Buscamos sus
defectos con la misma precisión con la que examinamos un hadás en el mercado, o
sabemos descubrir su belleza interior?
Quizás aquí
esté la paradoja de Sucot: buscamos cuidadosamente una especie perfecta para
aprender que no debemos exigir perfección a las personas.
El
verdadero hadás es aprender a mirar con ain tová — עין טובה,
un buen ojo. Ver la
virtud que se esconde detrás de las imperfecciones y procurar que nuestros
propios actos desprendan un buen aroma.
Porque hay
palabras que se olvidan, pero una buena acción puede dejar su fragancia en
el alma de otra persona durante toda la vida.
PARTE 5 🌿 LA
ARAVÁ: CUANDO NO TENGO NADA QUE MOSTRAR
En el
mercado de las Cuatro Especies, la aravá — ערבה,
sauce parece la más
sencilla. No tiene el sabor del etrog ni el aroma del hadás. Según nuestros
Sabios, representa al judío que aparentemente no tiene ni Torá ni buenas
acciones.
Y, sin
embargo, sin la aravá no podemos cumplir la mitzvá de las Cuatro Especies.
Aquí se
esconde una enseñanza profunda de Sucot: hay momentos en que una persona siente
que no tiene nada para ofrecer. No comprende como quisiera, no logra rezar como
quisiera, no encuentra grandes méritos en sí misma. Se siente como una aravá: sin
sabor y sin perfume.
Pero Hashem
le dice: también a ti te quiero dentro del ramo.
La aravá
nos enseña que nuestra unión con Hashem no comienza por nuestras virtudes.
Existe un vínculo más profundo que nuestros logros: el hecho mismo de ser parte
de Su pueblo.
Y por eso
tomamos juntos etrog, lulav, hadás y aravot. No buscamos una comunidad
formada solamente por “etrogim perfectos”. La verdadera perfección aparece
cuando comprendemos que ningún judío está completo sin el otro.
Quizás por
eso, precisamente la humilde aravá nos enseña uno de los secretos más hermosos
de Sucot: cuando estamos unidos, incluso quien cree no tener nada descubre
que es imprescindible.
PARTE 6.
🌿 LAS CUATRO ESPECIES EN LA SUCÁ:
DIFERENTES, PERO UNA SOLA MITZVÁ
Entramos en
la sucá, una vivienda frágil, y allí tomamos las Arbaat HaMinim — ארבעת המינים,
las Cuatro Especies. Cada una es diferente: el etrog tiene sabor y
aroma; el lulav tiene sabor pero no aroma; el hadás tiene aroma
pero no sabor; y la aravá no tiene ni sabor ni aroma.
Nuestros
Sabios ven en ellas cuatro clases de judíos, con distintas cualidades. Pero
Hashem no nos pide elegir solamente al etrog. Nos ordena tomarlos a todos y
unirlos.
Y esto
sucede precisamente dentro de la sucá.
La sucá nos
envuelve a todos por igual. Allí no importa quién sabe más, quién posee más
méritos o quién parece más perfecto. Todos estamos bajo el mismo sejaj,
abrazados por una misma mitzvá. En Jasidut, la sucá expresa una luz
envolvente — Or Makif, una luz divina tan elevada que puede rodearnos y
unirnos a todos.
Entonces
ocurre algo maravilloso: la sucá nos une desde afuera y las Cuatro Especies
nos unen desde adentro.
Tomamos al
etrog-corazón, al lulav-columna vertebral, al hadás-ojos y a la aravá-labios, y
dirigimos todo nuestro ser hacia Hashem. Después los movemos hacia las
distintas direcciones, proclamando que Hashem está en todas partes y que no
existe ningún lugar separado de Él.
Después de
Rosh Hashaná y Iom Kipur podríamos pensar que la perfección consiste en
convertirnos todos en “etrogim perfectos”. Sucot nos revela algo más profundo: la
verdadera perfección no está en ser todos iguales, sino en permanecer
diferentes y saber unirnos.
Por eso
Sucot es Zman Simjateinu — el tiempo de nuestra alegría. La alegría más
profunda comienza cuando dejamos de preguntarnos quién es mejor y descubrimos
que Hashem necesita las cuatro especies para formar una sola mitzvá, y a
todos nosotros para formar un solo pueblo.
Historias de
tzadikim y maestros espirituales
El Rebe Moharash: CÓMO ACONSEJAR
Rabi Shmuel Schneersohn, el Rebe Moharash, fue el
cuarto Rebe de la dinastía Jabad-Lubavitch. Nació el 2 de Iyar de 5594 (1834), siendo
hijo del Tzemaj Tzedek, y de la Rebetzin Jaia Mushka. Recibió su nombre del tzadik
oculto, rabi Shmuel el Aguador de Plotsk. Aunque era el hijo menor, continuó el
liderazgo de su padre en Lubavitch, mientras que la mayoría de sus hermanos
dirigían sedes jasídicas en otras ciudades. Se casó con su sobrina Sterna
Schneersohn, y tras su fallecimiento se casó con su prima, la Rebetzin Rivká.
Trabajó mucho en favor del judaísmo ruso y del pueblo judío en general,
estableciendo asentamientos judíos e intercediendo ante las autoridades.
Acuñó la famosa expresión jasídica "Lejatjila
Ariber", que significa "Desde el principio, ve por encima."
Lo explicó de la siguiente manera: "El mundo piensa que, cuando uno no
puede pasar por debajo de un obstáculo, debe para por encima de él. Pero
sostengo, que, desde el principio, hay que pasar por encima de él. Desde el
principio uno debe actuar con todas sus fuerzas, sin dejarse intimidar por nada,
y hacer lo que deba hacerse. Y cuando uno comienza así, el Santo Bendito le
ayuda." El Rebe Maharash fue conocido por comportarse con gran generosidad
y abundancia. Partió de este mundo el 13 de Tishrei de 5643 (1882), a los 48
años, y fue enterrado en Lubavitch en el ohel de su padre, el Tzemaj Tzedek.
Su hijo, Rabi Shalom DovBer, le sucedió en el liderazgo.
El líder y referente
jasídico, Rabi Dovid Tzvi Jen, rabi de Chernigov, visitó una vez al Rebe
Moharash en Lubavitch, como era su costumbre. Había llegado tarde a su
audiencia privada, así que fue a la sala contigua a la cámara del Rebe y esperó
allí a que el Rebe pasara, con la intención de preguntarle qué hacer, ya que
estaba obligado a viajar a casa. En ese momento, el asistente del Rebe entró en
aquella sala para reemplazar la ropa de lino al Rebe tras la audiencia privada
anterior, ya que durante las sesiones las prendas quedaban empapadas de sudor.
El asistente le dijo a rabi David Tzvi: "¿Quizá sabes por qué suda tanto
ahí dentro cuando da una audiencia privada? Hoy, aunque las sesiones duraron
solo una hora en total, ¡sudó mucho!" Rabi David Tzvi guardó silencio. El
asistente repitió: "¿Qué es, en aras del Cielo, lo que le hace transpirar
tanto ahí dentro?"
En ese momento, la
puerta de la cámara del Rebe se abrió, y el Rebe se volvió hacia su asistente y
dijo: "Desde hoy en adelante quedas destituido de tu cargo. No se te
descontará ni un céntimo de tu salario. Vete a casa, y cada semana enviaré tu
salario a tu casa."
Luego añadió:
"No puedes entender por qué sudo. Durante esa hora, veinticinco personas
vinieron a mí para una audiencia privada. Para dar a cada persona el consejo
adecuado, debo sentir su angustia exactamente como él mismo la siente. Debo
despojarme de mis propias "prendas" y vestirme con las suyas. Y
cuando luego tengo que darle un consejo, no puedo hacerlo mientras sigo
llevando puestas sus ropas, del mismo modo que él mismo no puede aconsejar a su
propia alma desde dentro de su situación; por eso debo volver a quitarme sus
ropas y volver a vestirme con las mías. Así pues, por cada persona que viene a
solicitar una audiencia privada, tengo que desvestirme y vestirme dos veces.
Ahora piensa en esto: si en el transcurso de una hora una persona tiene que
desvestirse y vestirse cincuenta veces, ¿es posible hacerlo esto sin sudar?
La profunda preocupación del Maharash por sus jasidim
está ligada al hecho de que el Rebe Maharash pertenece a la sefirá de
belleza (tiferet). Una de las señales de esta conexión es que nació en
el día que es "belleza en la belleza" (tiferet shebetiferet)
en la Cuenta del Omer. Su día de fallecimiento es el 13 de Tishrei, que según
el sagrado Ari también está relacionado con esta sefirá, ya que
los cuatro días entre Iom Kipur y Sucot corresponden a las letras del Nombre
esencial de Di-s, Havaia, siendo el 13 de Tishrei la letra vav de
Havaia y representando la sefirá de belleza.
Entre las facultades del alma, la experiencia
interior de "belleza" es atributo de compasión (rajamim). Más
que cualquier otra cualidad, la compasión se caracteriza por una percepción
profunda de la situación de quien la recibe y por un genuino entendimiento de
su posición, y es a partir de este entendimiento de donde fluye la generosidad hacia
él. Otra historia sobre audiencias privadas describe una conversación entre el
Moharash y su padre, el Rebe Tzemaj Tzedek:
El Tzemaj Tzedek,
como todo Rebe, tenía horarios fijos para audiencias privadas. Era una labor
inmensamente exigente, y en una ocasión, al término de una larga noche dedicada
a recibir personas en privado, se sinceró ante su hijo, el Moharash, que se
encontraba en su habitación en ese momento: "¿Por qué necesito esto? ¿No
sería más sencillo y mejor si escribiera discursos jasídicos y los difundiera,
y cada persona encontrara descanso para su alma en las palabras vivientes de Di-s?"
El Moharash, que
entonces era un joven, respondió de inmediato. Se dirigió a la estantería,
corrió la cortina que cubría los estantes, señaló un estante concreto que
contenía decenas de manuscritos jasídicos escritos a mano por su padre, y le
preguntó si podría haber escrito tales obras de no haber recibido a personas
para consulta privada. Su padre reconoció inmediatamente que no habría podido.
El Tzemaj Tzedek tuvo varios hijos que
sirvieron como rebes, pero eligió a su hijo menor para continuar su liderazgo
en Lubavitch. Antes de su fallecimiento, el Tzemaj Tzedek recitó a su
hijo el versículo de Job: "Uno está tan cerca de otro que no puede haber
aire entre ellos" (Job
41:8). El Moharash no entendió lo que su padre quiso decir. Solo después
de que el propio Moharash falleciera las personas pudieron entenderlo. El valor
de "uno", ejad (אֶחָד)
es 13.
Así que "uno está tan cerca de uno" se
refiere a trece y trece, el 13 de Nisán - la fecha en que falleció el padre, el
Tzemaj Tzedek - y el 13 de Tishrei, la fecha en que el hijo, el Rebe Moharash,
falleció. El profundo vínculo entre ellos permitió al Moharash penetrar en la
profundidad de la mente de su padre y poner en paz su mente respecto a las
dificultades de relacionarse con sus jasidim y vestirse con sus vestimentas
durante sus audiencias privadas.
La relación entre el Moharash y su padre se asemeja
a la relación entre las sefirot de conocimiento (da'at) y belleza
(tiferet); el conocimiento se considera el alma de la belleza. Lo que
esto significa es que el Tzemaj Tzedek se inclina por una forma más
"espiritual" y abstracta de identificarse con sus jasidim, del
mismo modo que la sefirá de conocimiento se considera parte de las sefirot
intelectuales. Aunque incluye la emoción y la capacidad de identificación del
alma (tanto del yo como de la empatía hacia los demás), sigue siendo, en
relación con belleza - el centro de todas las sefirot emotivas - abstracta
y conceptual. El Moharash, en cambio, aspira a ser un Rebe que llegue a sus jasidim
y se encuentre verdaderamente con ellos, un encuentro de la parte singular del
alma, la iejidá, con la singular del otra alma, en una identificación
total entre las almas.
El Tzemaj Tzedek una vez se comparó a sí
mismo con un sombrerero. Un sombrerero coloca sombreros de distintos tamaños en
su tienda sin tener en mente a ningún cliente en particular. Así mismo, un rebe
escribe variados ensayos jasídicos sin pensarlos para ninguna persona concreta.
La gente entonces viene, estudia los discursos y elige aquel que ha tocado su
corazón; en cierto sentido, encuentran el sombrero que les queda bien.
Pero el
Moharash insiste en demostrar que toda la riqueza del Jasidut de su padre
proviene de los encuentros directos que tiene con los jasidim, y no de
influir en ellos desde la distancia. El agotador encuentro personal refina los recipientes
de la mente y el corazón, y es de ese refinamiento de donde merece revelar y entender
los profundos misterios de la Torá.
Otra historia bien conocida relata que el año 5608
(1848) se consideró un momento auspicioso para la llegada de Mashíaj. Pero,
cuando pasó el año y Mashíaj no llegó, el Tzemaj Tzedek le dijo a su
hijo que, de hecho, la llegada de Mashíaj había ocurrido ese año, pues ese fue
el año en que se imprimió Likutei Torá, una antología seminal de los
ensayos del Alter Rebe. El Moharash respondió que ese no era el Mashíaj
que esperaban. La sefirá de belleza no está dispuesta a transigir en
materia de compasión cuando el asunto llega de verdad al corazón del otro, ni
está dispuesta tampoco a ceder en lo que respecta al Mashíaj - debe ser un ser
humano de carne y hueso que redimirá compasivamente.
EL CALENDARIO
HEBREO: Simjat Beit HaShoeiva
EL PODER DE LA VISTA EN SUCOT
El ushpiz universal (invitado espiritual) de Klal
Israel hoy, según la orden de las sefirot, es Aharon. Está escrito
que todo Sucot en esencia está conectado con Aharon, porque todo Sucot es un
recuerdo de las Nubes de Gloria que Di-s ubicó sobre y alrededor de nosotros
durante nuestros años en el desierto. Debemos recordar esto desde la primera mitzvá
de la festividad, el primer día - "para que vuestras generaciones sepan
que hice que los Hijos de Israel moraran en Sucot", etc.
Las sucot en las que nos sentamos son las
Nubes de la Gloria, en mérito de Aharon, y debemos recordarlo desde el primer
momento en que comienza la festividad - toda la festividad es en su mérito. Sucá
también es un término relacionado con "Iskah", un término para
"ver" - a través de Ru'aj HaKodesh (Espíritu de Santidad); por
eso en Simjat Beit HaSho'eiva, el pueblo merecería recibir Ru'aj
HaKodesh - "debes extraer agua con alegría de los manantiales de la
salvación."
Las libaciones del resto del año son todas de vino
y, por tanto, corresponden a nuestro sentido del oído (pues el vino está
relacionado con la sefirá de entendimiento, y el entendimiento se corresponde
con nuestro sentido del oído, "He oído, Di-s, de Tu renombre, y temí"),
pero en Sucot traemos una libación especial de agua. El agua corresponde a la
sabiduría, que es la vista - por eso en esta festividad vemos la Divinidad.
Durante todo el año solo podemos tener un conocimiento de segunda mano
(rumores, en cierto sentido) de la esencia de Di-s, pero en Sucot podemos
potencialmente captar la esencia directamente (es como verlo).
Esto también se refiere a Aharón, a quien se le
ordena encender, que en hebreo significa "elevar" las llamas de la
Menorá del Templo, cada una de las cuales corresponde a una de las raíces del
alma del pueblo judío. Hoy diríamos que Aharon ilumina cualquier estancia en la
que entre. Cuando todas las almas en una habitación están iluminadas, se puede
ver la esencia de Di-s. Como dijo el Ba'al Shem Tov, añade luz a la habitación.
Cuando hay luz, se ve el "rostro del Cohen", maré cohen
(מַרְאֵה כֹּהֵן), un término cuyo
valor numérico es idéntico a "Providencia Divina", hashgajá
(הַשְׁגָּחָה).
Primero, esto significa ver la Providencia
individual en todos los aspectos de la realidad. Cada vez se ve más la Providencia.
La analogía para esto es que, así como añadir un penique (perutah en
hebreo, que también significa "un detalle") a un penique produce una
gran suma al final, así debemos empezar por recoger la Providencia Divina que
vemos en cada detalle de la vida y en cada alma individual, hasta descubrir la
Providencia esencial subyacente con la que Di-s gobierna todo. Esta es la
directiva fundamental dada por el Rebe Najmán y por todos los demás tzadikim.
Aunque vea la Providencia individualizada en cada detalle, en la vida de cada
alma, eso no significa que perciba la piedad con mis sentidos, pero todo ello
conforma una gran suma.
El resultado final es que se ve la verdadera divinidad,
pero para eso se necesitan muchos peniques, muchos detalles, muchos pequeños
ejemplos de Providencia. De cada pequeño ejemplo de Providencia se escribe que
"cada céntimo suma una gran suma." Hasta ahora he oído - "He
oído hablar de Tu renombre" - he oído que existe el Santo Bendito sea que
realiza milagros, pero uno debe verlo con los propios ojos; no basta con
escucharlo. La alegría en "el tiempo de nuestra alegría" proviene del
hecho de que por fin merezco ver a Di-s ahora, en la festividad de Sucot.
Como dijimos, esto está especialmente relacionado
con Aharon (אַהֲרֹן), cuyas letras del
nombre forman "es visto", niré (נִרְאֶה), aludiendo al versículo, "porque Contigo
está la fuente de la vida; en Tu luz vemos la luz," "porque Tú,
Señor, eres visto." Que merezcamos ver la divinidad con nuestros sentidos.
De hecho, los sabios asocian la alegría y la visión en su afirmación sobre
Sucot: "Quien no vio Simjat Beit HaSho'eiva nunca vio la alegría en
su vida" - hay que ver la alegría.
En la nomenclatura cabalística, la alegría es la
experiencia interior de Ima, el principio madre que es la sefirá
madura de entendimiento. Ver la alegría es unir a Aba, el principio
padre y la sefirá de sabiduría con Ima.
EL CALENDARIO
HEBREO: Simjat Beit HaShoeiva
EL GAÓN DE VILNA Y EL REBE NAJMÁN DE BRESLOV
El Rav enseñó "Ein
KeElokeinu" del Heilige Yid
Hoy (19 de Tishrei) es el iahrzeit
(el día de la muerte) del Heilige Yid (Rebe Iaacov Itzjak de Peshisja),
por eso acabamos de tocar su nigun.
En general, está escrito que Moshe Rabeinu sabía
tocar las melodías de todas las almas - esta es una de las cualidades
especiales de Moshe Rabeinu - y dado que él es el primer redentor y el redentor
final, Mashíaj también debe saber tocar las melodías de todas las almas,
empezando por todas las almas generales, todos los tzadikim que
defendieron al pueblo judío. Por tanto, hay que familiarizarse con todo tipo de
melodía cuya raíz está en la santidad; cada judío tiene una raíz en algún
lugar, y esta melodía es verdaderamente especial y original, de las melodías de
los tzadikim, discípulos de Ba'al Shem Tov.El Heilige Yid fue el discípulo más destacado
del Joize de Lublin y el rebe más destacado de Rebe Simjá Bunim, el rebe
de Kotzk y del Jidushei HaRim - de quienes provienen Kotzk, Vorki y Ger,
todos de él; se trata de una raíz muy importante dentro del pueblo judío.
Hoy también es el iahrzeit del Gaón de Vilna.
Entre los ushpizin jasídicos (huéspedes espirituales de nuestra Sucá),
hoy es el Tzemaj Tzedek, por lo que es apropiado contar una historia del Tzemaj
Tzedek conectada con el Gaón de Vilna. Una vez, un rabino importante - uno de
los grandes maestros de las enseñanzas reveladas de Jabad – se presentó ante el
Tzemaj Tzedek y le pidió que revisara un volumen de responsa o halajá
que había redactado, con la esperanza, de quizá obtener una aprobación, o al
menos una bendición verbal. Cuando entró, el Tzemaj Tzedek no tuvo
tiempo de leer todo el libro, así que señaló los pasajes en donde el autor
discrepaba del Gaón de Vilna y le pidió al Tzemaj Tzedek su opinión y
bendición. Cuando se fue, los hijos del Tzemaj Tzedek entraron en la
habitación y vieron que el Rebe lloraba, y le preguntaron qué pasó, por qué
lloraba, y él dijo: Lloro porque ese hombre - que es un jasid importante
y un gran rabino - pensó que encontraría favor a mis ojos por no estar de
acuerdo con el Gaón de Vilna. El Gaón de Vilna – él lo llamaba "el jasid",
según recuerdo - solo durmió dos horas de cada veinticuatro y estaba
completamente dedicado con la Torá, así que me entristece que la gente piensa
que encontrarían favor a mis ojos por ser capaz de refutar al Gaón de Vilna.
Ayer, día 18 de Tishrei, fue el iarhzeit del
Rebe Najman – es sabido que hay muchas similitudes entre él y el Gaón de Vilna.
Una de las más llamativas es que ambos escribieron extensos análisis de las
historias de Raba bar Bar Jana en el Talmud, y muchas otras cosas importantes
similares. Creo que hubo una clase sobre esto, sobre la conexión interna existente
entre ellos, sobre su compromiso con la Torá en la forma en que la estudiaban. Jilik
Frank (el clarinetista) nos cuenta que la mayoría de los jasidim de Breslov de
Jerusalén actuales descienden originalmente de los "Prushim",
de los discípulos del Gaón de Vilna; cabe destacar que, fueron precisamente,
los discípulos del Gaón de Vilna quienes se convirtieron en jasidim
Breslov.
CALENDARIO HEBREO: Sucot
QUÉ ELEGIR: ¿UN ETROG GRANDE O UNO PEQUEÑO?
En cuanto al etrog, es conocido que el Rebe de Lubavitch
solía ser mehader a la hora de elegir un etrog grande, uno
realmente grande - esto fue una innovación, una innovación propia del Rebe. Hoy
también hay muchos jasidim que quieren hacer lo que hizo el Rebe, por lo
que hacen grandes esfuerzos para buscar un etrog grande, pero un etrog
grande conlleva un pequeño problema. En el caso del Rebe, seguramente eligieron
un etrog grande que estaba cien por cien limpio, pero en general un etrog
grande no es cien por cien limpio.
Así pues, se plantea la cuestión del hidur
[embellecimiento de la mitzvá] - de hecho, hoy en día se dan diferentes opiniones
entre los rabinos de Jabad - si es preferible tener un etrog más pequeño
y limpio, o uno muy grande que no esté cien por cien limpio. Hay rabinos que
dicen que uno grande y sucio es mejor que uno pequeño y limpio, pero la lógica
sencilla parecería ser: si el pequeño cumple la medida requerida y está limpio,
parecería ser más hadar [selecto y esplendoroso] que uno grande que no
está al cien por cien limpio (por supuesto, aquí no nos referimos a una imperfección
o imperfecciones que invalidarían al etrog, sino más bien a manchas que
no lo invalidan).
El Etrog y lo femenino
Dado que el etrog representa la sefirá de reinado
y eso es lo femenino y la mujer (más específicamente, está relacionado con la
"revelación de la corona" de Ze'er Anpin, la revelación de la
futura novia), un etrog grande es como una "gran mujer". La
frase "una gran mujer"[1]
aparece en el Tanaj exactamente una vez - es decir, el gran etrog.
¿Quién es esta gran mujer? Las escrituras describen a la mujer de Shunam que construyó
una habitación en el ático para Elisha el profeta y colocó allí una cama, una
mesa, una silla y una menorá, proporcionándole así las cuatro
rectificaciones que corresponden a los cuatro mundos.
[Aquí
hay un discurso extraordinariamente maravilloso del Rebe Rashab sobre este
versículo y esta historia de la gran mujer que hizo una habitación en lo alto
para Elisha el profeta con una cama, una mesa, una silla y una menorá.
La historia detrás del discurso sobre "mesa, cama, silla y menorá" es
que el Rebe Rashab convocó en una ocasión a varias personas especiales, entre
ellas Reb Shmuel Gronem, y pronunció el discurso ante ellas. Posteriormente,
Reb Shmuel Gronem dijo que nunca había escuchado un discurso semejante en su
vida, y que, no obstante, estaba dispuesto a renunciar a ello - es decir, que
él mismo no escucharía el discurso, sino que los demás estudiantes lo escucharían
- pero ellos no tuvieron el mérito de escucharlo, y así ha quedado hasta el día
de hoy. ¡Lejaim, Lejaim!]
Volviendo a la mujer de Shunam, después ella merece, a
través del profeta Elisha, ser bendecida con un hijo, y este hijo - según los
sabios, como se explica extensamente en los escritos del Arizal - es el profeta
Habakuk, [Javakuk (חֲבַקּוּק)]. Este hijo muere repentinamente y
Elisha lo revive realizando una resurrección de los muertos.
Elisha fue discípulo de Elías. Elías también resucitó a un
niño que había muerto, hijo de la mujer de Tzarfat. Este niño se convirtió en
el profeta Ioná. Habakuk está así conectado con Sucot, su madre es la gran
mujer, y Jonás (Ioná) está conectado con Iom Kipur, ya que leemos su libro la
tarde de Iom Kipur. Pero Jonás también está conectado con Sucot porque recibió
su profecía a través de Simjat Beit HaSho'eiva. La lección para nosotros
es que desde Iom Kipur uno llega a Simjat Beit HaSho'eiva para alcanzar
la visión mediante inspiración divina.
Habakuk está relacionado con Sucot por otra razón. Está
dicho que Sucot es aludido en las palabras, "y Su mano derecha me
abraza",[2]
y Habakuk proviene de la misma raíz que "abrazar". Todo esto
proporciona una importante alusión para tomar un gran etrog en Sucot.
Leá y Rajel: Lo grande y lo pequeño femenino
Una vez más, tomar un etrog grande nos proporciona un
hidur [embellecimiento de la mitzvá] en cuanto a tamaño, pero en
la mayoría de los casos compromete el hidur de la limpieza. Pero con un etrog
pequeño, "una pequeña mujer", no hay un hidur de tamaño, pero
el hidur de limpieza es mucho más común.
Ya sabemos que aquí hay una "gran mujer" en las
Escrituras, pero ¿existe una "mujer pequeña"? La expresión
"mujer pequeña" no aparece en el Tanaj, pero sí sugiere la
diferencia entre Leá y Rajel. La Torá escribe sobre ellas que, "el nombre de
la mayor era Leá, y el nombre de la más pequeña era Rajel." [3]
Entre las dos, ¿quién se describe como limpia, hermosa en todos los aspectos,
de quien se podría decir, "no hay defecto alguno en ti"?Esta es Rajel. Rajel es alabada por la
perfección de su belleza - es la más pequeña, pero está limpia. La verdadera
pregunta es cuál es más hadar. El Rebe de Lubavitch, que es el tzadik
de "Beit Rabeinu SheBeBavel” - para quien Leá es el partzuf femenino
principal -, considera que el objetivo primordial es embellecer el etrog
escogiendo uno grande.
Aun así, debemos preguntarnos en general: ¿cuál es mejor - un
etrog grande e impuro, o uno pequeño y limpio? Para entender mejor esta
cuestión, necesitamos mirar sus raíces espirituales. Espiritualmente, esta es
la cuestión de la relación entre Leá y Rajel.
Tanto Leá como Rajel, cada una tiene su propia virtud. Leá
representa el pensamiento, que se conoce como el Mundo oculto (en contraposición
con el habla, que es el Mundo revelado, es decir, expresamos nuestros
pensamientos a través del habla). Dado que Leá es superior a Rajel, podría
haber pensado que, por su propia naturaleza, debería ser más limpia, pura, ya
que cuanto más bajo es algo, más sucio es, ya que está más cerca de las
cáscaras de impureza. Y no solo eso, sino que Rajel representa el aspecto de la
feminidad sobre el que se dice que desciende incluso hasta la muerte de las
cáscaras impuras. Por lo tanto, habría pensado que Leá, que no desciende a la kelipá,
debería estar más limpia, tanto física como espiritualmente (lo físico solo
refleja lo espiritual). ¿Por qué no es así?
La explicación sencilla es que incluso cuando rezo, incluso
cuando estoy ante Di-s, mi pensamiento siempre divaga, y reconocemos que
nuestros pensamientos no son limpios. Pero cada persona puede decidir, por su
propia voluntad, cuidar y proteger su forma de expresarse para no utilizar un
lenguaje soez o negativo. Así que una persona puede tener un habla limpia - correspondiente
a Rajel, aunque no haya ninguna persona justa en la tierra que sea limpia en
sus pensamientos. Puede pensar grandes cosas, mucho más allá de lo que es capaz
de lograr en el habla, pero decir que es puro de pensamiento - eso es una
hazaña muy, muy seria, algo reservado para el futuro.
En el futuro, Rajel crecerá y será conocida como "Rajel
la Grande." Esperamos que Rajel no permanezca pequeña, sino que llegue a
incluir a Leá en su interior también. En el lenguaje de la Cabalá, el rostro de
Rajel se elevará e incluirá el rostro de Leá, que no es más que un reflejo
fugaz del completo rostro femenino del principio madre. El Partzuf Rajel comienza
como una raíz, un punto esencial que surgió en la primera emanación de la
realidad. El propósito último es que Rajel se eleve y herede plenamente a Leá, del
mismo modo que "los recipientes de Rectificación" deben heredar e
incorporar todas "las luces de Caos". Este estado es denominado
"Rajel la Grande." Cuando esto ocurre, la unificación se convierte en
Israel y Rajel la Grande - la unión última de la era mesiánica. La conclusión
es que esto significa que habrá un etrog grande y limpio.
De hecho, el valor de "grande y limpio", gadol
venaki (גָּדוֹל וְנָקִי)
es el mismo que el de hadar (הָדָר),
embellecimiento.Así, al instruirnos:
"Y tomaréis para ustedes el primer día el fruto de un hermoso árbol",
un árbol que habar, la Torá nos dice que debemos tomar un etrog
grande y limpio, puro. Por eso es la primera de las Cuatro Especies que se
enumeran en el versículo.
Antes de que el santo
Rebe Tzvi Hirsch HaCohen de Ziditchov se hiciera ampliamente conocido, pasó
tiempo, tras el fallecimiento de su maestro, el Rebe Menajem Mendel de Rimanov,
en presencia del santo Rebe Naftali de Ropshitz. El Rebe Naftali no le mostró
señales de cariño y, en todo, fue el último en ser atendido. Una vez, el hijo
del Rebe Naftali, rabi Elazar, le comentó a su padre que debía darle algo de
vino al Rebe Tzvi. Su padre respondió: "Ten presente que toda su grandeza
proviene de la humildad, y que, si le honro, volcará el mundo. Es más grande
que yo, y llegará el momento en que tú te presentarás en su puerta."
Muchos años después,
cuando el Rebe Tzvi Hirsch se había hecho famoso en todo el mundo, rabi Elazar
viajó a verle a Rimanov. Cuando quiso entrar, los asistentes le dijeron que el
Rebe estaba durmiendo y que debía esperar hasta despertar. Los asistentes le
ofrecieron una silla para sentarse, pero él se negó. "Deseo", dijo,
"cumplir las palabras de mi padre y estar en su puerta."
Una vez, en la festividad
de Sucot, el Rebe Naftali lloró y dijo: "Desciendo de mi abuelo, el Gaón (Itzjak
HaLevi) de Hamburgo, y poseo un hermoso etrog de primera categoría, y sin
embargo, no consigo nada. Y este Tzvi tiene un etrog que vale dos deksir
(monedas pequeñas), e ilumina todos los mundos con su etrog."
Se cuenta además que
el santo Rebe de Ropshitz se esmeraba mucho en obtener etrogim para sus santos
hijos y discípulos más cercanos. Cuando el Rebe Tzvi Hirsch estaba en Ropshitz,
el santo Rebe de Ropshitz también le compró un etrog. Uno de los discípulos
cercanos se mostró desconcertado por esto y preguntó al santo Rebe de Ropshitz
en tono burlón: "¿Necesita Hirsch, el asistente, también un etrog? ¡Una
patata seguro que le basta!" La costumbre allí era que después de Sucot,
los etroguim fueran devueltos al santo Rebe de Ropshitz, quien luego los
examinaba. Cuando rabi Tzvi Hirsch devolvió su etrog, el santo Rebe de Ropshitz
lo elogió calurosamente y dijo a sus discípulos más cercanos: "Me ha
devuelto un etrog, porque la mitzvá se cumplió en su plenitud a través de él.
Pero vosotros me habéis devuelto patatas."
Estas historias reflejan una cualidad particular que
pertenece al etrog: por un lado, simboliza la totalidad - posee tanto sabor
como fragancia, que representan el aprendizaje de la Torá y las buenas acciones
juntos. Del mismo modo, el hadar (belleza y perfección) es de especial
importancia en el etrog. Por otro lado, está ligado específicamente a la
cualidad de humildad y modestia, como es sabido por la alusión en el Panim Iafot
de que las letras de etrog (אֶתְרֹג)
son las iniciales de la frase (Salmos
36:12) "que no se apodere de mí ni un atisbo de orgullo", al
tavaoeni reguel gaavá (אַל תְּבוֹאֵנִי רֶגֶל גַּאֲוָה).
Por esta razón, el Rebe Tzvi Hirsch, cuya grandeza surge desde la humildad,
ilumina todos los mundos con un simple etrog, mientras que el discípulo
que mide el valor de quienes le rodean por apariencias externas convierte
incluso a un etrog de primera categoría en una patata.
Los siete días y las cuatro especies
Los siete días y los siete Ushpizin (distinguidos
invitados) de Sucot pueden correlacionarse con las Cuatro Especies. Las tres
ramas de mirto (hadísim), que a su vez presentan una estructura triple
de hojas, corresponden a los tres Patriarcas: Abraham, Itzjak y Iaacov, así
como a las tres primeras sefirot emocionales: bondad, fuerza y belleza.
Las dos ramas de sauce (aravot) corresponden a Moisés y Aarón y a las sefirot
de victoria y reconocimiento. La rama de palmera datilera (lulav)
corresponde a Iosef y a la sefirá de fundamento (iesod). El
citrón (etrog) corresponde a David y a la sefirá de reinado (maljut).
Según esta división, el último día de Sucot es el
día del etrog. Es específicamente en este último día cuando uno debe
rezar para ser salvado del orgullo, y se hace una súplica especial para ello.
En este día se inculca en nosotros una segunda naturaleza, la naturaleza de
"aquel que siempre está alerta" (אָדָם
מְפַחֵד תָּמִיד), cuyas iniciales forman la palabra
"verdad", emet (אֱמֶת)
– en guardia ante "cualquier atisbo de orgullo" que pueda
introducirse en él.
¿Por qué es en el último día en particular cuando
hay razón para rezar para ser salvado del orgullo? Nuestro maestro, el Ba'al
Shem Tov, explicó que cuando Di-s maldijo a la serpiente en el Jardín del Edén,
le dijo sobre su relación con el hombre: "Él [el hombre] aplastará tu
cabeza y tú aplastarás su talón. " El significado detrás de este
simbolismo es que cuando llega el momento de alzarse para realizar una buena
obra - la cabeza - el hombre normalmente prevalece sobre la serpiente y la
aplastará. Esta es una táctica ejercida por la serpiente, es decir, la
inclinación al mal, ya que espera en silencio hasta que la buena acción se haya
completado. Este es el talón de la buena acción, al que la serpiente golpea con
el veneno del orgullo. Así, el momento más peligroso de toda buena acción es su
conclusión y cumplimiento. Es entonces cuando tendemos a sentirnos contagiados
de un sentimiento de orgullo por haber realizado la buena acción. Por eso el
séptimo día es el día del etrog; es el momento en que debemos rezar y
protegernos de la mordedura de la serpiente.
El Emek HaMelej registra una alusión a la
historia. Cuando una persona supera su inclinación al mal y evita el orgullo,
la imagen es su talón sobre la cabeza de la serpiente. Esto puede representarse
colocando la letra inicial de talón, akev (עָקֵב),
ayin, antes de la letra inicial de cabeza, rosh (רֹאשׁ), la letra reish. La palabra construida es עֵר, er, cuyo significado es
"despierto". Pero cuando una persona sucumbe a su inclinación al mal
y se siente orgullosa, la imagen de la cabeza de la serpiente se sitúa sobre el
talón de esa persona. La palabra resultante construida es רָע, ra, que significa "mal". En las
Escrituras, hay un hombre llamado Er, escrito y pronunciado exactamente como
"despertar", er (ער). Este fue Er, el
hijo de Iehuda, destinado a ser el progenitor del Mashíaj (מָשִׁיחַ), que en hebreo tiene el mismo valor que
"serpiente", najash (נָחָשׁ).
Pero su inclinación al mal pudo más que él - la serpiente prevaleció sobre él e
invirtió las letras de su nombre, de modo que la Torá escribe que, "Er, el
primogénito de Iehuda, era malvado ante los ojos de Di-s" (Génesis 38:7). De ser
candidato a Mashíaj, sucumbió y se volvió "malvado", como se ha
mencionado antes. El ushpiz (invitado) del séptimo día de Sucot es
David, que constantemente luchaba por ser humilde ante sus propios ojos (2 Samuel 6:22) y no sucumbir
al orgullo. Por ello, aquí se le identifica con el etrog. Su humildad es
la fuente de su gran alegría al bailar ante el Arca de la Alianza. Sucot es
conocida como "la estación de nuestra alegría", y la alegría alcanza
su punto álgido en el octavo (y noveno) día de Sucot, alimentada por la
humildad y el rechazo del orgullo en el séptimo.
Según la explicación del Ba'al Shem Tov, la maligna serpiente
es la serpiente del orgullo, que intenta infundir en una persona la sensación
de que es un tzadik, un sentimiento de orgullo por sus buenas acciones.
Esto conecta con la enseñanza del santo Ari de que cuando se realiza una
transgresión de cualquiera de los preceptos, el daño afecta a la unificación
espiritual inferior que aporta nueva energía a la realidad y que está simbolizada
por las letras vav y hei del Nombre esencial de Di-s, Havaia,
el Tetragrámaton. Las dos primeras letras, iud y hei en Havaia,
que simbolizan la unificación superior que sostiene la realidad, no se ven
afectadas por nuestras transgresiones. Sin embargo, el orgullo es una
excepción. El valor de "orgullo", gaavá (גַּאֲוָה) en hebreo es 15, igual que el valor de iud
y hei, las dos primeras letras del Nombre esencial de Di-s, Havaia.
Así, el orgullo por sí solo tiene el poder de dañar la unificación superior entre
la iud y la hei del Nombre. De hecho, el valor de "atisbo de
orgullo", reguel gaavá (רֶגֶל
גַּאֲוָה) [N.T.:literalmente pie de orgullo, pie en
el sentido de punto de apoyo] es 248, aludiendo al hecho de que el
orgullo tiene el poder de dañar cada uno de los 248 mandamientos positivos.
Si al final de toda buena obra la serpiente intenta
atacar y debemos rezar "que no caiga a los pies [que no se apodere de mi]
del orgullo",mucho más al final de "la gran feria", es
decir, este mundo en el que vivimos se compara a una reunión festiva, una
feria. El cierre de la gran feria es un eufemismo para el día de la partida del
mundo. Es digno de mención, sin duda, que, según las tradiciones de las que
disponemos, tanto el santo Ari como el Baal Shem Tov, en su último día en este
mundo, con sus últimas palabras, buscaron precisamente lo que se pide en este
verso: ser salvados del orgullo. Una hermosa alusión a esto es que los valores
numéricos de Itzjak (יִצְחָק), el nombre del Ari,
e Israel (יִשְׂרָאֵל), el nombre del Ba'al
Shem Tov, juntos son los mismos que esta frase, "que no se apodere de mí
el orgullo", al tevoeni reguel gaavá (אַל
תְּבוֹאֵנִי רֶגֶל גַּאֲוָה), con el kolel.
EL CALENDARIO
HEBREO: Sucot
ESTUDIO
SEMANAL: Parashá Lej Lejá y Vaierá
EL MÉRITO DE ABRAHAM
Exploremos aspectos importantes de Sucot
relacionados con nuestro primer patriarca, Abraham.[1]
La Torá relata en la parashá Vaiera que tres ángeles vinieron a informar
a Abraham y Sará que finalmente tendrían un hijo tras una vida de esterilidad.
De hecho, aunque Abraham al principio los confundió con tres simples hombres
errantes, interrumpió sin embargo una revelación que estaba recibiendo de Di-s
para saludarlos y atenderlos:
Y levantó la vista y
vio, y he aquí, tres hombres estaban a su lado, y corrió hacia ellos desde la
entrada de la tienda y se postró en el suelo. Y dijo [a Di-s]: "Di-s, si
tan solo he encontrado favor a tus ojos, por favor no te alejes de tu siervo
[como yo cuido a estos invitados]. [Se volvió hacia los tres ángeles y dijo:]
"Por favor, tomen un poco de agua, y laven los pies, y sentaos a descansar
bajo el árbol. "[2]
El Midrash relata que fue el mérito de Abraham al
ofrecer a estos tres invitados un lugar para descansar bajo el árbol lo que
inicialmente inspiró la futura festividad de Sucot.[3]
Este es otro ejemplo clásico del conocido dicho: "Las obras de los Padres
son una señal para sus hijos."[4]
Con este acto singular de hospitalidad "bajo el árbol", Abraham abrió
las puertas para que la festividad de Sucot fuera revelada a todos sus
descendientes, quienes también algún día se sentarían y comerían bajo un techo
de vegetación en la sucá.
Vete a ti mismo
Habiendo establecido la conexión esencial entre
Abraham y Sucot, iremos un paso más allá introduciendo una dinámica esencial en
la vida de Abraham, que se manifiesta en la forma en que agitamos las cuatro
especies que tomamos en Sucot, hacia fuera y hacia dentro, en cada una de las
seis direcciones, como se explicará.[5]
La primera vez que Di-s habla con Abraham, Él le insta
a dejarlo todo atrás y que vaya sin cuestionar adonde Di-s le lleve: "Vete
(lej leja) de tu tierra y del lugar
de tu nacimiento, y de la casa de tu padre a la tierra que Yo te
mostraré."[6]
Un examen minucioso de las palabras lej
leja revela un profundo doble
sentido: por un lado, Di-s le dice a Abraham que emprenda un viaje físico;
pero, por otro, Di-s le está instruyendo a Abraham para que también emprenda un
viaje interior, porque las palabras "lej leja" también
pueden entenderse como "ve a ti mismo". Di-s, en su primera
comunicación directa con Abraham, parece implicar que dejar la tierra y el
hogar paterno es más que un simple cambio de entorno. Porque este movimiento
implica romper con una vida de hábitos y normas para superar cualquier
limitación física y espiritual que Abraham ni siquiera sabía que tenía. Como
sabemos, este viaje arquetípico resultará ser tanto un viaje físico hacia la
Tierra Prometida, como un viaje espiritual interior y una lucha por cambiar el
mundo.
Como la Torá es eterna y relevante para cada persona,
en cada época y en cada lugar, el mandamiento de lej leja - afrontar con confianza la vida e influir tanto en el
mundo que nos rodea como en nuestra psique y alma - no fue dado solo a Abraham.
Todos sus descendientes (ya sea por linaje directo o por identificación
espiritual con él y su causa) son constantemente desafiados a encontrar a Di-s
en los rincones más profundos de su alma y a revelarlo simultáneamente en el
mundo material. Este es, de hecho, el mensaje de agitar las cuatro especies
tanto externamente como internamente; esta mitzvá es una recreación virtual
de la primera comunicación de Di-s a Abraham, que en última instancia forma la
naturaleza de la misión del pueblo judío y de todos los justos no judíos que se
identifican como descendientes espirituales de Abraham.
La dinámica de correr y volver
La dinámica
energética de lej lejá está intrínsecamente conectada a un concepto
clave en la Cabalá conocido como "correr y regresar", una frase
tomada del vibrante movimiento de los ángeles en la visión de Ezequiel.[7] La
pulsación dinámica de correr y regresar se manifiesta de innumerables
maneras a lo largo de la creación: desde
la contracción y expansión en los mismos orígenes del universo hasta el latido
de nuestros corazones y el pulso de la sangre que recorre nuestras arterias y
venas; desde la exhalación e inhalación hasta los altibajos de las emociones humanas;desde los ciclos de las estaciones hasta el flujo y reflujo de
las mareas; desde el dar y recibir de relaciones, hasta el ritmo pulsante de movimiento en el interior
de cada célula y átomo.
El gesto de
agitar las Cuatro Especies refleja y representa, de forma real y tangible, esta
dinámica de correr y regresar inherente a la dinámica de lej lejá. El
mandato original de Di-s a Abraham de "ve a/para ti mismo" se replica
así en el agitar de las Cuatro Especies que realiza toda su descendencia a perpetuidad.
Viajar, Ir, Avanzar
Cuando Abraham llegó a la Tierra de Canaán, comenzó
a recorrer la tierra: "y Abram viajó, yendo y avanzando hacia el sur"[8],
vaisá Avram haloj venasoá hanegbá
(וַיִּסַּע אַבְרָם הָלוֹךְ וְנָסוֹעַ הַנֶּגְבָּה).
En la Cabalá, el sur se asocia con la bondad (jesed); lo que significa
que, en efecto, Abraham siempre avanzaba hacia una bondad y un amor cada vez mayores,
independientemente de la dirección física hacia la que se desplazara. Esta
descripción de los viajes de Abraham por la Tierra de Canaán parece usar un
lenguaje redundante: "Abram viajó, yendo y avanzando
hacia el sur." Pero en realidad, cada una de estas tres palabras connota
un aspecto diferente del movimiento. Además, los sabios explican que el término
"ir", haloj (הָלוֹךְ)
paradójicamente connota un estado de descanso entre movimientos.
Es significativo señalar que al agitar las cuatro
especies lo hacemos tres veces en cada una de las seis direcciones, para un
total de 18 veces. El valor numérico de 18 es igual a la palabra
"vida", jai (חַי),
como en el himno popular: ¡Am Israel Jai! Que significa, "¡el
pueblo de Israel vive!" Como Abraham, el pueblo judío se mueve
continuamente, en el sentido de progresar y crecer siempre, como dice la
expresión: "todo lo que está vivo - se mueve."[9]
En un contexto más amplio
Esta dinámica arquetípica de los viajes de Abraham
se repite a mayor escala por todo Israel durante sus cuarenta años de transitar
por el desierto. A medida que cada
campamento a lo largo de su viaje se revisa en la parashat Masei, se
repite la misma fórmula: "Viajaron a.… y acamparon en.…"[10] Esta
frase repetitiva alude a cómo todos los procesos funcionan en un flujo dinámico
de partidas y paradas, actividad y descanso, cambiando constantemente entre
tomar la iniciativa y recibir pasivamente. Esta misma dinámica forma la
estructura básica del tiempo judío vista en los seis días de trabajo, que luego
son seguidos por el Shabat, así como en los seis años de trabajo agrícola,
seguidos por un año sabático.
Más Grandes que los Ángeles
Una enseñanza jasídica advierte que, si no estás
ascendiendo por la escalera de la vida, por definición estás descendiendo, en
la medida en que no existe en la vida tal cosa como "quedarse
quieto". Aunque el concepto de "correr y regresar" se aprende
inicialmente de los ángeles en la visión de Ezequiel, como se ha observado anteriormente,
sin embargo, en un versículo del Libro de Zacarías los ángeles en realidad se
representan como "de pie": "Entonces te daré libertad de
movimiento entre los que están aquí presentes."[11]
Los sabios enseñaron que en este versículo aquellos "que están aquí
presentes" son los ángeles. Los ángeles son descritos como "permaneciendo
aquí" porque no poseen libre albedrío, lo que finalmente da a los humanos
la verdadera capacidad de moverse, cambiar y desarrollarse. Aunque los ángeles
"corren", en realidad simplemente regresan al mismo lugar donde
comenzaron. Abraham, como prototipo del pueblo judío, siempre avanzó, progresó
y creció. Agitar las Cuatro Especies en Sucot manifiesta este tipo de
movimiento y crecimiento interno y externo iniciado por Abraham y grabado en el
alma de cada judío.
El Buen Nombre
Otra conexión significativa entre Sucot, y de hecho
todas las mitzvot, y Abraham, está codificada en el versículo que hemos
explorado arriba: "y Abram viajó, yendo y desplazándose hacia el
sur." Las letras iniciales de la segunda, tercera, cuarta y quinta palabra
de este verso forman un Nombre de Di-s muy importante, aunque menos conocido,[12]אהוה, que se conoce como
"el buen nombre", porque su valor numérico es "bueno", tov
(טוֹב): vaisá avram haloj venasoá hanegbáוַיִּסַּע אַבְרָם הָלוֹךְ וְנָסוֹעַ הַנֶּגְבָּה.
El fundador del movimiento jasídico, Rabi Israel Ba'al Shem Tov, cuyo nombre
significa "Amo del buen Nombre", fue llamado así porque tenía una
afinidad especial con este Nombre.
Este Nombre - אהוה
- se encuentra en el primer versículo de la Torá en las iniciales de las
palabras "los cielos y la tierra", et hashamaim veet haaretz
(אֵת הַשָּׁמַיִם וְאֵת הָאָרֶץ), lo que indica que
la bondad de Di-s está entretejida en el propio entramado de la Creación y se
manifiesta en los cielos y la tierra desde su origen. Cielos en este contexto
significa todo lo espiritual que alguna vez se creará, mientras que tierra
implica toda la realidad material que se creará.
De esto podemos ver que los viajes de Abraham tanto
en el mundo exterior como en el suyo interno siempre fueron con el propósito de
dotar a la creación de jesed, bondad. Como indica este Nombre de Di-s,
siempre estuvo unificando la energía espiritual dentro del reino material. Este
es en realidad uno de los principales objetivos de todos los mandamientos:
tomar una acción física, un objeto físico y/o un habla e infundirlos en el
contexto de un mandamiento con Santidad.
Los sabios describen a los Patriarcas como la
carroza de Di-s, por así decirlo,[13]
capaz de ocupar el lugar de la Carroza Divina visto por los profetas,
especialmente Isaías, Ezequiel y Zacarías. Abraham era la carroza, para unir
cielo y tierra, lo espiritual y lo físico. Agitar las Cuatro Especies produce
el mismo tipo de unificación: imbuir un acto físico muy intenso con la energía
espiritual y el significado de una mitzvá - un mandamiento prescrito por
Di-s para unir cielos y tierra.
[1] Las siguientes ideas en este artículo se
encuentran en Mivjar Shiurei Hitbonenut, vol. 8, Kavanot HaLulav.
Durante los siete días de Sucot se ofrecían
en el Beit HaMikdash setenta toros, los llamados Parei HaJag — פרי החג. La
cantidad disminuía cada día: el primero se ofrecían trece, luego doce, once,
diez, nueve, ocho y finalmente siete. La suma es exactamente setenta. Nuestros
Sabios explican en el tratado Sucá 55b que estos setenta toros corresponden a
las setenta naciones del mundo — Shivim Umot HaOlam. Allí Rabí Iojanán
pronuncia una frase extraordinaria: “¡Ay de las naciones que perdieron y no
saben lo que perdieron!”, porque mientras existía el Beit HaMikdash, el altar
expiaba también por ellas. Esto nos enseña que el servicio de Israel en el
Templo nunca fue solamente para Israel: desde el lugar más santo del mundo
descendía bendición para toda la humanidad.
Desde la perspectiva de la Cabalá, el
número setenta expresa la multiplicidad completa de la realidad. Tenemos siete
cualidades fundamentales del corazón: Jesed, Guevurá, Tiferet, Netzaj, Hod,
Iesod y Maljut. Cada una de estas siete midot contiene dentro de sí una
estructura completa de diez sefirot, dando lugar a setenta manifestaciones. Por
eso el número setenta aparece repetidamente en la Torá: las setenta almas de la
familia de Iaakov que descendieron a Egipto, los setenta ancianos de Israel,
las setenta naciones y las setenta lenguas. El setenta representa la diversidad
completa del mundo creado.
Sigue aquí con más videos y meditaciones de
sucot:
Pero en Sucot sucede algo muy especial: los
toros van disminuyendo, de trece hasta siete. Interiormente podemos
contemplarlo como un proceso de birur, refinamiento. No se trata de
eliminar a las naciones ni de borrar las diferencias entre los pueblos, sino de
quitar de cada una de las fuerzas del mundo aquello que oculta su raíz divina.
La multiplicidad permanece, pero deja de sentirse separada de Hashem. Lo que al
principio aparece como muchos seres independientes comienza a reconocer que
toda su existencia proviene del Uno.
Esta idea pertenece profundamente al
lenguaje del Zohar y de la Cabalá: la kedushá, la santidad, revela
unidad dentro de la multiplicidad. El mundo puede parecer fragmentado en
innumerables criaturas, pueblos, idiomas y culturas, pero detrás de todos ellos
existe una única fuente de vida. La avodá consiste en revelar el Ejad,
el Uno, escondido dentro de los muchos. Por eso Sucot es una festividad
especialmente universal.
El propio Zohar denomina a la sucá Tzilá
Demehemenutá — צלא
דמהימנותא, “la sombra de la fe”. Entramos
completamente dentro de la sucá: no solamente la cabeza, sino todo el cuerpo.
En Jasidut esto se relaciona con una Or Makif, una luz envolvente que
está por encima de nuestras limitaciones intelectuales. Dentro de esa luz, las
diferencias particulares no desaparecen, pero quedan abrazadas por una unidad
superior. Podemos contemplar que, así como todo el judío entra dentro de la
sucá, finalmente toda la creación debe llegar a reconocer que se encuentra
dentro de la presencia de Hashem.
Por eso es tan significativo que después de
los setenta toros de Sucot llegue Sheminí Atzeret, cuando se ofrece un
solo toro. Nuestros Sabios lo comparan con un rey que hizo una gran celebración
y, cuando todos se marchan, le dice a su amado: “Hazme una pequeña comida para
que pueda disfrutar de ti”. Durante Sucot tenemos el setenta, la
totalidad de las naciones; en Sheminí Atzeret aparece el uno. Podemos
expresarlo así: 70 → 1, Shivim → Ejad. La finalidad de toda la
multiplicidad es descubrir su raíz en la Unidad absoluta de Hashem.
Esto tiene una resonancia especial con las
enseñanzas de Gal Einai y del Rav Itzjak Ginsburgh acerca de la misión
universal de Israel. Israel no recibió la Torá para encerrarse espiritualmente
dentro de sí mismo. Desde una identidad judía firme y desde la profundidad de
la Torá debe irradiar conciencia de Hashem hacia toda la humanidad. Esta idea
se relaciona con la llamada Cuarta Revolución, la posibilidad de
transmitir a las naciones, de la manera apropiada, la sabiduría interior de la
Torá para acercarlas al conocimiento del Dios Uno y a la misión que Hashem les
dio.
Los setenta toros son entonces una imagen
maravillosa de esta misión. Israel no necesita diluir su identidad para llegar
a las setenta naciones. Todo lo contrario: los toros se ofrecen precisamente en
el Beit HaMikdash. Desde el punto de máxima santidad de Israel surge la
bendición destinada a toda la humanidad. El movimiento es: Beit HaMikdash →
Israel → setenta naciones → conocimiento de Hashem. Cuanto más
profundamente conectado está Israel con su raíz, mayor es su capacidad de
iluminar hacia afuera.
Esto está insinuado también en las palabras
del profeta Tzefaniá: “Entonces transformaré a los pueblos en una lengua
pura, para que todos invoquen el Nombre de Hashem y Le sirvan juntos”. La
Gueulá no significa necesariamente que desaparezcan las diferencias entre los
pueblos. Significa que esas diferencias dejan de ocultar la Unidad. Muchos
pueblos, muchas lenguas y muchas características pueden servir al mismo
Creador.
Hay además una conexión preciosa con el agua
de Sucot. En esta festividad se realizaba el Nisuj HaMaim, la
libación del agua, relacionada con la inmensa alegría de Simjat Beit HaShoevá.
El agua no posee una forma propia: adopta la forma del recipiente que la
recibe. Podemos utilizarlo como meditación: existen setenta recipientes, pero
una sola agua. Las naciones no necesitan convertirse todas en un mismo
recipiente; cada una puede recibir, según su naturaleza rectificada, de las
mismas Maim Jaim, las aguas vivas que provienen de Hashem.
Entonces comprendemos de una manera más
profunda la alegría de Sucot. No es solamente la alegría personal de haber
pasado por Rosh Hashaná y Iom Kipur. Es la alegría de saber que existe un
propósito para toda la creación. Cada pueblo, cada lengua y cada rincón del
mundo puede llegar a reconocer su Fuente. Como dice Ieshaiahu: “Mi Casa será
llamada casa de oración para todos los pueblos”.
Por eso, al escuchar durante Jol HaMoed la
lectura de los korbanot de Sucot, podemos meditar: setenta toros, setenta
naciones, setenta expresiones diferentes de la humanidad, pero un solo Hashem
que les da existencia a todas. Cada día disminuye un toro porque poco a
poco se refina la sensación de separación. Detrás de los muchos comienza a
revelarse el Uno.
Y esta puede ser nuestra kavaná en este
primer día de Jol HaMoed: “Hashem, ayúdame a descubrir Tu Unidad dentro de
toda la diversidad de mi vida. Que desde la sucá, desde la Torá y desde
Ierushalaim podamos llevar Tu luz hacia las setenta naciones. Que las muchas
aguas regresen a reconocer su único Manantial, y que los setenta conduzcan
finalmente al Uno: Shivim → Ejad, hasta que ‘Hashem sea Rey sobre toda la tierra;
en aquel día Hashem será Uno y Su Nombre Uno’”.
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Para Shabat Shuvá, como todos los
años, llegó a Kfar Jabad un numeroso grupo de alumnos y familias para
pasar Shabat junto al Rav.
El viernes por la noche, después del
encendido de las velas, se realizó una clase de aproximadamente una hora para
las mujeres, dedicada a las alusiones de “Tehé Shnat Pekidá Zejirá” — “Que
sea un año de recuerdo y rememoración”, profundizando en las expresiones de
pekidá y zejirá relacionadas con Sará, Rajel y Janá, las
tres mujeres que fueron recordadas y atendidas por Hashem en Rosh Hashaná.
Esta vez, el Rav introdujo un cambio en la
estructura habitual de las clases. Después de las plegarias de Kabalat
Shabat y Arvit, impartió también una clase para los hombres, de
aproximadamente una hora y media. La clase estuvo dedicada a las alusiones de פ״ז —
Paz, y abordó también la primera aparición de esta
palabra en el Tanaj, en el capítulo 21 de Tehilim, que el Rav recomendó
recitar todos los días durante el año 5787.
Entre otras cosas, el Rav explicó la
combinación “pil zaj” — פיל זך,
cuyas letras pueden reordenarse formando “kli paz” — כלי פז, “un
recipiente de oro fino”, y bendijo a todos para que
¡este sea un año de lingotes de oro!
Durante la mañana de Shabat se realizó una
breve clase para los niños antes de la tefilá. El Rav habló acerca de la Torá,
que es “más preciosa que las perlas”, a partir del versículo: “Hay
oro y abundancia de perlas, pero los labios del conocimiento son una joya
preciosa” (Iesh zahav verov peninim, uklí iekar siftéi dáat).
El Rav propuso agregar al boletín infantil “Holej
Betom” una sección fija dedicada a “Perlas del Zóhar”, y alentó, en
general, a incrementar el estudio del Zóhar durante el próximo año.
Durante Minjá fue llamado a la Torá el
joven Asher Guiladi, jatán de Bar Mitzvá, quien además tuvo el
mérito de participar en alegres bailes junto al Rav después de la tefilá.
“Ante Hashem serán purificados”
Al finalizar Shabat, durante las horas
previas al amanecer, el Rav y la Rabanit realizaron las Kaparot en su
hogar. Al aproximarse el comienzo del día sagrado, se reunió un minián
relativamente numeroso de jóvenes provenientes de distintas ieshivot
para las plegarias de Iom Kipur.
Moshé Heller y Barak Hess oficiaron como jazanim, con gran despertar espiritual y
plegarias llenas de nigunim.
Después de Neilá y Arvit, el Rav
recitó la Havdalá para toda la congregación y salió junto con todos al
patio para realizar Kidush Levaná. Allí pronunció una breve enseñanza:
«Este año es una oportunidad de oro para
ser un ser humano».
La jornada concluyó con alegres bailes
de Iom Tov.
VIDEO 2
PURIFICA NUESTRO CORAZÓN PARA SERVIRTE
CON VERDAD
PARTE 1 EL CUERPO, EL ALMA, LA DIVINIDAD
Y LAS 4 ESPECIES SUCOT
El cuerpo humano no es simplemente un
recipiente; es un mapa. Al contemplar la propia estructura del cuerpo
podemos encontrar indicios acerca de nuestra esencia y extraer de ella
inspiración.
Nuestros Sabios dicen que las Cuatro
Especies corresponden a cuatro órganos del cuerpo: el etrog
corresponde al corazón, el lulav a la columna vertebral, el hadás
a los ojos y la aravá a los labios. Y la propia sucá es comparada
con el vientre materno. La sucá es redondeada, envuelve y cobija.
La sucá representa un or makif, una
“luz envolvente”: la sombra de la emuná, la fe, que nos cubre desde
arriba. Las Cuatro Especies, en cambio, representan un or pnimi, una
“luz interior”. Cuando agitamos las Cuatro Especies, tomamos precisamente esa
fe y la hacemos descender hasta nuestra vida cotidiana.
Al tomar las Cuatro Especies pronunciamos
específicamente la bendición «al netilat lulav» — «por la toma del lulav»,
a pesar de que el etrog es el “tzadik” del grupo, completo tanto en Torá como
en buenas acciones. ¿Por qué? Algunos sugieren que se debe a que el lulav es el
más alto, recto y erguido de todos, mientras que el etrog es redondeado y queda
oculto; incluso hay quienes acostumbran cubrirlo durante los movimientos de las
Cuatro Especies.
Esto nos invita a contemplar la posibilidad
de que exista algo en la rectitud del lulav que sea más interior que la
forma circular de la sucá y del etrog.
________
VIDEO 3
PARTE 2 EL CUERPO, EL ALMA, LA DIVINIDAD
Y LAS 4 ESPECIES SUCOT
Si observamos el cuerpo humano, podemos ver
que su parte superior, la más cercana al cielo, está compuesta por órganos de
formas redondeadas: el cráneo, los ojos, la boca. Pero a medida que descendemos
hacia la tierra, los órganos del cuerpo se vuelven rectos. Los huesos de las
extremidades —cuya esencia es el encuentro con la realidad y con el prójimo—
son rectos.
La columna vertebral, representada
por el lulav, encierra algo maravilloso: está formada por vértebras redondeadas
que, al unirse, forman una estructura recta y erguida.
Así se mueve nuestro servicio a Hashem
entre la emuná —la fe, representada por el círculo— y el bitajón —la
confianza, representada por la línea recta.
El propósito de la creación es dar
satisfacción a Hashem mediante la unión entre amigos, el dar, el jesed,
la misión de difundir los manantiales de la Jasidut y traer la Gueulá. Todo
esto se realiza mediante la línea recta, a través de la cualidad del bitajón:
la capacidad de mantenerse erguido, extender la mano y actuar en el mundo. La
rectitud es la finalidad de la vida.
Pero si vivimos únicamente en esa línea
recta, puede transformarse en presión y en un choque permanente con la
realidad.
Por eso tenemos también el círculo de la
emuná.
La fe siempre está allí, en la corona
circular que envuelve nuestro ser. Cuando resulta difícil seguir avanzando en
línea recta, cuando sentimos que algo de la realidad choca contra nosotros,
soltamos y regresamos al interior del círculo, a la sucá. No para
escapar, sino para volver a cargarnos de fuerzas.
Solo quien tiene un círculo al cual
regresar puede mantenerse verdaderamente erguido.
Las iniciales de la plegaria:
וְטַהֵר
לִבֵּנוּ לְעָבְדְּךָ בֶּאֱמֶת VeTaher Libeinu Leovdeja BeEmet «Purifica nuestro corazón para servirte con verdad»
forman la palabra:
לולב — LULAV.
El lulav corresponde a la sefirá de
Iesod, cuyo atributo interior es la verdad. Y precisamente él
representa la columna vertebral, formada de manera maravillosa por círculos
de emuná que se unen para formar una línea de bitajón.
El equilibrio y el fluir natural entre emuná
y bitajón, fe y confianza, hacen nacer en nuestro corazón la inmensa
alegría de esta dulce festividad de Sucot.
________
OTROS VIDEOS Y MEDITACIONES PROFUNDAS E
INSPIRADORAS AQUÍ
EL MERCADO DE LAS CUATRO ESPECIES:
En vísperas de Sucot, el mercado de las Arbaat
HaMinim — las Cuatro Especies se convierte en algo extraordinario. Uno toma un
etrog, lo gira hacia la luz, busca una pequeña mancha; otro examina cada hoja
del hadás; otro levanta el lulav para comprobar que sea recto. De repente,
todos nos convertimos en expertos en detalles.
Pero quizás ese mercado sea también un espejo del alma. Durante todo el año
aprendemos a convivir con nuestros defectos; en Sucot, después de Rosh Hashaná
y Iom Kipur, Hashem despierta en nosotros el deseo de buscar belleza y
perfección.
sigue https://galeinai.org/2026/09/25/22903/
Sucot corona un proceso de ascenso
espiritual que se desarrolla a lo largo de las festividades de Tishrei.
Desde la teshuvá por temor, pasando por la teshuvá por amor,
hasta llegar a la teshuvá de la alegría; desde un estado de “espalda
con espalda” (ajor beajor), centrado con temor en uno mismo, hasta
la alegría del “rostro a rostro” (panim bepanim), dirigiéndonos
hacia Hashem, que está más allá de nosotros; y desde el intenso esfuerzo de la
teshuvá hasta llegar a una danza de alegría que iguala y une al pequeño con
el grande.
Estas diferentes etapas se corresponden con
las partes del versículo:
“Y hubo un Rey en Ieshurún, cuando se
reunieron los jefes del pueblo, juntas las tribus de Israel”
(Devarim 33:5).
Estas palabras describen también una unidad
cada vez mayor entre todos los integrantes del pueblo de Israel, una unidad
capaz de superar toda discusión y división, incluso aquellas que son “por
amor al Cielo” (leshem Shamaim).
Y entonces surge una pregunta muy concreta:
¿Un izquierdista convencido se sentiría
cómodo en tu sucá?
Sucot nos enseña algo extraordinario:
después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando servimos a Hashem con temor,
teshuvá y profunda introspección, llega el momento de entrar enteramente en
la alegría.
La sucá nos rodea por todos lados. En
Jasidut se explica que representa una Or Makif, una luz divina tan
elevada que no puede limitarse a nuestro entendimiento. No necesitamos
comprenderla para estar dentro de ella: simplemente vivimos abrazados por
Hashem.
En Shajarit decimos Halel completo.
No solamente agradecemos por algo que Hashem hizo; reconocemos que nuestra
propia existencia está inmersa en Su bondad. Por eso agitamos también las Arbaat
HaMinim hacia todas las direcciones: arriba, abajo y los cuatro puntos
cardinales. Es como declarar:
אין עוד
מלבדו — Ein od milvadó.
«No hay nada fuera de Él».
Y después viene la lectura de la Torá.
En Jol HaMoed leemos acerca de los korbanot de Sucot. Los setenta toros
ofrecidos durante la festividad corresponden, según nuestros Sabios, a las setenta
naciones del mundo. Aquí aparece una idea central de Gal Einai y de la
Cuarta Revolución: la alegría de Sucot no pertenece solamente al pueblo de
Israel. Desde Ierushalaim debe extenderse hacia toda la humanidad, hasta
que se cumpla:
«Ki beití beit tefilá ikaré lejol
haamim» —
«Mi Casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» (Ieshaiahu 56:7).
🔥
Meditación para hoy
Estoy dentro de la sucá, dentro del
abrazo de Hashem.
Tomo las cuatro especies y uno todas las direcciones de mi vida con Él.
Rezo con alegría, porque después de la teshuvá viene la simjá.
Y llevo esa alegría hacia afuera: a mi familia, a Israel y finalmente al mundo
entero.
Que este primer día de Jol HaMoed nos lleve
de simjá a una simjá todavía mayor, hasta Simjat Beit HaShoevá, y
de allí a la alegría completa de la Gueulá: «Usheavtem maim besasón mimaianei haieshuá» — «Extraerán agua con alegría de
los manantiales de la salvación».
______ OTROS VIDEOS Y MEDITACIONES PROFUNDAS E INSPIRADORAS AQUÍ
EL MERCADO DE LAS CUATRO ESPECIES:
En vísperas de Sucot, el mercado de las Arbaat HaMinim — las Cuatro Especies se
convierte en algo extraordinario. Uno toma un etrog, lo gira hacia la luz,
busca una pequeña mancha; otro examina cada hoja del hadás; otro levanta el
lulav para comprobar que sea recto. De repente, todos nos convertimos en
expertos en detalles.
Pero quizás ese mercado sea también un espejo del alma. Durante todo el año
aprendemos a convivir con nuestros defectos; en Sucot, después de Rosh Hashaná
y Iom Kipur, Hashem despierta en nosotros el deseo de buscar belleza y
perfección.
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EL SJAJ NO AMA EL ENOJO | RELATO PARA
SUCOT 🌿
Había un sencillo sirviente al servicio del
Rebe Maharash de Lubavitch, llamado Iosef Mordejai, quien también
había servido al Rebe Tzemaj Tzedek, padre del Maharash.
En una ocasión, Iosef Mordejai entró en la
sucá del Rebe estando enojado. Apenas había terminado de reprender a alguien en
la cocina y entró en la sucá todavía dominado por su enojo.
El Rebe le dijo:
«Iosef Mordejai, es cierto que eres un meiujás
—una persona de distinguido linaje—, pero hay que comportarse con derej
eretz ante el sjaj. El sjaj no ama el enojo».
¿Y por qué el Rebe lo llamó meiujás?
Por algo que había sucedido anteriormente.
En una ocasión, el Rebe Tzemaj Tzedek le ordenó que fuera a dormir en la
sucá. El Tzemaj Tzedek tenía dos sucot, una en la casa y otra en el patio.
Hacía mucho frío afuera, e Iosef Mordejai le dijo:
—Rebe, hace mucho frío.
El Rebe le respondió:
«Amalek es frío; un judío tiene calidez.
Ve a dormir en la sucá y tendrás el mérito de una larga vida».
Por eso el Maharash lo llamaba meiujás:
había recibido personalmente aquella bendición del Tzemaj Tzedek.
Y efectivamente, Iosef Mordejai vivió
103 años. Cuando tenía 98 años todavía bailaba sobre el techo del “Gran
Salón”, como se denominaba al gran recinto de la sinagoga en el patio del
Rebe, como si fuera un joven.
(De “Sipurei Jasidim”, del rabino Shlomo
Iosef Zevin)
Un punto para meditar
¿Por qué el sjaj no ama el enojo?
El Rebe Maharash explica en sus discursos
sobre Sucot que, en su raíz espiritual, el sjaj proviene de la nube
del incienso —ketoret— que ofrecía el Cohen Gadol en Iom Kipur. La nube del
ketoret de Iom Kipur eleva el aroma agradable que surge de la teshuvá
del pueblo de Israel en ese día.
En Iom Kipur, el judío se presenta ante
Hashem con el corazón quebrantado. Su teshuvá es sincera y brota de lo
profundo del corazón, porque reconoce cuánto le falta y hasta qué punto todavía
no es perfecto. Por eso, en su raíz, el sjaj representa precisamente
este movimiento interior de teshuvá: el reconocimiento de nuestras propias
carencias e imperfecciones.
El enojo expresa justamente el movimiento
contrario.
Cuando una persona se enoja con su
compañero, muchas veces lo hace porque se percibe a sí misma como completa y
al otro como deficiente. “Él se equivocó, él hizo las cosas mal por sus
defectos; yo, en cambio, advertí perfectamente su error”. La persona queda
atrapada en una falsa sensación de perfección que le permite ver con enorme
claridad la falta del otro, pero le impide reconocer la propia.
Por eso puede llegar a enfurecerse tanto.
Cuando Iosef Mordejai entró enojado en la
sucá, había olvidado demasiado rápidamente cómo, apenas unos días antes, en Iom
Kipur, había permanecido ante Hashem con el corazón quebrantado, consciente
de sus propias faltas y de su propia imperfección.
Ahora el sjaj que estaba sobre su
cabeza venía a recordárselo.
Quizás este sea uno de los mensajes más
profundos de la sucá: antes de mirar lo que le falta al otro, levantemos los
ojos hacia el sjaj y recordemos lo que todavía debemos reparar en nosotros
mismos.
El sjaj no ama el enojo porque quien
vive verdaderamente bajo la sombra de la Emuná aprende a ser menos duro con los
demás y más consciente de sí mismo.
El relato está dedicado a la elevación del
alma del dulce niño Tzur Levaví Simjí, de bendita memoria. ❤️
Los relatos se comparten en el grupo “BeOhalei
Tzadikim – Historias”.