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miércoles, 12 de agosto de 2026

5786. SHOFTIM

 BS"D

 

 

SHOFTIM  שֹׁפְטִים 

Deuteronomio 16:18-21:9   Haftará:  Isaias 51:12 – 52:12

 

 

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El “Or Sameaj” | La crecida del río y la humildad del rabino

Rabi Meir Simja HaCohen de Dvinsk, autor del Meshej Jojmá sobre la Torá y del Or Sameaj sobre el Rambam, nació en el año 5603 (1843) de Rabi Shimshón Kalónimus HaCohen y Osnat. Desde su juventud se destacó por su extraordinaria perseverancia en el estudio y por su agudeza intelectual, y estudió con Rabi Moshé Denishovski. Después de casarse con Jaia, hija de Rabi Tzvi Paltiél de Bialystok, dedicó todos sus días al estudio de la Torá, mientras que su esposa asumía la responsabilidad del sustento familiar.

A una edad temprana escribió su comentario Meshej Jojmá sobre la Torá, que fue publicado recién después de su fallecimiento. En el año 5648 (1888) fue nombrado rabino de la comunidad de los mitnagdim de Dvinsk, junto con Rabi Iosef Rosen, el Rogatchover, quien se desempeñaba como rabino de la comunidad jasídica. Es interesante señalar que, después de que los jasidim del Maguén Avot de Kopust se quejaran ante su Rebe por algunos dictámenes del Rogatchover que no seguían la práctica halájica habitual, el Kopuster indicó a sus jasidim que, para las preguntas de Halajá, consultaran precisamente al Or Sameaj.

Era conocido por su gran humildad y rectitud. Vivía con extrema sencillez y se negaba a aceptar ayuda económica o cualquier aumento de su salario. Sentía un gran afecto por el proyecto de asentamiento en la Tierra de Israel y sostenía que, desde la Declaración Balfour, había dejado de existir el temor relacionado con las Tres Juramentos. El 26 de Tamuz de 5686 (1926) falleció su esposa, Jaia. Más adelante, durante el verano de ese mismo año, él también enfermó, hasta que partió de este mundo el 4 de Elul de 5686.

La gran inundación de Dvinsk

Isser Harel, quien durante su infancia fue uno de los judíos de Dvinsk, contó:

“Ese año comenzó el deshielo de las nieves y del hielo en las extensas regiones de Rusia y en las fuentes del río Dvina, incluso antes de que llegara la primavera, en la zona donde el río desembocaba en el mar, en el golfo de Riga.

En la región comprendida entre la ciudad de Dvinsk y el golfo, una distancia de más de 200 kilómetros, todavía reinaba un invierno frío y gélido. Todo ese tramo del río estaba cubierto por una capa de hielo gruesa y resistente. Las aguas, que crecían con una fuerza arrolladora y arrastraban enormes bloques de hielo, intentaban abrirse camino hacia el mar, pero su paso estaba bloqueado.

Los hielos y las aguas rompieron puentes y arrastraron consigo pueblos enteros. Las aguas embravecidas golpeaban con enorme fuerza el gran terraplén que rodeaba la ciudad de Dvinsk y continuaban creciendo sin cesar. En poco tiempo podían desbordar el terraplén e inundar toda la ciudad.

Los habitantes comenzaron a dirigirse en masa hacia los pisos superiores y los techos de todos los edificios, esperando a cada instante que ocurriera la catástrofe que parecía inevitable. Nosotros también empaquetamos todo lo que podía ser transportado y salvado, y subimos dos pisos en el edificio donde vivíamos. Una enorme angustia se apoderó de todos.

La crisis llegó a su punto máximo durante la madrugada del Shabat. En cualquier momento el río podía desbordarse o romper el terraplén. Mi padre se enfrentaba a una pregunta: ¿debía quedarse en casa con su familia ante la catástrofe que estaba a punto de producirse, o debía ir a la sinagoga para rezar y unir su oración y súplica a las de toda la comunidad? Finalmente decidió apresurarse hacia la sinagoga, y yo fui con él.

En medio de la oración, que era sumamente emotiva y estaba acompañada de gritos de desesperación, entraron en la sinagoga unos judíos aterrorizados y gritaron que las aguas estaban a punto de inundar la ciudad.

Rabi Meir Simja se levantó de su lugar, envuelto en su talit, y se dirigió hacia el terraplén. Todo el público lo siguió, también envuelto en sus talitot. El rabino subió al terraplén, se quedó allí de pie y rezó para que las aguas descendieran.

Y, efectivamente, mientras rezaba, el hielo comenzó a moverse de su lugar. El hielo se quebró y las aguas comenzaron a descender por el río.

Yo estaba sobre el terraplén, a pocos pasos de Rabi Meir Simja. Aquella escena quedó grabada en mi memoria y permanece siempre ante mis ojos.

En un abrir y cerrar de ojos, la noticia se extendió por las calles de Dvinsk: el rabino Meir Simja HaCohen había realizado un milagro y había salvado la ciudad.

Los habitantes cristianos de la ciudad, entre ellos conocidos antisemitas, se apresuraron a ver en el descenso de las aguas un milagro realizado por el santo rabino.

Sin embargo, Rabi Meir Simja no consideró el descenso de las aguas un mofet, un milagro sobrenatural, ni se consideraba a sí mismo un ‘santo’. Él había ido simplemente a presentar su súplica ante Dios; ¡no a realizar milagros!”

Según se trae en nombre del Steipler, después del acontecimiento, cuando agradecieron al Or Sameaj por el gran mofet —milagro— que había realizado, él desestimó el asunto con un simple gesto de la mano y les dijo:

“El río tenía que regresar a su cauce natural en ese momento. Incluso si yo no hubiera llegado a aquel lugar, habría tenido que volver a su cauce. Simplemente sucedió que, exactamente en ese momento, yo llegué allí. ¿Y a esto se lo puede llamar un mofet?”

Con su humildad, el Or Sameaj quiso minimizar la impresión causada por el milagro, y es posible que, en cierta medida, incluso lo haya conseguido. Pero resulta maravilloso descubrir que, con estas palabras, este gran tzadik lituano estaba señalando precisamente una enseñanza del Baal Shem Tov, quien considera que una sincronización de este tipo constituye un milagro todavía mayor.

Así aparece transmitido en su nombre en el libro Beit Yaakov:

“Un relato acerca del Baal Shem Tov, de bendita memoria. Una persona vino a él y quiso preguntarle algo. Como había estudiado ciencias naturales y filosofía, había llegado, según aquellas disciplinas, a la conclusión de que, precisamente en el momento en que el mar se abrió delante de los Hijos de Israel, el mar debía haberse abierto naturalmente, de acuerdo con las leyes propias de la naturaleza del mar.

Si era así, se preguntaba: ¿por qué consideramos tan extraordinario el milagro de la partición del mar, en el cual creemos? Con esta pregunta quedó profundamente confundido y viajó al Baal Shem Tov.

Cuando llegó allí, antes de que pudiera formularle su pregunta, el Baal Shem Tov fue a la sinagoga, ordenó reunir a los habitantes de la ciudad y les habló:

‘Hay necios y herejes en el mundo a quienes les resulta difícil esta cuestión. Sin embargo, tienen ojos y no ven. Está escrito: “Bereshit bará Elokim” —“En el principio creó Dios”. La palabra Elokim tiene el mismo valor numérico que hateva, “la naturaleza”. Y también la propia naturaleza fue creada por el Santo, bendito sea.

Por eso nuestros Sabios interpretaron el versículo: “Y el mar volvió al amanecer a su estado natural” (le-eitano) —a su condición original, litnaó, “a su condición acordada”. Esto enseña que el Santo, bendito sea, estableció una condición en la Creación.

Desde el momento de la Creación, el Santo, bendito sea, estableció en la naturaleza del mar que se abriría delante de los Hijos de Israel en aquella hora. Por lo tanto, el milagro es todavía mayor: ya en el momento de la creación del mundo, el Santo, bendito sea, creó esta naturaleza para beneficio de Israel.

Y si Israel no hubiera necesitado este milagro, el Santo, bendito sea, no habría creado esta característica en el mar’”.

En esencia, dice el Baal Shem Tov, no existe ninguna contradicción entre la naturaleza y el milagro. Al contrario: la maravillosa sincronización de la naturaleza con las necesidades de los Hijos de Israel señala aquello que fue establecido como una “condición en la Creación”: un diseño previo del Creador del mundo, que configura toda la naturaleza en función de Sus hijos amados.

El escarabajo de Jung y el secreto del zivug

Muchos años después de las palabras del Baal Shem Tov, un psicólogo no judío llamado Carl Gustav Jung dio nombre a un fenómeno que posee una estructura semejante. Lo llamó “sincronicidad” (synchronicity): un estado psíquico significativo que ocurre simultáneamente con un fenómeno externo.

Y, en efecto, nuestros Sabios nos enseñaron: “Jojmá bagoim taamín; Torá bagoim al taamín” —“Sabiduría entre las naciones, créelo; Torá entre las naciones, no lo creas”—, lo que aquí se relaciona con el versículo: “Gal einai ve-abitá niflaot miTorateja” —“Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de Tu Torá”—, tres veces Tariag (613): Torá – Tefilá – Teshuvá.

Según Jung, no se trata de una relación causal directa entre ambos acontecimientos, sino de una especie de resonancia externa de la emoción o del pensamiento en el que la persona está profundamente sumergida, de una manera que no puede explicarse racionalmente.

Como ejemplo de este fenómeno, Jung cuenta el caso de una paciente que había soñado con una joya que había recibido, en forma de un raro escarabajo de oro. Mientras ella relataba el sueño en su consultorio, un gran insecto dorado golpeó contra la ventana. Jung abrió la ventana, atrapó el raro escarabajo y se lo entregó a la asombrada paciente...

Aunque el lenguaje de Jung no era el lenguaje religioso clásico, en esencia consideraba la “sincronicidad” como una forma de hashgajá —Providencia Divina— o, en sus propios términos, una especie de “milagro”, y concebía al causante de la sincronización como el Creador.

Es conocido que, cuando una vez le preguntaron: “¿Usted cree en Dios?”, respondió: “I don’t need to believe. I know” —“No necesito creer. Yo sé”.

De la semejanza y el paralelismo entre sus palabras y la enseñanza del Baal Shem Tov se desprende que Jung está describiendo, en esencia, una experiencia de encuentro: entre el alma y la realidad —entre el gavrá y el jefetzá—, y entre la conciencia ordinaria y una conciencia superior.

Hacia el final de su vida, Jung se interesó por la dimensión esotérica de la sabiduría judía. Incluso expresó que el Maguid de Mezritch, el gran discípulo del Baal Shem Tov, había anticipado su método psicológico. Jung también experimentó visiones místicas, y en una de ellas describe un zivug cabalístico celestial:

“Estaba en el Pardés Rimonim, el lugar donde Tiferet y Maljut se unen. Me imaginé a mí mismo como Rabi Shimón bar Yojai, cuya celebración mística de bodas se estaba llevando a cabo en ese momento. Todo aparecía exactamente como lo habían descrito los cabalistas. No puedo describir hasta qué punto fue algo maravilloso”.

Esta identificación de Jung con la hilulá de Rashbi, junto con su sensibilidad hacia el fenómeno de la sincronización, nos enseñan que en él existe una chispa judía oculta que debemos elevar y rectificar.

Estas percepciones y comprensiones sugieren que el secreto del sagrado zivug es precisamente el secreto de la sincronización entre dos: no un fenómeno causal de acción y reacción, sino una profunda correspondencia interior entre marido y mujer, entre el ser humano y el mundo, y entre el Santo, bendito sea, y Su pueblo Israel.

Y terminemos con una maravillosa guematria, una sincronización sorprendente:

Carl Gustav Jung + Israel
(en general, y el Baal Shem Tov en particular)
= 1020
= Hashgajá Pratit —
השגחה פרטית, “Providencia Divina individual”.

[Las letras iniciales suman 832, lev — לב, multiplicado por Havaia — הוי׳, equivalente a Eretz Israel, “la Tierra de Israel”, sobre la cual está dicho: “Tamid einei Havaia Elokeja bah” —“Los ojos de Havaia, tu Dios, están siempre sobre ella”—, es decir, el lugar donde se revela la Hashgajá Pratit.]

[Las letras poseen un valor promedio de 60, kli, “recipiente”, etc. El valor promedio de cada palabra es 255, en relación con los cuatro ríos, como es sabido.]

 LECTURA DE LA TORÁ ROSH JODESH ELUL YO SOY PARA MI AMADO

40 DÍAS DE DESPERTAR Y EL REY ESTÁ EN EL CAMPO
NO TEMER DE LA NATURALEZA, SOLO DEL CREADOR DE LA NATURALEZA

 

 


https://youtu.be/BmNPsGXiQeY

 

Rosh Jodesh Elul se celebra durante dos días: 30 de Menajem Av y 1 de Elul. En ambos días se lee Bamidbar/Números 28:1-15, en la sección de Pinjás, donde se describen el sacrificio diario y las ofrendas especiales de Rosh Jodesh. Se llaman cuatro personas a la Torá:

 Cohén: Bamidbar 28:1-3 Leví: Bamidbar 28:3-5 Israel: Bamidbar 28:6-10 Israel: Bamidbar 28:11-15

 El cuarto llamado comienza:

 וּבְרָאשֵׁי חָדְשֵׁיכֶם תַּקְרִיבוּ עֹלָה לַה׳ “En vuestros comienzos de mes ofreceréis una ofrenda de ascensión a Havaiá”.

 La lectura concluye con: זֹאת עֹלַת חֹדֶשׁ בְּחָדְשׁוֹ לְחָדְשֵׁי הַשָּנָה “Esta es la ofrenda de ascensión de cada mes, en su mes, para todos los meses del año”.

 En Rosh Jodesh se recita Halel incompleto, se agrega Iaalé Veiavó en la Amidá y en Birkat Hamazón, se reza Musaf de Rosh Jodesh y, desde el segundo día —1 de Elul—, según la costumbre de Jabad, se comienza a tocar el shofar después de Shajarit y a recitar diariamente el capítulo 27 de Tehilim: “Ledavid Havaiá orí veishí”. ____________ Del estremecimiento exterior al despertar interior

 El eclipse no viene para que vivamos mirando el cielo con miedo, ni el terremoto para que vivamos mirando la tierra con miedo. Ambos pueden convertirse en una invitación a mirar hacia adentro y hacia Hashem. Cuando el cielo se oscurece, recordamos que la luz puede continuar existiendo detrás del ocultamiento. Cuando la tierra tiembla, recordamos que no todo aquello que parecía firme era verdaderamente firme. Cuando el mundo hace raash, no debemos quedar atrapados en el ruido, sino buscar la kol demamá daká, la voz sutil de Hashem. Y cuando todos preguntan “¿qué va a pasar?”, Parashat Shoftim nos propone una pregunta mucho más transformadora: “¿Qué vas a hacer tú ahora?”. Entonces llega Elul y responde: אני לדודי ודודי לי — Ani Ledodí Vedodí Li. Y por encima de toda incertidumbre permanece la gran consigna de Shoftim: תָּמִים תִּהְיֶה עִם ה׳ אֱלֹקֶיךָ — Tamim tihie im Hashem Elokeja. La enseñanza puede resumirse así: no convertir las señales en superstición, sino el estremecimiento en despertar; el despertar en teshuvá; la teshuvá en acción; y la acción en un paso hacia la gueulá verdadera y completa.

 


 

B”H

27 de Menajem Av 5786 — Apuntes del Rav

KÉTER SHEM TOV

En memoria de R. Amram Lida, de bendita memoria

Resumen del desarrollo de la clase

El último Shabat, en el momento de Raavá deRaavín, partió de este mundo un antiguo discípulo, R. Amram Lida, quien tuvo el mérito de estudiar Torá con el Rav shlit”a durante unos 45 años y de editar las series de libros «Jasdei David HaNeemanim» —expresión tomada de la Haftará del Shabat en el que falleció— y «Mivjar Shiurei Hitbonenut». El Rav participó en el funeral y, después de él, escribió unas palabras conmovedoras en su memoria.

Amram y sus tres hijos

Amram lleva el nombre del padre de Moshé, Aharón y Miriam. Moshé es llamado específicamente «ben Amram», hijo de Amram. También es denominado «Ish HaElohim», “hombre de Dios”, y fue por medio de la voz de Amram que la palabra de Hashem llegó por primera vez a Moshé.

Los tres hijos de Amram corresponden a tres coronas mencionadas en la Mishná: Moshé — «la corona de la Torá»; Aharón — «la corona del sacerdocio»; Miriam — «la corona de la realeza», como trae Rashi sobre «y Él les hizo casas». Existe además la «corona del buen nombre — Kéter Shem Tov», que «se eleva por encima de ellas», aludiendo al Mashíaj, como es sabido. Amram, que se encuentra “por encima” de sus tres hijos y los incluye, corresponde respecto de ellos al secreto de Kéter Shem Tov.

Los tres hermanos —Moshé, Aharón y Miriam— fallecieron mediante mitat neshiká, “muerte por beso divino”. Así ocurrió también con nuestro Amram, una señal de que verdaderamente pertenecía a esta “familia” espiritual.

Las coronas de Amram

Es sabido que las tres coronas corresponden a los tres reishín —las tres “cabezas”— de Kéter: emuná, fe, corresponde a «la corona del sacerdocio»; taanug, deleite, a «la corona de la Torá»; y ratzón, voluntad, a «la corona de la realeza». Kéter Shem Tov, la corona del buen nombre, asciende hasta Maljut de Adam Kadmón, etc.

En Amram, de bendita memoria, se manifestaban todas estas cualidades: una fe firme en la justicia de su camino, en Hashem, en Su Torá, en Su pueblo y en Su Tierra; un gran deleite —shaashuim, verdadero regocijo— en el estudio y la difusión de la Torá; y una voluntad fuerte de acercar con amor a más y más judíos a Hashem. Este es el comienzo de la realeza, pues, como dictamina el Rambam respecto del Rey Mashíaj, su misión es hacer retornar al pueblo de Israel en teshuvá.

Lo mismo se expresa en la chispa de realeza que posee cada judío, pues todos son llamados reyes e hijos de reyes: comprender cómo acercar a los demás por caminos agradables y a partir del placer del estudio de la Torá, tal como Amram lo ejemplificó en su propia manera de difundirla.

«Kéter Shem Tov» significa que «el espíritu de las criaturas está complacido con él», y entonces, de manera natural, «el espíritu del Omnipresente está complacido con él», según la conocida enseñanza transmitida de nuestro maestro el Baal Shem Tov. Esta es la corona que se eleva por encima de todas.

Amram Lida (עמרם לידא) tiene el mismo valor numérico que neshamá (נשמה), “alma”. Todo él era un alma pura. «La vela de Hashem es el alma del hombre»: “vela de Hashem” alude a una vida eterna, y “alma del hombre” se vincula asimismo, por guematria, con Lida. También se relaciona con «Nishmat Shadai tevinem — el alma inspirada por el Todopoderoso les da entendimiento», con los secretos de la Torá y sus deleites: «una luz que ilumina para sí misma» y «una luz que ilumina a los demás».

Notas y alusiones del original

Los nombres Amram, Miriam, Aharón y Moshé juntos suman 1241, equivalente a tov (טוב, 17) multiplicado por jojmá (חכמה, 73). El texto lo relaciona con Jojmá Stimaá, la «sabiduría oculta», y con la raíz de la Torá.

Sobre Moshé al nacer se dice: «Vio que era bueno y lo escondió» (Shemot 2:2); y posteriormente recibió el nombre Moshé por «porque de las aguas lo saqué» (Shemot 2:10). El texto conecta estas “aguas” con la sabiduría y con la enseñanza de Jazal: «No hay agua sino Torá».

Entre las fuentes citadas en el original se encuentran: Shabat 89a; Sotá 35a; Sanhedrín 82a; Ierushalmi Taanit 2:1; Devarim 33:1; Tanjuma Shemot 19; Pirkei Avot 4:13; Shemot 1:21; Bava Batra 17a; Rambam, Hiljot Melajim 11:4; Zóhar II 26b y III 28a; Pirkei Avot 3:10; Mishlei 20:27; Iyov 32:8, además de fuentes jasídicas y cabalísticas indicadas por el Rav.

 

AMRAM LIDA de bendita memoria

El último Shabat falleció R. Amram Lida, de bendita memoria, del asentamiento de Meitar, uno de los discípulos más veteranos y entregados de nuestro maestro y rabino, el Rav Itzjak Ginsburgh shlit”a, y quien dedicó decenas de años de su vida a difundir públicamente sus enseñanzas. Su funeral tuvo lugar el domingo en el cementerio de Meitar, con la participación de nuestro maestro el Rav —que tenga larga vida— y de numerosos alumnos que acudieron para acompañarlo en su último camino.

Según la costumbre de Jabad, el Rav no pronunció un elogio fúnebre formal. Sin embargo, en las palabras que dirigió a la familia destacó que la vida de Amram había sido, de principio a fin, una vida dedicada a la difusión de la Torá, y que eso mismo es lo que continuará realizando ahora desde lo Alto, mientras nosotros continuamos aquí abajo aquello que él tanto deseó. Algunos de los presentes contaron haber oído al Rav referirse a él como “uno de los tzadikim sobre quienes se sostiene la generación”.

El camino hacia la Torá y el Jasidut

Amram Lida nació y creció en Givatáim, en un hogar alejado de la observancia de la Torá y las mitzvot. Su acercamiento al judaísmo comenzó a los 35 años, edad que, como le gustaba señalar, corresponde en guematria a la palabra “iehudi” — judío. No fue producto de una crisis o de un acontecimiento específico, sino de una búsqueda interior que fue creciendo. Leyó libros de sabiduría oriental y otras obras de pensamiento, y a partir de la lectura del Sefer HaAgadá de Bialik y Ravnitzky comenzó a acercarse gradualmente al judaísmo.

En aquellos días trabajaba como agrimensor autorizado independiente en Beer Sheva y disponía de cierta libertad de horarios. Comenzó a participar en clases de Torá en la ciudad, entre ellas clases de Jabad, y uno de los asistentes le recomendó varias veces que fuera a la clase semanal del Rav Itzjak Ginsburgh en Ramat Aviv. Un día del mes de Tamuz llegó allí por primera vez, a una clase de la serie “Los doce sentidos correspondientes a los doce meses”, y sintió allí una profundidad que no había encontrado antes en ningún otro rabino. Ese fue el comienzo de una conexión que continuó hasta el último día de su vida.

Desde aquella clase, Amram comenzó a asistir regularmente a las enseñanzas del Rav, primero en Ramat Aviv y luego en la casa del Rav en Kfar Jabad, junto con un pequeño grupo de discípulos. En una ocasión contó al Rav que los nombres de todos los miembros de su familia comenzaban con la letra ayin. El Rav recordó el versículo “metzitz min hajarakim — mira desde las rendijas” y concluyó: “Es apropiado que tengas un hermoso tzitzit”. Desde ese día Amram comenzó a usar talit katán, y así fue entrando gradualmente en una vida judía plena y en el mundo de Jabad.

Tiempo después, Amram y su esposa Ofrá se trasladaron con sus hijos a vivir al asentamiento de Meitar, hace 38 años, el 26 de Menajem Av de 5748. El Rav llegó entonces para la inauguración de su casa y habló sobre el versículo “el hamenujá veel hanajalá — al reposo y a la heredad”, de Parashat Reé. De manera estremecedora, exactamente 38 años después, Amram fue llevado a su descanso eterno el mismo día, 26 de Av, y en la misma parashá en la que falleció.

Quienes conocieron a Amram testimonian que nunca escucharon de su boca una mala palabra sobre ningún judío. El amor a Israel y el amor a la Tierra de Israel estaban profundamente grabados en él, y era considerado un ejemplo y modelo en este aspecto para todos los que lo rodeaban. Su acercamiento a la Torá lo realizó, como dijeron quienes hablaron en su funeral, “con dulzura, por caminos agradables”, y de esa misma manera continuó avanzando durante toda su vida.

La obra de transcripción y edición de libros

La relación principal de Amram con las enseñanzas de su Rav no consistía solamente en escucharlas, sino en difundirlas sin descanso. Cada vez que escuchaba una clase interesante, la transcribía, la imprimía en forma de cuadernillo y la repartía entre las personas de su entorno. Solía explicar a sus amigos un método basado en el versículo “cuarenta lo golpeará, no añadirá”: escuchar cada clase cuarenta veces, y si todavía no se había absorbido, entonces “que agregue”, es decir, seguir escuchándola aún más veces.

Las grabaciones de las clases lo acompañaban mientras viajaba, mientras comía e incluso antes de dormir. Casi no había persona a la que Amram no se acercara alguna vez con una hoja transcrita en la mano. Le encantaba compartir con todos, desde un profesor hasta un vecino, y siempre buscaba qué enseñanza específica podía ser la adecuada para cada persona. También organizó clases del Rav en Beer Sheva, Ofakim y Meitar, y en su momento entregó un refugio que había recibido de la Municipalidad de Beer Sheva al Rav Zalman Garelik, emisario del Rebe en la ciudad, lugar en el que posteriormente se estableció el Beit Jabad central de Beer Sheva.

Amram atribuía una parte importante del éxito de su labor de difusión al apoyo de su esposa Ofrá, quien al comienzo de su carrera trabajaba en el centro de cálculos de la Universidad Ben Gurión y lo ayudó mucho con el trabajo informático que acompañaba las transcripciones.

Un punto decisivo en su labor tuvo lugar en Janucá de 5754, cuando se realizó un seminario del Rav sobre la obra “Jasdei David” del rabino David Magar, discípulo del Rashash, un compendio autorizado de los escritos del Arizal. Amram no participó en el seminario en persona, pero escuchó las clases en grabaciones y quedó impresionado por la claridad de las explicaciones del Rav. Transcribió y editó los dos seminarios, los encuadernó como cuadernillos y los llevó al Rav con una propuesta: “Sería conveniente que el Rav continuara dando clases consecutivas sobre el estudio de Jasdei David, y yo prometo transcribirlas”.

El Rav aceptó, y las clases continuaron durante años de manera ininterrumpida en la sinagoga central de Kfar Jabad, una vez al mes y, en ocasiones, con una duración de entre tres y cinco horas. La serie concluyó el 28 de Jeshván de 5763, en el cumpleaños número 58 del Rav —“jen”, gracia—, con una clase final de ocho horas consecutivas, acompañada de canto y una comida.

A partir de aquellos cuadernillos, Amram editó el libro “Jasdei David HaNeemanim” en cinco tomos, que incluyen también las clases “Tzimtzum lo kipshutó — el tzimtzum no es literal” y “Taam HaBriá — el sentido de la Creación”. Los tomos fueron publicados en 5764, año que a Amram le gustaba señalar que correspondía exactamente, por guematria, a la expresión “HaElokí Rabenu Itzjak Luria”. Por Providencia Divina, Amram falleció precisamente en el Shabat en cuya Haftará se leyó la expresión “Jasdei David HaNeemanim”.

Junto con Jasdei David HaNeemanim, Amram editó la serie “Mivjar Shiurei Hitbonenut”, cuyas iniciales forman Moshé. Preparó treinta y tres tomos, de los cuales hasta ahora se han publicado treinta y uno, cada uno de aproximadamente 250 páginas. El tomo número diecisiete, correspondiente al valor numérico de tov — bueno, fue publicado en el cumpleaños número setenta del propio Amram.

En una reunión con el Rav, una vez sacó una nota en la que había escrito diversos temas para tratar, y en la última línea había anotado “masa crítica”. Su intención era contarle al Rav que ya tenía preparados decenas de shiurim transcritos, desde la convicción de que hafatzá, difusión, y hitpotzetzut, explosión, pertenecen a una misma raíz conceptual.

Cada Shabat por la tarde, durante el momento de Raavá deRaavín, Amram mantenía junto con amigos una clase fija, varias horas de estudio compartido que amaba y disfrutaba especialmente.

Entre las historias singulares de la relación entre Amram, su familia y el Rav, destaca el episodio de Barcelona. Amram viajó allí con su esposa antes de un seminario del Rav organizado por su hijo Oded, quien vive allí y dirige Beit Gal Einai en España. Cuando el Rav enfermó durante la visita y necesitó tratamiento cardíaco urgente, Amram tuvo que impartir él mismo, sin ninguna preparación previa, la clase final del seminario ante unas ciento cincuenta personas. Lo hizo de memoria, en hebreo, con ayuda de traductores.

Durante aquellos días, el Rav visitó a Oded y a su familia y lo bendijo para que tuviera un hijo. La bendición se cumplió: después de diez años de espera, Oded y su esposa Jana tuvieron un hijo, al que llamaron Noam Shalom, y el propio Amram tuvo el mérito de ser sandak en su brit milá. En el funeral se vio al Rav abrazando a su hijo Noam Shalom.

Hasta sus últimos días, Amram continuó con su trabajo constante de transcripción en preparación para el siguiente volumen de la serie Mivjar Shiurei Hitbonenut. Solía decir: “La parte principal del trabajo todavía está delante de nosotros”. Todo el trabajo de transcripción lo realizó de forma completamente voluntaria, mientras que Gal Einai se hacía cargo únicamente del costo de la impresión.

En el funeral, su hijo describió la última clase que estudiaron juntos, sobre un punto que se transforma en línea y sobre una línea que busca llegar a cada persona. Describió a su padre como “un hombre de conexión”, que se conectó a sí mismo, a través de las enseñanzas del Rav, con cada persona, y señaló que en todo aquel a quien Amram tocó quedó una “chispa” suya.

También recordó que Amram llegó exactamente a una edad cuyo valor numérico corresponde a la palabra “Anoji”, y que, a su manera, descompuso esta idea diciendo: “afar es Amram y efer es Ginsburgh”.

En el funeral se repitieron una y otra vez las mismas palabras: tzadik, difusión de la Torá, continuidad del camino. R. Amram Lida, de bendita memoria, dedicó su vida a transmitir las enseñanzas de nuestro maestro y rabino, el Rav Itzjak Ginsburgh shlit”a, de generación en generación y a hacerlas accesibles a todo aquel que buscara y deseara aprender.

En Motzaei Shabat, el Rav compuso un nigún en su honor y memoria.

יהי זכרו ברוך — Iehi zijró baruj. Que su recuerdo sea para bendición.

 


   

¿POR QUÉ SUCEDEN LOS TERREMOTOS?

 

MENSAJE DEL RABINO GINSBURGH: 

Acabo de hablar con el rabino Ginsburgh sobre los terremotos que están sucediendo en Venezuela y Colombia. Envía su bendición a todos los alumnos de Gal Einai y a la población en general, que Hashem traiga curación a todos los heridos, sean encontrados con vida todos los desaparecidos y de consuelo a los familiares de la víctimas. Concluye diciendo que el raash, la conmoción del terremoto se transforme en el estruendo del Gran Shofar que anuncie la Redención definitiva y completa.

Amplío el mensaje del rav con sus enseñanzas y enseñanzas de los sabios de la Torá. En la clase de mañana miércoles vamos profundizar más en este tema.

Los Sabios de la Torá contemplan los terremotos desde varias dimensiones: como manifestación del poder del Creador, como llamado al despertar espiritual y también como expresión del dolor de la Shejiná. Pero no nos autorizan a determinar que una tragedia concreta ocurrió por el pecado de determinadas personas.

UNA MANIFESTACIÓN DE LA FUERZA DIVINA

La Guemará enseña que, al experimentar un terremoto, se recita una bendición reconociendo que toda la naturaleza se encuentra en manos de Dios:

בָּרוּךְ אַתָּה ה׳ אֱלֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁכֹּחוֹ וּגְבוּרָתוֹ מָלֵא עוֹלָם

Baruj Atá Havaiá, Eloheinu Mélej haolam, shekojó ugvurató malé olam.

«Bendito eres Tú, Havaiá, nuestro Dios, Rey del universo, cuya fuerza y poder llenan el mundo».

También puede recitarse:

עוֹשֵׂה מַעֲשֵׂה בְרֵאשִׁית

Osé maasé Bereshit.

«Quien realiza la obra de la Creación».

 

La bendición transforma el miedo en conciencia: aquello que parece una fuerza natural autónoma también forma parte de la Creación divina. La fuente se encuentra en Berajot 59a y en Shulján Aruj, Oraj Jaim 227.

RABINO ITZJAK GINSBURGH

Según las enseñanzas del rabino Itzjak Ginsburgh, el terremoto puede comprenderse en tres etapas: רעש־דממה־מעשה, conmoción, silencio y acción.

EL רעש — LA CONMOCIÓN EXTERIOR

En hebreo bíblico, un terremoto se denomina רַעַשׁ, ráash, palabra que también significa estrépito o conmoción. Simboliza una sacudida de las estructuras exteriores: la seguridad humana, la estabilidad material y la sensación de que dominamos la realidad.

Sin embargo, el Rav Ginsburgh enfatiza el pasaje del profeta Elías:

“Después del viento, un terremoto; pero Hashem no estaba en el terremoto… y después del fuego, una voz de fino silencio”
- I Reyes 19:11-12

Esto no significa que el acontecimiento esté fuera de la Providencia Divina. Significa que no debemos confundir el impacto exterior con el mensaje interior de Dios. El estrépito despierta, pero la voz divina se descubre después, en la קוֹל דְּמָמָה דַקָּה, “la voz de fino silencio”.

Vease:   https://galeinai.org/2024/06/28/el-corazon-mas-intimo/ y https://galeinai.org/2024/06/05/en-el-desierto-silencioso-2/


LA דממה — ESCUCHAR EL MENSAJE INTERIOR

De acuerdo con el Jasidut, una experiencia muy intensa no es necesariamente una experiencia espiritual profunda. El miedo, el sobresalto y la agitación pertenecen inicialmente a las capas exteriores del corazón.

Cuando la conmoción se aquieta, la persona puede escuchar el punto interior: reconocer la fragilidad humana, despertar a la teshuvá, agradecer la vida y fortalecer su confianza en Hashem. El sentido espiritual de la audición consiste precisamente en percibir la presencia divina que se encuentra detrás de todos los sonidos.

Véase: 

Por eso, la pregunta jasídica no es solamente: “¿Por qué ocurrió?”, sino principalmente: “¿Qué debo escuchar ahora y cómo debo responder?”.

Véase: https://galeinai.org/2025/08/15/el-sentido-del-oido/

EL מעשה — TRANSFORMAR EL DESPERTAR EN ACCIÓN

El Rav Ginsburgh relata la conducta de Rabí Abraham Dov de Avritch, autor del Bat Ayin, durante el gran terremoto de Tzfat. Mientras rezaba, llamó a quienes estaban en la sinagoga para que se acercaran a él. Gran parte del edificio se derrumbó, pero la sección donde se encontraban permaneció en pie.

Inmediatamente después afirmó que no era momento de quedarse llorando, sino de auxiliar a los necesitados y salvar todo lo posible. Organizó equipos de rescate, envió mensajeros para conseguir ayuda y fortaleció a los habitantes para que no abandonaran Tzfat.

Véase: https://galeinai.org/2023/05/08/rev-avraham-dov-de-avritch/ y https://galeinai.org/2024/12/16/quedate-a-mi-lado/

 

Esta enseñanza es fundamental: la emuná no sustituye el rescate ni la ayuda material. La plegaria auténtica debe convertirse en responsabilidad, solidaridad y acción.

En síntesis, desde esta perspectiva cabalística y jasídica:

  • El terremoto sacude la ilusión de que la existencia material es absolutamente estable.
  • No debemos pretender descifrarlo mecánicamente como castigo ni culpar a quienes sufren.
  • La conmoción exterior debe conducir a escuchar la “voz de fino silencio”.
  • El despertar debe expresarse en tefilá, teshuvá, tzedaká, ayuda concreta y amor al prójimo.
  • La respuesta más elevada es convertir el miedo en bitajón — confianza en Hashem— y el estremecimiento en actos de bondad.

Lo más fiel a sus enseñanzas es buscar la Providencia Divina sin hacer cálculos acusatorios y responder mediante profundidad interior y acción compasiva.

 

 

 

 

 

 

Rabi Ioel de Satmer:

QUERÍA QUE FUESE FELIZ

 

Rabi Ioel Teitelbaum de Satmar nació en 5648 (1888) siendo su padre Rabí Janania Iom Tov Lipa, el Rebe de Sighet. Era conocido como "el genio de Sighet" y estudió en la ieshivá de su padre allí. El padre de Rabí Ioel falleció el 29 de Shevat de 5664 (1904). Apenas unos días antes de eso, Rabí Ioel se casó con Java, la hija de Rabí Avraham Jaim de Plantsh. La pareja tuvo tres hijas, todas las cuales fallecieron durante la vida de su padre sin dejar descendencia. Después del fallecimiento de su primera esposa, Rabí Ioel se casó con Alta Faiga, la hija de Rabí Avigdor de Czenstochov. Luego se mudó a la ciudad de Satmar y comenzó a servir como Rebe allí.

Cuando miles de refugiados huyeron a Hungría de los horrores nazis, Rabi Ioel dio la bienvenida a muchos refugiados en su comunidad y los ayudó a obtener documentos y fondos. Con el aumento del flujo de refugiados a principios de 5703 (1943), estableció un comité de rescate organizado para ayudar a los refugiados de guerra. Después de la invasión nazi de Hungría, Rabi Ioel intentó huir a Rumania, pero fue capturado y enviado al gueto de Klausenberg. Desde allí, fue llevado en el tren Kastner y llegó a Suiza. Después del Holocausto, emigró a Estados Unidos y restableció la dinastía jasídica Satmar, que hoy es una de las comunidades más grandes y significativas de Estados Unidos.

Rabi Ioel era conocido como un fanático intransigente que abogaba por una separación total del secularismo, la Ilustración y el sionismo. Sin embargo, cuando un judío necesitado se acercaba a él, le brindaba ayuda generosa sin distinguir entre jasidim, sionistas o judíos seculares. Falleció el 26 de Av de 5739 (1979). Su sobrino, Rabi Moshe, lo sucedió como Rebe.

 

El Rebe de Satmar, de bendita memoria, era muy conocido por su caridad. Una vez, un padre de hijas en edad de casarse fue a ver al Rebe. Una de sus hijas estaba comprometida, pero no tenía suficiente dinero para pagar la dote. La fecha de la boda se acercaba y los suegros amenazaban con romper el compromiso. El hombre angustiado entró en la casa del Rebe y con lágrimas en los ojos compartió su situación. Todos los que lo escucharon asintieron con comprensión y participaron de su dolor. El Rebe preguntó: “¿Cuánto dinero necesitas para pagar la deuda y cubrir la boda y otros gastos?”. El hombre calculó y mencionó una gran suma de unos treinta mil dólares. El Rebe, conocido por su generosidad, rápidamente le dio al hombre veintinueve mil dólares.

Al ver esto, el hombre inmediatamente recuperó la compostura y, con voz llena de emoción, agradeció al Rebe por su bondad. Dijo que sólo había buscado la bendición del Rebe y que ahora, en apenas unos minutos, ya había recibido ayuda.

Las acciones y palabras del Rebe requieren entenderse. Sus colaboradores más cercanos estaban desconcertados: “Si dio una suma tan grande tan rápidamente, ¿por qué dejó una pequeña cantidad de menos?”

Tan pronto como el hombre salió de la casa, los discípulos más cercanos del Rebe le preguntaron sobre esto. “Entiendo la naturaleza humana”, respondió. “Si le hubiera dado la cantidad completa, no habría reflexionado sobre la alegría del regalo que recibió. En cambio, en unos pocos minutos, se habría olvidado de su angustia anterior y habría comenzado a arrepentirse y lamentarse por no haber pedido más. ¡Quería que tuviera una alegría completa!”

 

El Rebe de Satmar era conocido no sólo por su generosidad y fervor, sino también por su sentido del humor. De su boca salían muchos dichos ingeniosos, que brindaban consejos inteligentes y sonrientes a sus seguidores, o críticas agudas sobre la situación que lo rodeaba y el mundo en general. Sin embargo, el ingenio de nuestra historia esconde un mensaje importante tanto para quien lo da como para quien lo recibe.

¿Por qué la dádiva parcial es más alegre? Porque es incompleta e ilustra vívidamente nuestras verdaderas limitaciones. “¿Quién es rico? Aquel que está contento con su porción” (Pirkei Avot). Es precisamente la porción la que trae alegría, ya que siempre permanece dentro del ámbito de la bondad inmerecida, una parte recibida de un todo mayor. Cuando el dador hace sentir al receptor que la bondad se da por sentada, que todas sus carencias serán suplidas sin ninguna limitación, puede embotar la sensibilidad del receptor a esta bondad. Esto puede llevar fácilmente de “¿Quién es rico? Aquel que está contento con su porción” a “El que ama el dinero no se saciará con el dinero”.

Cabe señalar que esto no siempre es algo negativo. Existe una historia sobre un hombre caritativo que se relacionaba con los pobres en su propia casa, luciendo exactamente como ellos. Comía, bebía y conversaba con ellos. Una vez, uno de los invitados, sin darse cuenta de que estaba hablando con el dueño de la casa, le preguntó: "¿Cuánto tiempo podemos quedarnos aquí?". El hombre respondió con naturalidad: "¡No lo sé! ¡Llevo aquí años y nadie me ha dicho una palabra!".

De hecho, es probable que la alegría de los invitados disminuyera con el paso de los años en una casa así, y tal vez comenzaron a surgir quejas y demandas de más, como es propio de la naturaleza humana. Sin embargo, la sensación de seguridad y comodidad que brindaba el dueño de la casa es igualmente necesaria, especialmente en el contexto de la carencia y la pobreza que enfrentaban los necesitados. La Guemará, de hecho, afirma: “‘Lo que le falte’ - no se te ordena que le enriquezcas”. El esfuerzo por hacer rico y feliz al receptor es un refinamiento especial que requiere la consideración de cada caso individual.

La historia del Rebe de Satmar es importante porque nos enseña a cultivar también la gratitud y la alegría por lo que hemos recibido. Esto puede verse como una interpretación del versículo: “Porque ustedes son el más pequeño de todos los pueblos” - los judíos, que minimizan sus demandas a Dios, están felices y agradecidos incluso - quizás especialmente - por lo poco que reciben.

 

 

 

 


Rebe Ielish de Satmar:

 DONDE HAY VOLUNTAD, HAY UN CAMINO

 

Rabí Ioel Teitelbaum de Satmar nació en 5648 (1888) siendo hijo de Rabí Janania Iom Tov Lipa, el Rebe de Sighet. Era conocido como "el prodigio de Sighet" por su ciudad natal, y estudió en la ieshivá de su padre allí. Su padre falleció el 29 de Shevat 5664 (1904). Apenas unos días antes de eso, Rabí Yoel se casó con Javá, hija de Rabí Avraham Jaim de Plantsch. La pareja tuvo tres hijas, todas las cuales fallecieron durante la vida de su padre sin descendencia. Después del fallecimiento de la Rebetzin, Rabi Ioel se casó con Alta Feiga, hija de Rabi Avigdor de Częstochowa, y luego se mudó a Satmar y comenzó a servir allí como Rebe.

Cuando miles de refugiados huyeron a Hungría del terror de los nazis, que su nombre sea borrado, el Rebe absorbió a muchos refugiados en su comunidad y los ayudó a obtener documentos y fondos. Con el creciente flujo de refugiados a principios de 5703 (1943), estableció un comité de rescate organizado para ayudar a los refugiados de guerra. Después de que el ejército nazi invadiera Hungría, Rabi Ielish, como se le conocía en yiddish, trató de escapar a Rumania, pero fue capturado y enviado al gueto de Klausenberg. Desde allí, fue trasladado en el tren Kastner y llegó a Suiza. Tras el Holocausto, emigró a los Estados Unidos y restableció la dinastía jasídica Satmar, que hoy en día es una de las comunidades más grandes e importantes de Estados Unidos.

Rabi Ielish era conocido como fanático intransigente y exigía distanciarse del secularismo, la ilustración y el sionismo en todos los sentidos. Sin embargo, cuando un judío necesitado acudía a él en busca de ayuda, lo ayudaba generosamente sin distinción entre jasidim, sionistas o judíos seculares. Falleció el 26 de Av 5739 (1979), y después de su fallecimiento, su sobrino, Rabí Moshé, ocupó su lugar.

Rabi Shmuel Broch, el Av Beit Din de la Congregación Afsei Aretz (que fue asistente del santo Rabi de Satmar, de bendita memoria) relató:

En el año 5704 (1944), el santo Rebe de Satmar estaba en la ciudad de Pest. Mi padre, de bendita memoria, que vivía en Halas, tenía muchas ganas de ir al santo Rabi, pero no tenía un documento de licencia del ejército. Mi madre, que en paz descanse, que también estaba en Pest, fue al santo Rabi y le dijo que su esposo quería venir, pero no tenía el documento de licencia del ejército. El santo Rebe le dijo: "Bueno, no debería venir”. Mi madre dijo que realmente quería venir, y el santo Rabi dijo: "Entonces debería venir". Mi padre lo hizo y vino con otra persona que tenía un documento de alta. Mi padre estaba con el santo rabino entre semana, pero para el Sagrado Shabat, el rabino viajaba a Újpest.

Mi padre tenía miedo de viajar a Újpest, así que antes de Shabat fue al santo Rabi con un kvittel (nota). El santo Rebe le preguntó por qué había venido ahora con un kvittel (ya que no quería regresar todavía). Dijo que quería viajar a Újpest y que tenía miedo. El santo Rabi tomó el kvittel en su mano y lo miró, y le dijo a mi padre: "¿Quizás no deberías viajar? Inmediatamente le dio su santa mano y le dijo: "¡Viaja en paz!" Mi padre hizo lo que dijo el santo Rabi, y fue con su amigo al ferrocarril para viajar a Újpest.

Mientras esperaban allí con su amigo, un oficial se les acercó y les pidió sus papeles. Su amigo, que tenía un papel de licencia, se lo dio inmediatamente, y mi padre también le mostró sus papeles. Pero, por supuesto, el oficial no estaba satisfecho con los papeles de mi padre. Le devolvió los papeles y le dijo que lo acompañara a la comisaría. Mi padre fue con él, y mientras caminaban, un hombre en una motocicleta pasó y rozó al oficial. El oficial le pidió que se acercara a él, pero el hombre ignoró sus palabras y continuó su camino. La ira del oficial estalló y corrió tras él, pero el hombre escapó.

Cuando mi padre vio esto, se escabulló y regresó al tren, que llegó exactamente en ese momento. Mi padre viajó a Újpest como si nada hubiera pasado, y luego entendió lo que el santo Rabi le había dicho primero: "Tal vez no deberías viajar", y luego le dijo: "Viaja en paz."

 

 Esta historia, y otras similares, muestran que la esencia es la voluntad, como dijeron los sabios: "Cualquiera que sea el camino que una persona desee seguir, allí será conducido".[1] Si una persona tiene un deseo verdadero y fuerte por algo, aunque pueda haber motivos razonables para negarlo, el tzadik tiene el poder de bendecir a la persona para que su voluntad se cumpla. La voluntad es el poder más fuerte del alma (como se refleja en las expresiones populares "Nada es tan fuerte como la voluntad" y "Nada se interpone en el camino de la voluntad"), y también es lo que conecta nuestros poderes conscientes con lo que está por encima de ellos – el nivel inconsciente del alma.

Dar más importancia a la voluntad que al intelecto puede parecer sorprendente, después de todo, estamos acostumbrados a que el intelecto sea el árbitro definitivo (al menos idealmente, cuando estamos libres de nuestros deseos y emociones más básicos). Pero todo esto es cierto cuando se trata de los poderes revelados del alma. Dentro del ámbito de la conciencia, el intelecto aparece como un juez equilibrado, lógico y objetivo y, por lo tanto, también se considera correcto. Pero el alma humana también tiene, como se ha mencionado, partes que son superiores al intelecto y que se expresan precisamente a través de la voluntad.

¿Por qué elegimos, por ejemplo, casarnos con una determinada persona y no con otra? ¿Dedicarse a un determinado trabajo o vivir en un lugar determinado? ¿Cuál es nuestra misión en el mundo? Por lo general, estas preguntas no tienen respuestas intelectuales claras. El intelecto tal vez pueda ayudar en estos asuntos, pero no puede tomar una decisión absoluta. Más bien, una persona siente que "¡esto es lo que quiero, y eso es todo!" Tengamos en cuenta que, en su mayor parte, estas cuestiones de voluntad son las más importantes y abarcan la mayoría de los ámbitos de nuestras vidas. ¿Por qué es así?

Esta pregunta tiene dos respuestas que, por un lado, son completamente opuestas y por otro lado, son la misma respuesta: La primera es que la esencia de nuestra alma se expresa en la voluntad. Queremos algo porque refleja exactamente quiénes somos, no por ninguna razón externa. La segunda respuesta es que, en la voluntad humana, se revela la voluntad divina que está por encima de toda consideración y voluntad humana, como dice el rey David en los Salmos: "Los pasos del hombre son establecidos por Di-s, y Él se deleita en su camino". Y así explica el Rebe Raiatz (en el discurso titulado, VeHinei Sulam 5708): "A primera vista, uno podría concluir lógicamente que el deseo de una persona de ir a un lugar determinado deriva de su propia voluntad inherente que lo atrae allí. Sin embargo, en verdad, la razón de este deseo es cumplir una intención interior y esencial, un decreto de la Providencia Divina. Porque, de hecho, en la mayoría de los casos, la intención [suprema] no se cumple simplemente con el propio viaje, sino [a través] de otros que van allí también..."

La voluntad humana, explica, sirve solo como un recipiente. Porque, ¿quién es el que arregló las cosas para que dos personas vinieran a un lugar, cada una por su propia voluntad, y así cumplieran la voluntad de Di-s? Sobre esto, el profeta dice: "¿Pueden dos caminar juntos si no se han puesto de acuerdo?" desde Arriba? El recipiente adecuado para esto es precisamente la voluntad, porque la voluntad no está completamente consciente y no se reviste de nuestros recipientes de conciencia, es posible que una voluntad más sublime, que está más allá del alcance de nuestro intelecto, la ilumine desde arriba. Así, queda claro que la esencia del alma judía no está en absoluto separada de la Divinidad, y cuando se quitan las vestimentas ocultas de la conciencia y se revela la voluntad Divina en todo su poder.

 

 



[1] Macot 10b.