BS"D
SUCOT
סֻכּוֹת
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CALENDARIO HEBREO: Sucot
LA ALEGRÍA DE LA TZEDAKÁ
Aunque tenemos publicaciones por venir, estamos incluyendo este breve texto en preparación para "el tiempo de nuestra alegría." En las enseñanzas del Arizal, la víspera de Sucot nos proporciona un tipo especial de alegría, el tema de este breve artículo, un extracto de Simjat Beit HaSho'eivah de 5773, parte del cual incluía una discusión en profundidad sobre los consejos del Rebe Najman de Breslov para alcanzar la alegría tomados de su Sefer HaMidot.
Rebe Najman y Alegría
El Rebe Najmán nos enseñó a nosotros y a todo el pueblo judío que, "Es una gran mitzvá estar siempre alegre"[1], mitzvá gdolá lihiot besimjá tamid (מִצְוָה גְּדוֹלָה לִהְיוֹת בְּשִׂמְחָה תָּמִיד), como el rey David, de quien Maimónides también aprende que la alegría es un ingrediente necesario para servir a Di-s durante Sucot.[2] El Rebe Najman también escribe que todo aquel que provenga del linaje de David tiende a llorar de tristeza, pero, al igual que el propio Todopoderoso, que aúna los opuestos de "audacia y alegría en Su morada"[3], oz vejedvá bimekomó (עֹז וְחֶדְוָה בִּמְקֹמוֹ)- "en sus aposentos más recónditos [Él llora], en los aposentos exteriores [Él muestra alegría]."[4] Siguiendo a los Sabios, el Rebe Najmán escribe que el llanto y la tristeza se deben a la gracia, jen (חֵן), que ha sido arrebatada al pueblo judío y debe serle devuelta. Este es un hilo conductor que atraviesa todas sus enseñanzas, comenzando con la primera enseñanza en el Likutei Moharán.
¿Cómo se merece estar alegre? El Rebe Najman ofrece muchos consejos anecdóticos en su libro, Sefer HaMidot. Podemos organizarlos según correspondan a las sefirot. El consejo que da y que pertenece a la sefirá de bondad (jesed) es dar tzedaká - caridad[5], al iedei tzedaká belev shalem ba lidei simjá (עַל יְדֵי צְדָקָה בְּלֵב שָׁלֵם בָּא לִידֵי שִׂמְחָה). Quien da caridad a los pobres merece alegría.
El Tania dice[6] que la tzedaká es el mandamiento prescriptivo inclusivo de la Torá, y que toda la Torá es tzedaká. El mandamiento de dar tzedaká se describe en el versículo: "Tu mandamiento es, sin duda, muy amplio."[7] Es la mitzvá que Di-s mismo realiza en cada momento, dando origen a toda la Creación, incluidas todas las criaturas. La creación es el mayor acto de bondad. Un judío que sostiene a otra persona la está trayendo, en cierto sentido, al ser, y no hay mayor alegría. El mundo se sostiene por la bondad.[8]
Ahora podemos entender mejor la afirmación del Arizal de que el día más auspicioso del año para dar tzedaká, para dar una gran cantidad de tzedaká, es la víspera de Sucot, la víspera de "la temporada de nuestra alegría." ¿Quieres sentir la alegría en el momento en que comienza la festividad, quieres bailar alegremente en Simjat Beit HaSho'eivá - las celebraciones nocturnas durante Sucot? Da una gran cantidad de tzedaká antes de que comience la festividad.
NOTAS AL PIE
[1] El valor de esta frase en hebreo es 7 veces 207, 7 veces "luz", or (אוֹר), o 63 por 23, el valor de "deleite", jedvá (חֶדְוָה). La frase completa consta de "deleite" (23) (חֶדְוָה), letras. 63 es el lleno del Nombre esencial de Di-s, Havaia (יוד הי ואו הי), que corresponde con la sefirá de entendimiento y el principio madre; la experiencia interior de entendimiento es la alegría.
[2] Hiljot Lulav 8:12.
[3] 1 Crónicas 16:27.
[4] Jaguigá 5b.
[5] Sefer HaMidot, Simjá, 1:4.
[6] Cap. 37.
[7] Salmos 119:96.
[8] Ibid. 89:3.
MERCADO DE SUCOT Y LAS 4 ESPECIES
COMPLETO
Rabino Jaim Frim
🌿 LAS CUATRO ESPECIES: LA ALEGRÍA DE ESTAR UNIDOS
Sucot es llamado Zman Simjateinu — זמן שמחתנו, “el tiempo de nuestra alegría”. Y justamente en esta festividad Hashem nos entrega una mitzvá muy particular: tomar cuatro especies completamente diferentes y convertirlas en una sola unidad.
Nuestros Sabios explican que las Arbaat HaMinim representan diferentes tipos de judíos. El etrog, con sabor y aroma, simboliza a quien posee Torá y buenas acciones; el lulav, cuyo fruto tiene sabor pero no aroma, a quien posee Torá; el hadás, con aroma pero sin sabor, a quien se distingue por sus buenas acciones; y la aravá, sin sabor ni aroma, a quien aparentemente carece de ambos.
Pero hay algo sorprendente: ninguna de ellas puede reemplazar a la otra. Podemos encontrar el etrog más hermoso del mercado, pero sin la sencilla aravá la mitzvá está incompleta.
Aquí comienza la alegría de Sucot.
Durante Rosh Hashaná y Iom Kipur estuvimos mirando hacia nuestro interior: hicimos balance, teshuvá, confesamos nuestras faltas y buscamos acercarnos a Hashem. En Sucot salimos de esa introspección y descubrimos algo nuevo: no estamos solos. Tomamos al otro y lo acercamos a nosotros.
La alegría más profunda no nace de ser perfectos, sino de descubrir que juntos formamos algo que ninguno podría formar por separado.
Por eso las especies no solamente están una al lado de la otra: las sostenemos juntas con nuestras manos. El etrog no le pregunta a la aravá por qué no tiene aroma; el hadás no compite con el lulav. Cada uno aporta aquello que recibió de Hashem.
Y entonces las agitamos hacia todas las direcciones, como proclamando: Hashem está aquí, allí, arriba, abajo y en cada aspecto de nuestra vida. Pero para proclamar esa unidad de Hashem, primero debemos revelar la unidad entre nosotros.
Hay aquí una enseñanza jasídica muy bella: la alegría rompe las barreras — שמחה פורצת גדר, simjá poretzet gueder. Cuando estamos encerrados en nosotros mismos vemos diferencias, defectos y categorías. Cuando aparece una verdadera simjá, las paredes caen y podemos abrazar al otro tal como es.
Quizás este sea uno de los secretos de Zman Simjateinu: después de pedir en Iom Kipur que Hashem nos acepte a cada uno, en Sucot descubrimos que Él quiere encontrarnos juntos.
El etrog es hermoso, el lulav es elevado, el hadás perfuma y la aravá es sencilla; pero la verdadera belleza aparece cuando los cuatro se convierten en uno.
Y lo mismo ocurre con Am Israel: nuestra mayor alegría comienza cuando dejamos de buscar quién es más perfecto y descubrimos cuánto necesitamos unos de otros.
PARTE 1 🌿 SUCOT: LA BÚSQUEDA DE LA PERFECCIÓN
Rabino Jaim Frim
https://youtube.com/shorts/Cy9WBviEmS0
En vísperas de Sucot, el mercado de las Arbaat HaMinim — las Cuatro Especies se convierte en algo extraordinario. Uno toma un etrog, lo gira hacia la luz, busca una pequeña mancha; otro examina cada hoja del hadás; otro levanta el lulav para comprobar que sea recto. De repente, todos nos convertimos en expertos en detalles.
Pero quizás ese mercado sea también un espejo del alma. Durante todo el año aprendemos a convivir con nuestros defectos; en Sucot, después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, Hashem despierta en nosotros el deseo de buscar belleza y perfección.
Y hay algo todavía más profundo: las cuatro especies son muy diferentes, pero la mitzvá sólo está completa cuando las unimos y las sostenemos juntas. La perfección no significa que todos seamos iguales ni que ninguno tenga defectos. Significa descubrir cómo cada uno, precisamente con sus cualidades particulares, puede formar parte de una unidad.
Buscamos el etrog más hermoso, el lulav más recto, el hadás más completo y la aravá adecuada. Pero mientras los buscamos, Hashem parece preguntarnos:
¿Con el mismo cuidado buscas también lo hermoso que hay en el otro?
Quizás esa sea una de las preparaciones más bellas para Zman Simjateinu, el tiempo de nuestra alegría: buscar la perfección, pero aprender a encontrarla cuando nos unimos.
MERCADO DE SUCOT Y LAS 4 ESPECIES
PARTE 2: 🍋 EL ETROG: LA BELLEZA QUE NACE DESDE ADENTRO
Rabino Jaim Frim
https://youtube.com/shorts/DbLdZQvHjCo
En el mercado de las Cuatro Especies ocurre algo curioso: podemos pasar mucho tiempo buscando el etrog perfecto. Lo tomamos en la mano, lo giramos, observamos su forma, su color, cada pequeña marca. Queremos cumplir la mitzvá con hidur, con la mayor belleza posible.
Pero el etrog tiene una enseñanza especial. Nuestros Sabios lo identifican con el «fruto de un árbol hermoso — פרי עץ הדר, pri etz hadar». Hadar significa belleza, esplendor. Sin embargo, la verdadera belleza que buscamos en estos días no es solamente la que se ve por fuera.
Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando hemos revisado nuestra vida y hecho teshuvá, llega Sucot y Hashem nos dice: ahora toma todo lo que eres y conviértelo en algo bello.
El etrog representa, según nuestros Sabios, al corazón. Y entonces la búsqueda en el mercado adquiere otro significado: mientras revisamos cuidadosamente el etrog buscando que esté entero y hermoso, también podemos preguntarnos: ¿cómo está mi corazón? ¿Está entero? ¿A quién necesito perdonar? ¿A quién necesito acercarme? ¿Dónde puedo agregar un poco más de amor a Hashem y al prójimo?
No existe una persona sin marcas. Incluso un hermoso etrog posee sus pequeñas irregularidades naturales. La perfección espiritual no consiste en no haber tenido nunca una marca, sino en llegar a Sucot después de la teshuvá con un corazón entero, refinado y dispuesto a servir a Hashem con alegría.
Quizás por eso sostenemos el etrog tan cerca del corazón: para recordar que el hidur mitzvá más profundo es hacer de nuestro propio corazón un etrog hermoso para Hashem.
PARTE 3, 🌿EL LULAV: CRECER DERECHO Y HACIA LO ALTO
https://youtube.com/shorts/MqKh9ZLLcLk
Rabino Jaim Frim
En el mercado de las Cuatro Especies buscamos un lulav hermoso, recto, firme, con sus hojas unidas y su parte superior íntegra. Lo miramos desde todos los ángulos, buscando que no tenga defectos.
Pero quizás el lulav también nos está mirando a nosotros.
El lulav proviene de la palmera datilera, un árbol que crece alto y derecho. Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, Sucot nos enseña que la teshuvá no termina con el arrepentimiento: ahora hay que crecer. Elevarse un poco más que ayer, sin desviarse del camino.
Nuestros Sabios comparan el lulav con la columna vertebral. La columna mantiene al hombre erguido; el lulav nos pregunta cuál es nuestro eje interior. Podemos inclinarnos ante Hashem con humildad, pero debemos caminar por el mundo con una columna espiritual firme, fieles a la Torá y a nuestra misión.
Y hay algo todavía más bello: sus hojas son muchas, pero permanecen unidas alrededor de un mismo eje. También nosotros tenemos muchos pensamientos, deseos, preocupaciones y proyectos. Sucot nos invita a reunirlos y orientarlos hacia una sola dirección: Hashem.
Cuando levantamos el lulav y lo movemos hacia todas las direcciones, proclamamos que no existe lugar separado de Él: arriba y abajo, derecha e izquierda, adelante y atrás, «מלוא כל הארץ כבודו — toda la tierra está llena de Su gloria».
Quizás el lulav perfecto no sea solamente el que encontramos después de buscar mucho en el mercado. Es también el que despierta dentro nuestro el deseo de crecer derechos, permanecer unidos y elevar toda nuestra vida hacia Hashem.
PARTE 4 🌿 EL HADÁS: EL PERFUME DE UNA VIDA BUENA
https://youtube.com/shorts/WG3NAhE6LQc
En el mercado de las Cuatro Especies tomamos el hadás — mirto y lo observamos con atención. Buscamos que sea bello, fresco, que sus hojas estén ordenadas y que crezcan armoniosamente alrededor del tallo. Pero el hadás nos invita a mirar algo más profundo que su apariencia.
Nuestros Sabios señalan que el hadás tiene buen aroma pero no tiene sabor. Representa a quien posee buenas acciones, aunque todavía le falte profundizar en el estudio de la Torá. Hay personas cuya grandeza se percibe como un perfume: no necesitan hablar demasiado; sus actos dejan una fragancia a su alrededor.
Además, las hojas del hadás recuerdan la forma de los ojos. Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, Sucot nos pregunta: ¿cómo miramos al otro? ¿Buscamos sus defectos con la misma precisión con la que examinamos un hadás en el mercado, o sabemos descubrir su belleza interior?
Quizás aquí esté la paradoja de Sucot: buscamos cuidadosamente una especie perfecta para aprender que no debemos exigir perfección a las personas.
El verdadero hadás es aprender a mirar con ain tová — עין טובה, un buen ojo. Ver la virtud que se esconde detrás de las imperfecciones y procurar que nuestros propios actos desprendan un buen aroma.
Porque hay palabras que se olvidan, pero una buena acción puede dejar su fragancia en el alma de otra persona durante toda la vida.
PARTE 5 🌿 LA ARAVÁ: CUANDO NO TENGO NADA QUE MOSTRAR
https://youtube.com/shorts/zVVXxXRoABk
En el mercado de las Cuatro Especies, la aravá — ערבה, sauce parece la más sencilla. No tiene el sabor del etrog ni el aroma del hadás. Según nuestros Sabios, representa al judío que aparentemente no tiene ni Torá ni buenas acciones.
Y, sin embargo, sin la aravá no podemos cumplir la mitzvá de las Cuatro Especies.
Aquí se esconde una enseñanza profunda de Sucot: hay momentos en que una persona siente que no tiene nada para ofrecer. No comprende como quisiera, no logra rezar como quisiera, no encuentra grandes méritos en sí misma. Se siente como una aravá: sin sabor y sin perfume.
Pero Hashem le dice: también a ti te quiero dentro del ramo.
La aravá nos enseña que nuestra unión con Hashem no comienza por nuestras virtudes. Existe un vínculo más profundo que nuestros logros: el hecho mismo de ser parte de Su pueblo.
Y por eso tomamos juntos etrog, lulav, hadás y aravot. No buscamos una comunidad formada solamente por “etrogim perfectos”. La verdadera perfección aparece cuando comprendemos que ningún judío está completo sin el otro.
Quizás por eso, precisamente la humilde aravá nos enseña uno de los secretos más hermosos de Sucot: cuando estamos unidos, incluso quien cree no tener nada descubre que es imprescindible.
PARTE 6. 🌿 LAS CUATRO ESPECIES EN LA SUCÁ: DIFERENTES, PERO UNA SOLA MITZVÁ
Rabino Jaim Frim
https://www.youtube.com/shorts/mRmMQ9XI9Z8?feature=share
Entramos en la sucá, una vivienda frágil, y allí tomamos las Arbaat HaMinim — ארבעת המינים, las Cuatro Especies. Cada una es diferente: el etrog tiene sabor y aroma; el lulav tiene sabor pero no aroma; el hadás tiene aroma pero no sabor; y la aravá no tiene ni sabor ni aroma.
Nuestros Sabios ven en ellas cuatro clases de judíos, con distintas cualidades. Pero Hashem no nos pide elegir solamente al etrog. Nos ordena tomarlos a todos y unirlos.
Y esto sucede precisamente dentro de la sucá.
La sucá nos envuelve a todos por igual. Allí no importa quién sabe más, quién posee más méritos o quién parece más perfecto. Todos estamos bajo el mismo sejaj, abrazados por una misma mitzvá. En Jasidut, la sucá expresa una luz envolvente — Or Makif, una luz divina tan elevada que puede rodearnos y unirnos a todos.
Entonces ocurre algo maravilloso: la sucá nos une desde afuera y las Cuatro Especies nos unen desde adentro.
Tomamos al etrog-corazón, al lulav-columna vertebral, al hadás-ojos y a la aravá-labios, y dirigimos todo nuestro ser hacia Hashem. Después los movemos hacia las distintas direcciones, proclamando que Hashem está en todas partes y que no existe ningún lugar separado de Él.
Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur podríamos pensar que la perfección consiste en convertirnos todos en “etrogim perfectos”. Sucot nos revela algo más profundo: la verdadera perfección no está en ser todos iguales, sino en permanecer diferentes y saber unirnos.
Por eso Sucot es Zman Simjateinu — el tiempo de nuestra alegría. La alegría más profunda comienza cuando dejamos de preguntarnos quién es mejor y descubrimos que Hashem necesita las cuatro especies para formar una sola mitzvá, y a todos nosotros para formar un solo pueblo.
Historias de tzadikim y maestros espirituales
El Rebe Moharash: CÓMO ACONSEJAR
Rabi Shmuel Schneersohn, el Rebe Moharash, fue el cuarto Rebe de la dinastía Jabad-Lubavitch. Nació el 2 de Iyar de 5594 (1834), siendo hijo del Tzemaj Tzedek, y de la Rebetzin Jaia Mushka. Recibió su nombre del tzadik oculto, rabi Shmuel el Aguador de Plotsk. Aunque era el hijo menor, continuó el liderazgo de su padre en Lubavitch, mientras que la mayoría de sus hermanos dirigían sedes jasídicas en otras ciudades. Se casó con su sobrina Sterna Schneersohn, y tras su fallecimiento se casó con su prima, la Rebetzin Rivká. Trabajó mucho en favor del judaísmo ruso y del pueblo judío en general, estableciendo asentamientos judíos e intercediendo ante las autoridades.
Acuñó la famosa expresión jasídica "Lejatjila Ariber", que significa "Desde el principio, ve por encima." Lo explicó de la siguiente manera: "El mundo piensa que, cuando uno no puede pasar por debajo de un obstáculo, debe para por encima de él. Pero sostengo, que, desde el principio, hay que pasar por encima de él. Desde el principio uno debe actuar con todas sus fuerzas, sin dejarse intimidar por nada, y hacer lo que deba hacerse. Y cuando uno comienza así, el Santo Bendito le ayuda." El Rebe Maharash fue conocido por comportarse con gran generosidad y abundancia. Partió de este mundo el 13 de Tishrei de 5643 (1882), a los 48 años, y fue enterrado en Lubavitch en el ohel de su padre, el Tzemaj Tzedek. Su hijo, Rabi Shalom DovBer, le sucedió en el liderazgo.
El líder y referente jasídico, Rabi Dovid Tzvi Jen, rabi de Chernigov, visitó una vez al Rebe Moharash en Lubavitch, como era su costumbre. Había llegado tarde a su audiencia privada, así que fue a la sala contigua a la cámara del Rebe y esperó allí a que el Rebe pasara, con la intención de preguntarle qué hacer, ya que estaba obligado a viajar a casa. En ese momento, el asistente del Rebe entró en aquella sala para reemplazar la ropa de lino al Rebe tras la audiencia privada anterior, ya que durante las sesiones las prendas quedaban empapadas de sudor. El asistente le dijo a rabi David Tzvi: "¿Quizá sabes por qué suda tanto ahí dentro cuando da una audiencia privada? Hoy, aunque las sesiones duraron solo una hora en total, ¡sudó mucho!" Rabi David Tzvi guardó silencio. El asistente repitió: "¿Qué es, en aras del Cielo, lo que le hace transpirar tanto ahí dentro?"
En ese momento, la puerta de la cámara del Rebe se abrió, y el Rebe se volvió hacia su asistente y dijo: "Desde hoy en adelante quedas destituido de tu cargo. No se te descontará ni un céntimo de tu salario. Vete a casa, y cada semana enviaré tu salario a tu casa."
Luego añadió: "No puedes entender por qué sudo. Durante esa hora, veinticinco personas vinieron a mí para una audiencia privada. Para dar a cada persona el consejo adecuado, debo sentir su angustia exactamente como él mismo la siente. Debo despojarme de mis propias "prendas" y vestirme con las suyas. Y cuando luego tengo que darle un consejo, no puedo hacerlo mientras sigo llevando puestas sus ropas, del mismo modo que él mismo no puede aconsejar a su propia alma desde dentro de su situación; por eso debo volver a quitarme sus ropas y volver a vestirme con las mías. Así pues, por cada persona que viene a solicitar una audiencia privada, tengo que desvestirme y vestirme dos veces. Ahora piensa en esto: si en el transcurso de una hora una persona tiene que desvestirse y vestirse cincuenta veces, ¿es posible hacerlo esto sin sudar?
La profunda preocupación del Maharash por sus jasidim está ligada al hecho de que el Rebe Maharash pertenece a la sefirá de belleza (tiferet). Una de las señales de esta conexión es que nació en el día que es "belleza en la belleza" (tiferet shebetiferet) en la Cuenta del Omer. Su día de fallecimiento es el 13 de Tishrei, que según el sagrado Ari también está relacionado con esta sefirá, ya que los cuatro días entre Iom Kipur y Sucot corresponden a las letras del Nombre esencial de Di-s, Havaia, siendo el 13 de Tishrei la letra vav de Havaia y representando la sefirá de belleza.
Entre las facultades del alma, la experiencia interior de "belleza" es atributo de compasión (rajamim). Más que cualquier otra cualidad, la compasión se caracteriza por una percepción profunda de la situación de quien la recibe y por un genuino entendimiento de su posición, y es a partir de este entendimiento de donde fluye la generosidad hacia él. Otra historia sobre audiencias privadas describe una conversación entre el Moharash y su padre, el Rebe Tzemaj Tzedek:
El Tzemaj Tzedek, como todo Rebe, tenía horarios fijos para audiencias privadas. Era una labor inmensamente exigente, y en una ocasión, al término de una larga noche dedicada a recibir personas en privado, se sinceró ante su hijo, el Moharash, que se encontraba en su habitación en ese momento: "¿Por qué necesito esto? ¿No sería más sencillo y mejor si escribiera discursos jasídicos y los difundiera, y cada persona encontrara descanso para su alma en las palabras vivientes de Di-s?"
El Moharash, que entonces era un joven, respondió de inmediato. Se dirigió a la estantería, corrió la cortina que cubría los estantes, señaló un estante concreto que contenía decenas de manuscritos jasídicos escritos a mano por su padre, y le preguntó si podría haber escrito tales obras de no haber recibido a personas para consulta privada. Su padre reconoció inmediatamente que no habría podido.
El Tzemaj Tzedek tuvo varios hijos que sirvieron como rebes, pero eligió a su hijo menor para continuar su liderazgo en Lubavitch. Antes de su fallecimiento, el Tzemaj Tzedek recitó a su hijo el versículo de Job: "Uno está tan cerca de otro que no puede haber aire entre ellos" (Job 41:8). El Moharash no entendió lo que su padre quiso decir. Solo después de que el propio Moharash falleciera las personas pudieron entenderlo. El valor de "uno", ejad (אֶחָד) es 13.
Así que "uno está tan cerca de uno" se refiere a trece y trece, el 13 de Nisán - la fecha en que falleció el padre, el Tzemaj Tzedek - y el 13 de Tishrei, la fecha en que el hijo, el Rebe Moharash, falleció. El profundo vínculo entre ellos permitió al Moharash penetrar en la profundidad de la mente de su padre y poner en paz su mente respecto a las dificultades de relacionarse con sus jasidim y vestirse con sus vestimentas durante sus audiencias privadas.
La relación entre el Moharash y su padre se asemeja a la relación entre las sefirot de conocimiento (da'at) y belleza (tiferet); el conocimiento se considera el alma de la belleza. Lo que esto significa es que el Tzemaj Tzedek se inclina por una forma más "espiritual" y abstracta de identificarse con sus jasidim, del mismo modo que la sefirá de conocimiento se considera parte de las sefirot intelectuales. Aunque incluye la emoción y la capacidad de identificación del alma (tanto del yo como de la empatía hacia los demás), sigue siendo, en relación con belleza - el centro de todas las sefirot emotivas - abstracta y conceptual. El Moharash, en cambio, aspira a ser un Rebe que llegue a sus jasidim y se encuentre verdaderamente con ellos, un encuentro de la parte singular del alma, la iejidá, con la singular del otra alma, en una identificación total entre las almas.
El Tzemaj Tzedek una vez se comparó a sí mismo con un sombrerero. Un sombrerero coloca sombreros de distintos tamaños en su tienda sin tener en mente a ningún cliente en particular. Así mismo, un rebe escribe variados ensayos jasídicos sin pensarlos para ninguna persona concreta. La gente entonces viene, estudia los discursos y elige aquel que ha tocado su corazón; en cierto sentido, encuentran el sombrero que les queda bien.
Pero el Moharash insiste en demostrar que toda la riqueza del Jasidut de su padre proviene de los encuentros directos que tiene con los jasidim, y no de influir en ellos desde la distancia. El agotador encuentro personal refina los recipientes de la mente y el corazón, y es de ese refinamiento de donde merece revelar y entender los profundos misterios de la Torá.
Otra historia bien conocida relata que el año 5608 (1848) se consideró un momento auspicioso para la llegada de Mashíaj. Pero, cuando pasó el año y Mashíaj no llegó, el Tzemaj Tzedek le dijo a su hijo que, de hecho, la llegada de Mashíaj había ocurrido ese año, pues ese fue el año en que se imprimió Likutei Torá, una antología seminal de los ensayos del Alter Rebe. El Moharash respondió que ese no era el Mashíaj que esperaban. La sefirá de belleza no está dispuesta a transigir en materia de compasión cuando el asunto llega de verdad al corazón del otro, ni está dispuesta tampoco a ceder en lo que respecta al Mashíaj - debe ser un ser humano de carne y hueso que redimirá compasivamente.
EL CALENDARIO HEBREO: Simjat Beit HaShoeiva
EL PODER DE LA VISTA EN SUCOT
El ushpiz universal (invitado espiritual) de Klal Israel hoy, según la orden de las sefirot, es Aharon. Está escrito que todo Sucot en esencia está conectado con Aharon, porque todo Sucot es un recuerdo de las Nubes de Gloria que Di-s ubicó sobre y alrededor de nosotros durante nuestros años en el desierto. Debemos recordar esto desde la primera mitzvá de la festividad, el primer día - "para que vuestras generaciones sepan que hice que los Hijos de Israel moraran en Sucot", etc.
Las sucot en las que nos sentamos son las Nubes de la Gloria, en mérito de Aharon, y debemos recordarlo desde el primer momento en que comienza la festividad - toda la festividad es en su mérito. Sucá también es un término relacionado con "Iskah", un término para "ver" - a través de Ru'aj HaKodesh (Espíritu de Santidad); por eso en Simjat Beit HaSho'eiva, el pueblo merecería recibir Ru'aj HaKodesh - "debes extraer agua con alegría de los manantiales de la salvación."
Las libaciones del resto del año son todas de vino y, por tanto, corresponden a nuestro sentido del oído (pues el vino está relacionado con la sefirá de entendimiento, y el entendimiento se corresponde con nuestro sentido del oído, "He oído, Di-s, de Tu renombre, y temí"), pero en Sucot traemos una libación especial de agua. El agua corresponde a la sabiduría, que es la vista - por eso en esta festividad vemos la Divinidad. Durante todo el año solo podemos tener un conocimiento de segunda mano (rumores, en cierto sentido) de la esencia de Di-s, pero en Sucot podemos potencialmente captar la esencia directamente (es como verlo).
Esto también se refiere a Aharón, a quien se le ordena encender, que en hebreo significa "elevar" las llamas de la Menorá del Templo, cada una de las cuales corresponde a una de las raíces del alma del pueblo judío. Hoy diríamos que Aharon ilumina cualquier estancia en la que entre. Cuando todas las almas en una habitación están iluminadas, se puede ver la esencia de Di-s. Como dijo el Ba'al Shem Tov, añade luz a la habitación. Cuando hay luz, se ve el "rostro del Cohen", maré cohen (מַרְאֵה כֹּהֵן), un término cuyo valor numérico es idéntico a "Providencia Divina", hashgajá (הַשְׁגָּחָה).
Primero, esto significa ver la Providencia individual en todos los aspectos de la realidad. Cada vez se ve más la Providencia. La analogía para esto es que, así como añadir un penique (perutah en hebreo, que también significa "un detalle") a un penique produce una gran suma al final, así debemos empezar por recoger la Providencia Divina que vemos en cada detalle de la vida y en cada alma individual, hasta descubrir la Providencia esencial subyacente con la que Di-s gobierna todo. Esta es la directiva fundamental dada por el Rebe Najmán y por todos los demás tzadikim. Aunque vea la Providencia individualizada en cada detalle, en la vida de cada alma, eso no significa que perciba la piedad con mis sentidos, pero todo ello conforma una gran suma.
El resultado final es que se ve la verdadera divinidad, pero para eso se necesitan muchos peniques, muchos detalles, muchos pequeños ejemplos de Providencia. De cada pequeño ejemplo de Providencia se escribe que "cada céntimo suma una gran suma." Hasta ahora he oído - "He oído hablar de Tu renombre" - he oído que existe el Santo Bendito sea que realiza milagros, pero uno debe verlo con los propios ojos; no basta con escucharlo. La alegría en "el tiempo de nuestra alegría" proviene del hecho de que por fin merezco ver a Di-s ahora, en la festividad de Sucot.
Como dijimos, esto está especialmente relacionado con Aharon (אַהֲרֹן), cuyas letras del nombre forman "es visto", niré (נִרְאֶה), aludiendo al versículo, "porque Contigo está la fuente de la vida; en Tu luz vemos la luz," "porque Tú, Señor, eres visto." Que merezcamos ver la divinidad con nuestros sentidos. De hecho, los sabios asocian la alegría y la visión en su afirmación sobre Sucot: "Quien no vio Simjat Beit HaSho'eiva nunca vio la alegría en su vida" - hay que ver la alegría.
En la nomenclatura cabalística, la alegría es la experiencia interior de Ima, el principio madre que es la sefirá madura de entendimiento. Ver la alegría es unir a Aba, el principio padre y la sefirá de sabiduría con Ima.
EL CALENDARIO HEBREO: Simjat Beit HaShoeiva
EL GAÓN DE VILNA Y EL REBE NAJMÁN DE BRESLOV
El Rav enseñó "Ein KeElokeinu" del Heilige Yid
Hoy (19 de Tishrei) es el iahrzeit (el día de la muerte) del Heilige Yid (Rebe Iaacov Itzjak de Peshisja), por eso acabamos de tocar su nigun.
En general, está escrito que Moshe Rabeinu sabía tocar las melodías de todas las almas - esta es una de las cualidades especiales de Moshe Rabeinu - y dado que él es el primer redentor y el redentor final, Mashíaj también debe saber tocar las melodías de todas las almas, empezando por todas las almas generales, todos los tzadikim que defendieron al pueblo judío. Por tanto, hay que familiarizarse con todo tipo de melodía cuya raíz está en la santidad; cada judío tiene una raíz en algún lugar, y esta melodía es verdaderamente especial y original, de las melodías de los tzadikim, discípulos de Ba'al Shem Tov. El Heilige Yid fue el discípulo más destacado del Joize de Lublin y el rebe más destacado de Rebe Simjá Bunim, el rebe de Kotzk y del Jidushei HaRim - de quienes provienen Kotzk, Vorki y Ger, todos de él; se trata de una raíz muy importante dentro del pueblo judío.
Hoy también es el iahrzeit del Gaón de Vilna. Entre los ushpizin jasídicos (huéspedes espirituales de nuestra Sucá), hoy es el Tzemaj Tzedek, por lo que es apropiado contar una historia del Tzemaj Tzedek conectada con el Gaón de Vilna. Una vez, un rabino importante - uno de los grandes maestros de las enseñanzas reveladas de Jabad – se presentó ante el Tzemaj Tzedek y le pidió que revisara un volumen de responsa o halajá que había redactado, con la esperanza, de quizá obtener una aprobación, o al menos una bendición verbal. Cuando entró, el Tzemaj Tzedek no tuvo tiempo de leer todo el libro, así que señaló los pasajes en donde el autor discrepaba del Gaón de Vilna y le pidió al Tzemaj Tzedek su opinión y bendición. Cuando se fue, los hijos del Tzemaj Tzedek entraron en la habitación y vieron que el Rebe lloraba, y le preguntaron qué pasó, por qué lloraba, y él dijo: Lloro porque ese hombre - que es un jasid importante y un gran rabino - pensó que encontraría favor a mis ojos por no estar de acuerdo con el Gaón de Vilna. El Gaón de Vilna – él lo llamaba "el jasid", según recuerdo - solo durmió dos horas de cada veinticuatro y estaba completamente dedicado con la Torá, así que me entristece que la gente piensa que encontrarían favor a mis ojos por ser capaz de refutar al Gaón de Vilna.
Ayer, día 18 de Tishrei, fue el iarhzeit del Rebe Najman – es sabido que hay muchas similitudes entre él y el Gaón de Vilna. Una de las más llamativas es que ambos escribieron extensos análisis de las historias de Raba bar Bar Jana en el Talmud, y muchas otras cosas importantes similares. Creo que hubo una clase sobre esto, sobre la conexión interna existente entre ellos, sobre su compromiso con la Torá en la forma en que la estudiaban. Jilik Frank (el clarinetista) nos cuenta que la mayoría de los jasidim de Breslov de Jerusalén actuales descienden originalmente de los "Prushim", de los discípulos del Gaón de Vilna; cabe destacar que, fueron precisamente, los discípulos del Gaón de Vilna quienes se convirtieron en jasidim Breslov.
CALENDARIO HEBREO: Sucot
QUÉ ELEGIR: ¿UN ETROG GRANDE O UNO PEQUEÑO?
En cuanto al etrog, es conocido que el Rebe de Lubavitch solía ser mehader a la hora de elegir un etrog grande, uno realmente grande - esto fue una innovación, una innovación propia del Rebe. Hoy también hay muchos jasidim que quieren hacer lo que hizo el Rebe, por lo que hacen grandes esfuerzos para buscar un etrog grande, pero un etrog grande conlleva un pequeño problema. En el caso del Rebe, seguramente eligieron un etrog grande que estaba cien por cien limpio, pero en general un etrog grande no es cien por cien limpio.
Así pues, se plantea la cuestión del hidur [embellecimiento de la mitzvá] - de hecho, hoy en día se dan diferentes opiniones entre los rabinos de Jabad - si es preferible tener un etrog más pequeño y limpio, o uno muy grande que no esté cien por cien limpio. Hay rabinos que dicen que uno grande y sucio es mejor que uno pequeño y limpio, pero la lógica sencilla parecería ser: si el pequeño cumple la medida requerida y está limpio, parecería ser más hadar [selecto y esplendoroso] que uno grande que no está al cien por cien limpio (por supuesto, aquí no nos referimos a una imperfección o imperfecciones que invalidarían al etrog, sino más bien a manchas que no lo invalidan).
El Etrog y lo femenino
Dado que el etrog representa la sefirá de reinado y eso es lo femenino y la mujer (más específicamente, está relacionado con la "revelación de la corona" de Ze'er Anpin, la revelación de la futura novia), un etrog grande es como una "gran mujer". La frase "una gran mujer"[1] aparece en el Tanaj exactamente una vez - es decir, el gran etrog. ¿Quién es esta gran mujer? Las escrituras describen a la mujer de Shunam que construyó una habitación en el ático para Elisha el profeta y colocó allí una cama, una mesa, una silla y una menorá, proporcionándole así las cuatro rectificaciones que corresponden a los cuatro mundos.
[Aquí hay un discurso extraordinariamente maravilloso del Rebe Rashab sobre este versículo y esta historia de la gran mujer que hizo una habitación en lo alto para Elisha el profeta con una cama, una mesa, una silla y una menorá. La historia detrás del discurso sobre "mesa, cama, silla y menorá" es que el Rebe Rashab convocó en una ocasión a varias personas especiales, entre ellas Reb Shmuel Gronem, y pronunció el discurso ante ellas. Posteriormente, Reb Shmuel Gronem dijo que nunca había escuchado un discurso semejante en su vida, y que, no obstante, estaba dispuesto a renunciar a ello - es decir, que él mismo no escucharía el discurso, sino que los demás estudiantes lo escucharían - pero ellos no tuvieron el mérito de escucharlo, y así ha quedado hasta el día de hoy. ¡Lejaim, Lejaim!]
Volviendo a la mujer de Shunam, después ella merece, a través del profeta Elisha, ser bendecida con un hijo, y este hijo - según los sabios, como se explica extensamente en los escritos del Arizal - es el profeta Habakuk, [Javakuk (חֲבַקּוּק)]. Este hijo muere repentinamente y Elisha lo revive realizando una resurrección de los muertos.
Elisha fue discípulo de Elías. Elías también resucitó a un niño que había muerto, hijo de la mujer de Tzarfat. Este niño se convirtió en el profeta Ioná. Habakuk está así conectado con Sucot, su madre es la gran mujer, y Jonás (Ioná) está conectado con Iom Kipur, ya que leemos su libro la tarde de Iom Kipur. Pero Jonás también está conectado con Sucot porque recibió su profecía a través de Simjat Beit HaSho'eiva. La lección para nosotros es que desde Iom Kipur uno llega a Simjat Beit HaSho'eiva para alcanzar la visión mediante inspiración divina.
Habakuk está relacionado con Sucot por otra razón. Está dicho que Sucot es aludido en las palabras, "y Su mano derecha me abraza",[2] y Habakuk proviene de la misma raíz que "abrazar". Todo esto proporciona una importante alusión para tomar un gran etrog en Sucot.
Leá y Rajel: Lo grande y lo pequeño femenino
Una vez más, tomar un etrog grande nos proporciona un hidur [embellecimiento de la mitzvá] en cuanto a tamaño, pero en la mayoría de los casos compromete el hidur de la limpieza. Pero con un etrog pequeño, "una pequeña mujer", no hay un hidur de tamaño, pero el hidur de limpieza es mucho más común.
Ya sabemos que aquí hay una "gran mujer" en las Escrituras, pero ¿existe una "mujer pequeña"? La expresión "mujer pequeña" no aparece en el Tanaj, pero sí sugiere la diferencia entre Leá y Rajel. La Torá escribe sobre ellas que, "el nombre de la mayor era Leá, y el nombre de la más pequeña era Rajel." [3] Entre las dos, ¿quién se describe como limpia, hermosa en todos los aspectos, de quien se podría decir, "no hay defecto alguno en ti"? Esta es Rajel. Rajel es alabada por la perfección de su belleza - es la más pequeña, pero está limpia. La verdadera pregunta es cuál es más hadar. El Rebe de Lubavitch, que es el tzadik de "Beit Rabeinu SheBeBavel” - para quien Leá es el partzuf femenino principal -, considera que el objetivo primordial es embellecer el etrog escogiendo uno grande.
Aun así, debemos preguntarnos en general: ¿cuál es mejor - un etrog grande e impuro, o uno pequeño y limpio? Para entender mejor esta cuestión, necesitamos mirar sus raíces espirituales. Espiritualmente, esta es la cuestión de la relación entre Leá y Rajel.
Tanto Leá como Rajel, cada una tiene su propia virtud. Leá representa el pensamiento, que se conoce como el Mundo oculto (en contraposición con el habla, que es el Mundo revelado, es decir, expresamos nuestros pensamientos a través del habla). Dado que Leá es superior a Rajel, podría haber pensado que, por su propia naturaleza, debería ser más limpia, pura, ya que cuanto más bajo es algo, más sucio es, ya que está más cerca de las cáscaras de impureza. Y no solo eso, sino que Rajel representa el aspecto de la feminidad sobre el que se dice que desciende incluso hasta la muerte de las cáscaras impuras. Por lo tanto, habría pensado que Leá, que no desciende a la kelipá, debería estar más limpia, tanto física como espiritualmente (lo físico solo refleja lo espiritual). ¿Por qué no es así?
La explicación sencilla es que incluso cuando rezo, incluso cuando estoy ante Di-s, mi pensamiento siempre divaga, y reconocemos que nuestros pensamientos no son limpios. Pero cada persona puede decidir, por su propia voluntad, cuidar y proteger su forma de expresarse para no utilizar un lenguaje soez o negativo. Así que una persona puede tener un habla limpia - correspondiente a Rajel, aunque no haya ninguna persona justa en la tierra que sea limpia en sus pensamientos. Puede pensar grandes cosas, mucho más allá de lo que es capaz de lograr en el habla, pero decir que es puro de pensamiento - eso es una hazaña muy, muy seria, algo reservado para el futuro.
En el futuro, Rajel crecerá y será conocida como "Rajel la Grande." Esperamos que Rajel no permanezca pequeña, sino que llegue a incluir a Leá en su interior también. En el lenguaje de la Cabalá, el rostro de Rajel se elevará e incluirá el rostro de Leá, que no es más que un reflejo fugaz del completo rostro femenino del principio madre. El Partzuf Rajel comienza como una raíz, un punto esencial que surgió en la primera emanación de la realidad. El propósito último es que Rajel se eleve y herede plenamente a Leá, del mismo modo que "los recipientes de Rectificación" deben heredar e incorporar todas "las luces de Caos". Este estado es denominado "Rajel la Grande." Cuando esto ocurre, la unificación se convierte en Israel y Rajel la Grande - la unión última de la era mesiánica. La conclusión es que esto significa que habrá un etrog grande y limpio.
De hecho, el valor de "grande y limpio", gadol venaki (גָּדוֹל וְנָקִי) es el mismo que el de hadar (הָדָר), embellecimiento. Así, al instruirnos: "Y tomaréis para ustedes el primer día el fruto de un hermoso árbol", un árbol que habar, la Torá nos dice que debemos tomar un etrog grande y limpio, puro. Por eso es la primera de las Cuatro Especies que se enumeran en el versículo.
HISTORIAS DE TZADIKIM Y MAESTROS ESPIRITUALES
EL CALENDARIO HEBREO: Sucot
Rebe Tzvi Hirsch de Ziditchov:
UN ETROG O UNA PATATA
Antes de que el santo Rebe Tzvi Hirsch HaCohen de Ziditchov se hiciera ampliamente conocido, pasó tiempo, tras el fallecimiento de su maestro, el Rebe Menajem Mendel de Rimanov, en presencia del santo Rebe Naftali de Ropshitz. El Rebe Naftali no le mostró señales de cariño y, en todo, fue el último en ser atendido. Una vez, el hijo del Rebe Naftali, rabi Elazar, le comentó a su padre que debía darle algo de vino al Rebe Tzvi. Su padre respondió: "Ten presente que toda su grandeza proviene de la humildad, y que, si le honro, volcará el mundo. Es más grande que yo, y llegará el momento en que tú te presentarás en su puerta."
Muchos años después, cuando el Rebe Tzvi Hirsch se había hecho famoso en todo el mundo, rabi Elazar viajó a verle a Rimanov. Cuando quiso entrar, los asistentes le dijeron que el Rebe estaba durmiendo y que debía esperar hasta despertar. Los asistentes le ofrecieron una silla para sentarse, pero él se negó. "Deseo", dijo, "cumplir las palabras de mi padre y estar en su puerta."
Una vez, en la festividad de Sucot, el Rebe Naftali lloró y dijo: "Desciendo de mi abuelo, el Gaón (Itzjak HaLevi) de Hamburgo, y poseo un hermoso etrog de primera categoría, y sin embargo, no consigo nada. Y este Tzvi tiene un etrog que vale dos deksir (monedas pequeñas), e ilumina todos los mundos con su etrog."
Se cuenta además que el santo Rebe de Ropshitz se esmeraba mucho en obtener etrogim para sus santos hijos y discípulos más cercanos. Cuando el Rebe Tzvi Hirsch estaba en Ropshitz, el santo Rebe de Ropshitz también le compró un etrog. Uno de los discípulos cercanos se mostró desconcertado por esto y preguntó al santo Rebe de Ropshitz en tono burlón: "¿Necesita Hirsch, el asistente, también un etrog? ¡Una patata seguro que le basta!" La costumbre allí era que después de Sucot, los etroguim fueran devueltos al santo Rebe de Ropshitz, quien luego los examinaba. Cuando rabi Tzvi Hirsch devolvió su etrog, el santo Rebe de Ropshitz lo elogió calurosamente y dijo a sus discípulos más cercanos: "Me ha devuelto un etrog, porque la mitzvá se cumplió en su plenitud a través de él. Pero vosotros me habéis devuelto patatas."
Estas historias reflejan una cualidad particular que pertenece al etrog: por un lado, simboliza la totalidad - posee tanto sabor como fragancia, que representan el aprendizaje de la Torá y las buenas acciones juntos. Del mismo modo, el hadar (belleza y perfección) es de especial importancia en el etrog. Por otro lado, está ligado específicamente a la cualidad de humildad y modestia, como es sabido por la alusión en el Panim Iafot de que las letras de etrog (אֶתְרֹג) son las iniciales de la frase (Salmos 36:12) "que no se apodere de mí ni un atisbo de orgullo", al tavaoeni reguel gaavá (אַל תְּבוֹאֵנִי רֶגֶל גַּאֲוָה). Por esta razón, el Rebe Tzvi Hirsch, cuya grandeza surge desde la humildad, ilumina todos los mundos con un simple etrog, mientras que el discípulo que mide el valor de quienes le rodean por apariencias externas convierte incluso a un etrog de primera categoría en una patata.
Los siete días y las cuatro especies
Los siete días y los siete Ushpizin (distinguidos invitados) de Sucot pueden correlacionarse con las Cuatro Especies. Las tres ramas de mirto (hadísim), que a su vez presentan una estructura triple de hojas, corresponden a los tres Patriarcas: Abraham, Itzjak y Iaacov, así como a las tres primeras sefirot emocionales: bondad, fuerza y belleza. Las dos ramas de sauce (aravot) corresponden a Moisés y Aarón y a las sefirot de victoria y reconocimiento. La rama de palmera datilera (lulav) corresponde a Iosef y a la sefirá de fundamento (iesod). El citrón (etrog) corresponde a David y a la sefirá de reinado (maljut).
Según esta división, el último día de Sucot es el día del etrog. Es específicamente en este último día cuando uno debe rezar para ser salvado del orgullo, y se hace una súplica especial para ello. En este día se inculca en nosotros una segunda naturaleza, la naturaleza de "aquel que siempre está alerta" (אָדָם מְפַחֵד תָּמִיד), cuyas iniciales forman la palabra "verdad", emet (אֱמֶת) – en guardia ante "cualquier atisbo de orgullo" que pueda introducirse en él.
¿Por qué es en el último día en particular cuando hay razón para rezar para ser salvado del orgullo? Nuestro maestro, el Ba'al Shem Tov, explicó que cuando Di-s maldijo a la serpiente en el Jardín del Edén, le dijo sobre su relación con el hombre: "Él [el hombre] aplastará tu cabeza y tú aplastarás su talón. " El significado detrás de este simbolismo es que cuando llega el momento de alzarse para realizar una buena obra - la cabeza - el hombre normalmente prevalece sobre la serpiente y la aplastará. Esta es una táctica ejercida por la serpiente, es decir, la inclinación al mal, ya que espera en silencio hasta que la buena acción se haya completado. Este es el talón de la buena acción, al que la serpiente golpea con el veneno del orgullo. Así, el momento más peligroso de toda buena acción es su conclusión y cumplimiento. Es entonces cuando tendemos a sentirnos contagiados de un sentimiento de orgullo por haber realizado la buena acción. Por eso el séptimo día es el día del etrog; es el momento en que debemos rezar y protegernos de la mordedura de la serpiente.
El Emek HaMelej registra una alusión a la historia. Cuando una persona supera su inclinación al mal y evita el orgullo, la imagen es su talón sobre la cabeza de la serpiente. Esto puede representarse colocando la letra inicial de talón, akev (עָקֵב), ayin, antes de la letra inicial de cabeza, rosh (רֹאשׁ), la letra reish. La palabra construida es עֵר, er, cuyo significado es "despierto". Pero cuando una persona sucumbe a su inclinación al mal y se siente orgullosa, la imagen de la cabeza de la serpiente se sitúa sobre el talón de esa persona. La palabra resultante construida es רָע, ra, que significa "mal". En las Escrituras, hay un hombre llamado Er, escrito y pronunciado exactamente como "despertar", er (ער). Este fue Er, el hijo de Iehuda, destinado a ser el progenitor del Mashíaj (מָשִׁיחַ), que en hebreo tiene el mismo valor que "serpiente", najash (נָחָשׁ). Pero su inclinación al mal pudo más que él - la serpiente prevaleció sobre él e invirtió las letras de su nombre, de modo que la Torá escribe que, "Er, el primogénito de Iehuda, era malvado ante los ojos de Di-s" (Génesis 38:7). De ser candidato a Mashíaj, sucumbió y se volvió "malvado", como se ha mencionado antes. El ushpiz (invitado) del séptimo día de Sucot es David, que constantemente luchaba por ser humilde ante sus propios ojos (2 Samuel 6:22) y no sucumbir al orgullo. Por ello, aquí se le identifica con el etrog. Su humildad es la fuente de su gran alegría al bailar ante el Arca de la Alianza. Sucot es conocida como "la estación de nuestra alegría", y la alegría alcanza su punto álgido en el octavo (y noveno) día de Sucot, alimentada por la humildad y el rechazo del orgullo en el séptimo.
Según la explicación del Ba'al Shem Tov, la maligna serpiente es la serpiente del orgullo, que intenta infundir en una persona la sensación de que es un tzadik, un sentimiento de orgullo por sus buenas acciones. Esto conecta con la enseñanza del santo Ari de que cuando se realiza una transgresión de cualquiera de los preceptos, el daño afecta a la unificación espiritual inferior que aporta nueva energía a la realidad y que está simbolizada por las letras vav y hei del Nombre esencial de Di-s, Havaia, el Tetragrámaton. Las dos primeras letras, iud y hei en Havaia, que simbolizan la unificación superior que sostiene la realidad, no se ven afectadas por nuestras transgresiones. Sin embargo, el orgullo es una excepción. El valor de "orgullo", gaavá (גַּאֲוָה) en hebreo es 15, igual que el valor de iud y hei, las dos primeras letras del Nombre esencial de Di-s, Havaia. Así, el orgullo por sí solo tiene el poder de dañar la unificación superior entre la iud y la hei del Nombre. De hecho, el valor de "atisbo de orgullo", reguel gaavá (רֶגֶל גַּאֲוָה) [N.T.: literalmente pie de orgullo, pie en el sentido de punto de apoyo] es 248, aludiendo al hecho de que el orgullo tiene el poder de dañar cada uno de los 248 mandamientos positivos.
Si al final de toda buena obra la serpiente intenta atacar y debemos rezar "que no caiga a los pies [que no se apodere de mi] del orgullo", mucho más al final de "la gran feria", es decir, este mundo en el que vivimos se compara a una reunión festiva, una feria. El cierre de la gran feria es un eufemismo para el día de la partida del mundo. Es digno de mención, sin duda, que, según las tradiciones de las que disponemos, tanto el santo Ari como el Baal Shem Tov, en su último día en este mundo, con sus últimas palabras, buscaron precisamente lo que se pide en este verso: ser salvados del orgullo. Una hermosa alusión a esto es que los valores numéricos de Itzjak (יִצְחָק), el nombre del Ari, e Israel (יִשְׂרָאֵל), el nombre del Ba'al Shem Tov, juntos son los mismos que esta frase, "que no se apodere de mí el orgullo", al tevoeni reguel gaavá (אַל תְּבוֹאֵנִי רֶגֶל גַּאֲוָה), con el kolel.
EL CALENDARIO HEBREO: Sucot
ESTUDIO SEMANAL: Parashá Lej Lejá y Vaierá
EL MÉRITO DE ABRAHAM
Exploremos aspectos importantes de Sucot relacionados con nuestro primer patriarca, Abraham.[1] La Torá relata en la parashá Vaiera que tres ángeles vinieron a informar a Abraham y Sará que finalmente tendrían un hijo tras una vida de esterilidad. De hecho, aunque Abraham al principio los confundió con tres simples hombres errantes, interrumpió sin embargo una revelación que estaba recibiendo de Di-s para saludarlos y atenderlos:
Y levantó la vista y vio, y he aquí, tres hombres estaban a su lado, y corrió hacia ellos desde la entrada de la tienda y se postró en el suelo. Y dijo [a Di-s]: "Di-s, si tan solo he encontrado favor a tus ojos, por favor no te alejes de tu siervo [como yo cuido a estos invitados]. [Se volvió hacia los tres ángeles y dijo:] "Por favor, tomen un poco de agua, y laven los pies, y sentaos a descansar bajo el árbol. "[2]
El Midrash relata que fue el mérito de Abraham al ofrecer a estos tres invitados un lugar para descansar bajo el árbol lo que inicialmente inspiró la futura festividad de Sucot.[3] Este es otro ejemplo clásico del conocido dicho: "Las obras de los Padres son una señal para sus hijos."[4] Con este acto singular de hospitalidad "bajo el árbol", Abraham abrió las puertas para que la festividad de Sucot fuera revelada a todos sus descendientes, quienes también algún día se sentarían y comerían bajo un techo de vegetación en la sucá.
Vete a ti mismo
Habiendo establecido la conexión esencial entre Abraham y Sucot, iremos un paso más allá introduciendo una dinámica esencial en la vida de Abraham, que se manifiesta en la forma en que agitamos las cuatro especies que tomamos en Sucot, hacia fuera y hacia dentro, en cada una de las seis direcciones, como se explicará.[5]
La primera vez que Di-s habla con Abraham, Él le insta a dejarlo todo atrás y que vaya sin cuestionar adonde Di-s le lleve: "Vete (lej leja) de tu tierra y del lugar de tu nacimiento, y de la casa de tu padre a la tierra que Yo te mostraré."[6] Un examen minucioso de las palabras lej leja revela un profundo doble sentido: por un lado, Di-s le dice a Abraham que emprenda un viaje físico; pero, por otro, Di-s le está instruyendo a Abraham para que también emprenda un viaje interior, porque las palabras "lej leja" también pueden entenderse como "ve a ti mismo". Di-s, en su primera comunicación directa con Abraham, parece implicar que dejar la tierra y el hogar paterno es más que un simple cambio de entorno. Porque este movimiento implica romper con una vida de hábitos y normas para superar cualquier limitación física y espiritual que Abraham ni siquiera sabía que tenía. Como sabemos, este viaje arquetípico resultará ser tanto un viaje físico hacia la Tierra Prometida, como un viaje espiritual interior y una lucha por cambiar el mundo.
Como la Torá es eterna y relevante para cada persona, en cada época y en cada lugar, el mandamiento de lej leja - afrontar con confianza la vida e influir tanto en el mundo que nos rodea como en nuestra psique y alma - no fue dado solo a Abraham. Todos sus descendientes (ya sea por linaje directo o por identificación espiritual con él y su causa) son constantemente desafiados a encontrar a Di-s en los rincones más profundos de su alma y a revelarlo simultáneamente en el mundo material. Este es, de hecho, el mensaje de agitar las cuatro especies tanto externamente como internamente; esta mitzvá es una recreación virtual de la primera comunicación de Di-s a Abraham, que en última instancia forma la naturaleza de la misión del pueblo judío y de todos los justos no judíos que se identifican como descendientes espirituales de Abraham.
La dinámica de correr y volver
La dinámica energética de lej lejá está intrínsecamente conectada a un concepto clave en la Cabalá conocido como "correr y regresar", una frase tomada del vibrante movimiento de los ángeles en la visión de Ezequiel.[7] La pulsación dinámica de correr y regresar se manifiesta de innumerables maneras a lo largo de la creación: desde la contracción y expansión en los mismos orígenes del universo hasta el latido de nuestros corazones y el pulso de la sangre que recorre nuestras arterias y venas; desde la exhalación e inhalación hasta los altibajos de las emociones humanas; desde los ciclos de las estaciones hasta el flujo y reflujo de las mareas; desde el dar y recibir de relaciones, hasta el ritmo pulsante de movimiento en el interior de cada célula y átomo.
El gesto de agitar las Cuatro Especies refleja y representa, de forma real y tangible, esta dinámica de correr y regresar inherente a la dinámica de lej lejá. El mandato original de Di-s a Abraham de "ve a/para ti mismo" se replica así en el agitar de las Cuatro Especies que realiza toda su descendencia a perpetuidad.
Viajar, Ir, Avanzar
Cuando Abraham llegó a la Tierra de Canaán, comenzó a recorrer la tierra: "y Abram viajó, yendo y avanzando hacia el sur"[8], vaisá Avram haloj venasoá hanegbá (וַיִּסַּע אַבְרָם הָלוֹךְ וְנָסוֹעַ הַנֶּגְבָּה). En la Cabalá, el sur se asocia con la bondad (jesed); lo que significa que, en efecto, Abraham siempre avanzaba hacia una bondad y un amor cada vez mayores, independientemente de la dirección física hacia la que se desplazara. Esta descripción de los viajes de Abraham por la Tierra de Canaán parece usar un lenguaje redundante: "Abram viajó, yendo y avanzando hacia el sur." Pero en realidad, cada una de estas tres palabras connota un aspecto diferente del movimiento. Además, los sabios explican que el término "ir", haloj (הָלוֹךְ) paradójicamente connota un estado de descanso entre movimientos.
Es significativo señalar que al agitar las cuatro especies lo hacemos tres veces en cada una de las seis direcciones, para un total de 18 veces. El valor numérico de 18 es igual a la palabra "vida", jai (חַי), como en el himno popular: ¡Am Israel Jai! Que significa, "¡el pueblo de Israel vive!" Como Abraham, el pueblo judío se mueve continuamente, en el sentido de progresar y crecer siempre, como dice la expresión: "todo lo que está vivo - se mueve."[9]
En un contexto más amplio
Esta dinámica arquetípica de los viajes de Abraham se repite a mayor escala por todo Israel durante sus cuarenta años de transitar por el desierto. A medida que cada campamento a lo largo de su viaje se revisa en la parashat Masei, se repite la misma fórmula: "Viajaron a.… y acamparon en.…"[10] Esta frase repetitiva alude a cómo todos los procesos funcionan en un flujo dinámico de partidas y paradas, actividad y descanso, cambiando constantemente entre tomar la iniciativa y recibir pasivamente. Esta misma dinámica forma la estructura básica del tiempo judío vista en los seis días de trabajo, que luego son seguidos por el Shabat, así como en los seis años de trabajo agrícola, seguidos por un año sabático.
Más Grandes que los Ángeles
Una enseñanza jasídica advierte que, si no estás ascendiendo por la escalera de la vida, por definición estás descendiendo, en la medida en que no existe en la vida tal cosa como "quedarse quieto". Aunque el concepto de "correr y regresar" se aprende inicialmente de los ángeles en la visión de Ezequiel, como se ha observado anteriormente, sin embargo, en un versículo del Libro de Zacarías los ángeles en realidad se representan como "de pie": "Entonces te daré libertad de movimiento entre los que están aquí presentes."[11] Los sabios enseñaron que en este versículo aquellos "que están aquí presentes" son los ángeles. Los ángeles son descritos como "permaneciendo aquí" porque no poseen libre albedrío, lo que finalmente da a los humanos la verdadera capacidad de moverse, cambiar y desarrollarse. Aunque los ángeles "corren", en realidad simplemente regresan al mismo lugar donde comenzaron. Abraham, como prototipo del pueblo judío, siempre avanzó, progresó y creció. Agitar las Cuatro Especies en Sucot manifiesta este tipo de movimiento y crecimiento interno y externo iniciado por Abraham y grabado en el alma de cada judío.
El Buen Nombre
Otra conexión significativa entre Sucot, y de hecho todas las mitzvot, y Abraham, está codificada en el versículo que hemos explorado arriba: "y Abram viajó, yendo y desplazándose hacia el sur." Las letras iniciales de la segunda, tercera, cuarta y quinta palabra de este verso forman un Nombre de Di-s muy importante, aunque menos conocido,[12] אהוה, que se conoce como "el buen nombre", porque su valor numérico es "bueno", tov (טוֹב): vaisá avram haloj venasoá hanegbá וַיִּסַּע אַבְרָם הָלוֹךְ וְנָסוֹעַ הַנֶּגְבָּה. El fundador del movimiento jasídico, Rabi Israel Ba'al Shem Tov, cuyo nombre significa "Amo del buen Nombre", fue llamado así porque tenía una afinidad especial con este Nombre.
Este Nombre - אהוה - se encuentra en el primer versículo de la Torá en las iniciales de las palabras "los cielos y la tierra", et hashamaim veet haaretz (אֵת הַשָּׁמַיִם וְאֵת הָאָרֶץ), lo que indica que la bondad de Di-s está entretejida en el propio entramado de la Creación y se manifiesta en los cielos y la tierra desde su origen. Cielos en este contexto significa todo lo espiritual que alguna vez se creará, mientras que tierra implica toda la realidad material que se creará.
De esto podemos ver que los viajes de Abraham tanto en el mundo exterior como en el suyo interno siempre fueron con el propósito de dotar a la creación de jesed, bondad. Como indica este Nombre de Di-s, siempre estuvo unificando la energía espiritual dentro del reino material. Este es en realidad uno de los principales objetivos de todos los mandamientos: tomar una acción física, un objeto físico y/o un habla e infundirlos en el contexto de un mandamiento con Santidad.
Los sabios describen a los Patriarcas como la carroza de Di-s, por así decirlo,[13] capaz de ocupar el lugar de la Carroza Divina visto por los profetas, especialmente Isaías, Ezequiel y Zacarías. Abraham era la carroza, para unir cielo y tierra, lo espiritual y lo físico. Agitar las Cuatro Especies produce el mismo tipo de unificación: imbuir un acto físico muy intenso con la energía espiritual y el significado de una mitzvá - un mandamiento prescrito por Di-s para unir cielos y tierra.
[1] Las siguientes ideas en este artículo se encuentran en Mivjar Shiurei Hitbonenut, vol. 8, Kavanot HaLulav.
[2] Génesis 18:2-4.
[3] Tanjuma Vaiera 4.
[4] Sotá 34a.
[5] Mivjar Shiurei Hitbonenut, loc. cit.
[6] Génesis 12:1.
[7] Ezequiel 1:14.
[8] Génesis 12:9.
[9] Mivjar Shiurei Hitbonenut, loc. cit. La palabra en español para un ser viviente es "animal", que proviene de movimiento, anima.
[10] Números 33:5-48.
[11] Zacarías 3:7.
[12] Mivjar Shiurei Hitbonenut, loc. cit.
[13] Bereshit Rabá 47:6.
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LECTURA DE LA TORÁ
LOS 70 TOROS Y LAS 70 NACIONES
DÍA UNO JOL HAMOED SUCOT 5787
más videos y meditaciones de sucot:
https://galeinai.org/2026/09/27/lectura-de-la-tora-sucot-5787-70-toros-y-otros/
Durante los siete días de Sucot se ofrecían en el Beit HaMikdash setenta toros, los llamados Parei HaJag — פרי החג. La cantidad disminuía cada día: el primero se ofrecían trece, luego doce, once, diez, nueve, ocho y finalmente siete. La suma es exactamente setenta. Nuestros Sabios explican en el tratado Sucá 55b que estos setenta toros corresponden a las setenta naciones del mundo — Shivim Umot HaOlam. Allí Rabí Iojanán pronuncia una frase extraordinaria: “¡Ay de las naciones que perdieron y no saben lo que perdieron!”, porque mientras existía el Beit HaMikdash, el altar expiaba también por ellas. Esto nos enseña que el servicio de Israel en el Templo nunca fue solamente para Israel: desde el lugar más santo del mundo descendía bendición para toda la humanidad.
Desde la perspectiva de la Cabalá, el número setenta expresa la multiplicidad completa de la realidad. Tenemos siete cualidades fundamentales del corazón: Jesed, Guevurá, Tiferet, Netzaj, Hod, Iesod y Maljut. Cada una de estas siete midot contiene dentro de sí una estructura completa de diez sefirot, dando lugar a setenta manifestaciones. Por eso el número setenta aparece repetidamente en la Torá: las setenta almas de la familia de Iaakov que descendieron a Egipto, los setenta ancianos de Israel, las setenta naciones y las setenta lenguas. El setenta representa la diversidad completa del mundo creado.
Sigue aquí con más videos y meditaciones de sucot:
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Pero en Sucot sucede algo muy especial: los toros van disminuyendo, de trece hasta siete. Interiormente podemos contemplarlo como un proceso de birur, refinamiento. No se trata de eliminar a las naciones ni de borrar las diferencias entre los pueblos, sino de quitar de cada una de las fuerzas del mundo aquello que oculta su raíz divina. La multiplicidad permanece, pero deja de sentirse separada de Hashem. Lo que al principio aparece como muchos seres independientes comienza a reconocer que toda su existencia proviene del Uno.
Esta idea pertenece profundamente al lenguaje del Zohar y de la Cabalá: la kedushá, la santidad, revela unidad dentro de la multiplicidad. El mundo puede parecer fragmentado en innumerables criaturas, pueblos, idiomas y culturas, pero detrás de todos ellos existe una única fuente de vida. La avodá consiste en revelar el Ejad, el Uno, escondido dentro de los muchos. Por eso Sucot es una festividad especialmente universal.
El propio Zohar denomina a la sucá Tzilá Demehemenutá — צלא דמהימנותא, “la sombra de la fe”. Entramos completamente dentro de la sucá: no solamente la cabeza, sino todo el cuerpo. En Jasidut esto se relaciona con una Or Makif, una luz envolvente que está por encima de nuestras limitaciones intelectuales. Dentro de esa luz, las diferencias particulares no desaparecen, pero quedan abrazadas por una unidad superior. Podemos contemplar que, así como todo el judío entra dentro de la sucá, finalmente toda la creación debe llegar a reconocer que se encuentra dentro de la presencia de Hashem.
Por eso es tan significativo que después de los setenta toros de Sucot llegue Sheminí Atzeret, cuando se ofrece un solo toro. Nuestros Sabios lo comparan con un rey que hizo una gran celebración y, cuando todos se marchan, le dice a su amado: “Hazme una pequeña comida para que pueda disfrutar de ti”. Durante Sucot tenemos el setenta, la totalidad de las naciones; en Sheminí Atzeret aparece el uno. Podemos expresarlo así: 70 → 1, Shivim → Ejad. La finalidad de toda la multiplicidad es descubrir su raíz en la Unidad absoluta de Hashem.
Esto tiene una resonancia especial con las enseñanzas de Gal Einai y del Rav Itzjak Ginsburgh acerca de la misión universal de Israel. Israel no recibió la Torá para encerrarse espiritualmente dentro de sí mismo. Desde una identidad judía firme y desde la profundidad de la Torá debe irradiar conciencia de Hashem hacia toda la humanidad. Esta idea se relaciona con la llamada Cuarta Revolución, la posibilidad de transmitir a las naciones, de la manera apropiada, la sabiduría interior de la Torá para acercarlas al conocimiento del Dios Uno y a la misión que Hashem les dio.
Los setenta toros son entonces una imagen maravillosa de esta misión. Israel no necesita diluir su identidad para llegar a las setenta naciones. Todo lo contrario: los toros se ofrecen precisamente en el Beit HaMikdash. Desde el punto de máxima santidad de Israel surge la bendición destinada a toda la humanidad. El movimiento es: Beit HaMikdash → Israel → setenta naciones → conocimiento de Hashem. Cuanto más profundamente conectado está Israel con su raíz, mayor es su capacidad de iluminar hacia afuera.
Esto está insinuado también en las palabras del profeta Tzefaniá: “Entonces transformaré a los pueblos en una lengua pura, para que todos invoquen el Nombre de Hashem y Le sirvan juntos”. La Gueulá no significa necesariamente que desaparezcan las diferencias entre los pueblos. Significa que esas diferencias dejan de ocultar la Unidad. Muchos pueblos, muchas lenguas y muchas características pueden servir al mismo Creador.
Hay además una conexión preciosa con el agua de Sucot. En esta festividad se realizaba el Nisuj HaMaim, la libación del agua, relacionada con la inmensa alegría de Simjat Beit HaShoevá. El agua no posee una forma propia: adopta la forma del recipiente que la recibe. Podemos utilizarlo como meditación: existen setenta recipientes, pero una sola agua. Las naciones no necesitan convertirse todas en un mismo recipiente; cada una puede recibir, según su naturaleza rectificada, de las mismas Maim Jaim, las aguas vivas que provienen de Hashem.
Entonces comprendemos de una manera más profunda la alegría de Sucot. No es solamente la alegría personal de haber pasado por Rosh Hashaná y Iom Kipur. Es la alegría de saber que existe un propósito para toda la creación. Cada pueblo, cada lengua y cada rincón del mundo puede llegar a reconocer su Fuente. Como dice Ieshaiahu: “Mi Casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”.
Por eso, al escuchar durante Jol HaMoed la lectura de los korbanot de Sucot, podemos meditar: setenta toros, setenta naciones, setenta expresiones diferentes de la humanidad, pero un solo Hashem que les da existencia a todas. Cada día disminuye un toro porque poco a poco se refina la sensación de separación. Detrás de los muchos comienza a revelarse el Uno.
Y esta puede ser nuestra kavaná en este primer día de Jol HaMoed: “Hashem, ayúdame a descubrir Tu Unidad dentro de toda la diversidad de mi vida. Que desde la sucá, desde la Torá y desde Ierushalaim podamos llevar Tu luz hacia las setenta naciones. Que las muchas aguas regresen a reconocer su único Manantial, y que los setenta conduzcan finalmente al Uno: Shivim → Ejad, hasta que ‘Hashem sea Rey sobre toda la tierra; en aquel día Hashem será Uno y Su Nombre Uno’”.
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VIDEO 1
ANTE HASHEM SERÁN PURIFICADOS
EL RAV GINSBURGH HACE HAVDALÁ
AL TERMINAR IOM KIPUR EN KFAR JABAD
ISRAEL AÑO 5787 Cabalá de Israel
https://youtube.com/shorts/CKhQ3n-Dye8?feature=share
La reunión sagrada
Para Shabat Shuvá, como todos los años, llegó a Kfar Jabad un numeroso grupo de alumnos y familias para pasar Shabat junto al Rav.
El viernes por la noche, después del encendido de las velas, se realizó una clase de aproximadamente una hora para las mujeres, dedicada a las alusiones de “Tehé Shnat Pekidá Zejirá” — “Que sea un año de recuerdo y rememoración”, profundizando en las expresiones de pekidá y zejirá relacionadas con Sará, Rajel y Janá, las tres mujeres que fueron recordadas y atendidas por Hashem en Rosh Hashaná.
Esta vez, el Rav introdujo un cambio en la estructura habitual de las clases. Después de las plegarias de Kabalat Shabat y Arvit, impartió también una clase para los hombres, de aproximadamente una hora y media. La clase estuvo dedicada a las alusiones de פ״ז — Paz, y abordó también la primera aparición de esta palabra en el Tanaj, en el capítulo 21 de Tehilim, que el Rav recomendó recitar todos los días durante el año 5787.
Entre otras cosas, el Rav explicó la combinación “pil zaj” — פיל זך, cuyas letras pueden reordenarse formando “kli paz” — כלי פז, “un recipiente de oro fino”, y bendijo a todos para que ¡este sea un año de lingotes de oro!
Durante la mañana de Shabat se realizó una breve clase para los niños antes de la tefilá. El Rav habló acerca de la Torá, que es “más preciosa que las perlas”, a partir del versículo: “Hay oro y abundancia de perlas, pero los labios del conocimiento son una joya preciosa” (Iesh zahav verov peninim, uklí iekar siftéi dáat).
El Rav propuso agregar al boletín infantil “Holej Betom” una sección fija dedicada a “Perlas del Zóhar”, y alentó, en general, a incrementar el estudio del Zóhar durante el próximo año.
Durante Minjá fue llamado a la Torá el joven Asher Guiladi, jatán de Bar Mitzvá, quien además tuvo el mérito de participar en alegres bailes junto al Rav después de la tefilá.
“Ante Hashem serán purificados”
Al finalizar Shabat, durante las horas previas al amanecer, el Rav y la Rabanit realizaron las Kaparot en su hogar. Al aproximarse el comienzo del día sagrado, se reunió un minián relativamente numeroso de jóvenes provenientes de distintas ieshivot para las plegarias de Iom Kipur.
Moshé Heller y Barak Hess oficiaron como jazanim, con gran despertar espiritual y plegarias llenas de nigunim.
Después de Neilá y Arvit, el Rav recitó la Havdalá para toda la congregación y salió junto con todos al patio para realizar Kidush Levaná. Allí pronunció una breve enseñanza:
«Este año es una oportunidad de oro para ser un ser humano».
La jornada concluyó con alegres bailes de Iom Tov.
VIDEO 2
PURIFICA NUESTRO CORAZÓN PARA SERVIRTE CON VERDAD
PARTE 1 EL CUERPO, EL ALMA, LA DIVINIDAD Y LAS 4 ESPECIES SUCOT
14 de TISHREI 5787
ENTRAMOS A LA SUCÁ ANTES DE SHABAT
25 de septiembre de 2026
Rabino Jaim Frim
https://youtube.com/shorts/uim332L5D1c
El cuerpo humano no es simplemente un recipiente; es un mapa. Al contemplar la propia estructura del cuerpo podemos encontrar indicios acerca de nuestra esencia y extraer de ella inspiración.
Nuestros Sabios dicen que las Cuatro Especies corresponden a cuatro órganos del cuerpo: el etrog corresponde al corazón, el lulav a la columna vertebral, el hadás a los ojos y la aravá a los labios. Y la propia sucá es comparada con el vientre materno. La sucá es redondeada, envuelve y cobija.
La sucá representa un or makif, una “luz envolvente”: la sombra de la emuná, la fe, que nos cubre desde arriba. Las Cuatro Especies, en cambio, representan un or pnimi, una “luz interior”. Cuando agitamos las Cuatro Especies, tomamos precisamente esa fe y la hacemos descender hasta nuestra vida cotidiana.
Al tomar las Cuatro Especies pronunciamos específicamente la bendición «al netilat lulav» — «por la toma del lulav», a pesar de que el etrog es el “tzadik” del grupo, completo tanto en Torá como en buenas acciones. ¿Por qué? Algunos sugieren que se debe a que el lulav es el más alto, recto y erguido de todos, mientras que el etrog es redondeado y queda oculto; incluso hay quienes acostumbran cubrirlo durante los movimientos de las Cuatro Especies.
Esto nos invita a contemplar la posibilidad de que exista algo en la rectitud del lulav que sea más interior que la forma circular de la sucá y del etrog.
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VIDEO 3
PARTE 2 EL CUERPO, EL ALMA, LA DIVINIDAD Y LAS 4 ESPECIES SUCOT
14 de TISHREI 5787
ENTRAMOS A LA SUCÁ ANTES DE SHABAT
25 de septiembre de 2026
Rabino Jaim Frim
https://youtube.com/shorts/e-Wp-ibYsCs
(VIENE DE PARTE 1: https://youtube.com/shorts/uim332L5D1c )
Si observamos el cuerpo humano, podemos ver que su parte superior, la más cercana al cielo, está compuesta por órganos de formas redondeadas: el cráneo, los ojos, la boca. Pero a medida que descendemos hacia la tierra, los órganos del cuerpo se vuelven rectos. Los huesos de las extremidades —cuya esencia es el encuentro con la realidad y con el prójimo— son rectos.
La columna vertebral, representada por el lulav, encierra algo maravilloso: está formada por vértebras redondeadas que, al unirse, forman una estructura recta y erguida.
Así se mueve nuestro servicio a Hashem entre la emuná —la fe, representada por el círculo— y el bitajón —la confianza, representada por la línea recta.
El propósito de la creación es dar satisfacción a Hashem mediante la unión entre amigos, el dar, el jesed, la misión de difundir los manantiales de la Jasidut y traer la Gueulá. Todo esto se realiza mediante la línea recta, a través de la cualidad del bitajón: la capacidad de mantenerse erguido, extender la mano y actuar en el mundo. La rectitud es la finalidad de la vida.
Pero si vivimos únicamente en esa línea recta, puede transformarse en presión y en un choque permanente con la realidad.
Por eso tenemos también el círculo de la emuná.
La fe siempre está allí, en la corona circular que envuelve nuestro ser. Cuando resulta difícil seguir avanzando en línea recta, cuando sentimos que algo de la realidad choca contra nosotros, soltamos y regresamos al interior del círculo, a la sucá. No para escapar, sino para volver a cargarnos de fuerzas.
Solo quien tiene un círculo al cual regresar puede mantenerse verdaderamente erguido.
Las iniciales de la plegaria:
וְטַהֵר
לִבֵּנוּ לְעָבְדְּךָ בֶּאֱמֶת
VeTaher Libeinu Leovdeja BeEmet
«Purifica nuestro corazón para servirte con verdad»
forman la palabra:
לולב — LULAV.
El lulav corresponde a la sefirá de Iesod, cuyo atributo interior es la verdad. Y precisamente él representa la columna vertebral, formada de manera maravillosa por círculos de emuná que se unen para formar una línea de bitajón.
El equilibrio y el fluir natural entre emuná y bitajón, fe y confianza, hacen nacer en nuestro corazón la inmensa alegría de esta dulce festividad de Sucot.
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OTROS VIDEOS Y MEDITACIONES PROFUNDAS E
INSPIRADORAS AQUÍ
EL MERCADO DE LAS CUATRO ESPECIES:
En vísperas de Sucot, el mercado de las Arbaat
HaMinim — las Cuatro Especies se convierte en algo extraordinario. Uno toma un
etrog, lo gira hacia la luz, busca una pequeña mancha; otro examina cada hoja
del hadás; otro levanta el lulav para comprobar que sea recto. De repente,
todos nos convertimos en expertos en detalles.
Pero quizás ese mercado sea también un espejo del alma. Durante todo el año
aprendemos a convivir con nuestros defectos; en Sucot, después de Rosh Hashaná
y Iom Kipur, Hashem despierta en nosotros el deseo de buscar belleza y
perfección.
sigue https://galeinai.org/2026/09/25/22903/
VIDEO 4
PARTE 1 LA ALEGRÍA DE EXTRAER EL AGUA
PARA EL TEMPLO SAGRADO
SIMJAT BEIT HASHOEVA
TISHREI 5787
https://youtube.com/shorts/f5ctA9hKXfg
Vemos maravillas
Sucot corona un proceso de ascenso espiritual que se desarrolla a lo largo de las festividades de Tishrei. Desde la teshuvá por temor, pasando por la teshuvá por amor, hasta llegar a la teshuvá de la alegría; desde un estado de “espalda con espalda” (ajor beajor), centrado con temor en uno mismo, hasta la alegría del “rostro a rostro” (panim bepanim), dirigiéndonos hacia Hashem, que está más allá de nosotros; y desde el intenso esfuerzo de la teshuvá hasta llegar a una danza de alegría que iguala y une al pequeño con el grande.
Estas diferentes etapas se corresponden con las partes del versículo:
“Y hubo un Rey en Ieshurún, cuando se
reunieron los jefes del pueblo, juntas las tribus de Israel”
(Devarim 33:5).
Estas palabras describen también una unidad cada vez mayor entre todos los integrantes del pueblo de Israel, una unidad capaz de superar toda discusión y división, incluso aquellas que son “por amor al Cielo” (leshem Shamaim).
Y entonces surge una pregunta muy concreta:
¿Un izquierdista convencido se sentiría cómodo en tu sucá?
Quizás, después de esta clase… sí.
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VIDEO 5
PARTE 2
LA ALEGRÍA DE EXTRAER EL AGUA
PARA EL TEMPLO SAGRADO
SIMJAT BEIT HASHOEVA TISHREI 5787 https://youtube.com/shorts/XmnRGlaNUq4
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VIDEO 6
HOSHANOT EN LA PLEGARIA DE SUCOT
https://youtube.com/shorts/SRShxv2Au6M
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«Vesamajta bejagueja» — servir a Hashem desde la alegría
Sucot nos enseña algo extraordinario: después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando servimos a Hashem con temor, teshuvá y profunda introspección, llega el momento de entrar enteramente en la alegría.
La sucá nos rodea por todos lados. En Jasidut se explica que representa una Or Makif, una luz divina tan elevada que no puede limitarse a nuestro entendimiento. No necesitamos comprenderla para estar dentro de ella: simplemente vivimos abrazados por Hashem.
En Shajarit decimos Halel completo. No solamente agradecemos por algo que Hashem hizo; reconocemos que nuestra propia existencia está inmersa en Su bondad. Por eso agitamos también las Arbaat HaMinim hacia todas las direcciones: arriba, abajo y los cuatro puntos cardinales. Es como declarar:
אין עוד
מלבדו — Ein od milvadó.
«No hay nada fuera de Él».
Y después viene la lectura de la Torá. En Jol HaMoed leemos acerca de los korbanot de Sucot. Los setenta toros ofrecidos durante la festividad corresponden, según nuestros Sabios, a las setenta naciones del mundo. Aquí aparece una idea central de Gal Einai y de la Cuarta Revolución: la alegría de Sucot no pertenece solamente al pueblo de Israel. Desde Ierushalaim debe extenderse hacia toda la humanidad, hasta que se cumpla:
«Ki beití beit tefilá ikaré lejol
haamim» —
«Mi Casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» (Ieshaiahu 56:7).
🔥 Meditación para hoy
Estoy dentro de la sucá, dentro del
abrazo de Hashem.
Tomo las cuatro especies y uno todas las direcciones de mi vida con Él.
Rezo con alegría, porque después de la teshuvá viene la simjá.
Y llevo esa alegría hacia afuera: a mi familia, a Israel y finalmente al mundo
entero.
Que este primer día de Jol HaMoed nos lleve
de simjá a una simjá todavía mayor, hasta Simjat Beit HaShoevá, y
de allí a la alegría completa de la Gueulá:
«Usheavtem maim besasón mimaianei haieshuá» — «Extraerán agua con alegría de
los manantiales de la salvación».
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OTROS VIDEOS Y MEDITACIONES PROFUNDAS E INSPIRADORAS AQUÍ
EL MERCADO DE LAS CUATRO ESPECIES:
En vísperas de Sucot, el mercado de las Arbaat HaMinim — las Cuatro Especies se
convierte en algo extraordinario. Uno toma un etrog, lo gira hacia la luz,
busca una pequeña mancha; otro examina cada hoja del hadás; otro levanta el
lulav para comprobar que sea recto. De repente, todos nos convertimos en
expertos en detalles.
Pero quizás ese mercado sea también un espejo del alma. Durante todo el año
aprendemos a convivir con nuestros defectos; en Sucot, después de Rosh Hashaná
y Iom Kipur, Hashem despierta en nosotros el deseo de buscar belleza y
perfección.
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EL SJAJ NO AMA EL ENOJO | RELATO PARA SUCOT 🌿
Había un sencillo sirviente al servicio del Rebe Maharash de Lubavitch, llamado Iosef Mordejai, quien también había servido al Rebe Tzemaj Tzedek, padre del Maharash.
En una ocasión, Iosef Mordejai entró en la sucá del Rebe estando enojado. Apenas había terminado de reprender a alguien en la cocina y entró en la sucá todavía dominado por su enojo.
El Rebe le dijo:
«Iosef Mordejai, es cierto que eres un meiujás —una persona de distinguido linaje—, pero hay que comportarse con derej eretz ante el sjaj. El sjaj no ama el enojo».
¿Y por qué el Rebe lo llamó meiujás?
Por algo que había sucedido anteriormente. En una ocasión, el Rebe Tzemaj Tzedek le ordenó que fuera a dormir en la sucá. El Tzemaj Tzedek tenía dos sucot, una en la casa y otra en el patio. Hacía mucho frío afuera, e Iosef Mordejai le dijo:
—Rebe, hace mucho frío.
El Rebe le respondió:
«Amalek es frío; un judío tiene calidez. Ve a dormir en la sucá y tendrás el mérito de una larga vida».
Por eso el Maharash lo llamaba meiujás: había recibido personalmente aquella bendición del Tzemaj Tzedek.
Y efectivamente, Iosef Mordejai vivió 103 años. Cuando tenía 98 años todavía bailaba sobre el techo del “Gran Salón”, como se denominaba al gran recinto de la sinagoga en el patio del Rebe, como si fuera un joven.
(De “Sipurei Jasidim”, del rabino Shlomo Iosef Zevin)
Un punto para meditar
¿Por qué el sjaj no ama el enojo?
El Rebe Maharash explica en sus discursos sobre Sucot que, en su raíz espiritual, el sjaj proviene de la nube del incienso —ketoret— que ofrecía el Cohen Gadol en Iom Kipur. La nube del ketoret de Iom Kipur eleva el aroma agradable que surge de la teshuvá del pueblo de Israel en ese día.
En Iom Kipur, el judío se presenta ante Hashem con el corazón quebrantado. Su teshuvá es sincera y brota de lo profundo del corazón, porque reconoce cuánto le falta y hasta qué punto todavía no es perfecto. Por eso, en su raíz, el sjaj representa precisamente este movimiento interior de teshuvá: el reconocimiento de nuestras propias carencias e imperfecciones.
El enojo expresa justamente el movimiento contrario.
Cuando una persona se enoja con su compañero, muchas veces lo hace porque se percibe a sí misma como completa y al otro como deficiente. “Él se equivocó, él hizo las cosas mal por sus defectos; yo, en cambio, advertí perfectamente su error”. La persona queda atrapada en una falsa sensación de perfección que le permite ver con enorme claridad la falta del otro, pero le impide reconocer la propia.
Por eso puede llegar a enfurecerse tanto.
Cuando Iosef Mordejai entró enojado en la sucá, había olvidado demasiado rápidamente cómo, apenas unos días antes, en Iom Kipur, había permanecido ante Hashem con el corazón quebrantado, consciente de sus propias faltas y de su propia imperfección.
Ahora el sjaj que estaba sobre su cabeza venía a recordárselo.
Quizás este sea uno de los mensajes más profundos de la sucá: antes de mirar lo que le falta al otro, levantemos los ojos hacia el sjaj y recordemos lo que todavía debemos reparar en nosotros mismos.
El sjaj no ama el enojo porque quien vive verdaderamente bajo la sombra de la Emuná aprende a ser menos duro con los demás y más consciente de sí mismo.
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El relato está dedicado a la elevación del alma del dulce niño Tzur Levaví Simjí, de bendita memoria. ❤️
Los relatos se comparten en el grupo “BeOhalei Tzadikim – Historias”.
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