BS"D
MATOT MASEI
מַּטּוֹת - מַסְעֵי
Bamidvar 30:2 – 36:13
Haftará: Jeremias 2:4-28; Jeremias 4:1-2; Isaias 66:1; Isaias 66:23-24; Isaias 66:23
MATERIAL DE ESTUDIO
DE GAL EINAI
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o
JASIDUT
Los Nueve Principios de la Fe Parte 6:
DECRETOS: CUMPLIMIENTO Y ANULACIÓN
PARTE 1: https://galeinai.org/2026/06/18/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-1/
PARTE 2: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-2/
PARTE 3: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-3/
PARTE 4: https://galeinai.org/2026/06/30/todo-descenso-es-en-aras-de-un-ascenso-incluso-del-pecado/
PARTE 5: https://galeinai.org/2026/07/03/di-s-desea-una-morada-aqui-abajo-parte-5/
Adentrándonos en la
experiencia judía
Los siguientes tres principios de fe que se
encuentran en la dimensión interior de la Torá están relacionados entre sí y
derivan del principio de fe que corresponde a la sefirá de
belleza (tiferet) mencionada anteriormente: Di-s desea una morada en la
tierra. Además, estos tres (y, de hecho, cuatro) principios nos llevan del
ámbito de Di-s, la Torá, la Creación y el Templo al ámbito de la experiencia
humana, específicamente la experiencia judía.
Al considerar la relación entre las sefirot, las tres siguientes después de belleza son victoria, reconocimiento y fundamento, que forman una terna que tiene su propio acrónimo, pronunciado Nehi en hebreo y que representa sus iniciales en hebreo: netzaj , hod y iesod ((צַח הוֹד יְסוֹדנֶ).[1] En este artículo examinaremos los principios de fe que corresponden a las dos primeras de estas sefirot : victoria y reconocimiento, mientras que dejaremos el principio de fe correspondiente a fundamento para nuestra próxima entrega.
Sin embargo, aunque fundamento se tratará por
separado, en realidad es el elemento esencial de esta tríada de principios.
Para entender plenamente esta afirmación, introduzcamos primero los tres
principios de fe asociados con las sefirot Nehi.
Victoria corresponde a: “el tzadik [el
individuo justo] decreta y el Todopoderoso cumple su mandato”. Reconocimiento
corresponde a: “el Todopoderoso decreta y el tzadik lo anula”.
Fundamento corresponde al principio de fe de que todo Tu pueblo son tzadikim,
todos los judíos son, de hecho, individuos justos. La conexión e
interdependencia entre estos principios de fe debe ser clara. Aunque pueda
parecer que los dos primeros principios, relativos tanto a los decretos humanos
como a los Divinos, son relevantes solo para un selecto y reducido grupo de personas
justas, en realidad, el principio de que todos los judíos son justos amplía su
alcance para incluir a todos y cada uno de los judíos. Esto es importante
porque, si los propios judíos no se consideraran justos, los principios de los
decretos resultarían teóricos para la mayoría de ellos. El principio
fundamental - que todos los judíos son justos - hace que los principios de los
decretos sean universalmente aplicables y pragmáticos.
Las dos caras de una moneda
Centrémonos ahora en los dos principios que
corresponden a victoria y reconocimiento. Estos son el sexto y el séptimo
principio de la fe en la dimensión interior de la Torá.
Victoria y Reconocimiento se describen como “dos
mitades de un mismo cuerpo”.[2] Esta
imagen pretende reflejar la relación entre marido y mujer, descrita como “él se
unirá a su mujer, y serán una sola carne”,[3]
- esposo y mujer[4] figurativamente
se convierten en un solo cuerpo. De igual modo, victoria y reconocimiento
actúan al unísono y producen descendencia, o fruto, a través de su unión. De
hecho, en la Cabalá, la relación entre hombre y mujer se identifica con victoria
y reconocimiento: “Él está en la victoria [netzaj] y ella está en
[ hod ]”.[5]
Las dimensiones internas o experiencias de victoria
y reconocimiento son la confianza (bitajon) y la integridad-sinceridad (temimut),
las dos cualidades necesarias para que el novio y la novia merezcan una
verdadera unión. El novio necesita armarse de gran confianza para atreverse a
abandonar su segura soledad y entregarse con dedicación a la novia, mientras
que la novia debe de llenarse de sincera gratitud para entregarse de todo
corazón al novio. La misma relación existe entre los principios de fe que
corresponden a victoria y reconocimiento; son, en cierto sentido, dos caras de
la misma moneda.
“Fuera del cuerpo”
La sefirá de belleza, de la cual, como se
mencionó, descienden victoria y reconocimiento, se conoce como el “cuerpo”, gufa
(גּוּפָא). Se ajusta al principio de fe de que Di-s
anhela, por así decirlo, la esencia misma de Su deseo, es morar entre los seres
inferiores, entre Israel, a semejanza de las almas dentro de los cuerpos. Este
es el significado del versículo: “[Me harán un santuario] y Yo moraré entre
ellos”[6].
Por lo tanto, es apropiado que victoria y reconocimiento se describan como algo
que yace “fuera del cuerpo”[7],
levar miGufa (לְבַר מִגּוּפָא). Así como las
piernas se extienden más allá del cuerpo, victoria y reconocimiento, que
también corresponden a los dos pies, dirigen la expresión externa y no son
el sentimiento más íntimo en sí mismo, como lo son el amor, el temor y la
misericordia.
Hijos de Di-s
La palabra que significa “fuera”, levar (לְבַר) también está relacionada con “hijo”, bar
(בָּר). La relación entre fuera e hijo es el
secreto de la afirmación de los Sabios: “El hijo es la pierna de su padre”, lo
que indica que el hijo tiende a seguir los pasos de su padre.[8]
Asimismo, en relación con las sefirot emotivas - bondad, rigor
y belleza (que corresponden a los Patriarcas, Abraham, Itzjak y Iaacov) -,
victoria, reconocimiento y fundamento son los poderes de acción en el alma y
son hijos, por así decirlo, de los sentimientos internos dentro del alma. Así
como victoria, reconocimiento y fundamento son hijos, frutos de las emociones,
también son bisnietos, por así decirlo, de las sefirot intelectuales:
sabiduría, entendimiento y conocimiento.[9]
Las tres sefirot conductuales - victoria,
reconocimiento y fundamento - corresponden, por tanto, a los hijos de Di-s, el
pueblo santo de Israel, y a los tres principios de fe que se centran
explícitamente en el pueblo judío y su cualidad única de completar y cumplir el
deseo del Todopoderoso de tener una morada en los mundos inferiores.
“El Justo gobierna por medio de su temor de Di-s”
En sus últimas palabras, el rey David dijo: «El Di-s
de Israel ha hablado, la Roca de Israel me ha dicho: Un tzadik gobierna
sobre los hombres; ¿quién gobierna mediante el temor a Di-s?»[10]
Los Sabios interpretaron este versículo difícil de entender de la siguiente
manera: «Yo gobierno sobre los hombres. ¿Quién me gobierna? ¡Un tzadik!
Porque yo dicto un decreto y él puede anularlo».[11]
Y dentro de esto hay dos aspectos, uno que corresponde a la sefirá de
victoria, el otro que corresponde a la sefirá de
reconocimiento (las «dos mitades de un cuerpo», como se dijo anteriormente):
«el justo decreta y el Santo Bendito sea lo cumple» y «el Santo Bendito sea dicta
un decreto y el justo lo anula».
En cada uno de estos dos aspectos, existe un decreto
que emana de la sefirá de victoria y, o bien un cumplimiento,
o bien una anulación de ese decreto que emana del lado de reconocimiento. La
reacción al decreto emitida con convicción por el tzadik - el justo
- es el reconocimiento por parte de Di-s. Pero si el tzadik no
muestra reconocimiento y gratitud ante el decreto Divino, este queda
anulado.
Desde una perspectiva más general, el concepto de
que el tzadik emite un decreto y el Todopoderoso lo cumple
corresponde a la sefirá de victoria, cuya esencia es el poder
del justo, el tzadik, para hacer un decreto sobre el gobierno de
los mundos. El cumplimiento del decreto por parte del Todopoderoso representa
la interinclusión de la sefirá de reconocimiento dentro de
victoria. Asimismo, la noción de que Di-s hace un decreto y el individuo justo
lo anula corresponde en general a la sefirá de reconocimiento,
cuya esencia es el poder del tzadik para anular el decreto de Di-s,
aludiendo a la propiedad positiva asociada con el versículo: «mi hod [gloria/reconocimiento]
fue transformado,[12]» no para destruirme, sino para
mejorarme. Exteriormente, parece que el tzadik no está de
acuerdo y, por lo tanto, no reconoce a Di-s, pero interiormente, el tzadik sí
Lo reconoce y se esfuerza por revelar Su voluntad más íntima, que en ocasiones es
contraria a Su voluntad revelada. Solo un “hijo” puede percibir la voluntad
oculta de su padre de esta manera.
Respecto a ambos aspectos - cuando el tzadik anula
un decreto Divino y cuando emite un decreto y el Todopoderoso lo cumple arriba –
está dicho en nombre de Di-s: “¡Mis hijos Me han vencido, Mis hijos Me han
vencido!”[13]
“Camina delante de mí”
Cuando Di-s hizo su pacto con Abraham sobre la
circuncisión para que mereciera tener “descendencia santa, la bendición de Di-s” [14] - el pueblo santo de Israel -, le dijo:
“Anda delante de mí y sé diligente”.[15]
Al describir a Enoj y Noé, dos grandes individuos que vivieron antes de
Abraham, la Torá dice que “Enoj anduvo con Di-s”[16] y “Noé anduvo con Di-s”[17], lo que significa que ambos anduvieron
junto a Di-s. Pero Di-s le ordenó a Abraham, el primer judío, que
“anduviera delante de mí”. Mientras que Enoj y Noé, a pesar de
su rectitud, solo podían andar con Di-s, a Abraham se le ordenó guiar a Di-s,
por así decirlo.[18]
“Mis hijos Me han vencido”
Dado que las piernas - es decir, las sefirot
de victoria y reconocimiento - guían y sostienen el cuerpo, cuando el pueblo
judío – los hijos de Di-s sensibles a Su voluntad íntima, como se mencionó
anteriormente - merece vencer a su Padre Celestial, es como si, por así
decirlo, guiaran a Di-s. Di-s les ha confiado el poder de guiar al mundo hacia
el cumplimiento de su propósito último, que es el cumplimiento de la intención
esencial de Di-s al crear el mundo: Su anhelo de hacerse una morada en la
tierra, en lo mundano.
La «victoria» de los hijos representa, de hecho, la
perpetuación del padre, pues mediante su «victoria» preparan el mundo terrenal
para que sea una morada digna del Todopoderoso. Como se explica en los escritos
jasídicos, todo lugar digno de ser morada es aquel donde uno se siente a gusto
y libre para despojarse de sus vestimentas y revelar su esencia. Esto requiere
que la morada misma se asemeje a su ocupante, incitándolo así a revelarse en
ella. Al «vencer» a su padre, los hijos revelan su semejanza con él y
despiertan su deseo de revelarse a través de ellos. Así, en esencia, es el
propio pueblo judío el que se convierte en la morada de la revelación de Di-s.
Por eso, las sefirot de victoria y
reconocimiento también se conocen como las «sustentadoras de la Torá»[19],
tamji deOraita (תַּמְכֵי דְּאוֹרָיְתָא),
porque la Torá es sinónimo de la sefirá de belleza y ellas la sustentan.
El anhelo de Di-s está investido en Su Torá, y es el pueblo judío quien cumple
su propósito.
Este principio de fe, según el cual un tzadik,
es decir, un hijo de Di-s, puede vencer los propios decretos de su padre, sirve
como complemento al principio de fe de Maimónides con respecto a la profecía y
los profetas.[20] Según
el principio de Maimónides, la fe en la profecía significa que un ser humano
puede ser guiado por Di-s, identificarse con Su voluntad e imbuirse por ella.
La dimensión interior de la Torá añade que el judío (el hijo sensible, que
percibe la voluntad interior de la esencia del Padre) está llamado a guiar al
Todopoderoso, por así decirlo, y esta es en sí misma la voluntad más íntima de Di-s,
el Padre compasivo, y le proporciona el mayor placer.
[1]
A veces, la última sefirá, reinado (maljut), se agrega a esta
tríada y el acrónimo para las cuatro se convierte en Nehim (נֶצַח הוֹד יְסוֹד מַלְכוּת). Como veremos, el
principio final de fe de la dimensión interior de la Torá también deriva
directamente de belleza
[2]
Introducción al Tikunei Zohar (Pataj Eliahu).
[3]
Génesis 2:24.
[4]
En la Cabalá, la pareja de entidades formada por marido y mujer se conoce
como Ze'er Anpin [el Rostro Pequeño] y Nukva [lo
Femenino].
[5]
Sha'ar HaKavanot, Primer discurso de Janucá.
[6]
Éxodo 25:8.
[7]
Zohar 1:21b.
[8]
Eruvin 70b; Rashi sobre Ketubot 92b, sv “kenoshe”.
[9]
La explicación del Arizal sobre la redacción de la primera bendición de
la Amidá es que “Él trae un redentor a los hijos de sus hijos” se
refiere a las sefirot intelectuales - sabiduría, entendimiento y
conocimiento - que son los abuelos de victoria, reconocimiento y fundamento.
[10]
2 Samuel 23:3.
[11]
Mo'ed Katan 16b.
[12]
Daniel 10:8.
[13]
Bava Metzia 59b.
[14]
Isaías 6:13; 61:9.
[15]
Génesis 17:1.
[16]
Ibíd. 5:22.
[17]
Ibíd. 6:9.
[18]
Como se explica extensamente en el artículo “Emuná VeBitajón” en nuestro
volumen Lev Lada'at.
[19]
Zohar 3:307a.
[20]
De hecho, según la Cabalá, los profetas bíblicos profetizan a través de las
dos sefirot de victoria y reconocimiento.
Fundamentos de Jasidut
Los Nueve Principios de la Fe Parte
7:
TODO TU PUEBLO ES JUSTO
PARTE 1: https://galeinai.org/2026/06/18/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-1/
PARTE 2: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-2/
PARTE 3: https://galeinai.org/2026/06/25/los-nueve-principios-de-la-fe-parte-3/
PARTE 4: https://galeinai.org/2026/06/30/todo-descenso-es-en-aras-de-un-ascenso-incluso-del-pecado/
PARTE 5: https://galeinai.org/2026/07/03/di-s-desea-una-morada-aqui-abajo-parte-5/
PARTE 6:https://galeinai.org/2026/07/08/parte-6-decretos-cumplimiento-y-anulacion/
Continuamos nuestra revisión de los 9 Principios de Fe de la dimensión
interior de la Torá con el octavo principio: que todos los judíos son
considerados tzadikim, es decir, que a todos se les ha encomendado la misión Divina
de conectar lo terrenal con lo celestial, para revelar la Divinidad en la
realidad. Por ello, cada judío, ya sea hombre o mujer, es como un pilar que cubre
la distancia abstracta entre los cielos y la tierra.
El contenido de esta serie apareció por primera vez en hebreo, en el
libro de HaRav Ginsburgh, Emuná VeMuda'ut (Fe y Conciencia). Se está
traduciendo aquí por primera vez.
El octavo principio de fe de la dimensión interior de la Torá
El octavo principio
corresponde a la sefirá de fundamento (iesod). Esta sefirá
se asocia, como es bien sabido, con la figura del tzadik, la persona
justa y piadosa, siguiendo el famoso versículo: "Y el tzadik es el
fundamento del mundo"[1], tzadik
iesod olam (וְצַדִּיק יְסוֹד עוֹלָם).
Al igual que los cimientos o los pilares, unen el tejado con la base de un
edificio, así el tzadik vive su vida para unir el aspecto mundano de la
realidad con Di-s arriba. El tzadik es así la encarnación de la unión y
la conexión y por ello se describe en el Zohar como, "unidos en los
cielos y en la tierra"[2], dajid
bishmaia uvaara (דַּאחִיד בִּשְׁמַיָּא וּבָאֲרַעא).
Pero Isaías va un paso más allá y nos indica que todo el pueblo judío es
considerado tzadikim (forma plural de tzadik) "Y todo
vuestro pueblo son tzadikim."[3] Cada individuo de Israel es un tzadik
porque todos están conectados tanto arriba como abajo y todos están destinados
a mostrar el camino para que toda la humanidad descubra la conexión entre lo celestial
y lo mundano.
Jelek y Jevel
Al contemplar el
significado abstracto de "arriba" y "abajo" en el contexto
de su conexión, pasemos a la afirmación del Tania de que, "la
segunda alma [el alma divina] dentro de Israel es una parte verdadera de Di-s
arriba."[4] Es el
alma divina judía la que conecta lo celestial y lo mundano. ¿Cómo funciona
esto? Por el Ba'al Shem Tov (y los filósofos judíos anteriores), se establece
que, al captar una parte de una sustancia, se capta su totalidad. El alma Divina
de cada judío es parte de Di-s mismo, o de la sustancia de Di-s, por así
decirlo. Así, según este principio, cada judío es una parte indivisible del
todo.
La conexión y unidad del
alma judía con Di-s se alude en el versículo: «Porque la porción de Di-s es Su
pueblo, Iaacov es el destino de su herencia».[5] Más profundamente, la
"porción de Di-s" se refiere al aspecto del alma judía que forma
parte de la esencia de Di-s y a la Luz Infinita que precede a la contracción u
ocultación de esa revelación, necesaria para crear el mundo finito. "Iaacov
es el destino de Su herencia" se refiere al rayo de luz infinita
(revelación) que introduce una revelación mesurada que rompe la contracción.[6] Así, el
alma judía es como una cuerda tensa que conecta la Luz Infinita esencial con el
mundo inferior y oscuro. De hecho, la palabra "porción-heredad", jevel
(חֶבֶל) en hebreo también significa
"cuerda".
Cada uno es rectificado gracias a otro
Más allá de la cualidad
esencial inherente de cada judío mencionado anteriormente, además hay una
excelencia abiertamente y claramente única e individual en cada judío que no
existe en ningún otro judío. El Alter Rebe escribe que se requiere que tengamos
fe en la enseñanza de los sabios de que uno debe "Ser sumamente humilde
ante cada persona"[7] porque
todo judío debe saber que existe en su semejante una cualidad positiva de la que
él mismo carece, y que él debe rectificarse a si mismo aprendiendo del esa
buena cualidad de su prójimo. "Porque es un hecho reconocido y adecuado
que cada individuo sea rectificado por su prójimo."[8]
Di-s cree en Israel
La perfección de nuestro
amor a Di-s se expresa en nuestro amor a Israel. Esto se debe a que cuando
amamos a otros judíos, amamos a quienes Di-s ama, como está establecido:
"Te amo, dice Havaia."[9] Del mismo modo, la perfección
de la fe se expresa cuando uno tiene fe en Israel, fe en cada judío. Porque,
una vez más, uno tiene fe en aquellos en quienes Di-s tiene fe. Nosotros, el
pueblo santo de Israel, somos "los emisarios de Di-s [literalmente, Aquel
que ama]".[10] Somos
emisarios de Di-s encargados de materializar y cumplir Su deseo de crear el
mundo. Y, tal y como corresponde a la naturaleza del emisario y del remitente,
el emisor confía en que sus fieles emisarios cumplirán su misión.[11]
Nuestra realidad se
conoce como "un mundo de mentira" (alma deShikra) porque nos
engaña haciéndonos creer que es autónomo, que se creó a sí mismo (o que siempre
ha existido), y que se rige por si mismo, ocultando así la revelación de la Divinidad
que la crea y la sostiene en cada momento. El pueblo judío, incluyendo cada
alma judía, fue enviado a este mundo para involucrarse en él y redimirlo.
Ciertamente, los emisarios no decepcionarán a su remitente, y al final la
"porción" o "parte" de la divinidad que ha descendido
encontrará el "Todo", es decir, su fuente Divina, y la revelará en la
realidad, conectando así los cielos y la tierra.
"En todos tus caminos ReconóceLe"
Este principio de fe
complementa y completa el duodécimo principio de fe de Maimónides respecto a la
venida del Mashíaj. La innovación esencial respecto a la fe en la venida del
Mashíaj es que entonces se revelará que dentro de cada judío hay una chispa del
Rey Mashíaj. Esta chispa impulsa a cada judío a desear la redención del mundo y
a contribuir a ese fin siendo un canal para la revelación de Di-s en cada
detalle de la realidad. Bajo la inspiración del Mashíaj universal, se revelará
la chispa de Mashíaj - el aspecto personal de Mashíaj - dentro de cada uno.
Esta cualidad única del pueblo judío la comparte cada judío individual, hombre
o mujer, y es la corona de nuestra fe que "vuestro pueblo es todo tzadikim."
Cada judío tiene la capacidad de manifestar su alma Divina y su chispa de
Mashíaj en cada detalle de la vida cotidiana: estudio de la Torá, observancia
de los mandamientos y elevación de lo mundano a un nivel de conciencia sagrada.
Esto incluye elevar
incluso aquello que parece secular o profano al nivel en que se revela su Divinidad
inherente.[12] La
sabiduría mundana y la tecnología mundana se ponen entonces al servicio del
bien supremo que es Di-s. Las dos figuras bíblicas que mejor ejemplificaron la
elevación de la sabiduría secular fueron Iosef y el rey Salomón. Iosef es el
alma arquetípica de la sefirá de fundamento, y el rey Salomón es
considerado su reencarnación bíblica más importante. Cuando uno aborda la vida
y el mundo desde esta perspectiva, merece cumplir la orden: "en todos tus
caminos conóceLe."[13]
[1]
Proverbios 10:25.
[2]
Zohar 2:116a.
[3]
Isaías 60:21.
[4]
Comienzo del cap. 2.
[5]
Deuteronomio 32:9.
[6]
El rayo de luz infinita y su iluminación de la realidad se alude en el
versículo, "entonces tu luz irrumpirá" (Isaías
58:8).
[7]
Mishná Avot 4:10.
[8]
Tania, epístola 22.
[9]
Malaquías 1:2.
[10]
Ioma 19a; Kidushin 23b.
[11]
Basándose en el principio de que: "se presume que un emisario cumple su
misión" (véase Eiruvin 31b y otros lugares).
[12]
En la terminología de los Sabios, esto se conoce como "profano [producto]
preparado con la pureza de lo sagrado", julin shenaasú al tohorat
hakodesh (חוּלִּין שֶׁנַּעֲשׂוּ עַל טׇהֳרַת הַקֹּדֶשׁ);
Jaguigá 21b.
[13]
Proverbios 3:6.
Historias de tzadikim
Rashi:
PREPARACIÓN PARA UNA MISIÓN
Rabi Shlomo Itzjaki
nació en Troyes, en el norte de Francia, siendo su padre, Rabi Itzjak,
en el año 4800 (1040). Se sabe muy poco de sus primeros años, aunque parece que
comenzó a aprender Torá de su padre a una edad temprana. Con aproximadamente
veinte años, Rashi abandonó Francia para ir a las grandes ieshivot de
Alemania. Primero llegó a la ieshivá de Maguncia, donde Rabeinu Gershom,
la Luz del Exilio, había enseñado dos generaciones antes y cuya fama se había
extendido por todas partes.
Allí Rashi estudió bajo
la tutela de Rabi Iaacov ben Iakar, uno de los principales discípulos de
Rabeinu Gershom, quien se convirtió en su principal maestro y le instruyó
durante seis años. En sus comentarios, Rashi se refiere a él como "mi anciano
maestro", citando sus interpretaciones en numerosas ocasiones. Tras la
muerte de Rabi Iaacov ben Yakar en 4824 (1064), Rashi estudió bajo la tutela de
Rabi Itzjak ben Iehuda, también uno de los mayores discípulos de Rabeinu
Gershom. Tras un tiempo, se trasladó a la cercana Worms, donde aprendió de Rabi
Itzjak HaLevi.
Tras casi diez años en
Alemania, Rashi regresó a Troyes y se unió a la corte rabínica allí. Comenzó a
emitir dictámenes halájicos para las comunidades judías de la región
circundante y mantuvo una correspondencia continua con sus maestros y colegas
en Ashkenaz (Alemania). Aparte de un breve regreso a estudiar en la ieshivá
de Worms, Rashi permaneció en Troyes el resto de su vida, fundando allí una
célebre ieshivá.
Su grandeza imponente
fue reconocida de inmediato en todo el mundo judío; las preguntas se dirigían a
su beit midrash en una amplia variedad de disciplinas, y los comentarios
que componía se difundieron con notable rapidez por todo el país. Ambos yernos
fueron de los principales eruditos de la Torá en Francia, y las figuras
principales de la siguiente generación contaban entre sus descendientes y
discípulos. Rashi partió de este mundo el jueves 29 de Tamuz de 4865
(1105) y fue enterrado, según la tradición, en su ciudad natal de Troyes.
Rabi
Itzjak poseía una hermosa joya de extraordinario valor, y los habitantes no
judíos del pueblo deseaban comprarla para su lugar de culto. Aunque ofrecieron
una gran suma como pago, se negó a oír hablar de ello. Finalmente, con astucia,
lograron llevar a Rabi Itzjak a un barco en medio del mar y comenzaron a
obligarle a entregar la gema. Al ver que se vería obligado a entregarlo, lo
arrojó al mar y Di-s lo liberó de sus manos. Una voz celestial se escuchó en su
beit midrash (sala de estudio), ante todos sus alumnos, proclamando: "He
aquí, se os ha dado un hijo que iluminará a todo Israel."
En
menos de un año le nació un hijo, y le puso el nombre de Shlomo, en honor a su
propio padre. El niño creció en sabiduría, y nadie como él surgió en el reino
de Francia. Cada interpretación novedosa y comentario con los que se topaba o
de los que tenía noticia - ya fuera de otros o propio entendimiento - lo
plasmaba por escrito en un kuntres (cuadernillo). Por esta razón, los tosafot -
las generaciones de eruditos talmúdicos posteriores a Rashi - se referían a él
como "el Kuntres". Continuó así hasta los treinta y tres años,
momento en el que se comprometió a emprender siete años de exilio voluntario,
para expiar la angustia que su padre había sufrido por la gema que había rechazado.
Porque, aunque su padre había santificado el Nombre Divino mediante ese acto,
había soportado un gran dolor por la pérdida, y así la mitzvá no se cumplió en
su plenitud.
Había
otra razón por la que deseaba exiliarse: para entonces ya había completado su
comentario sobre la Torá y la mayoría de los tratados del Talmud, pero se
mostraba reacio a publicar sus kuntresim. Se preguntó - ¿quizá alguien
más le había precedido con mayor claridad y belleza? Así, durante sus años de
exilio, investigaba e investigaba en las ieshivot sobre los comentarios ya
existentes.
Por
ello, vagó por Italia, Grecia y la Tierra de Israel, pasó por Egipto donde tuvo
ocasión de conocer al Rambam, viajó por Persia y regresó vía Alemania a su
hogar, la ciudad de Troyes en Francia. A su regreso completó su comentario
sobre la Torá, completó su comentario sobre veintitrés tratados completos del
Talmud y muchos otros en forma parcial, y solo entonces comenzó a difundir sus
obras.
(Seder
Olam 4565).
A simple vista, las dos
razones del exilio autoimpuesto de Rashi parecen no estar relacionadas: la
primera fue motivada por su deseo de eliminar cualquier sombra del acto de su
padre - por cuyo mérito nació - mientras que la segunda fue motivada por su
extraordinaria humildad. Sin embargo, tras una reflexión más profunda, ambos
comparten una raíz común: el deseo de Rashi de completar y publicar su
comentario de la manera más pura e intachable posible.
La expiación por la
angustia de su padre no era solo una expresión de gratitud, ni simplemente un
deseo de que todos los días de su padre fueran considerados buenos. Rashi
sentía y sabía que todos sus comentarios e interpretaciones novedosas extraían
su vitalidad precisamente de aquel acto de entrega abnegada. Y aunque el gran
dolor transformó el acto en algo mucho mayor - un gran triunfo para honor del
Cielo, una fuente de inmenso deleite divino- Rashi, no obstante, deseaba
que ni siquiera un dolor de tal magnitud, arrojara la más tenue sombra sobre la
luz de sus grandes obras.
La segunda razón también
- la preocupación de que "alguien más le precediera con mayor claridad y
belleza"- habla de la pureza singular de Rashi. Como Moisés, que suplica
al Todopoderoso que envíe a otra persona para liberar a los israelitas de
Egipto - “Por favor, enviad, a quien Tú hayas de enviar", שְׁלַח־נָא בְּיַד תִּשְׁלָח Shelaj
na beiad tishlaj -, Rashi también se negó a creer que no hubiera nadie
más digno y justo que él mismo para componer el comentario tan desesperadamente
necesario sobre la Torá. El Midrash revela (basándose en los versículos) que
Moisés debatió con el Todopoderoso en la zarza ardiente durante siete días
antes de consentir la misión de liberar a los israelitas. Según una tradición,
los siete años del exilio de Rashi antes de escribir su comentario corresponden
a los siete días de Moisés.
En cualquier caso, el
único propósito de Rashi era el honor de Di-s, y si otro era más apropiado,
¿por qué debería asumir la tarea él mismo? Solo después de años buscando un
erudito o comentario que pudiera llenar el gran vacío que percibía en el
estudio de la Torá comprendió que el Cielo le había elegido para la misión
hacia la que había sentido una compulsión interior tan poderosa durante tanto
tiempo.
A partir de esto, cada
persona puede aprender algo sobre su propia vocación y misión en la vida. Por
un lado, en cada persona arde un fuerte impulso de cumplir su misión en el
mundo: una sensación de lo que se necesita en el mundo y de su capacidad para cumplirlo.
Por otro lado, esto debe abordarse con sumisión, humildad y pureza, y con un
deseo genuino de rectificación en lugar de desalojar a cualquier otra persona
que pueda ser más digna. Si tal persona realmente existe, uno debe abrazar la
cualidad de "caminar humildemente con tu Di-s" (Mijá 6:8) y no apresurarse
hacia una misión que no es realmente tuya.
El deseo de Rashi de purgar
la historia de su nacimiento de todo rastro de tristeza por la preciosa gema es,
asimismo, una pureza requerida para cualquiera que emprenda una misión. Una
misión, como una boda, es una especie de renacer. El enviado se encarga de
renacer - y debe nacer libre de todo residuo del pasado. Así está escrito en la
Cabalá: El Principio Madre (Ima), del cual nacen las almas, recibe del
atributo de "y purifica" (וְנַקֵּה),
venaké - el principio divino de misericordia que se relaciona con la
purificación y el perdón (Éxodo
34:7).
Por tanto, existen dos
formas de preparación para cualquier misión. La primera es la pureza sencilla
desde el momento del nacimiento, o renacimiento - como Rashi expió el dolor de
su padre. El segundo es un estado de pureza descrito en el Talmud como el tipo
de pureza de mente que poseían (Mishná Guitin
9:9) los escrupulosos hombres de Jerusalén, nekiie hadaat
shebiIersushalaim (נְקִיֵּי הַדַּעַת
שֶׁבִּירוּשָׁלַיִם), quienes eran extraordinariamente
sensibles al estado mental y disposición interior de las personas con las que se
encontraban.
Aquí esa pureza es
necesaria para asegurarse que la misión que uno ha hecho suya realmente pertenece
a la categoría de ser el mensajero en "un lugar donde no hay nadie más [que
pueda cumplir la misión]" (Mishná Avot
2:5). Tras estas dos formas de preparación - correspondientes a las
etapas de sumisión y separación, las dos primeras en el proceso de
transformación de tres etapas del Ba'al Shem Tov - llega el momento del
endulzamiento, de emprender una misión cumpliendo el el mensaje final de la mishná:
"¡Esfuérzate por ser un hombre [el mensajero de esa misión]!"ESTUDIO SEMANAL: Parashot Matot-Masei
LA DINÁMICA INTERNA DE LA
TIERRA DE ISRAEL
Esta semana leímos los dos últimos parashot
del libro de Números: Matot y Masei. La porción se llama Matot, que
significa "tribus", ya que comienza con Di-s diciéndole a Moisés que
hable con los jefes de las tribus sobre las leyes de los votos.[1]
El hecho de que Moisés habla a los jefes de
las tribus al final del libro de Números sirve como otra indicación de que la
antorcha se está transmitiendo a una nueva generación. Iehoshua acaba de ser
nombrado sucesor de Moisés[2]
y Di-s le había informado de nuevo que no entraría en la Tierra Prometida.[3]
Por ello, Moisés empodera y honra a los jefes de las tribus dirigiéndose a
ellos. Esto es especialmente importante porque el pueblo judío acababa de pasar
cuarenta años en el desierto, ya que anteriores jefes de tribus que estaban
entre los espías enviados a ver la Tierra Prometida habían socavado su fe en la
promesa de Di-s y en su capacidad para conquistar la Tierra de Israel con
resultados desastrosos. Moisés indica que el nuevo liderazgo está dispuesto a
asumir la responsabilidad y liderar a la nueva generación hacia la Tierra de
Israel.
Cuarenta y dos viajes
Este tema del pueblo de Israel preparado para entrar en la Tierra de
Israel continúa en la parashat Masei, que marca el fin de los cuarenta
años de estancia de Israel en el desierto. Todo el libro de Deuteronomio
transcurre durante un breve periodo de treinta y siete días, cuando Moisés,
antes de su muerte, pronuncia sus últimas palabras preparatorias para animar al
pueblo a entrar en la Tierra. Por ello, en Masei, la Torá resume los
cuarenta y dos viajes que tuvieron lugar durante las andanzas de Israel por el
desierto, desde el momento en que la nación abandonó Egipto hasta su actual
campamento en las llanuras de Moab, al otro lado del río Jordán desde Jericó.
Estos viajes se introducen con un versículo que crea una imagen
especular: "Y Moisés escribió sus puntos de partida según sus viajes, por
mandato de Di-s, y estos fueron sus viajes según su punto de partida."[4]
Las palabras "puntos de partida", motzaeihem (מוצאיהם) y "viajes-jornadas", maseihem
(מסעיהם) que se encuentran en la primera mitad del
versículo aparecen en orden opuesto en la segunda mitad del versículo.
Se percibe una energía dinámica y pulsante en la sintaxis especular de la
descripción de estos viajes, la cual también queda plasmada de forma conmovedora
en la singular forma en que se recitan las palabras durante la lectura pública
de la Torá. La única otra ocasión en que se utiliza esta singular melodía es
cuando se lee en público el Canto del Mar.[5] Allí
también se palpa la energía, ya que los judíos acaban de escapar de Egipto y
han visto a sus perseguidores ahogarse en el Mar Rojo.
Según el Ba'al Shem Tov, estos cuarenta y dos viajes son un paradigma
arquetípico para el viaje vital de cada persona.[6] Sin
embargo, cada persona experimenta estos viajes de una manera única y adaptada
al propósito de su alma.
Dinámica del viaje
Existe una hermosa correspondencia entre estos cuarenta y dos viajes y las
42 ocasiones que aparece en el Pentateuco la raíz hebrea de tres letras אהב, la raíz de la palabra "amor" (ahavá).[7]
Cada uno de los viajes por el desierto, así como el viaje de cada persona a lo
largo de la vida, se corresponde con una manifestación del "amor", lo
que indica que todos los viajes de la vida tienen lugar dentro del contexto
general del amor de Di-s, a pesar de estar llenos en ocasiones de obstáculos,
fracasos, frustraciones e incertidumbre. Saber que el amor de Di-s por cada individuo
forma los parámetros existenciales básicos en los que vivimos tiene el poder de
convertir obstáculos en desafíos, pruebas en oportunidades y adversidad en
triunfo.
Además, según la Cabalá y el Jasidut, estos cuarenta y dos viajes
corresponden con el nombre de cuarenta y dos letras de Di-s asociado con la
creación y codificado en las cuarenta y dos palabras de la oración mística
"Ana Beko'aj", atribuida al gran místico Rabi Nejunia ben
Hakana.[8]
La asociación de estos distintos conjuntos de cuarenta y dos nos enseña que el
amor de Di-s está siempre presente desde el inicio de la creación y dentro del
camino vital de cada persona.
A medida que cada lugar del viaje se menciona en la Torá, se repite la
misma fórmula: "Viajaron desde ... y acamparon en.…" Este patrón
alude a cómo todo proceso y progreso funcionan en un flujo dinámico de partidas
y paradas, actividad y descanso, tomar la iniciativa y recibir pasivamente.
Esta misma dinámica forma la estructura básica del tiempo judío, ya que seis
días de trabajo son seguidos por Shabat y seis años de trabajo agrícola
seguidos por un año sabático.
En la Cabalá, este flujo y reflujo energético se conoce como "correr
y regresar", una frase tomada del vibrante movimiento de los ángeles en la
visión de Ezequiel.[9]
La pulsación dualista de correr y regresar se manifiesta de innumerables
maneras a lo largo de la creación: desde
la contracción y expansión en los mismos orígenes del universo hasta el latido
de nuestros corazones y el pulso de la sangre que corre por nuestras arterias y
venas; desde la exhalación e inhalación hasta los altibajos de las emociones humanas; desde los ciclos de las
estaciones hasta el vaivén de las mareas; desde el dar y recibir de las
relaciones hasta el ciclo de la vida y la muerte. Espiritualmente, se
manifiesta como la carrera y el regreso del alma, lo que en las enseñanzas
jasídicas se asocia con el conjunto entendimiento de que "Di-s es
todo" y "Todo es Di-s".
Una hermosa alusión numérica al pulso de vida codificado en estos viajes
se encuentra en el valor numérico de la palabra masei (מסעי), 180, o 10 por 18, donde 18 es el valor
numérico de la palabra hebrea para vida (jai), חי, mientras que 10 veces un número simboliza
la activación del potencial inherente de esa palabra o concepto. Así, estos
cuarenta y dos viajes representan la manera en que el potencial latente del
pueblo judío se activó y se realizó cuando Israel se convirtió en nación. Esta
activación del potencial también es cierta para cada persona a medida que recorre
los viajes de la vida.
Fronteras cambiantes
La idea de que los procesos son dinámicos por naturaleza, reflejada en
los viajes y campamentos en la parashat Masei, también es evidente en
las fronteras bíblicas de la Tierra de Israel delimitadas, por primera y (casi)
única vez, en la Torá. Aunque existen desacuerdos académicos sobre dónde se
encuentran exactamente estas fronteras en el mapa, la descripción de la Torá es
bastante detallada. Vemos que a lo largo de la historia judía hubo cinco
conjuntos diferentes de fronteras generales:[10]
1) Las fronteras descritas en nuestra porción de Masei.
2) Las fronteras establecidas por conquista de quienes entraron en Tierra
Santa con Iehoshua.
3) Las fronteras de quienes regresaron del exilio babilónico.
4) Las fronteras prometidas a Abraham en el libro del Génesis (desde el
río de Egipto hasta el Éufrates), que superan con creces las tres anteriores.[11]
5) Las fronteras prometidas en la era mesiánica de las que se afirma:
"En el futuro la tierra de Israel se extenderá [y abarcará] todas las
tierras [del mundo]."[12]
Al contemplar el significado más profundo de estas fronteras cambiantes,
nos damos cuenta de que, así como los viajes y los campamentos en el desierto
formaban parte de un proceso continuo de cambio y crecimiento, también lo son
las fronteras de Israel. No son estáticos; más bien, son palpitantes y cambian
constantemente. La verdad de esta afirmación queda confirmada por los últimos
setenta y ocho años, cuando las fronteras del Israel moderno cambiaron muchas
veces.
El segundo pasaje del Shemá, que se recita dos veces al día,
contiene tanto la explicación literal como el significado más profundo de cómo
se establecen las fronteras en cada generación.[13] Si
seguimos la palabra de Di-s y observamos Sus mandamientos, recibiremos la
lluvia a su tiempo y prosperaremos y viviremos en paz en nuestra Tierra. Pero
si no obedecemos la palabra de Di-s, entonces los cielos se cerrarán, no caerá
lluvia y seremos exiliados de la Tierra. El mensaje es claro: el derecho del
pueblo judío a vivir en Tierra Santa es un privilegio que depende directamente
de nuestras acciones. Lo mismo ocurre con las fronteras físicas de la Tierra:
cuanto mayor es el mérito y el grado de santidad de nuestro pueblo, más se
expanden las fronteras y más crecerá la santidad de la Tierra. En última
instancia, en la era mesiánica, esta santidad irradiará y el lugar único de la
Tierra ante Di-s se expandirá para abarcar todo el mundo. El pueblo y la
Tierra, de hecho, forman una unidad unificada y simbiótica.
Creación y la Tierra de Israel
Una hermosa alusión al papel central desempeñado por la Tierra y el
pueblo de Israel en la creación y la historia se encuentra en la descripción de
las fronteras en Masei. La Torá utiliza la misma palabra "sus
fronteras-límites", totzeotav (תוצאתיו)
para describir la frontera en cada una de las cuatro direcciones.[14]
El valor numérico de esta palabra es 913, el mismo que la primera palabra de la
Torá, "En el principio", Bereshit (בראשית).
Este vínculo numérico entre las fronteras de la Tierra de Israel y la primera
palabra de la Torá nos recuerda el primer comentario de Rashi sobre la Torá
citado casi literalmente del Midrash:
Dado que la esencia de la Torá son los mandamientos de Di-s, ¿por qué
comienza con el relato de la creación y no con el primer mandamiento dado al
pueblo judío? Rashi responde afirmando que en el futuro las naciones del
mundo acusarán al pueblo judío de robar la Tierra de Israel. Para anticiparse a
tal tipo de objeción, la Torá comienza con el relato de la creación para
establecer que el mismo Di-s que creó cielos y tierra es quien entregó al
pueblo judío la Tierra de Israel. Esta visión es bastante relevante hoy en día,
cuando gran parte del mundo de hecho nos acusa de robar la Tierra Santa. En
este sentido, el comentario de Rashi es verdaderamente profético.
A un nivel más profundo, debemos darnos cuenta de que la Tierra de Israel
está intrínsecamente conectada con el propósito mismo de la Creación:
establecer un lugar de morada para Di-s en este mundo más físico.[15]
En el futuro, la energía infinita del Creador será revelada dentro de los
parámetros finitos del mundo físico. En cierto sentido, la capacidad del finito
para contener lo infinito es la unidad última, la resolución de la paradoja de
cómo un Creador infinito puede crear y mantener un mundo finito. Esta futura
realidad redentora está representada por la santidad de la Tierra de Israel
expandiéndose para abarcar todo el mundo, ya que las fronteras limitadas de
esta realidad física presente se expandirán para abarcar la Presencia infinita
de Di-s.[16]
Hasta entonces, necesitamos usar nuestros pensamientos, palabras y acciones
para crear recipientes que preparen al mundo para esa era. Que suceda pronto y
en nuestros días.
[1]
Números 30:2.
[2]
Ibid. 27:15-23.
[3]
Ídem. vv. 12-14.
[4]
Ibid 33:2.
[5]
Éxodo 16:1-19
[6]
Deguel Majane Efraim, Masei.
[7] Sha'arei Ahava VeRatzon, pp. 125-127.
[8] Ibid.
[10] De una clase impartida el 14 de Jeshvan
de 2010 en Yitzhar.
[11] Génesis 15:18-21.
[12] Pesikta Rabati.
[13] Deuteronomio 11:13-21.
[14] Números 33:4, 5, 9 y 12.
[15] Véase también "Fundamentos de Jasidut:
Di-s desea un lugar de morada abajo." https://galeinai.org/2026/07/03/di-s-desea-una-morada-aqui-abajo-parte-5
[16] Las Letras Hebreas, págs.38-39.
*SHAVÚA TOV*
🔸CUENTO JASÍDICO PARA EL TÉRMINO DEL SHABAT🔸
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Es costumbre relatar cada sábado por la noche, durante la comida de Melavé Malká, una historia jasídica sobre el Baal Shem Tov. Se considera un canal de bendición (segulá) para el buen sustento, para tener hijos y satisfacción de ellos, para una vida buena y larga, y para la salud.
¡Que las historias de nuestros justos nos acompañen y abran las puertas de la bendición en esta nueva semana!
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*HISTORIA DEL BAAL SHEM TOV*
Rabí Shlomo de Karlin
UN CORTE DE CABELLO PARA DEVOLVER LA CORDURA
Cierta vez, Rabí Shlomo de Karlin estaba sentado con sus jasidim en el Bet Midrash (casa de estudio), cuando de repente todos vieron a un hombre corriendo velozmente por fuera del lugar, como si hubiera perdido la razón. De inmediato, Rabí Shlomo ordenó atraparlo y traerlo al Bet Midrash en contra de su voluntad. El hombre rabiaba y se resistía con todas sus fuerzas, pero los jasidim lo sujetaron firmemente y lo metieron al interior.
Al entrar, Rabí Shlomo ordenó cortar inmediatamente sus largas cabelleras. Así lo hicieron, y en cuanto terminó el corte de cabello, la cordura del hombre regresó de golpe. Rompió a llorar y gritó: “¡Ay de mí, qué estaba a punto de hacer!”
Entonces se reveló que iba de camino al sacerdote local para asimilarse y cambiar su religión (apostatarse), ¡Dios nos libre! Un espíritu de insensatez (ruaj shtut) se había apoderado de él y corría hacia la destrucción espiritual. Rabí Shlomo lo percibió de inmediato, ordenó detenerlo y quitarle el cabello; después de eso, el hombre volvió en sí y comprendió cuán lejos se había apartado de su mente y de su verdadera identidad.
Análisis Espiritual: La Sefirá de Hod
Esta historia, en todos sus detalles, pertenece a la Sefirá de Hod (Esplendor/Reconocimiento).
En el Séfer Yetzirá (El Libro de la Formación) se explica que el sentido que pertenece a la Sefirá de Hod es el sentido del andar (el movimiento). No es casualidad que la historia comience con una carrera. Todo lo relacionado con el caminar y el movimiento pertenece a la cualidad de Hod, y aquí se trataba de correr hacia el lugar equivocado: una huida de la propia identidad judía.
Nuestros Sabios (Jazal) dicen que “un hombre no comete un pecado a menos que un espíritu de insensatez (ruaj shtut) entre en él”, y no hay expresión más severa de ese espíritu que un judío corriendo hacia un sacerdote para asimilarse. Un judío es llamado Yehudí debido a que agradece y reconoce (modé) a Dios, y la Sefirá de Hod es precisamente la fuerza del reconocimiento (Hodaá) y de la fe simple. Cuando esta fuerza se distorsiona, se cumple el versículo: “Mi esplendor (hodí) se transformó en mí en destrucción”. La persona deja de identificar al enemigo como enemigo y al amigo como amigo, invirtiendo todo el orden de su vida.
En las enseñanzas de la Cabalá se explica que la Sefirá de Hod también está relacionada con el sistema inmunológico del cuerpo. Cuando el sistema inmunológico funciona correctamente, sabe identificar lo extraño como enemigo y al cuerpo mismo como amigo. Pero cuando se altera, comienza a atacarse a sí mismo y a proteger aquello que lo daña. Lo mismo ocurrió aquí: el hombre corría hacia quien buscaba desarraigar su alma, tratándolo como si fuera su benefactor.
ENTRA AL ENLACE PARA OTRA HISTORIA DEL REBE DE KARLIN
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*UN MENSAJE PARA LAS TRES SEMANAS*
RAZI DESTRUIR CON EL FIN DE EDIFICAR
Razi nos contará por qué el Rabino salió en medio de la clase y cómo se relaciona esto con los días de Bein HaMetzarim (Las Tres Semanas de duelo).
https://galeinai.org/2026/07/04/razi-destruir-con-el-fin-de-edificar
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Que tengan una excelente y bendecida semana! (Shavúa Tov uMevoraj).
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*ESTE DOMINGO ASTROLOGÍA JUDÍA*
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DESTRUIR CON EL FIN DE EDIFICAR
Razi nos contará por qué el Rabino salió en medio de la clase y cómo se relaciona esto con los días de Bein HaMetzarim (Las Tres Semanas de duelo).
Escrito por: Shilah Ofan
Categoría: Yo y los niños
¡Hola, niños!
Esta semana entramos en el período de 'Bein HaMetzarim' (Las Tres Semanas), nuestros días de duelo por la destrucción del Templo (Beit HaMikdash). ¡En estos días aumentamos nuestra esperanza y expectativa por la Redención verdadera y completa!
Por eso, quería compartir con ustedes una parábola muy especial que nos llenará de una luz de esperanza para estos días.
¡Ups, lo olvidé...!
—"Niños, ¿quién sabe decirme cómo es que...?"— pregunta el maestro a los alumnos en el aula.
—"¡Ah, claro!"— salta Naftalí de inmediato, haciendo sonidos extraños que demuestran su gran impaciencia.
—"Sí, adelante"— le hace una señal el maestro para que responda.
—"Ejem... me olvidé..."— responde Naftalí avergonzado.
¿Conocen esta escena? Imagino que sí. ¿Acaso Naftalí realmente sabía la respuesta? Si era así, ¿cómo es posible que en un solo segundo se le esfumara de la mente?
La respuesta es: sí y no. Naftalí sabía la respuesta, pero solo de manera general. Todavía no había tenido tiempo de pensar en ella con calma; los detalles aún no estaban ordenados en su cabeza y por eso "se le escapó".
En el lenguaje del jasidismo, a este estado se le llama un destello de Jojmá (sabiduría), pero sin Biná (comprensión/desarrollo). ¿Alguno de ustedes ha logrado alguna vez atrapar un relámpago con las manos? Incluso si el relámpago no tuviera una peligrosa carga eléctrica, sería imposible. La velocidad de la luz es inmensa y no nos permite atrapar el destello que ilumina el cielo. Cuando el maestro hizo la pregunta, la idea de la respuesta brilló como un relámpago en la mente de Naftalí; lo más seguro es que si hubiera esperado unos segundos para procesarla, la explicación habría fluido de su boca con facilidad.
El Rabino y el alumno
¿Por qué les cuento esto sobre una idea que se escapa de la mente? Porque esto no solo le pasa a un alumno, sino también a un Rabino, a un gran sabio de la Torá. Y aquí pasamos a una parábola única en su tipo que enseñaba Rabí Hilel de Paritch (uno de los más grandes jasidim de Jabad de todas las generaciones y discípulo directo del Admur HaEmtzaí y del Tzemaj Tzedek). Esta parábola nos explica cómo una gran decepción y angustia pueden revelarse más adelante como la cúspide del éxito. Escuchen con atención:
Imaginen una clase dictada por un Rabino muy importante, ante un público de alumnos muy diverso:
- Algunos vienen para escuchar palabras de moral y fortalecer su espíritu.
- Otros están interesados principalmente en recibir una guía práctica sobre cómo deben comportarse.
- Y están aquellos que vienen sobre todo por el ambiente, para inspirarse por el simple hecho de participar en una clase de Torá, aunque no entiendan todo lo que se dice.
Pero hay alumnos de otra clase. A veces se trata de un solo alumno para quien la clase es algo completamente diferente. Para él, la clase lo es T-O-D-O. Las palabras de Torá que escucha de su Rabino no son un postre o un extra, sino el aire mismo que respira y que lo mantiene con vida. A un alumno así se le llama un discípulo predilecto (Talmid Muvhak).
¿Cómo se puede notar? Se nota en sus ojos. Durante la clase, está completamente concentrado en las palabras y absorbe con avidez cada frase que sale de la boca de su maestro. Incluso si el lugar está lleno y apretado, no le importa. Inmediatamente después de la clase, se sentará a solas o con un amigo e intentará reconstruir cada detalle que se dijo.
Algo se confunde aquí
Un día, ocurrió un hecho fuera de lo común. Después de media hora de clase, en la que el Rabino exponía sus enseñanzas con la claridad y profundidad que lo caracterizaban, algo empezó a fallar.
Al principio, nuestro amigo, el discípulo predilecto, notó que el Rabino estaba un poco menos concentrado en sus palabras. Seguía explicando la idea con la que había empezado, pero ya no tenía el entusiasmo de siempre. Parecía que sus pensamientos viajaban hacia otros lugares. El alumno, que ya de por sí en una clase normal debía esforzarse mucho para absorber y comprender el contenido, ahora encontraba la tarea mucho más difícil. Sí, tal vez suene extraño, pero la luz del rostro del Rabino al hablar influye mucho en la comprensión del alumno, y ahora el desafío era mayor.
En la siguiente etapa, el alumno notó algo más: en medio de las explicaciones de su maestro, de repente se le escapó una palabra que no tenía absolutamente nada que ver con el tema. Si antes había dudas, ahora estaba claro: el Rabino simplemente no estaba allí. Estaba transmitiendo en otra frecuencia. Algo completamente distinto perturbaba los pensamientos del Rabino.
Y entonces llegó el golpe definitivo para el alumno: el Rabino simplemente se quedó en silencio.
En el salón se apoderó un silencio incómodo. El Rabino cerró los ojos y se sumergió en sus pensamientos durante largos minutos. De repente, se levantó de su silla, tomó sus libros y salió del salón. El alumno se levantó asustado de su asiento y llegó a ver cómo su maestro entraba en su habitación privada y se encerraba en ella.
Detrás de escena
¿Qué creen que le pasó al Rabino en esos minutos? ¿Por qué se interrumpió la clase? No, no fue porque hubiera encontrado un error. Al Rabino le pasó exactamente lo mismo que a nuestro Naftalí. ¿Recuerdan? Jojmá sin Biná.
A pesar de que el Rabino había preparado muy bien la clase en su casa, una idea nueva y brillante apareció en su mente. Esta nueva idea explicaba todo el tema de una forma mucho más novedosa y clara. Pero, ¿recuerdan qué le pasa a un destello de sabiduría (Jojmá) si uno no se detiene a procesarlo? Pues claro, se escapa y desaparece. Eso significaba que si el Rabino continuaba con la explicación anterior, no tendría tiempo de atrapar la nueva idea, y no estaba dispuesto a perderla. Esa fue la razón por la que, en medio de la explicación a sus alumnos, guardó silencio y detuvo la clase.
Presten atención: en la mente del Rabino ya se estaba construyendo y dando forma a la nueva idea de manera maravillosa. Pero, ¿cómo se sentía el alumno en esos momentos? Para él, estaba ocurriendo una sola cosa: ¡la destrucción del Templo (del hogar)! Todo lo que había logrado entender hasta ese momento se derrumbaba. Asombro, pánico, ansiedad, desesperación... estas son solo algunas de las palabras que describen lo que pasaba en su interior. En esa etapa se quedó con las manos vacías: el contenido de la clase aún no lo había entendido, y la nueva explicación que su maestro estaba concibiendo todavía no existía.
¡Algo nuevo comienza!
Nuestro discípulo predilecto regresó al salón de clases con el rostro desanimado, se sentó en su silla y esperó. De repente, la puerta se abrió y entró su maestro, pero esta vez su aspecto era completamente diferente: su rostro estaba alegre y radiante de luz.
¿Anduviste preocupado por nuestro alumno? Tienes razón, todavía no había escuchado ni una sola palabra, pero una gran piedra se le quitó del corazón. La iluminación en el rostro del Rabino lo anunciaba todo: la clase continuaba. ¿Continuaba? No exactamente. ¡Ahora estaban a punto de escuchar una idea completamente nueva!
La moraleja
¿Y cuál creen que es la moraleja de todo esto?
Efectivamente, el Templo fue destruido, y nosotros, durante estas tres semanas, vemos con tristeza cómo nuestro querido Rabino —Dios, bendito sea— parece alejarse de nosotros. La cúspide de ese dolor es cuando el Rabino se queda en completo silencio; es decir, cuando el Templo se consume en llamas.
Pero, ¿qué está pasando realmente detrás de escena? ¿Qué nueva idea está surgiendo en el pensamiento de Dios? Así es: ¡la Redención verdadera y completa! El Templo destruido deja su lugar para dar paso a la idea renovada y superadora: ¡el Tercer Templo, que será eterno!
¡Que el Templo sea reconstruido prontamente en nuestros días!
¡Shabat Shalom uMevoraj!
— Razi
UN CORTE DE CABELLO PARA DEVOLVER LA CORDURA
Rabí Shlomo de Karlin
Rabí Shlomo HaLeví Seg”al nació en el año 5498 (1738), hijo de Rabí Meir. Fue un discípulo destacado del Maguid de Mezeritch y de Rabí Aarón de Karlin, y uno de los principales líderes del jasidismo en Lituania. Fue conocido como un hacedor de milagros prodigioso, pero solía decir: “El milagro más grande es introducir en el corazón de un judío una abundancia de santidad, de modo que tenga la capacidad de rezar a Dios, bendito sea”. Rabí Shlomo exigía con fervor el amor y el temor a Dios durante el estudio de la Torá, y su amigo, el Alter Rebe (el fundador de Jabad), decía de él que “vivía un palmo por encima del suelo”.
Tras el fallecimiento de Rabí Aarón de Karlin en el año 5532 (1772), ocupó su lugar en Karlin. El 17 de Tamuz de 5552 (1792), a la edad de 52 años, un cosaco le disparó en la pierna durante el servicio de Kabalat Shabat (recepción del Shabat). Tras ser herido, relató que se había decretado un duro decreto celestial sobre la mitad del pueblo de Israel, pero él había aceptado ser el rescate por sus almas. El Tzadik entregó su vida y falleció santificando el Nombre de Dios (Kídush Hashem) cinco días después, el 22 de Tamuz.
Cierta vez, Rabí Shlomo de Karlin estaba sentado con sus jasidim en el Bet Midrash (casa de estudio), cuando de repente todos vieron a un hombre corriendo velozmente por fuera del lugar, como si hubiera perdido la razón. De inmediato, Rabí Shlomo ordenó atraparlo y traerlo al Bet Midrash en contra de su voluntad. El hombre rabiaba y se resistía con todas sus fuerzas, pero los jasidim lo sujetaron firmemente y lo metieron al interior.
Al entrar, Rabí Shlomo ordenó cortar inmediatamente sus largas cabelleras. Así lo hicieron, y en cuanto terminó el corte de cabello, la cordura del hombre regresó de golpe. Rompió a llorar y gritó: “¡Ay de mí, qué estaba a punto de hacer!”
Entonces se reveló que iba de camino al sacerdote local para asimilarse y cambiar su religión (apostatarse), ¡Dios nos libre! Un espíritu de insensatez (ruaj shtut) se había apoderado de él y corría hacia la destrucción espiritual. Rabí Shlomo lo percibió de inmediato, ordenó detenerlo y quitarle el cabello; después de eso, el hombre volvió en sí y comprendió cuán lejos se había apartado de su mente y de su verdadera identidad.
Análisis Espiritual: La Sefirá de Hod
Esta historia, en todos sus detalles, pertenece a la Sefirá de Hod (Esplendor/Reconocimiento).
En el Séfer Yetzirá (El Libro de la Formación) se explica que el sentido que pertenece a la Sefirá de Hod es el sentido del andar (el movimiento). No es casualidad que la historia comience con una carrera. Todo lo relacionado con el caminar y el movimiento pertenece a la cualidad de Hod, y aquí se trataba de correr hacia el lugar equivocado: una huida de la propia identidad judía.
Nuestros Sabios (Jazal) dicen que “un hombre no comete un pecado a menos que un espíritu de insensatez (ruaj shtut) entre en él”, y no hay expresión más severa de ese espíritu que un judío corriendo hacia un sacerdote para asimilarse. Un judío es llamado Yehudí debido a que agradece y reconoce (modé) a Dios, y la Sefirá de Hod es precisamente la fuerza del reconocimiento (Hodaá) y de la fe simple. Cuando esta fuerza se distorsiona, se cumple el versículo: “Mi esplendor (hodí) se transformó en mí en destrucción”. La persona deja de identificar al enemigo como enemigo y al amigo como amigo, invirtiendo todo el orden de su vida.
En las enseñanzas de la Cabalá se explica que la Sefirá de Hod también está relacionada con el sistema inmunológico del cuerpo. Cuando el sistema inmunológico funciona correctamente, sabe identificar lo extraño como enemigo y al cuerpo mismo como amigo. Pero cuando se altera, comienza a atacarse a sí mismo y a proteger aquello que lo daña. Lo mismo ocurrió aquí: el hombre corría hacia quien buscaba desarraigar su alma, tratándolo como si fuera su benefactor.
También la forma de la salvación pertenece enteramente a Hod. Rabí Shlomo no se conforma con palabras, sino que utiliza el poder de la Sefirá de Gevurá (el rigor/la fuerza) —de la cual Hod es una rama— y sujeta al hombre por la fuerza para salvarlo de sí mismo.
Incluso el corte de cabello no es un detalle secundario. En el caso de los levitas (cuya cualidad espiritual es Gevurá), el afeitado del cabello se realizaba el día en que ingresaban al servicio del Tabernáculo (Mishkán). Como se refleja en la historia, el cabello es denominado en la Cabalá “motré mojín” (los excedentes del intelecto) y alude a los malos pensamientos y dudas (hirhurim, que místicamente se conecta con la palabra inglesa hair, como es sabido). Cuando Rabí Shlomo cortó el cabello del hombre, eliminó de él esos pensamientos extraños que lo tenían atrapado, e inmediatamente después recuperó la cordura y volvió a ser quien realmente era.
Una “vacuna de fe” en el camino
Contaremos otra historia de una “inyección de vacuna” de fe, en la cual también se expresa de manera especial el sentido del andar de Rabí Shlomo de Karlin.
Cuando el Alter Rebe comenzó a difundir las enseñanzas del jasidismo Jabad, atrajo a personas de diversos tipos. Había quienes venían con un deseo genuino de cambiar y servir a Dios, y otros que venían simplemente porque disfrutaban de la profundidad intelectual de la filosofía jasídica, pero no buscaban cambiar sus vidas en la práctica.
Un hombre de negocios llamado Shlomo Feigin pertenecía al segundo grupo. Tenía un gran talento y una mente muy aguda; disfrutaba del desafío intelectual de las enseñanzas del Alter Rebe, pero no estaba dispuesto a vivir verdaderamente la exigente vida jasídica.
Cierta vez, tuvo que viajar a Leipzig por motivos de negocios. Antes de su viaje, el Alter Rebe lo llamó y le pidió un favor: que al pasar por el pueblo de Karlin, fuera a ver a Rabí Shlomo para transmitirle sus saludos. Shlomo Feigin aceptó.
Al llegar a Karlin, entró en la sala de espera contigua a la habitación de Rabí Shlomo. Mientras esperaba, escuchó al Tzadik caminando de un lado a otro en su habitación. De repente la puerta se abrió, Rabí Shlomo salió a la sala de espera, comenzó a pasearse por ella y exclamó en voz alta:
“¡Joven, joven! ¿Y qué dirás si resulta que verdaderamente hay un Dios en el mundo?”
Luego de decir esto, regresó a su habitación.
Pasaron unos minutos, y la puerta se abrió de nuevo. Rabí Shlomo salió, caminó por la habitación y repitió exactamente las mismas palabras: “¡Joven, joven! ¿Y qué dirás si resulta que verdaderamente hay un Dios en el mundo?”. Cuando esto se repitió por tercera vez, Shlomo Feigin comprendió que para escuchar eso lo había enviado el Alter Rebe a Karlin, y continuó su viaje.
Con los años, Shlomo efectivamente se alejó de la Torá y de la fe. Sus grandes talentos intelectuales lo llevaron a una alta posición dentro del gobierno del Zar de Rusia, y se convirtió en uno de los ingenieros responsables de la planificación de las carreteras estatales.
Tiempo después, cuando el gobierno zarista planeó construir una carretera que pasaría exactamente por encima del lugar de la tumba del Alter Rebe en la ciudad de Hadiach, los jasidim descubrieron con asombro que el funcionario a cargo del trazado de la ruta era el mismísimo Shlomo Feigin. Desesperados, se dirigieron a él pidiéndole que cambiara los planos para no profanar el lugar santo.
Shlomo aceptó cambiar el diseño de la carretera de inmediato, pero puso una condición: pidió sentarse a solas un rato con Rabí Moshe Vilenker, su viejo amigo de los días de juventud en el movimiento jasídico, para compartir un Farbrenguen (reunión jasídica espiritual) como en el pasado.
Durante la conversación, Shlomo Feigin le abrió su corazón y confesó:
“Soy un hombre inmensamente rico y exitoso, pero no logro disfrutar de nada de lo que tengo. Una sola frase me ha acompañado toda mi vida y no me deja en paz ni un segundo: ‘¡Joven, joven! ¿Y qué dirás si resulta que verdaderamente hay un Dios en el mundo?’”.
(Fuentes: Farbrenguen del 24 de Tamuz de 5767 / Segunda historia extraída de Sijat HaShavua)