Este Shabat leemosKi Tavó: entrar en la Tierra, agradecer sus frutos y descubrir la bendición escondida incluso en los momentos difíciles. Las piedras sobre las que se escribió la Torá «bien esclarecida» nos recuerdan nuestra misión: llevar su luz a cada rincón del mundo y a cada corazón.
En esta parashá Hashem promete establecernos como Su pueblo santo, para que las naciones vean Su Nombre sobre nosotros. Nuestros Sabios explican que esta promesa se revela en los tefilín colocados en lo alto de la cabeza. Caminar con la cabeza erguida no significa orgullo personal, sino vivir como judíos con dignidad, firmeza y sin vergüenza, porque la verdadera grandeza no necesita rebajar a nadie, porque nace de una identidad interior segura y conectada con Hashem. Por eso, la fortaleza de Israel no contradice la humildad, la paciencia, la misericordia y la bondad hacia los demás. Hashem es infinitamente elevado y, al mismo tiempo, habita junto al humilde y al quebrantado de corazón. También nosotros debemos mantenernos firmes ante quienes desean dañarnos, pero sensibles y compasivos con cada criatura. Que podamos llevar la Torá y los tefilín con orgullo judío, caminar en los caminos de Hashem y revelar Su santidad en el mundo. Esta semana compartimos hermosos artículos en nuestro sitio de internet:https://www.dimensiones.org“Melavé Malká – Ki Tavó”,el material de estudio de Astrología Judía, Moznaim-Libra,“Los Trece Atributos de Misericordia Divina”,“¿Ves lo que yo veo?”,“Tocar el potencial oculto”,“Altar, piedras y conversiones”, nuestra clase Judaísmo Ki Tavó con una discusión sobre la conversión“De bendiciones y maldiciones”, el relato infantil“La montaña de la teshuvá y la alegría”, y las enseñanzas para Jai Elul:“18 de Elul: nace el Baal Shem Tov”y“El poder de un Rebe”.
También nos acompañaron los videos diarios delshofar, cuyo sonido atraviesa todas las barreras y despierta el punto más profundo del alma en nuestro canal de Youtubehttps://www.youtube.com/galeinaienespañol
Este lunes celebraremosJai Elul, el nacimiento del Baal Shem Tov y del Alter Rebe. Nuestros Rebeim enseñan que Jai Elul introducejaiut, vitalidad, en el servicio de Elul.
Que el shofar despierte nuestro corazón, que podamos transformar toda dificultad en bendición y que merezcamos escuchar muy pronto el gran shofar de la Redención.
¡Shabat Shalom umevoraj! ¡Jai Elul sameaj!
*¡KETIVÁ VEJATIMÁ TOVÁ, LESHANÁ TOVÁ UMETUKÁ!*
Con afecto y gratitud,
Rabino Jaim Frim Instituto Gal Einai en Español La dimensión Interior de la Torá
*Del Rabino Itzjak Ginsburgh*
ZOOM ASTROLOGÍA JUDÍA
MAZAL AKRAV – ESCORPIO
*RECORDATORIO: ENCUENTRO DE ESTE DOMINGO*
los invitamos a nuestro próximo encuentro del ciclo de Astrología Judía por
En Parashat Ki Tavó, Moshé ordena que, al entrar en la
Tierra de Israel, se levanten grandes piedras, se las recubra con cal y se
escriban sobre ellas “todas las palabras de esta Torá, bien esclarecidas” (baer
heitev).
El mandato de escribir la Torá sobre piedras aparece en
Devarim (Deuteronomio) 27:2-3 y 27:8. El versículo principal es Devarim 27:8:
Vejatavtá al
haavanim et kol divrei haTorá hazot, baer heitev.
“Y escribirás sobre
las piedras todas las palabras de esta Torá, bien explicadas.”
Anteriormente, en Devarim 27:2-3, se ordena levantar piedras
grandes, recubrirlas con cal y escribir sobre ellas «todas las palabras de esta
Torá» al cruzar el río Jordán.
Nuestros Sabios explican que la Torá fue expresada allí en
setenta lenguas. No debía permanecer encerrada dentro de un único idioma: su
luz tenía que estar preparada para alcanzar a toda la humanidad.
Hay aquí una imagen extraordinaria: la palabra divina
grabada sobre la piedra. La piedra representa lo más material, silencioso e
inerte de la creación. Sin embargo, precisamente ella se convierte en portadora
de Torá. Es como si la Torá nos dijera: no existe un lugar tan material que no
pueda transformarse en vehículo para revelar a Dios.
Esta es también una clave de la Cuarta Revolución en el
estudio de la Torá, tal como la desarrolla el Rabino Itzjak Ginsburgh: ha
llegado el momento de que la sabiduría de la Torá ilumine también a las
naciones del mundo, de una manera apropiada para ellas, revelando la palabra de
Dios como fuente de vida, moralidad y conocimiento del Creador.
Y quizá hoy las “piedras” han adquirido nuevas formas. Una
pantalla, un teléfono, una computadora, una red que atraviesa continentes
parecen objetos fríos y materiales. Pero también ellos pueden convertirse en
piedras sobre las que se escribe la Torá. Una enseñanza transmitida desde la
Tierra de Israel puede llegar en segundos a alguien que busca a Dios en el otro
extremo del mundo.
El mensaje de Ki Tavó es entonces profundamente actual: no
debemos huir de la materia, sino escribir sobre ella la palabra de Dios. Hacer
que incluso la “piedra” hable. Y cuando la Torá se explica baer heitev, con
claridad y profundidad, cada persona puede descubrir que dentro de su propia
lengua y de su propia realidad había una chispa esperando ser despertada.
Que en este mes de Elul podamos transformar cada piedra del
camino en una piedra de Torá, cada medio de comunicación en un instrumento de
luz, y cada encuentro con otra persona en una oportunidad para preparar al
mundo entero para “una Tierra llena del conocimiento de Hashem como las aguas
cubren el mar”.
EL NACIMIENTO DEL BAAL SHEM TOV
Un relato para el 18
de Elul (JaI Elul)
El justo Rabí Eliézer,
padre de nuestro maestro el Baal Shem Tov, vivía en una aldea en las montañas
de los Cárpatos (en Ucrania) y era sumamente meticuloso en el precepto de la
hospitalidad (Hajnasat Orjim). Su costumbre era enviar emisarios para
traer huéspedes a su casa y, después de saciarlos con comida y bebida, les
proveía provisiones para el camino.
En las Alturas
Celestiales se maravillaban grandemente de su conducta, pero los acusadores
argumentaron que todavía no recibía huéspedes al nivel del patriarca Abraham y
que aún no había superado una prueba real. El Satán (Samael) pidió
permiso para ponerlo a prueba. Al escuchar esto, el profeta Elías (Eliahu
HaNaví) intervino diciendo que no era bueno que el Satán fuera el emisario,
ya que a través de él podría sobrevenir una caída espiritual (¡Dios no lo
permita!), y solicitó ser él mismo el enviado.
En el Cielo aceptaron
que el profeta Elías fuera el emisario. Descendió y se presentó ante el justo
Rabí Eliézer un Shabat por la tarde, aparentando ser un mendigo transeúnte.
Entró a la casa de Rabí Eliézer y dijo: «¡Shabatá Tabtá!» (¡Buen
Shabat!). Rabí Eliézer no se enojó con él por su desfachatez —pues parecía como
si hubiera profanado el Shabat abiertamente (¡Dios no lo permita!) y ni
siquiera se avergonzara de sus actos—, sino que inmediatamente le sirvió la
tercera comida (Seudá Shelishit), y al término del Shabat le ofreció la
comida de Melavé Malká.
Al día siguiente, el
domingo por la mañana, le dio una generosa limosna y no le mencionó en absoluto
la transgresión del sagrado Shabat. En ese momento, Elías se le reveló y le
dijo: «Sabe que yo soy el profeta Elías, y por el mérito de tu noble
conducta serás bendecido con un hijo que iluminará los ojos de Israel».
(Reshimot Devarim,
tomo 4, pág. 35)
La raíz del alma del
Baal Shem Tov
Al leer este
maravilloso relato, contemplamos la cuna del nacimiento de nuestro maestro el
Baal Shem Tov y allí descubrimos el propósito de su esencia y de toda su obra
en vida: «El fin de la acción estuvo al inicio del pensamiento».
¿Por qué tuvimos el
mérito de recibir la luz de un justo tan elevado? Precisamente por el mérito de
no hacer distinciones entre un judío y otro. El padre del Baal Shem Tov miró al
mendigo que entró bajo su techo y no vio en él su pecado o su defecto, sino al
judío sagrado que había en su interior: la «porción Divina de lo Alto» (Jélek
Eloka Mima'al) que vive y opera en él. Precisamente gracias al amor y a la
entrega dirigidos incluso hacia un judío así, descendió al mundo el líder de
los judíos para las generaciones venideras.
Las tres dimensiones
del Rebe
Es tradición jasídica
que en todo verdadero Rebe brillan tres cualidades espirituales:
Un
Alma Nueva (Neshamá Jadashá): Su significado es que aquí se renueva
algo asombroso, una dimensión que el mundo jamás había experimentado
previamente; una luz nueva que eleva la creación a un nivel superior en el
camino hacia la redención completa.
Un
Alma de Atzilut (Neshamá deAtzilut): El mundo de Atzilut
(Emanación) es una especie de puente intermedio que une la Divinidad con
los mundos creados. Por un lado es un mundo, pero por el otro nada en él
está separado de Dios. Un alma arraigada en él puede elevar y conectar a
los seres inferiores con Dios sin que nada interfiera en esa unión.
Un
Alma General (Neshamá Klalit): Un Rebe no puede ser verdaderamente la
«cabeza» de los Hijos de Israel sin que su alma contenga e integre a la
del pueblo entero. Debe ser un «hombre en quien mora el espíritu»,
capaz de sintonizar con la mentalidad y el espíritu particular de cada
individuo; y esto solo es posible si está profundamente apegado en su alma
a todo aquel que lleva el nombre de Israel.
La manifestación en
el Baal Shem Tov
Sobre el Baal Shem Tov
se puede afirmar que su dimensión principal fue la de ser un Alma General.
Estuvo enteramente consagrado al pueblo de Israel, integrando las tres virtudes
bajo el amparo de esta cualidad:
La
novedad de su enseñanza: La innovación principal en el alma del justo se expresa en las
revelaciones de su Torá, a través de las cuales irradia una nueva luz al
mundo. El Baal Shem Tov —cuya enseñanza es recibida como el destello
precursor de la Torá del Mashíaj— innovó al enseñar que un judío, en su
esencia, jamás peca. Todos los defectos y transgresiones son
únicamente exteriores y no tienen arraigo en la esencia íntima del alma
judía. De forma análoga, su padre pudo recibir a un judío que
aparentemente profanaba el Shabat sin sentir hacia él ningún tipo de
rechazo o distanciamiento.
La
nobleza de Atzilut: El justo pertenece a los «nobles de los Hijos de Israel» (Atzilé
Bené Israel); emana de él una fragancia espiritual distinta y posee
una fuerza interior que congrega todos los corazones. El Baal Shem Tov
utilizó esta virtud para atraer los corazones del pueblo hacia Dios
mediante palabras de afecto y amor, de un modo completamente superior y
diferente al que se acostumbraba antes de él.
Este fue otro aspecto
en la hospitalidad de su padre: gracias a la actitud amorosa hacia el mendigo,
logró extraer lo que estaba oculto en él: la revelación del profeta Elías. En
una mirada interior, todo judío encierra una dimensión sagrada oculta que debe
ser revelada a través del amor y el beneficio material y espiritual.
La
identificación con el conjunto: El Baal Shem Tov, al observar los actos
de las personas y detectar cosas indebidas, solía decir que si tuvo la
ocasión de presenciar un defecto, es señal de que ese mismo defecto se
encuentra de algún modo dentro de él. Identificaba al pueblo de Israel,
con todos sus fallos externos, dentro de su propio ser. ¿Por qué enfadarse
con quien profana el Shabat? Ese encuentro te ayuda a reconocer qué debes
corregir en tu propia alma; cuando tú estés rectificado y purificado,
podrás influir positivamente sobre él.
La grandeza del
judío simple
Existe un relato
jasídico muy conocido que se repite en varias versiones:
Un justo viajaba en
tren y, debido a su pobreza, vestía ropas raídas como las de un mendigo. En su
vagón viajaba un hombre adinerado que se burlaba constantemente de su aspecto.
Al llegar a destino, el hombre rico vio con asombro cómo una gran multitud acudía
a recibir al justo con inmensos honores; ante sus ojos, aquel caminante
sencillo irradiaba una luz imponente.
Conmovido y
avergonzado, el rico se abrió paso entre la multitud y le pidió perdón al justo
por haberlo despreciado. El justo le respondió: «No es a mí a quien debes
pedir perdón; ¿acaso sabías quién era yo? No me ofendiste a mí, sino al judío
sencillo que viajaba contigo en el vagón. Es a esos judíos sencillos a quienes
debes pedir perdón, y a quienes jamás debes volver a despreciar».
Esta enseñanza se
aplica plenamente a nuestra historia: si nos presentáramos ante el Baal Shem
Tov y nos asombráramos de cómo el mundo mereció una luz tan grande cuando su
padre solo vio a un judío sencillo y le hizo un favor, él tal vez respondería:
«¿Y yo, qué soy? Mi
piedad, mi Torá, mi temor al Cielo... ¿de dónde vinieron? Todo lo extraje del
alma de Israel que hay en mí, el punto sagrado que habita en cada uno. ¿De qué
se asombran? ¡Honraron a un judío simple, y fueron recompensados con un judío
simple!».
Todo el sentido del
judaísmo en la doctrina del Baal Shem Tov es la simplicidad: el judío simple (Pashut)
es uno con la Esencia Divina Simple (Peshitut HaAtzmut), y esto
constituye la totalidad del ser humano.
¿CÓMO RECONOCER LA BENDICIÓN
QUE SURGIRÁ DE LOS MOMENTOS DIFÍCILES Y PERTURBADORES?
En esta parashá hay pocas leyes, pero
abunda en otro tema: las maldiciones. El proceso que crea la realidad de una
maldición es mucho más simple que el de crear una bendición, y no solo porque
la gente sea malvada, sino porque en el momento en que algo se sale de su orden
normal, ya es una maldición. En la naturaleza de la realidad hay más espacio
para las maldiciones que para las bendiciones, porque una bendición es
esencialmente el límite óptimo de una persona. Cuando hace demasiado calor,
tengo calor; cuando hace demasiado frío, tengo frío; cuando llueve, me mojo, y
así sucesivamente. El límite de los seres humanos es muy delicado, y si se
inclinan hacia un lado, ya no es bueno.
¿Cómo lograremos, en nuestra vida diaria, reconocer la bendición que surgirá de
los momentos difíciles y perturbadores?
No siempre podemos verla mientras
atravesamos la dificultad. Jasidut tampoco nos pide llamar “bueno” a aquello
que duele. Nos enseña algo más profundo: no identificar la apariencia
presente con el desenlace final. En Elul, cuando hacemos jeshbón
hanéfesh, miramos hacia atrás y muchas veces descubrimos que situaciones
que parecían obstáculos nos llevaron a lugares que jamás hubiéramos alcanzado
sin ellas. Por eso Ki Tavó comienza con “Vehaiá” — alegría, continúa con
Bikurim — agradecimiento, y aun dentro de la Tojajá — ocultamiento,
Jasidut busca revelar la bendición interior.
La mirada jasídica no niega la oscuridad;
busca descubrir la luz que Hashem ha ocultado dentro de ella. Y quizás esa pueda ser la idea central de
tu clase de esta noche: No siempre tenemos el poder de elegir lo que nos
sucede, pero podemos aprender a mirar nuestra historia hasta descubrir cómo
Hashem transforma también los descensos en parte del camino hacia una bendición
mayor.
¡JASID, ESCONDE TUS ESPINAS!
Los primeros jasidim acostumbraban ocultar
y enterrar profundamente sus espinas y trozos de vidrio rotos para no dañar al
prójimo.
Por lo general, un jasid ferviente y
entregado comienza su camino espiritual con cierta dosis de extremismo: un
entusiasmo inocente y celoso que lo impulsa a palabras y acciones que traspasan
los límites. Más adelante, a medida que madura, ese fervor inicial se
transforma en un esfuerzo firme y constante por influir sobre toda la humanidad
y cobijarla bajo las alas de la Presencia Divina (Shejiná). Es entonces
cuando comprende que, aun si ese celo apasionado sigue latiendo en su corazón,
debe ocultar y refrenar su expresión punzante, para no herir al prójimo ni
alejarlo de acercarse a la verdad.
Del mismo modo, el jasid debe aprender a
ocultar sus propios méritos (zejuiot). Hacer alarde de las virtudes
personales conduce a su quiebre, transformando los méritos en fragmentos
afilados de vidrio (zejujiot) que pueden herir y cortar a los demás.
Para avanzar juntos en el servicio a Dios —con un vínculo sincero y sin
soberbia— es necesario borrar la noción de superioridad o privilegio,
cultivando una profunda sensación de igualdad nacida de la certeza de que toda
virtud no es más que un regalo del Cielo.
EL BIEN OCULTO EN LA PERSONA
A veces una persona no ve el bien que
existe dentro de ella.
Está ocupada con sus debilidades, sus fracasos y todas las razones por las que
no puede.
Pero cuando alguien elige creer
verdaderamente en ella, algo comienza a cambiar desde adentro.
A veces, tu fe en una persona es
precisamente lo que le da la fuerza para descubrir quién es realmente.
Cuando vemos el bien en el otro, lo
alentamos y creemos en sus capacidades,
le permitimos conectarse con lugares dentro de sí mismo que quizás ni siquiera
él conocía todavía.
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Parashá Ki Tavó — Resumen
La parashá Ki Tavó (Deuteronomio /
Devarim 26:1 – 29:8) es la quincuagésima sección semanal de la Torá y una de
las más solemnes, conteniendo las leyes de la entrada a la tierra de Israel, la
ceremonia de bendiciones y maldiciones, y la advertencia nacional (Tojejá).
Ki Tavó (Devarim 26:1–29:8) comienza con una de las mitzvot
más hermosas vinculadas con la Tierra de Israel: Bikurim, la entrega de
las primicias. Al llegar a la tierra, trabajarla y recoger sus primeros frutos,
el judío los lleva al Beit HaMikdash y expresa su agradecimiento a Hashem. No
considera la abundancia como algo que le pertenece por derecho propio, sino
como una bendición recibida. Por eso declara: “He venido a la tierra que
Hashem juró a nuestros padres que nos daría”.
Al entregar los Bikurim se recita un texto
que resume la historia del pueblo de Israel: desde nuestros patriarcas, el
descenso a Egipto, la esclavitud y el sufrimiento, hasta la redención y la
llegada a “una tierra que mana leche y miel”. La Torá nos enseña así que
agradecer no es solamente decir “gracias”, sino recordar de dónde venimos,
reconocer Quién nos salvó y comprender para qué recibimos nuestras bendiciones.
La parashá continúa con el vidui maaser,
la declaración relacionada con los diezmos, y con una afirmación fundamental
del pacto entre Hashem e Israel: “A Hashem has declarado hoy que sea tu
Dios… y Hashem ha declarado hoy que seas para Él un pueblo preciado”.
Existe una relación recíproca: nosotros elegimos pertenecer a Hashem y Hashem
nos elige como Su pueblo.
Moshé ordena que, al cruzar el Jordán, se
levanten grandes piedras sobre las cuales serán escritas las palabras de la
Torá. Luego, en los montes Guerizim y Eival, el pueblo renovará
solemnemente su pacto con Hashem mediante bendiciones y advertencias.
Las Piedras en el Monte Eval y el Altar
Al cruzar el río Jordán, el pueblo debe erigir
grandes piedras enyesadas en el Monte Eval y escribir en ellas claramente
las palabras de la Torá.
Allí mismo se construye un altar de piedras
enteras (sin labrar con hierro) para ofrecer sacrificios de paz y
holocausto con regocijo ante Dios.
Seis tribus (Simón, Leví, Judá, Isacar, José y
Benjamín) se sitúan sobre el Monte Guerizim para proclamar las
bendiciones.
Las otras seis tribus (Rubén, Gad, Aser, Zabulón,
Dan y Neftalí) se colocan sobre el Monte Eval para las maldiciones.
Los levitas proclaman once maldiciones
específicas en voz alta contra transgresiones cometidas en secreto
(idolatría oculta, deshonra a los padres, desvío de linderos, corrupción
judicial, incesto, etc.), y todo el pueblo responde: «Amén».
Las Bendiciones y la Tojajá
(Reprensión y Advertencias)
Las bendiciones: Prosperidad agrícola, fertilidad, éxito
material, paz y victoria militar si el pueblo escucha y cumple la voz de
Dios.
Las advertencias (Tojejá): Una extensa y detallada lista de
consecuencias severas por abandonar el pacto divino, incluyendo epidemias,
sequías, derrotas militares, asedios extremos, exilio y dispersión entre
las naciones. La raíz de estas calamidades se atribuye a: «Por no haber
servido al Eterno, tu Dios, con alegría y con bondad de corazón frente a
la abundancia de todo» (Dt. 28:47).
Uno de los versículos centrales dice: “Y
vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán”. La Torá promete
bendición en la ciudad y en el campo, en los hijos, en los frutos de la tierra,
en el trabajo y en todos los caminos de la vida cuando Israel escucha la voz de
Hashem y cumple Sus mitzvot.
Después aparece la Tojajá, una
extensa y severa descripción de las consecuencias del alejamiento de Hashem.
Pero incluso allí encontramos una clave esencial: “Por cuanto no serviste a
Hashem tu Dios con alegría y buen corazón, por la abundancia de todo”
(Devarim 28:47). No alcanza con cumplir: la avodá debe realizarse con simjá,
reconociendo el bien que Hashem nos concede.
Maldiciones por:
A porque no serviste a Hashem con alegría:
no se puede tener alegría si lo obligan.
B porque no cumpliste las cosas en su
momento entonces ahora las cumples a la fuerza,
En verdad: la historia del ciego y la
antorcha.
La parashá concluye recordando los milagros
que Hashem realizó durante los cuarenta años en el desierto. Moshé enseña que
recién ahora Israel comienza a alcanzar una comprensión más profunda: “Hashem
no les dio hasta hoy corazón para comprender, ojos para ver y oídos para
escuchar”.
Ki Tavó en Elul
Leída en las cercanías de Rosh Hashaná,
Ki Tavó contiene un mensaje especialmente apropiado para Elul: entrar en
una nueva etapa comienza con gratitud, teshuvá y alegría. Antes de
pedirle a Hashem un año nuevo y bueno, miramos los “primeros frutos” de nuestra
propia vida y reconocemos todo lo que Él ya nos ha dado.
La enseñanza puede resumirse en una frase: cuando
reconocemos que todo proviene de Hashem y lo servimos con alegría,
transformamos nuestra vida misma en una ofrenda de Bikurim.
Conclusión: La
Visión Histórica
Moisés concluye recordando los milagros
presenciados en el desierto durante cuarenta años (el sustento, las ropas y
calzados que no se desgastaron, las victorias militares sobre Sijón y Og) y
exhorta al pueblo a cumplir las palabras del pacto para prosperar en todo lo
que hagan.
___________
Jasidut del Rebe sobre Ki
Tavó
Una de las enseñanzas más profundas del Rebe
Menajem Mendel Schneerson sobre Ki Tavó surge de las palabras iniciales:
“Vehaiá ki tavó el haáretz” — וְהָיָה כִּי תָבוֹא אֶל הָאָרֶץ
“Y será cuando entres a la Tierra…” (Devarim 26:1).
1. “Vehaiá” expresa alegría
Nuestros Sabios enseñan que la expresión “Vehaiá”
está asociada con simjá, alegría. El Rebe destaca que la entrada a la
Tierra de Israel no debe entenderse solamente como un acontecimiento histórico.
En la avodá personal, “entrar en la Tierra” significa entrar plenamente en
el lugar y la misión que Hashem nos asignó.
No debemos servir a Hashem como alguien que
quisiera estar en otro lugar. La verdadera avodá consiste en reconocer: este
es mi lugar, este es mi tiempo y aquí Hashem espera que revele Divinidad. Por
eso comienza con Vehaiá: la misión se cumple con alegría.
2. Los Bikurim: entregar a Hashem “lo
primero”: Cuando el judío
ve el primer fruto que madura, lo marca para llevarlo posteriormente al Beit
HaMikdash como Bikurim. Jasidut encuentra aquí una enseñanza
extraordinaria: lo primero y mejor de nuestra vida debe pertenecer a Hashem.
Al despertarnos, antes de ocuparnos del mundo, decimos Modé Aní. El
comienzo del día es entregado a Hashem. Lo mismo sucede con nuestras
capacidades, nuestro tiempo, nuestros bienes y nuestros logros. No esperamos a
terminar todos nuestros asuntos para darle a Hashem “lo que queda”. Le
entregamos las primicias.
3. “Aramí oved aví”: nunca olvidar de dónde
venimos: Al presentar los
Bikurim, el judío recuerda toda su historia: “Aramí oved aví…” Recuerda
las dificultades, Egipto, la esclavitud y finalmente la redención. ¿Por qué
recordar los momentos dolorosos precisamente cuando estamos parados con una
canasta llena de frutos? Porque entonces comprendemos verdaderamente la
bendición.
Cuando uno contempla únicamente el momento
presente puede pensar: “Esto lo conseguí yo”. Pero cuando contempla todo
el camino recorrido descubre la Hashgajá Pratit que lo acompañó. Aquello que en
determinado momento parecía una dificultad puede revelarse después como parte
del camino que condujo hacia una bendición mucho mayor.
4. La frase sorprendente de la Tojajá: En medio de las duras advertencias de Ki
Tavó aparece: “תַּחַת אֲשֶׁר לֹא עָבַדְתָּ אֶת ה׳ אֱלֹקֶיךָ
בְּשִׂמְחָה וּבְטוּב לֵבָב מֵרֹב כֹּל” “Por no
haber servido a Hashem tu Dios con alegría y buen corazón, por la abundancia
de todo.”
(Devarim 28:47) Jasidut enfatiza algo radical: no basta con hacer la mitzvá;
importa también cómo se hace. La simjá no es simplemente una recompensa por
servir a Hashem. La alegría misma forma parte de la avodá.
5. ¿Bendiciones o maldiciones? Aquí hay una idea jasídica especialmente
apropiada para el título de tu clase, “De bendiciones y maldiciones”. Jasidut
explica que las expresiones aparentemente negativas de la Tojajá poseen, en su
raíz espiritual, bendiciones muy elevadas, tan elevadas que pueden
descender ocultas bajo una apariencia contraria. Esto se relaciona con la
conocida historia jasídica sobre el Alter Rebe, quien acostumbraba leer
la Torá. En cierta ocasión otro leyó la Tojajá y su hijo, el futuro Admur
HaEmtzaí, sufrió profundamente al escucharla. Cuando le preguntaron cómo
había podido escucharla otros años, respondió, en esencia: “Cuando mi padre
leía, no se escuchaban maldiciones.” El sentido jasídico es extraordinario:
el tzadik puede percibir la bendición interior escondida dentro de las
palabras severas.
Y esto responde directamente a tu pregunta
para la clase:
¿Cómo reconocer la bendición que surgirá de
los momentos difíciles y perturbadores?
No siempre podemos verla mientras
atravesamos la dificultad. Jasidut tampoco nos pide llamar “bueno” a aquello
que duele. Nos enseña algo más profundo: no identificar la apariencia
presente con el desenlace final. En Elul, cuando hacemos jeshbón
hanéfesh, miramos hacia atrás y muchas veces descubrimos que situaciones
que parecían obstáculos nos llevaron a lugares que jamás hubiéramos alcanzado
sin ellas. Por eso Ki Tavó comienza con “Vehaiá” — alegría, continúa con
Bikurim — agradecimiento, y aun dentro de la Tojajá — ocultamiento,
Jasidut busca revelar la bendición interior.
La mirada jasídica no niega la oscuridad;
busca descubrir la luz que Hashem ha ocultado dentro de ella. Y quizás esa pueda ser la idea central de
tu clase de esta noche: No siempre tenemos el poder de elegir lo que nos
sucede, pero podemos aprender a mirar nuestra historia hasta descubrir cómo
Hashem transforma también los descensos en parte del camino hacia una bendición
mayor.
____________
¡El sonido del shofar despierta: Elul está en el mundo!
Los caminos del jasidut, de las enseñanzas del Rebe Rayatz de Lubavitch: Cada día del mes de Elul
es completamente diferente de los días del resto del año.
Cuando
uno todavía está acostado en la cama a las seis de la mañana, escucha que el
primer minián de vatikín del Beit HaMidrash ya terminó su plegaria. Se
toca el shofar. El sonido del shofar despierta: ¡Elul está en el mundo!
Uno
se apresura a vestirse y ya no está satisfecho consigo mismo: «¿Por qué dormí
hasta tan tarde?». Entonces pasa por su pensamiento Moshé Rabeinu, alav
hashalom, que se encontraba en el monte, y recuerda que estos son días de
favor —Iemei Ratzón—, días en los cuales es posible actuar de una manera
completamente diferente.
Hay que convertirse en una persona verdadera. No se puede desperdiciar el
tiempo.
Al
llegar al Beit HaMidrash, uno encuentra ya una gran concurrencia. Algunos
recitan Tehilim; otros estudian Jasidut; otros dicen Tikunei Zohar; y otros, de
pie o sentados, están inmersos en la plegaria.
En
el orden del servicio espiritual de Jabad, la plegaria —la avodá
shebalev, el servicio del corazón— ocupa uno de los lugares más grandes e
importantes.
En
Lubavitch había jasidim conocidos como baalei avodá, hombres dedicados
profundamente al servicio de Dios, que rezaban durante muchas horas incluso en
los días comunes de todo el año. Pero especialmente durante el mes de Elul, todo
era completamente diferente.
Cuando
se entraba en la segunda sala del minián, uno quedaba impresionado por
la extraordinaria escena que aparecía ante sus ojos. Cada uno estaba sumergido
en sus pensamientos y en un estado de dvekut, unión y apego a Dios. No
escuchaba ni veía lo que sucedía a su alrededor.
Uno
entonaba con una melodía de Jabad: «Baruj gozer umekaiem»; otro decía «Janún
verajum»; un tercero, «Vejulam meshabejim umefaarim». Otro se
encontraba en medio de la plegaria de Ahavat Olam y pronunciaba apenas
unas pocas palabras.
Pero
el significado de esas palabras brotaba de cada una de ellas con tal riqueza de
comprensión, con semejante conexión interior y con una voz tan suplicante, que
podía sentirse cómo con cada palabra el hombre que rezaba se elevaba cada
vez más alto. Se acercaba más y más al punto esencial; parecía que estaba a
punto de alcanzar su objetivo.
La
melodía suplicante de «Maher vehavé aleinu berajá veshalom» —«Apresúrate y
trae sobre nosotros bendición y paz»—, y la melodía tranquila y agradable
de «Vetolijenu meherá komemiut leartzenu» —«Condúcenos pronto, erguidos, a
nuestra Tierra»—; la voz llena de confianza con la que decía «Ki E-l
poel ieshuot Atá» —«Porque Tú eres Dios, que obra salvaciones»—, y la voz
de alegría con la que pronunciaba «Vekeravtanu Malkenu leshimjá hagadol» —«Y
Tú, nuestro Rey, nos acercaste a Tu gran Nombre»—, le daban la fuerza para
proclamar:
«Shemá Israel».
Con
cada día que pasaba, se acercaban más al Shabat de Selijot. Y el maamar
de Jasidut de aquel Shabat de Selijot se escuchaba con una concentración y una
disposición del corazón completamente diferentes.
El
Rebe Rayatz nos transmite aquí algo más que el recuerdo de cómo se vivía Elul
en Lubavitch: describe una atmósfera en la que el sonido del shofar cambiaba
la percepción del tiempo. El mismo día, la misma plegaria y las mismas
palabras adquirían otra profundidad.
El shofar anuncia: ¡Elul está en el mundo! No hay tiempo que perder. Es
posible vivir de otra manera.
Fuente: Likutei Diburim, traducción al Lashón HaKodesh, vol. I, pág. 153
y ss.; del original Likutei Diburim, vol. I, pág. 230 y ss. Presentado por el Instituto Or HaJasidut.
MEOR EINAIM – PARASHAT KI TAVÓ
Conversiones de lo revelado y conversiones de lo oculto
Resumen
de las clases del Rabino Itzjak Ginsburgh, shlit״a
Editado por Itiel Guiladi. No revisado. 21 de Iyar 5786 – grabación.
Resumen del desarrollo de
la clase
Una de las
fuentes para meditar acerca de la difusión de la Torá entre las naciones del
mundo es el altar del monte Eival, sobre el cual fueron escritas «todas las
palabras de esta Torá, bien explicadas», en las lenguas de las setenta
naciones. El Meor Einaim sobre la parashá conecta la controversia entre Rabí
Iehudá y Rabí Shimón respecto de la escritura sobre el altar con el secreto de
la conversión en general. De sus palabras surge el tránsito desde la conversión
«clásica», propia de todo el período del exilio, hacia la innovación mesiánica
de la «Cuarta Revolución».
La escritura de la Torá
sobre el altar
En Parashat
Ki Tavó, Moshé ordena a Israel: «Y será cuando crucen el Jordán, levantarán
estas piedras que yo les ordeno hoy, en el monte Eival, y las revocarás con
cal. Y construirás allí un altar para Hashem, tu Dios, un altar de piedras; no
alzarás sobre ellas hierro. Con piedras enteras construirás el altar de Hashem,
tu Dios… Y escribirás sobre las piedras todas las palabras de esta Torá, bien
explicadas».²
Respecto de
cómo fue escrita la Torá sobre las piedras discrepan Rabí Iehudá y Rabí Shimón.
En el tratado Sotá (35b) se pregunta cómo escribió Israel la Torá. Rabí Iehudá
sostiene que la escribieron sobre las piedras y luego las cubrieron con cal.
Rabí Shimón objeta: si fue así, ¿cómo pudieron las naciones aprender la Torá?
Rabí Iehudá responde que el Santo, bendito sea, les concedió una «comprensión
adicional» y enviaron sus escribas, retiraron la cal y copiaron el texto. Rabí
Shimón sostiene, en cambio, que la Torá fue escrita sobre la capa de cal, de modo
visible, y que debajo se escribió una advertencia para que las naciones
retornaran y no aprendieran las prácticas prohibidas.
Según Rabí
Iehudá, por lo tanto, la Torá quedó cubierta y no estaba abiertamente expuesta
a las naciones. Sin embargo, Hashem les dio una «biná ieterá», una comprensión
adicional, para enviar escribas, retirar la cal y copiarla. Esa era su
posibilidad de aprender. Aun así, la enorme mayoría no fue atraída hacia el
bien, y por ello «sobre este asunto fue sellado su decreto para el pozo de
destrucción: podían haber aprendido y no aprendieron». Según Rabí Shimón, por
el contrario, la Torá estaba escrita abiertamente ante todas las naciones,
acompañada de una invitación explícita a hacer teshuvá.
Israel y
los niveles entre las naciones
De acuerdo
con la explicación de Rashi citada en el texto, Rabí Shimón y Rabí Iehudá
coinciden respecto de los siete pueblos que habitaban en la Tierra de Israel:
se aplicaban a ellos los preceptos de «los destruirás por completo»⁴ y «no
dejarás con vida alma alguna».⁵ Incluso si vinieran a convertirse, no se los
recibiría, pues se presumiría que la conversión proviene del temor a la muerte
y no constituye una conversión verdadera. En cambio, miembros de las demás
setenta naciones pueden estudiar Torá y despertar a partir de ella al retorno.
La discusión se refiere a miembros de los siete pueblos que se encuentran fuera
de la Tierra de Israel: Rabí Iehudá los incluye también en «los destruirás por
completo», mientras que Rabí Shimón entiende que esa orden no se aplica a ellos
y, si retornan a partir del estudio, pueden ser recibidos.
Surgen así
tres niveles, de abajo hacia arriba: los siete pueblos dentro de la Tierra de
Israel; los siete pueblos fuera de ella, respecto de quienes discrepan Rabí
Iehudá y Rabí Shimón; y las setenta naciones del mundo, entre las cuales
ciertamente pueden existir quienes hagan teshuvá.
En la
dimensión interior, Israel corresponde al mundo de Atzilut, según la expresión
«los nobles [atzilei] de los hijos de Israel».⁷ Debajo se encuentran tres
niveles correspondientes a los tres mundos inferiores, Beriá, Ietzirá y Asiá.
Beriá, cercano a Atzilut, representa las «posibilidades de la existencia»⁸: una
realidad potencial que puede transformarse para bien. A ella corresponden las
setenta naciones, pues es el mundo del intelecto y de la nefesh hasijlít que
existe también en ellas. Asiá corresponde a los siete pueblos de Canaán dentro
de la Tierra de Israel. Ietzirá, mundo de las inclinaciones y los deseos, mitad
bien y mitad mal, corresponde a los siete pueblos fuera de Israel. Rabí Iehudá
entiende que no tienen reparación; Rabí Shimón sostiene que, en esa realidad
equilibrada, es posible inclinar la balanza hacia la derecha y acercarlos.
El secreto de la
conversión
Después de
esta introducción, el Meor Einaim pregunta cuál sería, según Rabí Iehudá, el
propósito de haber escrito la Torá. Para Rabí Shimón es claro: permitir e
invitar a la teshuvá de quienes se encontraban fuera de la Tierra de Israel.
Pero, si según Rabí Iehudá el texto se dirige solamente a las setenta naciones
y ni siquiera contiene una invitación explícita, ¿para qué fue escrito? Para
responder, explica el secreto de la conversión:
«Es sabido
que toda la vitalidad de los pueblos proviene de las almas caídas que se
encuentran entre ellos, que cayeron a raíz del pecado de Adam HaRishón y de las
generaciones posteriores. De allí vienen las almas de los conversos: todo aquel
en quien se encuentra revestida una chispa santa viene a convertirse, a
diferencia de los demás. Pues ¿cómo podría el mal absoluto acercarse al bien
absoluto si no tuviera una dimensión intermedia mediante la cual pudiera unirse
a la santidad? Y es necesario recibirlos en la santidad».
Los pecados
de las primeras generaciones hicieron caer chispas dentro de las naciones. Esas
chispas sagradas constituyen una afinidad con el bien absoluto y con la
santidad de Israel, y por su fuerza surgen los guerim. Todo ser posee una
chispa santa sin la cual no podría existir. Pero puede hallarse como un makif
lejano, sin expresión consciente, un «ocultamiento que no está en la realidad»;
o puede estar «revestida», en palabras del Meor Einaim, como un makif cercano a
la conciencia: un «ocultamiento que sí está en la realidad», que pugna por
revelarse. Una chispa así impulsa a la conversión. Cada chispa de este tipo
debe retornar antes de la llegada del Mashíaj.¹⁶ ¹⁷
El proceso
de conversión tiene como finalidad comprobar si aquí se ha revelado una chispa
auténtica, capaz de superar las kelipot exteriores y los intereses externos.
Por eso se informa al candidato de la gravedad de las transgresiones y sus
castigos, para comprobar su sinceridad, pero no se lo hostiga excesivamente.
Cuando demuestra seriedad, debe ser convertido sin demoras innecesarias. Cuando
llegue Mashíaj, después de concluir definitivamente la labor de birurim, ya no
se recibirán conversos, pues se presumirá que su motivación proviene de un
interés exterior.
La nutrición de los
herejes a partir de la Torá
La Torá
escrita sobre el altar despierta a la teshuvá y a la conversión a quienes
poseen una chispa buena «revestida». Pero quien carece de esa manifestación
puede sentirse atraído por el estudio y producirse en él el efecto contrario.
El Meor Einaim dice que los gentiles que no poseen en ellos almas provenientes
de la santidad, aun cuando vienen a estudiar Torá, ven dentro de ella ideas
heréticas de acuerdo con sus propios deseos. Al estar fuera del límite de la
santidad, no ven la verdad, pues fuera de ese límite se encuentra el ámbito de
la falsedad y las kelipot.
El texto
explica así la expresión «biná ieterá». La Torá posee un límite, el «límite de
la santidad», por eso está escrito: «No agregarán a ella ni disminuirán de
ella». Las cercas establecidas por los Sabios no constituyen una adición
arbitraria, sino una protección de la Torá.¹⁹ ²⁰ Toda adición ajena a esa
función puede sacar a la persona del límite de la santidad y conducirla al
ámbito de la falsedad, impidiéndole percibir la verdad de la Torá. Así, según
Rabí Iehudá, la Torá fue escrita para aquellos en quienes existe una dimensión
de bien; en quienes no la poseen, la «comprensión adicional» puede convertirse
en una «excedencia» negativa, en algo superfluo que alimenta la kelipá.
Las conversiones de Rabí
Iehudá y Rabí Shimón
La
enseñanza del Meor Einaim conservada en el documento termina antes de completar
su exposición, pero permite comprender la profundidad interior de la
controversia. La existencia de todo ser depende de una chispa divina, una
afinidad con el bien y la santidad, que en cierto sentido puede llamarse «el
punto judío». En el judío aparece revelada; en el no judío permanece oculta.
En ese
ocultamiento existen dos niveles: «ocultamiento que está en la realidad»,
correspondiente al makif cercano, el nivel de jaiá del alma, que roza la
conciencia y posee un potencial que procura revelarse; y «ocultamiento que no
está en la realidad», correspondiente al makif lejano, el nivel de iejidá,
completamente escondido, que puede permanecer como una mera posibilidad sin impulso
natural a revelarse.
Rabí
Iehudá, hombre de la dimensión revelada de la Torá —y cuya opinión suele
fijarse como halajá en nuestro mundo revelado—, se dirige solamente a los
conversos potenciales cuyo punto está en el «ocultamiento que está en la
realidad». Son capaces de «oler» que debajo de la cal existe un contenido dirigido
hacia ellos, porque también dentro de ellos hay una chispa que desea revelarse
debajo de la cobertura exterior. Este modelo corresponde a las conversiones
habituales durante el exilio: almas que por sí mismas son atraídas hacia el
pueblo de Israel, sin un esfuerzo consciente por acercarlas.
Rabí
Shimón, hombre de la dimensión oculta —y cuya opinión se impone especialmente
en las leyes de Shabat, «semejanza del Mundo Venidero»—, cree también en la
posibilidad de revelar la chispa de la iejidá. Por eso no teme escribir la Torá
abiertamente y dirigirse expresamente a todos. Confía en que exponer a las
naciones del mundo a la luz de la Torá puede revelar muchas chispas
adicionales, incluso aquellas completamente ocultas.
En esta
lectura, Rabí Shimón constituye una raíz de la «Cuarta Revolución»: la
actividad consciente, de cara a los días del Mashíaj, destinada a iluminar a
todos con la luz de la Torá, con la expectativa de despertar incluso chispas
totalmente ocultas y acercar al pueblo de Israel a los numerosos guerim cuyo
retorno a su raíz está relacionado con la Gueulá.
Dos niveles de conversión
Ambos
enfoques —lo oculto y lo revelado, Rabí Shimón y Rabí Iehudá— son «estas y
aquellas son palabras del Dios viviente».³² Son dos clases de conversión: una
que procede del makif lejano y otra del makif cercano.
El punto de
partida de toda la meditación es la escritura de la Torá «sobre el altar en el
monte Eival». El texto desarrolla varias alusiones de guematria. Torá (611) más
«sobre el altar en el monte Eival» (481) suma 1092. Ese mismo valor
corresponde, según el cálculo presentado, a makif hakarov más makif harajok: la
fuente de las conversiones de Rabí Iehudá y la fuente de las conversiones de
Rabí Shimón.
Al sumar
los nombres Shimón (466) e Iehudá (30) se obtiene 496, valor asociado en el
texto con «Avraham Avraham». Avraham Avinu, «padre de una multitud de
naciones», es el primero que proclamó el Nombre de Hashem y se ocupó de acercar
y convertir: «y las almas que hicieron en Jarán». Incluye, por lo tanto, ambos
niveles: las chispas cuyo ocultamiento «está en la realidad», según Rabí
Iehudá, y las chispas cuyo ocultamiento «no está en la realidad», según Rabí
Shimón.
El
documento agrega otra alusión: 1092, sumado a Rabí Shimón (678) y Rabí Iehudá
(242), da 2012, cuatro veces 503, valor de «Avram hu Avraham». Puede decirse
que «Avram» representa el primer nivel, anterior al brit milá, asociado con
Rabí Iehudá y jaiá; mientras que «Avraham», después de que en el brit milá se
agregó la letra hei —fuerza de revelación—, representa la capacidad de
despertar y revelar incluso la chispa situada en el «ocultamiento que no está
en la realidad», el nivel de iejidá, difundiendo Divinidad por todo el mundo.
Puntos principales del resumen final
·Respecto de los
siete pueblos dentro de la Tierra de Israel, el texto sostiene que no se recibe
una conversión motivada por temor a la muerte.
·Las setenta
naciones corresponden aquí a Beriá, mundo del intelecto, donde existen quienes
pueden acercarse a la Torá.
·La controversia
se concentra en Ietzirá, mitad bien y mitad mal: Rabí Iehudá entiende que no
hay reparación; Rabí Shimón que es posible inclinar la balanza hacia el bien.
·La chispa puede
estar «revestida», en un makif cercano a la conciencia, como un ocultamiento
que procura revelarse.
·El beit din
necesita una suerte de «ruaj hakodesh» para reconocer al guer auténtico y,
cuando demuestra sinceridad, proceder sin retrasos.
·Con la llegada
del Mashíaj, tras concluir la labor de birurim, ya no se recibirán guerim por
presumirse motivaciones externas.
·Una adición
impropia a las palabras de la Torá puede sacar del límite de la santidad y
deformar la percepción de su verdad.
·La «biná
ieterá» también puede entenderse positivamente como poder para penetrar más
allá de la chispa buena manifiesta, a semejanza de Itró, el primer guer, que
añadió una sección a la Torá.
·La existencia
de todo ser depende de una chispa divina, una afinidad con el bien y la
santidad, denominada aquí, en cierto sentido, «el punto judío».
·Rabí Iehudá
representa las conversiones de quienes poseen una chispa en el «ocultamiento
que está en la realidad» y son atraídos espontáneamente hacia Israel.
·Rabí Shimón
representa la confianza en que la exposición abierta de la Torá puede despertar
incluso chispas completamente ocultas.
·Esta
perspectiva de Rabí Shimón se presenta como raíz de la «Cuarta Revolución», la
difusión consciente de la luz de la Torá hacia todas las naciones de cara a la
Gueulá.
·Avraham Avinu,
«padre de una multitud de naciones», contiene ambos niveles de conversión.
Notas
1. Editado por Itiel Guiladi. No
revisado en profundidad.
2. Devarim 27:4-8.
3. La expresión recuerda la enseñanza
de los Sabios: «una comprensión adicional [biná ieterá] fue dada a la mujer más
que al hombre» (Nidá 45b). El original observa que, incluso en Israel en
tiempos de Moshé, no se encontraron «nevonim»; el Meor Einaim interpreta aquí
la expresión también en sentido negativo, aunque más adelante aparece asimismo
su dimensión positiva.
4. Devarim 20:17.
5. Ibíd. 20:16.
6. Rashi a Devarim 20:10.
7. Shemot 24:11.
8. Véase maamar «Tzión» 5662, Sefer
HaMaamarim 5662, p. 356; maamar «Shuvá» 5686, Sefer HaMaamarim 5686, p. 30; Sod
Hashem Lireav, Shaar 2, cap. 1.
9. Véase Tikunei Zohar 6 (23a);
comienzo de Ramaz sobre Zohar II, y otros lugares.
10. Véase Zohar III 290b;
I 123a.
11. Ieshaiahu 43:7.
12. Rashi al final de Parashat Noaj;
véase Zohar I 147a; Shnei Lujot HaBrit, introducción a Asará Maamarot; Shefa
Tal, sección Tal, portal 12, cap. 1.
13. Julin 108a; Ievamot 81a.
14. Etz Jaim, Shaar 43, introducción, y
otros lugares.
15. Bereshit Rabá 19:13;
Shir HaShirim Rabá 5:1.
16. Shmuel II 14:14.
17. Véase Likutei Moharán 17:6.
18. Véase también la clase del 2 de Adar
5782 y sus continuaciones; HaMahapejá HaReviit, cap. 13, al final, y otros
lugares.
19. Ievamot 21a.
20. Véase Pirkei Avot 1:1.
21. Según Tikunei Zohar, tikún 30 (74a).
22. Sanhedrín 29a; Rashi a Bereshit 3:3.
23. Ierushalmi Rosh Hashaná 3:8;
introducción de Eijá Rabá, sección 2; Pesikta deRav Kahana, piska 15, letra 5.
24. Mejilta, comienzo de Parashat Itró;
Rashi a Shemot 18:1.
25. Guitín 66a.
26. Véase, por ejemplo, Eruvín 46b y
otros lugares.
27. Shabat 157a.
28. Berajot 57b.
29. Introducción a Mishné Torá.
30. Véase también la clase del 18 de
Elul 5745 y numerosos lugares.
31. Véase HaMahapejá HaReviit y las
clases a partir del 24 de Tevet 5775.
32. Eruvín 13b.
33. Shaarei Ahavá veRatzón, ensayo «Sod
HaSheva veHaShloshá Asar», y otros lugares.
40. Al sumar a 2012 también los niveles
jaiá-iejidá (60), se obtiene 2072, número múltiplo de 7 y también de 37 (el
«diamante» de 7: 56 × 37), múltiplo de iejidá, nivel de Rabí Shimón, como se
explicó.
PARASHÁ KI
TAVO
CUARTA
REVOLUCIÓN
TOCAR EL
POTENCIAL OCULTO
En el marco
del pacto de responsabilidad mutua (arvut) celebrado con la entrada a la
Tierra de Israel, se construyó un altar de piedras sobre el cual se escribieron
todas las palabras de la Torá "bien esclarecidas", en los
setenta idiomas. Esta escritura enseña que toda la Torá —con la cual el pueblo
de Israel se compromete en ese momento— encierra un mensaje y una promesa para
la humanidad entera.
El «punto del
judaísmo» —comprometido con el cumplimiento de la Torá de Dios, con la
responsabilidad mutua de Israel y con la rectificación del mundo entero (Tikún
Olam)— existe de manera manifiesta únicamente en el pueblo de Israel,
portador de un alma divina que es "una porción Divina de lo Alto,
literalmente". No obstante, también en los miembros de las demás
naciones puede existir, en estado de ocultamiento y como una luz circundante (makif),
una chispa de ese mismo punto. El encuentro con la Torá es capaz de despertar
este punto, extraerlo de su ocultamiento y llevar a esa persona a convertirse
conforme a la Halajá e incorporarse al pueblo judío. Por esta razón, quien se
convierte es llamado en las fuentes "un prosélito que se
convirtió" (y no "un no-judío que se convirtió"),
pues el proceso de conversión simplemente reveló la chispa de alma que ya
habitaba en su interior desde antes.
Para ser más
precisos: una chispa divina reside en cada ser humano e incluso en cada
creación. Hay personas en quienes la chispa está oculta, pero su presencia
latente se percibe: es un potencial que se encuentra en el umbral de la
consciencia, una fuerza que pugna por manifestarse y concretarse. En cambio, en
otros la chispa se encuentra enteramente oculta, sin ninguna presencia activa o
perceptible, siendo más exacto definirla como una «capacidad latente» que, por
vía natural, jamás llegaría a revelarse.
Rabí Yehudá
sostiene que la Torá se escribió sobre las piedras del altar y de inmediato se
cubrió con una capa de cal que ocultó la escritura. Una escritura oculta de
este tipo —que existe en la realidad pero permanece velada a la vista— tiene la
virtud particular de atraer hacia sí a aquellas almas cuya chispa divina está
próxima a la consciencia, latiendo bajo la superficie en busca de expresión. Su
punto oculto «intuye» lo que se esconde bajo la cal y despierta para unirse al
pueblo de Israel, aun sin un llamado explícito a acercarse y retornar al bien.
Así funcionó la conversión a lo largo de todas las generaciones del exilio: no
se realizaba ningún esfuerzo proactivo por aproximar a las naciones, y solo
quien acudía por propia iniciativa —sin amedrentarse ante las advertencias y
los distanciamientos iniciales— merecía ingresar al pueblo de Dios.
Rabí Shimón,
por el contrario, afirma que la Torá se escribió directamente sobre la cal,
visible a los ojos de todos, concluyendo con una frase que invitaba
abiertamente a las naciones a aprender. Siendo el maestro de la dimensión
oculta (Nistar), Rabí Shimón es sensible incluso a una chispa tan velada
que carece de manifestación palpable; confía en que la exposición a la luz de
la Torá —manifiesta e invitante— puede despertar incluso esa capacidad latente
más profunda, revelando la chispa y acercándola. A este sendero de conversión
debemos acceder en la antesala de los días del Mashíaj, cuya llegada depende
del retorno de todas las chispas dispersas hacia el pueblo de Israel.
La raíz de
ambos caminos se halla en el primer judío, nuestro patriarca Abraham. Mientras
aún era "Avram el hebreo" (Avram HaIvrí), situado del
otro lado frente a la humanidad, atraía almas hacia la fe en Dios, uniendo a
todo aquel en quien reconocía una chispa en búsqueda del Creador. Sin embargo,
tras el pacto de la circuncisión (Brit Milá) y el cambio de nombre a Avraham
("padre de una multitud de naciones"), recibió la fuerza de
invocar el Nombre de "Havayá, Dios del mundo" (El Olám):
difundir a toda la humanidad la unidad de Dios con el mundo y despertar incluso
a las chispas más lejanas, hasta la consumación del destino profético: "Pues
entonces transformaré el lenguaje de los pueblos en un idioma claro, para que
todos invoquen el Nombre de Havayá y le sirvan hombro a hombro".
09-01 MAZAL MOZNAIM
*LOS SECRETOS DE LA ASTROLOGÍA JUDÍA*
*LAS
12 PUERTAS DEL CARÁCTER*
*“Mirar el alma y no el cuerpo”*
Vocación comunitaria y social, ayudar a los demás y construir
puentes de paz.
El mes de
Tishrei, al igual que todos los demás meses no es en sí mismo un mes «bueno» o
«malo». No existe un signo inherentemente favorable o desfavorable; todos los
signos poseen cualidades positivas y aspectos susceptibles de no serlo. La
cuestión fundamental radica en si sabemos aprovecharlos, aprender de ellos y
canalizarlos adecuadamente.
no todos los
presentes ni quienes escuchan o ven esta clase pertenecen al signo de Tishrei
(Libra). No obstante, ello carece de relevancia, dado que existen puntos
esenciales vinculados a este signo que pueden despertar e inspirar a cualquier
persona —hombre o mujer—, siempre que aprendamos a sintonizarnos con ellos para
elevarnos y aprender del mes.
Nuestros
Sabios, de bendita memoria, enseñan: «¿Quién es sabio? Aquel que aprende de
cada persona». Del mismo modo, podemos nutrirnos de cada signo y de cada
virtud. Hoy abordaremos varios aspectos de manera concisa y directa, confiando
en su capacidad de comprensión e inteligencia para profundizar e integrar estas
ideas en su vida.
Vocación comunitaria y social, ayudar a los demás y construir
puentes de paz.
*📖
Según la Cabalá y el Jasidut*
*Domingo
10 ELUL 5786 – 23 AGOSTO*
🕘*21:00
HORAS DE ISRAEL*
🌍En vivo desde Israel
El Rey David
dice en Salmos: «En la balanza han de subir...». La verdadera elevación
humana ocurre cuando la persona se evalúa con una conciencia de sí mismo
precisa, fijando un objetivo claro hacia el cual avanzar con constancia,
en lugar de dispersarse en múltiples frentes.
La
introspección es virtuosa mientras sirva para construir y rectificar —como
enseñaba el Rebe en el Haiom Iom: «Ama la crítica, pues ella te
colocará en tu verdadero lugar»—, pero no debe cruzar el límite hacia la
culpa estéril o la parálisis.
Introducción:
El potencial de cada mes y cada signo
El mes de
Tishrei, al igual que todos los demás meses —como ya he mencionado en
reiteradas ocasiones—, no es en sí mismo un mes «bueno» o «malo». No existe un
signo inherentemente favorable o desfavorable; todos los signos poseen
cualidades positivas y aspectos susceptibles de no serlo. La cuestión
fundamental radica en si sabemos aprovecharlos, aprender de ellos y
canalizarlos adecuadamente.
Asimismo, soy
consciente de que no todos los presentes ni quienes escuchan o ven esta clase
pertenecen al signo de Tishrei (Libra). No obstante, ello carece de relevancia,
dado que existen puntos esenciales vinculados a este signo que pueden despertar
e inspirar a cualquier persona —hombre o mujer—, siempre que aprendamos a
sintonizarnos con ellos para elevarnos y aprender del mes.
Nuestros
Sabios, de bendita memoria, enseñan: «¿Quién es sabio? Aquel que aprende de
cada persona». Del mismo modo, podemos nutrirnos de cada signo y de cada
virtud. Hoy abordaremos varios aspectos de manera concisa y directa, confiando
en su capacidad de comprensión e inteligencia para profundizar e integrar estas
ideas en su vida.
PUNTO 1: LA
LETRA LÁMED Y LA ESTRUCTURA ARMÓNICA DE LIBRA
El primer punto
vinculado al mes de Tishrei y al Mazal Moznaim, signo de Libra proviene del Séfer
Yetzirá (Libro de la Formación), atribuido al patriarca Abraham. Allí se
nos enseña que este mes fue creado a través de la letra hebrea Lámed (ל).
El rabino
Abraham ibn Ezra, en su obra Séfer Hatzajut —dedicada al análisis de la
lengua hebrea y al significado de sus letras—, destaca una particularidad
única: la letra Lámed es la única de todo el alfabeto hebreo cuyo trazo
asciende y sobrepasa la línea superior de la escritura. Si bien existen letras
que descienden por debajo del renglón, la única que sobresale hacia arriba es
la Lámed. En un rollo de la Torá, si la cabeza de la Lámed no
sobresale hacia arriba, la letra no es válida. En la escritura ashurit.
El sagrado Zóhar
describe a la letra Lámed como una «torre que vuela en el aire». Más
allá de que Libra pertenece al elemento Aire, la tradición enseña que la Lámed
está formada gráficamente por dos partes: una letra Kaf (כ) en su base y una letra Vav (ו) en su parte superior.
El valor
numérico de la unión de Kaf (20) y Vav (6) es 26, el cual
coincide exactamente con la guematría del Nombre Inefable de Dios (Tetragrámaton
/ Havayá). Según el Zóhar, todo lo que existe en la Creación —lo
inanimado, lo vegetal, lo animal y lo humano— se sustenta en su esencia interna
gracias a este Nombre Divino. Aunque los elementos difieren externamente en su
forma, comparten un punto armónico interior que los unifica, etzem haluz.
LA CONEXIÓN CON EL PRÓJIMO: MIRAR EL ALMA Y NO EL CUERPO
Lo distintivo
del mes de Tishrei y del signo de Libra es la capacidad de percibir la armonía,
la unidad y el vínculo intrínseco detrás de realidades que en su exterior lucen
dispares. En el plano astrológico, Libra se caracteriza por una fuerte
disposición hacia la armonía, la sociabilidad y la empatía.
Sabemos que los
seres humanos son diversos: sus rostros y opiniones no son idénticos. La única
forma de conectarse verdaderamente con los demás consiste en mirar a un nivel
más profundo del alma, en el «ADN espiritual» del Nombre de Dios que habita en
el interior de cada ser, reconociendo la unidad oculta tras la aparente
división externa.
Este es también
el principio central del capítulo 32 del Tania (que comienza con las
letras que forman la palabra Lev / corazón, conteniendo la letra Lámed):
todo depende de la perspectiva. Si una persona se enfoca en el cuerpo material,
los seres humanos se perciben como seres distantes y divididos; pero si se
conecta con el plano del alma, todos los seres provienen de una misma raíz
espiritual («todo Israel es responsable el uno por el otro»), todos
estamos conectados.
Cuando logramos
empatizar y conectar con alguien, es porque sintonizamos con su dimensión del
alma; cuando sentimos rechazo o antipatía, suele ser porque nos hemos enfocado
en su exterioridad o en sus vestiduras superficiales. Tishrei nos enseña que
para construir armonía en el hogar, la familia, la comunidad y el entorno
social, es indispensable observar la esencia interior de las personas más allá
de los defectos visibles. La armonía surge cuando se puede conectar con la
esencia, el etzem haluz, del alma. Un mes de compañerismo, de interés por el
otro y ayudarlo.
PUNTO 2: LEJATJILA
ARIBER – LA PERSPECTIVA ELEVADA
El segundo
punto se fundamenta en una enseñanza (Sijá) transmitida por el Rebe de
Lubavitch durante la festividad de Sucot en el año 5740 (1979), en honor al
Rebe Maharash. En dicha ocasión, el Rebe explicó que la letra Lámed (la
cual da origen al signo de Libra) representa el acrónimo del célebre principio
jasídico en idish: Lejatjila Ariber («De antemano por arriba»).
Esto se vincula
directamente con la noción del Zóhar sobre la letra que «se eleva y
vuela en el aire». El significado profundo de este enfoque radica en la manera
en que el ser humano procesa e interactúa con la realidad:
Existe la opción de observar, analizar
y enfrentar las situaciones cotidianas desde abajo, atrapado en las
limitaciones del terreno.
O bien, adoptar una perspectiva elevada
(a vista de pájaro), observando la realidad desde una posición
superior y trascendente.
La perspectiva
elevada: La parábola de la hormiga
La expresión
que utilizaba el Rebe Maharash, «Lejatjila Ariber» («de antemano
por arriba»), nos enseña que observar las cosas paso a paso exclusivamente
desde abajo puede resultar engañoso cuando se intenta comprender el panorama
completo. Acumular detalle tras detalle sin una perspectiva integral
distorsiona la realidad.
Esto me
recuerda siempre la parábola de aquella hormiga que caminó sobre el cuerpo de
un elefante y luego redactó un informe detallado de lo que vio: describió
colinas, montañas y valles a lo largo de extensas páginas, pero jamás escribió
la palabra «elefante», pues carecía de la perspectiva necesaria para captar la
totalidad. Cuando una persona observa a vista de pájaro, desde arriba y a la
distancia, percibe el conjunto integralmente. Captar la visión global e
integradora es el rasgo distintivo de la letra Lámed (ל).
La belleza de
la totalidad y la sensibilidad de Libra (Tishrei)
La apreciación
de lo bello surge al contemplar el conjunto. Cuando alguien se detiene en la
cima de una montaña o un risco y contempla todo el valle de Izreel a sus pies,
exclama que el paisaje es hermoso e impresionante. La belleza se percibe en la
totalidad; en cambio, cuando la persona se sumerge de lleno en los pormenores y
detalles técnicos, suele sentirse agobiada y contraída. (A diferencia del
mes de Elul, caracterizado por el examen minucioso, el detalle y la seriedad
estricta, Tishrei representa la amplitud del panorama).
Tishrei encarna
la belleza del conjunto. La manifestación anímica de este concepto es que a los
nacidos bajo este signo les cuesta tolerar la fealdad o la discordia. La
violencia, el derramamiento de sangre, los golpes, el odio y las peleas dañan y
marchitan profundamente su sensibilidad interior; no es su elemento.
La persona de
Libra busca armonía, unidad y estética; está configurada para apreciar lo
bello. Quien busca deprimir a un nativo de este signo solo necesita mostrarle
el lado oscuro y cínico de la vida. Conocer esta naturaleza le permite proteger
su encanto y su alegría interior del desgaste que provocan los entornos
hostiles.
3) OPTIMISMO Y
VISIÓN DE LARGO PLAZO
La postura de Lejatjila
Ariber permite sostener un enfoque optimista: ver desde el inicio que todo
marchará bien. En la cotidianidad existen días favorables y días difíciles («un
día de miel y otro de cebolla»), pero quien posee esta mirada no vive atado al
estado de ánimo del momento, sino enfocado en la gran proyección del futuro. No
bajarlo al mundo real, los detalles a veces no son tan bellos y es bueno
evitárselos.
En términos
espirituales, esta actitud implica afirmar: «Soy judío, soy un hijo del Rey
y todo saldrá bien», elevando la mente por encima de las limitaciones
materiales inmediatas. Si el hijo del rey llega a una choza humilde, necesita
desviar la mirada de la carencia inmediata para sostener el estado elevado que
le permite construir su vida.
LA TRAMPA DE LA
SUPERFICIALIDAD: LAS PRIMERAS TABLAS DE LA LEY
Toda cualidad
tiene su reverso. El Zóhar relata que varias letras pidieron ser el
instrumento con el cual Dios creara el mundo. La bet, bereshit lo logró. Pero
la letra Lámed solicitó ser elegida argumentando que con ella comienzan
las Tablas de la Ley (Lujot HaBerit), pero Dios no accedió.
Los
comentaristas explican que las primeras Tablas se rompieron porque fueron
entregadas con gran estruendo, dice el midrash, publicidad y ruido exterior.
Aquello que se realiza de manera grandilocuente, con afán de exhibición («to
show»), ostentación o soberbia, carece de la discreción necesaria para
perdurar, motivo por el cual Hashem entregó las segundas Tablas en silencio y
recogimiento para que perduren.
En la
psicología de Libra, esto puede derivar en una fijación excesiva por la
estética exterior en detrimento de la solidez interna. Por ejemplo, preferir un
automóvil únicamente por su apariencia atractiva, descuidando el estado y la
potencia del motor. La belleza superficial se desgasta rápidamente si no cuenta
con una estructura firme por dentro.
La enseñanza
fundamental para este signo —y para todo ser humano— reside en la máxima de Pirké
Avot: «No mires el recipiente, sino lo que hay en su interior»,
aprendiendo a buscar la dimensión interna y sustancial por encima del impacto
visual.
LA CAUTELA ANTE
LA FASCINACIÓN ESTÉTICA
Esa misma
búsqueda de armonía que permite conectar con el interior de los demás puede
volverse un arma de doble filo. Existe el riesgo de quedar encandilado, perder
el sentido crítico o cegarse ante una apariencia que deslumbra externamente
pero carece de un valor interno genuino. Ser conscientes de esta debilidad
permite prevenirla y no juzgar únicamente por el impacto visual.
PUNTO 4: LA
TRIBU DE EFRAÍM Y LA TRANSFORMACIÓN DEL RIGOR EN BONDAD
Cada uno de los
doce meses del año se corresponde con una de las tribus de Israel. El mes de
Tishrei está asociado a la tribu de Efraím, hijo de Iosef.
En el plano
cabalístico de las Sefirot, Tishrei pertenece a la esfera de Guevurá
(juicio, rigor y restricción), manifestada en solemnidades como Rosh Hashaná (Día
del Juicio) y Iom Kipur (Día del Perdón y ayuno).
Sin embargo,
cuando el patriarca Iaacov bendijo a los hijos de Iosef, cruzó deliberadamente
sus manos: colocó su mano derecha sobre la cabeza de Efraín (el menor) y la
izquierda sobre Menashé (el primogénito). Los maestros de la Cábala enseñan que
esto representa la capacidad espiritual de invertir la izquierda en derecha:
transformar el rigor (Guevurá) en benevolencia (Jésed), y el
juicio estricto en misericordia (Rajamim). Este mismo principio se
refleja en las 30 voces del Shofar en Rosh Hashaná (asociados a la letra Lámed,
cuyo valor numérico es 30), que trasladan a Dios del «trono del juicio» al
«trono de la misericordia». Qué aprendemos de esto sobre las características de los de este mazal.
EL PACIFICADOR:
VIRTUDES Y TENSIONES DEL MEDIADOR
En la
psicología de Libra, este principio se traduce en un mandato interior
constante: la necesidad vital de conciliar, pacificar y unir. El
conflicto o la discordia generan en ellos un malestar insoportable. Para lograr
este equilibrio e inclinar la balanza hacia la armonía, desarrollan rasgos
característicos:
Amabilidad y
simpatía natural.
Capacidad de ceder.
Buscar acuerdos de compromiso.
Empatía y consideración hacia el otro.
Disposición para la cooperación y el
trabajo compartido.
Trato cordial.
Delicadeza.
No obstante,
esta búsqueda de paz a menudo nace de una inquietud interna, similar a la del
hijo que no tolera las discusiones entre sus padres e interviene
desesperadamente para reconciliarlos. El rol del mediador o consejero
matrimonial exige valentía (Guevurá para entrar en terrenos
conflictivos) pero también acarrea un desgaste, pues absorbe las tensiones de
ambas partes. A veces recibe golpes por esta tarea, pero trata de hacer paz.
Por esta razón
le produce tensión, y es bueno conectarse con Talé, Libra con quien suele
encontrar equilibrio y alivio cuando se vincula con personalidades más
espontáneas y ligeras —como el signo opuesto en la rueda zodiacal, Aries
(el mes de Nisán, caracterizado por el Jésed puro)—, cuya capacidad de
reírse de las situaciones y de sí mismos disipa la sobrecarga del pacificador.
¡El comienzo de la aceptación del Yugo del Reino de los Cielos!
Los caminos del jasidut para los días del mes de Elul, de las
enseñanzas del Rebe Rayatz de Lubavitch:
…En el mes de Elul, que es el mes de la misericordia y
un Et Ratzón —un tiempo de favor en lo Alto—, resplandecen los Trece
Atributos Superiores de Misericordia, cuya finalidad es acercar incluso a
quienes se encuentran más alejados.
Esta es la diferencia entre los Trece Atributos de Misericordia que
se revelan durante el mes de Elul y los Trece Atributos de Misericordia que se
revelan en Iom Kipur:
Los Trece Atributos de Misericordia de Iom Kipur llegan y se revelan
después de la preparación y el servicio espiritual de Elul, Rosh Hashaná y
los Diez Días de Teshuvá.
Como está escrito: «Su izquierda está debajo de mi cabeza» (Smoló
tájat leroshí). Desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur predomina el aspecto de
«Su izquierda», que representa la irá —reverencia y temor ante Dios—,
pues entonces es el tiempo de la revelación de Su Reinado, bendito sea.
Por eso durante esos días llamamos a Dios «HaMélej» —el Rey—,
«HaMélej HaKadosh» —el Rey Santo— y «HaMélej HaMishpat» —el Rey del
Juicio—. Como está escrito: «Tu reinado es un reinado sobre todos los
mundos». Incluso sobre los mundos más ocultos, debido a su extrema sutileza
espiritual, cae la reverencia y el temor ante el Rey.
Y de allí esta revelación se extiende hacia abajo, hacia la
totalidad de las almas de Israel, despertándolas para aceptar sobre sí el
Yugo del Reino de los Cielos —Kabalat Ol Maljut Shamaim—.
Y el comienzo de todo ello son los Trece Atributos de Misericordia
de Elul, cuya revelación está abierta y accesible para todos.
Fuente: Sefer HaMaamarim 5710, pág. 285, basado en Likutei Torá,
maamar «Aní Ledodí» (el primero). Presentado por el Instituto Or HaJasidut.
B. Parábola de los animales que se rebelaron contra su rey y
enviaron al zorro delante de ellos
Se cuenta en nombre del Baal Shem Tov, cuya alma está en los
tesoros celestiales, que dijo a quienes tocaban el shofar y a quienes dirigían
las plegarias:
Una vez ocurrió que los animales se rebelaron contra el león, su
rey. El rey se enfureció mucho y su ira ardió contra ellos. Los animales
comenzaron a buscar consejos y estrategias para apaciguarlo.
Entonces se levantó el zorro, el más astuto de los animales,
y les dijo:
—Vengan conmigo ante el rey. Yo conozco trescientas parábolas
capaces de conmover el corazón; tal vez por medio de ellas consiga
apaciguarlo.
Todos fueron con él.
Mientras caminaban y todavía estaban lejos del palacio del rey, el
zorro les dijo:
—Hermanos míos, no se entristezcan. Mi plan era reconciliar al rey
con nosotros mediante mis hermosas parábolas, pero ahora he olvidado algunas.
Ellos respondieron:
—Quizás el rey se conforme con las parábolas que todavía recuerdas.
Cuando llegaron prácticamente hasta el patio del rey, el zorro
volvió a decirles:
—No se enojen conmigo: he olvidado todas las parábolas. Pero
vengan de todos modos. Quizás Hashem tenga misericordia de nosotros y el rey
acepte escuchar nuestro clamor, porque ¿qué otro mérito nos queda sino
clamar ante el Rey?
Al escuchar esto, los animales siguieron al zorro. Entraron ante el
rey y cayeron rostro en tierra.
El zorro dijo:
—¡Señor nuestro, el Rey! Que nuestras palabras encuentren favor
delante de Ti. Al principio estábamos avergonzados y humillados y no nos
atrevíamos a levantar el rostro ante Ti. Pero como yo conocía palabras,
parábolas y expresiones capaces de tocar el corazón, los animé y ellos dijeron:
“Corramos detrás de ti; tal vez consigas reconciliarnos con el rey mediante tus
hermosas palabras y parábolas”.
—Pero ahora, ¿qué puedo hacer si las he olvidado? Somos como
arcilla en manos del Alfarero. Está en Tu poder dar muerte y dar vida.
Suplicamos ante Ti llorando y clamando: que se despierte Tu misericordia sobre
nosotros, no nos destruyas y haz con nosotros jésed jinam, bondad gratuita,
pues así son Tus caminos.
Cuando el rey oyó su clamor y percibió el quebranto de sus
corazones, se reconcilió con ellos y los perdonó.
El significado de la parábola es evidente: en Rosh Hashaná, más allá
de nuestras palabras, argumentos y méritos, la esencia es presentarnos ante
Hashem con corazón quebrantado y un clamor sincero.
C. Parábola de los hijos que olvidaron la lengua de su padre —
enseñanza para quien toca el shofar
Una maravillosa parábola para antes de los toques del shofar:
Un gran y glorioso rey envió a sus hijos a cazar. Los hijos se
extraviaron del camino y comenzaron a gritar con la esperanza de que su padre
los escuchara, pero no obtuvieron respuesta.
Pensaron:
“Quizás hemos olvidado la lengua de nuestro padre y por eso no oye
nuestro clamor. Entonces gritemos con una voz sin palabras”.
Decidieron enviar a uno de ellos para que gritara por todos, y le
advirtieron:
“Comprende bien que todos dependemos de ti”.
El significado es el siguiente:
El Santo, bendito sea, nos envió a este mundo para elevar las
chispas de santidad, pero nos alejamos de nuestro Padre. Tal vez hemos
olvidado el lenguaje de nuestro Padre y ya no sabemos rezar correctamente con
palabras.
Por eso decimos al baal tokea, quien toca el shofar:
“Te enviamos a ti para que despiertes misericordia sobre nosotros
mediante una voz sin palabras. Ten cuidado, porque todos dependemos de ti:
hombres y mujeres dependen de ti”.
Sin embargo, quien toca el shofar debe considerarse a sí mismo como nada
—ain—.
Es como un instrumento perforado a través del cual sale una melodía.
¿Acaso el instrumento puede enorgullecerse porque de él sale un hermoso sonido?
Así ocurre con
el hombre: pensamiento, palabra y cualidades moran dentro de él como dentro de
un recipiente. ¿De qué puede enorgullecerse? Debe elevarlo todo hacia el Santo,
bendito sea, y no pensar que es él, por su propia fuerza, quien sirve a Hashem.
PARTE 2 DE
MOZNAIM:
Moznaim–Libra:
puntos principales de la primera parte
Cada mazal es un
potencial: no existen signos buenos o malos; todo depende
de cómo se utilicen y canalicen sus cualidades.
La letra Lámed (ל): es la
única letra que se eleva por encima del renglón. Representa la capacidad
de mirar la realidad desde una perspectiva elevada e integral. Su
estructura —Kaf y Vav— suma 26, guematria del Nombre de Havaiá.
Mirar el alma y no el
cuerpo: Libra descubre la unidad interior detrás de las diferencias
externas. La verdadera armonía surge cuando observamos la esencia
espiritual de cada persona, como enseña el capítulo 32 del Tania.
Lejatjila Ariber: significa
afrontar la realidad «de antemano por arriba», con visión global,
optimismo y confianza, sin quedar atrapados en las dificultades del
momento.
Belleza interior: Libra
posee sensibilidad por la belleza, la paz y la armonía. Su peligro es
dejarse deslumbrar por las apariencias. Por eso debe recordar: «No mires
el recipiente, sino lo que hay en su interior».
Efraím y la
transformación: Tishrei corresponde a Efraím y a Guevurá. Su
misión es transformar el rigor en misericordia y el juicio en bondad, como
el shofar que convierte el Trono del Juicio en Trono de Misericordia.
El pacificador: Libra
tiene vocación comunitaria y social. Busca conciliar, ayudar, cooperar y
construir puentes de paz, aunque debe cuidarse de no absorber
excesivamente los conflictos ajenos.
A. El nombre Tishrei
El nombre Tishrei (תשרי) proviene de la
expresión “reshit” (ראשית),
“principio” —las letras de Bereshit pueden aludir a א׳–תשר״י—, y también de Tishrei, entendido como un mes de canto
(shirá) ante Hashem.
Asimismo, está relacionado con el concepto de liberación y perdón,
como dice el Midrash Yalkut Shimoni: “Tishrei vetishbok kol jovenu”,
“Tishrei, y perdona todas nuestras deudas”. También se relaciona con hashra'at
haShejiná, el reposo o la presencia de la Shejiná.
Es llamado también “Iareaj HaEitanim” —el mes de los poderosos—,
en referencia a nuestros santos patriarcas, denominados Eitanei Olam,
“los pilares/poderosos del mundo”, que nacieron en este mes. También porque en
él se encuentran las grandes festividades: Rosh Hashaná, Iom Kipur, Sucot,
Hoshana Rabá y Simjat Torá.
Es un mes que contiene en potencia todo el futuro del año,
como dice Tehilim 81:4-5:
“Tocad el shofar en el mes, en el día oculto de nuestra festividad;
porque es estatuto para Israel, juicio para el Dios de Iaakov”.
Nuestro maestro, el santo Baal Shem Tov, nos enseña que el
mes de Tishrei no es anunciado aquí abajo durante el Shabat Mevarjim
anterior a Rosh Hashaná, porque Hashem mismo bendice arriba al séptimo mes,
que es como el Shabat de todos los meses. La bendición que Hashem
concede al séptimo mes la extendemos luego hacia todos los demás meses por
medio de las festividades.
Por eso también es denominado en la Torá “el séptimo mes” (Zohar,
III, 231b): es el Shabat de los meses y la fuente de bendición para
todos los meses del año.
Es el mes de la Creación y de las festividades, pero también
el mes del Din y del Mishpat —juicio—, relacionado con el acto del Árbol
del Conocimiento. Es el mes en el que renovamos la realeza del Creador y
coronamos a Hashem sobre toda Su Creación.
PUNTO 5: LA
COMBINACIÓN DEL NOMBRE DIVINO (TZERUF HAVAIÁ)
En cada mes del
año, las cuatro letras del Nombre Divino (Iud Kei Vav Kei) se
manifiestan en una permutación específica. En Tishrei, la combinación comienza
de manera invertida: Vav - Hei - Iud - Hei (ו-ה-י-ה).
Esta secuencia
refleja la dinámica del propio mes:
Primera mitad (Vav -
Hei): Marcada por la seriedad, la introspección y el rigor de Rosh
Hashaná y Yom Kipur.
Segunda mitad (Yud -
Hei): La resolución luminosa y festiva de Sucot y Simjat Torá, donde
el juicio se ordena y se transforma plenamente en júbilo y misericordia.
En las fuentes
tradicionales, este orden de letras (vav hei iud hei) se encuentra
insinuado en el versículo del Génesis:
“Y la vieron los príncipes
del Faraón, y la elogiaron ante el Faraón; y la mujer fue llevada a la casa del
Faraón.”
Este pasaje
alude al momento en que Abraham descendió a Egipto y protegió a Sara en un
cofre para resguardar su belleza, pero al ser descubierta, su hermosura
deslumbró de inmediato a la corte.
La cautela ante
la fascinación estética
La búsqueda de
armonía que permite conectar con el interior de las personas también tiene un
reverso: ese nivel profundo al que se accede no siempre es el más hondo. Existe
el riesgo de dejarse encandilar, perder el juicio crítico o cegarse al
perseguir algo que aparenta ser sumamente hermoso por fuera, pero que carece de
belleza interna. Conocer esta inclinación es el primer paso para ser precavidos
y no evaluar las cosas únicamente por su apariencia exterior.
¿Qué relación
guarda esto con la esencia del mes? Como se explicó, la letra Lámed tiende
hacia la ostentación y la proyección hacia afuera (jitzoniut). Cuando los
ministros egipcios observaron a Sara —una de las mujeres más santas y elevadas—
y juzgaron que «era idónea para casarse con el Faraón», incurrieron en una
superficialidad extrema: evaluaron únicamente el aspecto visual exterior.
Esto se asemeja
al relato talmúdico de aquella matrona que intentó emparejar a sus siervos y
siervas fijándose solo en datos externos (como la altura o la edad), y a la
mañana siguiente todos terminaron enfrentados y heridos. Evaluar las relaciones
o las decisiones humanas desde lo puramente superficial conduce al fracaso.
El principio
místico detrás de esto es el siguiente: en el momento en que una persona se
apega exclusivamente al plano externo, ahí es donde se aferran las fuerzas del
mal y la negatividad (Klipot / Sitra Ajrá). El instinto negativo carece de
poder sobre la dimensión interna y profunda del alma. Aquello que realizamos
con recato (tzniut), introspección y autenticidad permanece invisible e
inaccesible para él. Pero cuando caemos en la ostentación y el afán de llamar
la atención, estamos «entrando en su terreno y hablando su mismo idioma»,
abriendo la puerta a tropiezos y desequilibrios.
Tres advertencias prácticas para Libra (Tishrei)
Para protegerse
de estas caídas provocadas por la tendencia exteriorizante, se aconseja prestar
atención a tres aspectos esenciales:
Evitar la
complacencia excesiva (Najmadut Iéter): Ser amable es una
virtud, pero esforzarse desesperadamente por agradar a todos y mostrarse
siempre disponible («soy todo para ustedes») expone a la persona al
desgaste y a la manipulación. Conviene mantener la cortesía sin caer en la
exageración.
No ser fácilmente
influenciable: Quien no tiene bases sólidas ni límites claros
sobre lo que es adecuado para sí mismo resulta presa fácil del engaño.
Mantener convicciones firmes y criterio propio evita ser arrastrado por
otros.
Superar la indecisión
y la dependencia: La vacilación característica de este
signo puede llevar a depender del juicio ajeno para tomar decisiones. Esa
dependencia coloca a la persona a merced de voluntades externas.
Punto 6: La
visión del profeta Ezequiel y la tribu de Efraín
En el libro del
profeta Ezequiel (Iejezkel), se relata la célebre profecía de la resurrección
de los huesos secos en el valle.
Está en Iejezkel
(Ezequiel), capítulo 37, especialmente versículos 1–14.
Es la visión de
“los huesos secos” — עֲצָמוֹת
יְבֵשׁוֹת, atzamot ieveshot. Iejezkel es llevado por
la Mano de Hashem (espíritu de profecía) a un valle lleno de huesos
completamente secos. Hashem le pregunta:
“Ben Adam
(hombre), ¿vivirán estos huesos?”
Luego le ordena
profetizar sobre ellos. Los huesos comienzan a acercarse unos a otros, aparecen
tendones, carne y piel, pero todavía no tienen vida. Después Iejezkel profetiza
al rúaj, el espíritu de cada uno de estos muertos, y éste entra en
ellos:
“Y entró en
ellos el espíritu, vivieron y se pusieron de pie: un ejército inmensamente
grande.”
Hashem explica
el significado de la visión:
“Estos huesos
son toda la Casa de Israel. Ellos dicen: ‘Nuestros huesos se han secado,
nuestra esperanza se ha perdido, estamos acabados’.”
Y entonces
viene la promesa:
“He aquí que Yo
abriré vuestros sepulcros… y os traeré a la tierra de Israel… Pondré Mi
espíritu en vosotros y viviréis.”
Inmediatamente
después, en Iejezkel 37:15–28, aparece la profecía de los dos palos,
Iehudá y Efraim, que vimos en el texto anterior: Hashem los une en un
solo pueblo, con David como rey, y promete poner Su Mikdash en
medio de ellos para siempre.
Por eso todo el
capítulo 37 tiene una secuencia muy poderosa: primero resurrección y
renacimiento de Israel; después reunificación de Iehudá y Efraim; finalmente
reinado de David y el Santuario eterno.
Según la
tradición de nuestros Sabios, aquellos hombres que revivieron milagrosamente
pertenecían a la tribu de Efraím, que estuvieron con nuestros patriarcas
en Egipto y sufrieron la esclavitud y decidieron escapar.
La persona en
cierto momento se quiebra por la esclavitud, y escapa, esto caracteriza a las
personas del mazal moznaim. Por qué escapan, es la forma de solucionar el
problema, ir a otro lugar mejor. Algunos se enfrenta, otros lo analizan y
solucionan de a poco, ellos huyen. Esto hay que tener cuidado, evitarlo y
pensar cómo enfrentar esto. Desde chicos necesitan ser educados de cómo
enfrentar situaciones que no son tan agradables, interpretarlas y solucionarlas
para que su vida sea más fácil.
RESUMEN SOBRE
LA TRIBU DE EFRAÍN: FECUNDIDAD, ENFOQUE POSITIVO Y FE
En resumen
sobre los aspectos vinculados a la tribu de Efraín:
1 Efraim
esclavitud.
2 Ki ifrani
veeretz oní, Iosef lo nombró así porque Hashem me hizo fructificar en la tierra
de mi sufrimiento, pobreza.
Fecundidad y
enfoque en el bien (Ki Hifrani): Trabajar sobre las
virtudes y lo positivo, avanzando hacia adelante («haz el bien») en
lugar de estancarse en el análisis obsesivo de los errores pasados. Deja de
lado lo que pasó, vayamos para adelante, optimismo.
3 Superar el
miedo y la ansiedad: El error de Ierobam ben Nevat, rey no positivo, pecó
he hizo pecar, cerró la entrada a Ierushalaim, provino del pánico y la
preocupación excesiva, nacidos de una indecisión desmedida. Estaba dividido el
reino en dos: Iehudá, donde estaba Rejavam ben Shlomó, en la zona del Beit
hamikdash, todo el honor iba para él. Ierobam tuvo miedo que el honor se lo den
a Rejavam y por eso cerró el camino. El miedo lo saca de quicio, muchas dudas,
y si hay demasiado miedo que no puede soportar hace cosas que no son buenas. El
remedio supremo frente a esto es fortalecer la certeza en la Providencia
Divina particular (Hashgajá Pratit), lo que permite actuar con
seguridad y confianza interior. Hashem crea todo a cada momento y maneja todo,
y entonces le da tranquilidad.
Punto 7: La
tribu del Corazón y el liderazgo (Mashíaj ben Iosef)
El célebre
pensador judío el Maharal de Praga, en su obra Nétzaj Israel
(capítulo 37), explica que la tribu de Efraím es digna de la realeza porque es análoga
al corazón. Por esta razón, el redentor que precederá a la llegada del
Mesías descendiente de David será precisamente Mashíaj ben Yosef (el
Mesías hijo de José), perteneciente a la tribu de Efraím.
Esto nos revela
dos dimensiones fundamentales del signo:
Capacidad de
liderazgo: Facilidad y aptitud natural para conducir y
guiar a una comunidad, a un grupo o a la familia.
El líder como el
corazón del pueblo: Un verdadero líder no conecta a la multitud
únicamente a través de conceptos puramente intelectuales; la movilización
y la inspiración se logran a través de la atmósfera, la sintonía emocional
y el corazón. El rey es llamado el corazón del pueblo, y tiene que saber
cómo conectarse a través de su corazón para que lo sigan.
LA NECESIDAD DE
INTERACCIÓN Y CONEXIÓN EMOCIONAL EN MOZNAIM
En la
psicología cotidiana de Moznaim, esta dimensión del «corazón» se traduce en una
necesidad imperiosa de participación afectiva:
No toleran recibir órdenes secas sin
explicaciones ni espacio para el diálogo. Necesitan comprender el
trasfondo y sentirse identificados emocionalmente con lo que hacen.
Necesitan intervenir, opinar y ser
parte activa de las conversaciones. Si se les impone silencio o no se les
permite expresarse, sienten que se les anula y pierden el interés por
completo.
Cómo canalizar
la indecisión y el entorno propicio
La indecisión
de Libra no es superficial: es el resultado de un análisis minucioso en el que
sopesan exhaustivamente pros y contras. Por ello, cuando finalmente toman una
determinación tras madurar la idea, su conclusión suele ser muy sólida, justa y
precisa.
Para que una
persona (o un niño) de este signo supere la parálisis de la duda, vacilación,
indecisión y florezca:
Requiere un entorno
afectivo, contenedor y estimulante: Necesita sentirse
querida y respaldada.
Si se encuentra en un ambiente frío o
restrictivo, se repliega sobre sí misma como una flor cerrada y no logra
exteriorizar su talento ni sus capacidades intelectuales.
EL APRENDIZAJE
A TRAVÉS DEL ENTUSIASMO Y LA CURIOSIDAD
El Jasidut
utiliza la parábola del rey al que nada común sorprende, salvo ver a un «pájaro
que habla» (algo extraordinario que despierta su asombro). Del mismo modo, el
motor de aprendizaje y desarrollo de Moznaim funciona a través de estímulos
continuos, desafíos intelectuales y curiosidad viva:
Avanzan con entusiasmo cuando
encuentran aspectos fascinantes que renuevan su motivación (como ir «de
cereza en cereza»).
Necesitan un aprendizaje cálido y
apasionado, similar a la figura de Efraím aprendiendo la Torá con su
abuelo Iaacov: con cariño, cercanía y alegría.
Punto 8: El
sentido de Tishrei – La sensibilidad y la percepción (Jush HaMishush)
En la tradición
mística del Séfer Ietzirá, a cada mes del año le corresponde uno de los
doce sentidos del alma. El sentido asignado a Tishrei (Libra) es el tacto /
la sensibilidad (Jush HaMishush).
En el plano
psicológico, esto se manifiesta como una alta receptividad sensorial y
empática:
Perciben con extraordinaria intensidad
el ambiente, las emociones no dichas y el estado de ánimo de quienes los
rodean.
Tienen un talento natural para la
diplomacia y la política, ya que intuyen con precisión qué necesita
escuchar el público, los medios o su entorno.
El desafío: Si
absorben demasiado las expectativas o juicios externos, esa misma
hiperconectividad con el afuera puede retroalimentar la indecisión y la
falta de determinación propia.
La trampa de
querer complacer a todos y la solución a la duda
El exceso de
sensibilidad lleva muchas veces al nativo de Libra a un dilema paralizante:
todos le parecen valiosos, queridos y respetables, y no sabe a quién priorizar.
Al intentar contentar a todo el mundo sin fijar una postura clara, queda
atrapado en una burbuja de dudas e indecisión.
Para liberarse
de esta vacilación constante, se recomiendan dos herramientas prácticas:
Enfocarse en el
presente: Concentrarse en el «hoy», sin dejarse abrumar
por el ayer o por el «qué dirán mañana». Preguntarse con sobriedad: ¿Qué
debo y puedo hacer aquí y ahora?
Mantenerse ocupado en
la acción: Una actividad constructiva y productiva no deja
espacio mental para la rumiación obsesiva ni para la ansiedad
anticipatoria.
Rectificación de la fecundidad
Como dice Bereshit 41:52: “Y al segundo lo llamó Efraim, porque Dios
me hizo fructificar (hifrani) en la tierra de mi aflicción”.
También está expresado en Bereshit 48:1-5. Cuando Iaakov se
encuentra enfermo, Iosef lleva ante él a sus dos hijos, Menashé y Efraim.
Iaakov recuerda entonces la bendición que recibió de Dios en Luz: “He aquí que
Yo te haré fructificar y te multiplicaré, y haré de ti una congregación
de pueblos; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti como posesión
eterna”.
Iaakov declara entonces: “Ahora, tus dos hijos que te nacieron en la
tierra de Egipto antes de mi llegada a Egipto son míos: Efraim y Menashé
serán para mí como Reuvén y Shimón”.
La rectificación de los celos
Bereshit 48:8-20 relata la extraordinaria bendición de Iaakov a
Efraim y Menashé. Iaakov ve a los hijos de Iosef y pregunta quiénes son. Iosef
responde: “Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí”. Iaakov pide que se
acerquen para bendecirlos. Iosef coloca a Efraim a su derecha, frente a la
izquierda de Iaakov, y a Menashé a su izquierda, frente a la derecha de
Iaakov, pues Menashé era el primogénito.
Sin embargo: “Israel extendió su mano derecha y la colocó sobre
la cabeza de Efraim, aunque era el menor; y su mano izquierda sobre la
cabeza de Menashé”.
Iaakov los bendice: “El Dios ante Quien caminaron mis padres,
Abraham e Itzjak; el Dios que me pastorea desde que existo hasta este día; el
ángel que me redime de todo mal, bendiga a los jóvenes. Que mi nombre y el
nombre de mis padres Abraham e Itzjak sea llamado sobre ellos, y que se
multipliquen abundantemente en medio de la tierra”.
Iosef intenta corregir las manos de su padre porque Menashé es el
primogénito, pero Iaakov se niega: “Lo sé, hijo mío, lo sé. Él también será un
pueblo y también será grande; sin embargo, su hermano menor será más grande
que él, y su descendencia llenará las naciones”.
Y los bendice diciendo: “Por ti bendecirá Israel diciendo: ‘Que
Dios te haga como Efraim y como Menashé’”. Y concluye el versículo: “Y
puso a Efraim delante de Menashé”.
De aquí surge
la idea de Tikun HaKiná —la rectificación de los celos—: la grandeza
concedida a uno no tiene por qué provocar rivalidad destructiva en el otro.
Efraim y Menashé se convierten precisamente en el modelo con el cual el pueblo
judío bendice a sus hijos.
LA BALANZA DE
LA JUSTICIA Y LA IMPARCIALIDAD (DIN)
Tishrei es el
mes del juicio (Din). En los nativos de Libra, esto se manifiesta como
un sentido supremo de la justicia y la equidad:
Tienen la capacidad insólita de evaluar
con objetividad absoluta e incluso de reconocer la razón de un adversario
o enemigo si los hechos demuestran que está en lo cierto.
Son proclives al derecho, la abogacía y
la judicatura, pues ponderan cada caso sopesando todas las aristas sin
sesgo personal.
El costo del juicio: El
proceso de sopesar les toma mucho tiempo. Presionarlos o exigirles
decisiones apresuradas genera un bloqueo mental grave. Es fundamental
brindarles tiempo y herramientas para reflexionar sin sofocarlos con
urgencias.
Una vez que alcanzan una determinación
tras ese exhaustivo balance, su conclusión es firme, meditada y raramente
errónea.
ORGANO DEL
CUERPO
Órgano de la cabeza: el cráneo
El órgano correspondiente de la cabeza es la gulgólet —el cráneo—,
para señalar el comienzo del pensamiento de todo el año.
Órgano del cuerpo: el hígado
El órgano corporal es el kaved —hígado—, relacionado con la rectificación
de la ira.
Nuestros Sabios dicen:
“Los Sabios enseñaron: el corazón comprende, los riñones
aconsejan... el hígado se enoja, la vesícula biliar arroja en él una
gota y lo calma; el bazo ríe...” (Berajot 61a; Shabat 33b).
De la mano
La parte correspondiente es el dedo medio de la mano derecha,
en su sección intermedia.
La facultad a rectificar: la audición
La facultad del mes es shemia —escuchar—, junto con la hitbonenut,
contemplación profunda: “Shemá Israel” — “Escucha, Israel”.
___________
LA INFLUENCIA
DE VENUS (NOGA): AFECTO, PAREJA Y GENEROSIDAD
El astro rector
de este periodo según el Talmud (Tratado de Shabat 156a) es Noga
(Venus), vinculado a las pulsiones del afecto, la belleza y la atracción:
Vida en pareja: Buscan la
compañía conyugal desde temprana edad. La armonía familiar es una
prioridad tan alta que son capaces de ceder y sacrificarse enormemente
para preservar la paz del hogar, lo que hace que los índices de ruptura
sean bajos.
Relación con el
dinero: El dinero no es un fin ni un ídolo de acumulación, sino un
medio para vivir con desahogo, bienestar y confort. Tienen una inclinación
natural a la generosidad y a la filantropía, dando a manos llenas.
Educación en la
sobriedad: Dado que tienden por naturaleza al confort y al
disfrute, es formativo educarlos desde pequeños en la mesura y la
autodisciplina.
La elevación
por la autoconciencia (Tehilim 62)
El Rey David
dice en Salmos: «En la balanza han de subir...». La verdadera elevación
humana ocurre cuando la persona se evalúa con una conciencia de sí mismo precisa,
fijando un objetivo claro hacia el cual avanzar con constancia, en lugar
de dispersarse en múltiples frentes.
La
introspección es virtuosa mientras sirva para construir y rectificar —como
enseñaba el Rebe en el Haiom Iom: «Ama la crítica, pues ella te
colocará en tu verdadero lugar»—, pero no debe cruzar el límite hacia la
culpa estéril o la parálisis.
Síntesis de
rasgos esenciales de Libra (Tishrei)
Sensibilidad musical
y artística: Gran oído y talento melódico (compositores,
arreglistas y cantantes destacados Mordejai Ben David).
Diplomacia emocional: Don
natural para suavizar posturas rígidas y apaciguar corazones endurecidos.
Rechazo a la
arbitrariedad: No aceptan órdenes dogmáticas sin justificación.
Para convencerlos, es indispensable presentarles honestamente ambos lados
de la moneda antes de proponer una conclusión fundamentada.
Optimismo innato: La
exposición prolongada a la negatividad, la violencia o el cinismo los
desgasta profundamente.
Perseverancia
académica a largo plazo: Tienen paciencia para completar
carreras extensas siempre que entiendan con claridad la utilidad y el
propósito final.
Perdón y reinicio: Olvidan
los agravios con facilidad y están siempre dispuestos a abrir una página
nueva tras una discusión.
Lealtad y discreción: No son
chismosos ni entrometidos, y son excelentes guardianes de secretos.
Idealismo e
ingenuidad social: Su apego a los hechos explícitos puede hacer que
no sospechen de segundas intenciones, volviéndolos crédulos o vulnerables
frente a personas deshonestas.
Vocación comunitaria
y social: Se desempeñan con brillo en la docencia, el
trabajo social, el asesoramiento matrimonial y la política, impulsados por
un propósito central: ayudar a los demás y construir puentes de paz.
ELUL ESCUCHAR EL AMOR EL SHOFAR DE ELUL DESPIERTA EL AMOR DORMIDO
Rabi Simja Bunim Bonhardt de Pshisja fue un discípulo del Iehudí
Hakadosh y ambos fueron discípulos del Vidente de Lublin. El rebe Bunim era
conocido por su gran sabiduría, y su primer rebe, el vidente de Lublin, dijo de
él en idish: "Er is meiner jojom", "Él es
mi hombre sabio". El Vidente de Lublin tenía 120 estudiantes muy buenos.
Cada uno de ellos era tzadik y todos ellos se convirtieron en Rebes por
derecho propio. Sin embargo, de entre todos estos tzadikim, el Vidente
de Lublin llamó solo al Rebe Simja Bunim "mi sabio". Era muy sabio pero
también muy feliz, como lo indica su nombre, 'Simja'. Falleció el
12 Elul, 5587 (1827).
Cada tzadik tiene su propia
manera de hacer las cosas. Para la noche del Seder de Pesaj, había tzadikim que
invitaban a muchos invitados y a otros que invitaban a menos. Rebe Bunim
invitaría solo a algunos de sus estudiantes más especiales para su Seder. Miles
de jasidim vendrían a Pshisja para Pesaj, pero estaba prohibido que vinieran al
Seder del Rebe Bunim. El propio Rebe se encargaba de buscar alojamiento para
todos sus jasidim, de modo que tuvieran un lugar donde alojarse y comer con una
familia del pueblo. Todos los jasidim rezarían juntos y escucharían las
palabras de Torá del Rebe Bunim. Pero la regla era que, si no te invitaban al
Seder de Rebe, no vienes.
Uno de los jasidim
habituales, que no había sido invitado al Seder del Rebe, acudió a la casa de
la familia que el Rebe había designado para acogerlo. Se percató de que se
encontraban en una situación muy delicada. Le dijeron que tenían muchas ganas
de acogerlo, pero que, literalmente, no tenían comida para ofrecerle. Incluso
para ellos mismos, apenas tenían más que la cantidad mínima necesaria de matzá,
y si lo incluían, no habría suficiente para que todos tuvieran su parte.
Pronto sería el anochecer, y
el jasid no tenía a dónde ir. Sin opciones, fue a uno de los más grandes
discípulos de Rebe Bunim: el rebe Itzjak de Vorki (el fundador de las dinastías
Vorki y Amshinov), lamentándose ante él de que no tenía a dónde ir para
celebrar el Seder. "Te haré un gran favor", le dijo Rebe Itzjak.
"Aunque parezca que va en contra de la voluntad del Rebe, te llevaré
conmigo. Te llevaré a la mesa de Rebe y te sentarás conmigo. Pero hay una
condición. No puedes decir ni una palabra. Debes sentarte en silencio desde el
principio del Seder hasta el final. No hagas ninguna pregunta. Si aceptas esta
condición, te llevaré conmigo".
El jasid no tenía otra opción,
y además, era una oportunidad de oro, por Providencia Divina, para asistir al
Seder del Rebe, algo que solo unos pocos privilegiados merecían. "Sí, por
supuesto, acepto tu condición", respondió Rebe Itzjak.
Nuestro jasid entró en la
casa de Rebe Bunim y se sentó en silencio detrás de Rebe Itzjak de Vorki, como
si no estuviera allí en absoluto. El Seder se fue sin incidentes, hasta que
llegaron a la sección, cerca del final, donde Eliahu el Profeta está invitado a
entrar. Cuando le abrieron la puerta a Eliahu, alguien entró. Parecía un
granjero muy sencillo. El granjero se acercó al Rebe y comenzó a hablar con él
sobre todo tipo de asuntos cotidianos: las cosechas, el trigo en los campos y otras
cosas más. Esto se alargó durante un largo tiempo. Una conversación
absolutamente mundana. Por mucho que intentó permanecer en silencio, nuestro jasid
no pudo contenerse y se volvió hacia Rebe Itzjak preguntándole. "¿Quién es
este hombre, con quien el Rebe está llevando a cabo una conversación tan larga
y mundanal?"
"¡Shhhh!" Rebe Itzjak
respondió. "Estás aquí con la condición de que no hables y no hagas
ninguna pregunta sobre lo que ves. Pero ya que me has preguntado, te diré una
cosa: tú ves a una persona, yo veo a otra y el Rebe ve a otra completamente
diferente".
¿Qué aprendemos de esta historia? Los no iniciados ven al
granjero como un hombre sencillo, sin nada especial en él. Pero el gran
discípulo, el rebe Itzjak de Vorki, dice que ve a alguien más y que cuando el Rebe
lo mira, ve a alguien completamente diferente.
Algunas personas juzgan a los demás según su externalidad. Creen
que lo que ven a simple vista es todo lo que hay en esta persona. En realidad,
los están juzgando por su aspecto físico o vestimenta. Otras personas
profundizan y van más allá. Pueden ver el alma y cuando hablan con alguien, no
miran su cuerpo, sino su alma. Luego hay un tercer tipo de persona, un
verdadero Rebe, que ve no solo el alma, sino también la raíz del alma. Cada
persona tiene una raíz del alma, "Una parte real de Di-s Arriba", en
palabras del Tania. Pueden ver cómo esta persona está conectada en su
raíz hasta la Esencia Absoluta de Di-s. Este es el aspecto de "el alma de
las almas" visto por el Rebe.
Nuestra historia no nos dice quién era el granjero. Pero si
juzgamos por su tiempo, bien podría haber sido Eliahu el Profeta. Lo que
podemos aprender de esto es que cuando miramos a alguien, no debemos detenernos
en nuestra primera impresión, que es muy superficial y no dice nada sobre la
persona. Si somos dignos de estudiar y aprender mucha, Torá, podremos ver el
alma de la persona. Quienquiera que sea un Rebe - y el Rebe de Lubavitch dijo
que en nuestra generación todos pueden ser un Rebe - puede ver algo
completamente diferente. Puede ver la raíz del alma de la otra persona.
Esta es una hermosa historia sobre el rebe Bunim de Pshisja,
que ejemplifica su sabiduría. Fue el más sabio de todos los tzadikim de
su tiempo. Una persona sabia que se encuentra entre las cáscaras de impureza
solo puede ver lo superficial, pero la mirada penetrante de una persona
verdaderamente sabia, versada en la Torá, ve el alma. Y el Rebe incluso puede
ver la raíz del alma de una persona, la esencia misma del alma.
El Rey David dice en Salmos: «En la balanza han de subir...». La verdadera elevación humana ocurre cuando la persona se evalúa con una conciencia de sí mismo precisa, fijando un objetivo claro hacia el cual avanzar con constancia, en lugar de dispersarse en múltiples frentes.
La introspección es virtuosa mientras sirva para construir y rectificar —como enseñaba el Rebe en el Haiom Iom: «Ama la crítica, pues ella te colocará en tu verdadero lugar»—, pero no debe cruzar el límite hacia la culpa estéril o la parálisis.
EL CALENDARIO HEBREO: El Mes de Elul
TEFILÁ
JASIDUT
Parte 1: LOS TRECE ATRIBUTOS DE MISERICORDIA DIVINA EL LIBRO DE ÉXODO
Actualmente nos
encontramos en la segunda semana del mes de Elul, el último mes del año, que
sirve como preparación para el próximo año (que sea un año bueno y dulce para
todos nosotros) y especialmente para los Diez Días de Teshuvá que
comienzan con Rosh Hashaná y terminan con Iom Kipur. Elul es
conocido como el mes de la compasión y el perdón. Esto se debe a que Moisés
pasó su tercer conjunto de cuarenta días en el monte Sinaí durante el mes de
Elul y los primeros diez días de Tishrei - los Diez Días del Arrepentimiento.[1]
La primera vez que
Moisés ascendió la montaña durante cuarenta días, recibió las Tablas del Pacto
inscritas con el Decálogo, pero las rompió al enterarse de que el pueblo había
pecado al construir el Becerro de Oro. Luego ascendió por segunda vez durante
cuarenta días para suplicar a Di-s que no destruyera al pueblo. Durante su
tercer ascenso durante cuarenta días, Di-s le dijo que había perdonado al
pueblo y luego reveló sus Trece Atributos de Compasión, instruyendo a Moisés a
invocar estos atributos siempre que pareciera haber un decreto o un juicio
severo contra el pueblo judío.
La costumbre sefardí
es recitar los Trece Atributos de Misericordia de Di-s todos los días durante
este periodo (excepto en Shabat) durante las Selijot. Los asquenazíes se
unen a ellos en la última semana antes de Rosh Hashaná. Pero incluso
cuando estos Trece Atributos no se recitan en voz alta, flotan en el ambiente
de Elul y de los Diez Días de Teshuvá, motivándonos a profundizar en ellos.[2]
Uno de los aspectos
de los Trece Atributos que no se entiende bien es que la Cabalá reconoce que
aparecen tanto en el Pentateuco como en los Profetas. En el Pentateuco se
enumeran en su lugar en el Éxodo. En los Profetas, la Cabalá identifica los
Trece Atributos en un pasaje del Libro de Miqueas. Recitamos este pasaje el
primer (o segundo) día de Rosh Hashaná durante Tashlij.
Llegaremos a eso, pero empecemos con los Trece Atributos tal y como aparecen en
el Libro de Éxodo.
Para obtener un
mayor entendimiento de estos, explicaremos la correspondencia entre los Trece
Atributos y los Trece aspectos del alma. En cuanto a la Creación, normalmente
identificamos a 10 sefirot desde corona hasta reinado. Especialmente
cuando hablamos de cómo las sefirot se manifiestan a través del alma,
hablamos de 11 sefirot, incluyendo la sefirá de conocimiento (o da'at).
Sin embargo, corona en sí se divide en el Zohar en tres
"cabezas" separadas, que en Jasidut se identifican con las facultades
de fe, placer y voluntad. Por tanto, tenemos un total de 13 facultades.
Existen diferentes
métodos para enumerar los Trece Atributos de Compasión del versículo del Éxodo.
Aquí seguiremos el método empleado por el Zohar y el Arizal:
Havaia pasó delante de él [Moisés] y
proclamó: "Havaia, Havaia [1] [es un Di-s benevolente]; [2] compasivo y
[3] clemente; [4-5] lento para [mostrar Su] ira; [6] abundante en bondad; [7] y
verdad [recompensando fielmente a quienes Le obedecen]. [8] Preserva [el mérito
de los actos de] bondad [9] durante miles [de generaciones]; [10] Perdona los
pecados premeditados, [11] así como los pecados rebeldes y [12] los pecados no
intencionados; [13] Y absuelve [a quienes se arrepienten]...[3]
Di-s y fe
El Nombre de Di-s Kel
(אֵ-ל),
que es el primer atributo, alude al versículo que conecta este Nombre con la
facultad de la fe: "Un Di-s fiel, sin iniquidad, justo y recto es
Él."[4]Kel
es el Nombre sagrado revelado por Abraham, el alma arquetípica de bondad y
amor, una conexión que aparece en muchos versículos, entre ellos "Bondad a
Abraham" y "Abraham que Me ama". De hecho, el nombre Kel
también se asocia con la bondad en el versículo, "La bondad de Di-s es
todo el día."[5] Abraham
reveló este nombre tras su guerra contra los Cuatro Reyes, tal como está
escrito: "Y llamó allí al Nombre de Havaia, Kel - Mundo."
La yuxtaposición de Kel
y el mundo niega la noción de que Di-s está separado del mundo. Pretende hacer
pública la fe abrahámica de que no hay nada fuera de Di-s. Al proclamar a Di-s
como "Kel-mundo", Abraham hizo pública su fe pura en la unidad
absoluta de Di-s. Por ello, Abraham es descrito como la cabeza de todos los
creyentes, lo que significa que también inspira fe en los demás. La fe en sí es
la cabeza más elevada de las tres cabezas de la sefirot de corona.
Compasivo y compasión
No es de extrañar
que el segundo atributo, "compasivo", corresponda a la compasión, rajamim (רַחֲמִים),
la experiencia interior de la sefirá de belleza (tiferet); no
hace falta explicar mucho aquí. Sin embargo, dado que el atributo
"compasivo", gramaticalmente, forma parte de la primera construcción
genitiva encontrada en los Trece Atributos, "Di-s compasivo" - una
construcción de Kel y Compasivo - nos lleva a considerar la suma
de "fe", emuná (אֱמוּנָה)
y "compasión", rajamim (רַחֲמִים),
que es 400, es decir, 20 al cuadrado.
Cuando la suma de
dos palabras es un número cuadrado, esto indica una conexión inherente entre
ellas. En este caso, se explica en Jasidut que la ousia inherente de Di-s
(el término griego antiguo para una esencia esencial, la esencia misma, עֶצֶםetzem, en hebreo) es la fe y el comienzo de Su
revelación de sí mismo es a través de la compasión.
Gracia y humildad
El tercer atributo
de compasión está relacionado con la gracia. Sobre la gracia encontramos dos
versículos complementarios: "Una mujer de gracia alcanza honor"[6] y
"Un espíritu humilde alcanzará honor."[7]
Al considerar que tanto una mujer como el honor son expresiones de la sefirá
de reinado (maljut), el segundo verso conecta reinado con la humildad.
Esta es una de las principales razones para identificar la experiencia interior
de reinado con la humildad. La humildad también era el rasgo esencial del
carácter del rey David, el alma arquetípica de reinado, ilustrada en sus
palabras: "Seré humilde ante mis propios ojos."[8]
Encuentra gracia en
los ojos de quienes nos ven y depende de ser de espíritu humilde. La humildad
no significa depresión ni auto menosprecio. Más bien, significa que uno es
plenamente consciente de sus carencias y, por tanto, no trata con condescendencia
a los demás. El atributo de gracia de Di-s se otorga así a quienes tienen un
espíritu humilde. La gracia es uno de los 8 sinónimos de belleza en hebreo.
Estos 8 sinónimos corresponden a las sefirot y gracia en particular corresponde
a reinado.
El Sefer Ietzirá enumera siete transformaciones u opuestos,
que corresponden a las siete sefirot inferiores, desde bondad hasta reinado.
La séptima, correspondiente a reinado, es "La contraparte de la gracia es
la fealdad."
El tercer atributo, clemente,
lleva antepuesta una "y" conjuntiva que lo conecta con los dos
anteriores. De hecho, es la fe - a través de su capacidad para sostener
opuestos - la que forja la unión espiritual cabalística primaria entre la sefirá
de belleza (aquí "compasiva") y reinado (aquí "clemente").
Este es el secreto de la oración, cuya raíz se encuentra en la fe simple, y
cuyo fruto es la unificación de belleza y reinado, o de la compasión y la
humildad. Dicho de otro modo, cuando la persona que reza es consciente de su bajeza
- sus defectos y transgresiones - despierta la compasión de Di-s sobre ella.
Por eso, de las diez expresiones de oración, la súplica (tajanunim) se considera la más grande, ya que "súplica" (תַּחֲנוּנִים)
en hebreo proviene de la misma raíz que gracia.
Lento [para la ira] y Voluntad
La palabra hebrea
para lento, erej (אֶרֶךְ) es afín con la primera palabra en el
nombre cabalístico de la tercera y más baja cabeza de la corona, Arij Anpin (אֲרִיךְ אַנְפִּין), que en Jasidut se identifica con la
facultad de voluntad. Arij Anpin significa literalmente "el rostro
alargado" e idiomáticamente significa paciencia, que también es el
significado del constructo formado por el cuarto y quinto atributos de
misericordia juntos, erej
apaim (אֶרֶךְ אַפַּיִם).
En arameo, una de
las palabras para rey, rej (רֵךְ) es afín con la versión hebrea de este atributo
de compasión.[9] Además,
usando el alfabeto de sustitución conocido como Atbash, la palabra para
"largo", erej (אֶרֶךְ) permuta para formar "corona", keter (כֶּתֶר).
Cuando no hay referencia a qué parte de la corona se refiere, la referencia no
específica se entiende como la corona de Arij Anpin, por tanto, a la
facultad de voluntad.
Ira (o fosas nasales o semblante) y Temor
El siguiente
atributo de compasión es la segunda parte de la expresión constructa,
"lento para la ira". El significado literal de esta palabra, apaim (אַפַּיִם)
también puede ser "fosas nasales" o "rostro" (semblante).
En cualquier caso, corresponde claramente al atributo de juicio (din), o
temor, que es la experiencia psicológica interior de la sefirá de rigor
(guevurá). ¿Por qué es esto un atributo de compasión? Porque la forma
constructa de "lento para la ira", por supuesto significa que el
juicio, el temor, la ira, se endulzan en su raíz suprema. Este es el misterio
detrás del versículo: "Te daré gracias, Havaia, porque te enfadaste
conmigo, tu ira se apartará, y me consolarás"[10],
odjá Havaia ki anafta Bi iasov apeja utenajameni (אוֹדְךָ הוי' כִּי אָנַפְתָּ בִּי יָשֹׁב אַפְּךָ
וּתְנַחֲמֵנִי).
La razón por la que
este endulzamiento de la ira de Di-s (o cualquier otra fuente de ira) está
asociado al rostro o semblante es porque el rostro contiene 370 luces o
revelaciones de Divinidad. Estas 370 luces son necesarias para primero suavizar
el juicio y propiciar la salvación, solo entonces puede aparecer el éxito, tal
y como se dice en los versículos que recitamos durante el Halel:
"Por favor, Havaia, sálvanos, por favor. Por favor, Havaia, danos
éxito por favor."[11]
Abundante en bondad y amor
Tras el
endulzamiento del juicio duro y la ira en su raíz, se revela la abundancia del
amor de Di-s hacia nosotros. Hay dos posibilidades para conectar nuestra chispa
Divina con su fuente en Di-s: o bien la chispa se acerca a su fuente, o la
fuente se acerca a la chispa. Mientras que "lento para la ira"
representa la primera posibilidad, "abundante en bondad" representa
la segunda. Acercarse a Di-s se logra mediante un despertar desde abajo, por
ejemplo, ofreciendo un sacrificio, korván (קָרְבָּן), cuya forma hebrea proviene del verbo que
significa "acercarse". Di-s que se acerca a nuestra chispa Divina
representa la inmensa y abrumadora luz de amor y bondad que surge después de
que el juicio se endulce en su raíz.
Verdad y realización
El atributo anterior
de compasión transmitía un amor abundante, que en la Cabalá se conoce como los
"cinco aspectos de bondad ", hei jasadim (ה חֲסָדִים). Estos cinco aspectos de bondad se
extienden a través de las sefirot emotivas y finalmente se integran en
la sefirá de fundamento, cuya experiencia interior es la verdad, en el
sentido de plenitud, que luego se canaliza a reinado, el secreto de la gracia,
como se mencionó anteriormente. De hecho, cuando la bondad se canaliza desde fundamento
hasta reinado se conoce como "verdadera gracia", jen emet (חֵן אֱמֶת),
que se refiere a la belleza (gracia) que es el resultado de la santificación de
uno mismo.
Aquí termina el
primer verso de los dos versículos que enumeran los trece atributos de misericordia,
ya que esto es, en cierto sentido, el final de este movimiento particular de
compasión, comenzando con la fe - la cabeza suprema de la corona - y
descendiendo hasta fundamento y más allá, hasta reinado. En total, el primer
versículo contiene 7 de los 13 atributos de compasión que corresponden al
principio de que "todos los séptimos son amados."
Ser auténtico, ser
verdad, es cumplir las propias promesas o votos. Así, la verdad es como cumplir
la palabra, ser digno de confianza. Cuando la compasión alcanza su destino
final, es completa, shalem (שָׁלֵם),
cuyo valor es 370, aludiendo una vez más a las 370 luces del rostro. Estas
luces están asociadas con las "dos manzanas sagradas"[12], tarin tapujin dinheirin tadirá (תָּרִין תַּפּוּחִין דִּנְהִירִין תַּדִירָא),
las dos mejillas que carecen del vello de la barba. El cabello en general
denota un estado de contracción de la luz, pero las 370 luces que aparecen allí
no sufren la contracción y por tanto revelan la ousia divina, como se
mencionó antes. Estos son, como se ha señalado antes, el secreto del rostro alargado,
el rostro de la paciencia que tiene el poder de endulzar toda ira y juicio.
La conexión entre
las luces del rostro reveladas por el largo rostro de Di-s y el atributo de
verdad o cumplimiento se encuentra en una disputa entre los Sabios sobre los
Trece Atributos de Compasión. Después de que Di-s reveló estos atributos a
Moisés, dice: "y Moisés se apresuró, inclinó la cabeza hacia la tierra y
se postró",[13] el
Talmud pregunta,[14] ¿cuáles
de estos atributos vio Moisés?, es decir, ¿cuáles de ellos le hicieron
postrarse? Rabi Janina ben Gamla dice que vio el atributo de "lento para
la ira" y los demás sabios dicen que él vio el atributo de verdad.
La razón por la que
ambos están tan cerca como para que pueda haber una disputa es porque, como se
ha dicho, la séptima, la "verdad", abarca todos los primeros siete
atributos desde Kel en adelante. Como consecuencia de la naturaleza
abarcadora del séptimo atributo de "verdad", la luz que se transmite
se intensifica lo suficiente como para sacar a la luz el primero y el último de
los siguientes seis atributos, a través de los cuales solo la luz infinita (o
revelación) de la Divinidad es atraída hacia el aspecto interior de las diez sefirot
tal como se revelan en la psique humana.
Preserva la [bondad] y la confianza
La confianza es lo
que preserva (notzer) la bondad de un amante fiel y, en este caso, la
bondad de Di-s. Al preservar la bondad de Di-s, la confianza se fortalece
continuamente y uno confía cada vez más en Di-s. Según las enseñanzas del Arizal,
todos los atributos de compasión Divina están asociados con las llamadas
"rectificaciones de la barba" y forman parte de la corona
superconsciente. Este atributo - "Él Preserva" es la fuente de la
primera sefirá consciente: sabiduría. Este vínculo se refiere a la
afirmación del Zohar, "Aba se nutre del octavo mazal",
es decir, del octavo atributo de compasión.
Del mismo modo, la
confianza, bitajón (בִּטָּחוֹן) es la dimensión interior y la experiencia
de la sefirá de victoria o eternidad (netzaj), que corresponde a
la pierna derecha que desciende y se extiende desde un partzuf superior para
vestir y vitalizar la sabiduría del partzuf que está debajo de ella,
como se explica en los escritos del Arizal. La confianza (בִּטָּחוֹן) es una permutación de la frase
"buena gracia", jen
tov (חֵן
טוֹב), que es el secreto de la sabiduría oculta extraída del buen
aceite que "desciende sobre la barba"[15]
(el supremo Mazal) y revela los secretos de los secretos de la Torá.
Otra conexión entre sabiduría y confianza se encuentra en el versículo "Para
todo el que está vivo hay confianza", que[16]
significa que todo el que es consciente de haber recibido vida [de Di-s arriba]
confía en esa vida y en el sostenimiento de su vida por parte de Di-s.
Por miles y placer
La rectificación de
"por miles", lealafim (לַאֲלָפִים) es el secreto de "Te enseñaré (a'alefja)
sabiduría" (y "Te enseñaré a entender"), tal como se explica en
las enseñanzas jasídicas. La forma de sabiduría a la que se refiere aquí se
relaciona con la frase de que "la sabiduría surge de la nada (ayin)",
aludiendo a la segunda cabeza de la corona conocida como la cabeza de la nada o
del no ser (Reisha d'Ayin). En la nomenclatura de Jasidut, esta cabeza
de la corona se identifica con el placer. La palabra para "mil", alef (אָלֶף) permuta para formar
"maravilla", pele (פֶּלֶא).
Este atributo de compasión está especialmente relacionado con la rectificación
del pacto, como se explica en los escritos del Arizal, que es la
rectificación de la conexión del alma con su fuente de placer.
Perdona los pecados premeditados y la autoanulación
La iniquidad, avón (עָוֹן) tiene las mismas
letras que "humilde", anav (עָנָו).
Sobre Moisés, la Torá afirma que, "y el hombre Moisés fue muy humilde, más
que cualquier persona sobre la faz de la tierra."[17]
Esto es paralelo a la propia afirmación de Moisés de que "Y somos como
nada", donde la palabra hebrea para "nada", mah (מָה) es la segunda sílaba
de sabiduría, jojmá (חָכְמָה),
también conocida como el "poder de la nada", coaj mah (כֹּחַ מָה), el poder de autoanularse.
Otra hermosa
conexión entre los pecados premeditados y la autoanulación se encuentra en la
interpretación del versículo de Ba'al Shem Tov: «Feliz es el hombre a quien Di-s
no imputa un pecado premeditado». La redacción hebrea permite que Ba'al Shem
Tov puntúe el versículo de tal forma que su significado pase a ser: "Feliz
es aquel que, cuando no piensa en Di-s, lo considera un pecado
premeditado." El pecado premeditado es, por tanto, lo opuesto a la
auto-anulación continua, que permite estar constantemente consciente de Di-s.
De hecho, la palabra
hebrea para "pensamiento", majshavá (מַחְשָׁבָה) es en sí misma una permutación de las dos
palabras, "pensar en qué" o "pensar en la nada", jashav ma (חָשַׁב מָה), constantemente.
Podemos interpretar el versículo parcial, "Havaia está con la sabiduría",
que significa que Di-s se encuentra a través de la sabiduría, jojmá (חָכְמָה), es decir, a través
del "poder de la nada" (כֹּחַ מָה).
Pecado rebelde y alegría
Un pecado o
transgresión rebelde, peshá (פֶּשַׁע)
permuta para formar "abundancia", shefa (שֶׁפַע). La efusividad es diferente de la luz
(revelación). La abundancia está relacionada con el principio Madre, que a su
vez es fuente de alegría en el alma, como en el versículo "la madre de los
hijos está alegre" (la luz, o revelación, está relacionada con el
principio Padre, la sefirá de sabiduría). En la Torá, la misma raíz que la
del pecado rebelde denota un acto de malversación o negligencia respecto al
fideicomiso, la confianza depositada en alguien para proteger o custodiar un
objeto. Tal negligencia es producto de la pereza o la tristeza, la antítesis de
la alegría - la raíz de la diligencia y la prontitud en la vida y, en
particular, en el servicio a Di-s.
Pecado no intencionado y unificación o conexión
El atributo de
compasión de Di-s como Aquel que absuelve el pecado no intencionado corresponde
a la sefirá de conocimiento (da'at), particularmente como el
conocimiento que reside en la llamada "boca de santidad" (puma
kadisha) - el poder de la unificación o conexión encerrado en la boca. Un
pecado involuntario es el resultado de la falta de vínculo continuo o conexión
con la voluntad Divina, donde la conexión o unificación es la experiencia
interior de la sefirá de conocimiento.
Hemos visto así que
los tres atributos de compasión, "Perdona el pecado premeditado, el pecado
rebelde y el pecado no intencionado", corresponden a las experiencias
internas de las tres sefirot intelectuales: sabiduría, entendimiento y
conocimiento, que son la auto-anulación, la alegría y la unificación. Las
facultades del intelecto reciben instrucción de la segunda cabeza de la corona,
el placer. Sin embargo, su verdadera raíz está en la fe, la primera y más elevada
cabeza de la corona, que tiene el poder de sostener opuestos: en este caso, la
agudeza de la sabiduría y la naturaleza expansiva del entendimiento.
Por tanto, en lo que
a todos ellos se refiere, se aplica el verbo "perdonar", al igual que
todo acto de "soportar", que implica soportar opuestos, o un estado
paradójico, en la cabeza más alta de la fe. Según el significado literal, toda
rectificación de los pecados se logra a través de las facultades del intelecto,
pues "el hombre es alabado según su intelecto", incluso en lo que
respecta a las emociones de su corazón y sus acciones prácticas. Por lo tanto,
mientras el intelecto permanezca sin rectificar - es decir, que las
experiencias internas de autoanulación, alegría y unificación no se hayan
cultivado lo suficiente - el individuo sigue siendo un gólem, es decir,
una masa no formada.
Él Absuelve e integridad
"Absuelve"
también puede traducirse como "Él limpia". Un sacrificio limpio de
toda mancha e impureza cumple la orden de que, "Solo aquel que esté
intacto podrá ser aceptado de buen grado."[18]
Del mismo modo, una persona debe "Ser inmaculada [es decir, íntegra] con Havaia
tu Di-s." La integridad es la experiencia interior de la sefirá de reconocimiento
o agradecimiento (hod). Reconocimiento y victoria se consideran dos
mitades o caras de un mismo cuerpo, como dos caras de una moneda. Así como la
dimensión interior de victoria - la confianza en el sentido de plenitud - es la
fuente de la sabiduría y el principio Padre (que lo convierte en el secreto del
mazal superior), también la dimensión interior de reconocimiento es la
fuente para entendimiento, (convirtiéndola en el secreto del mazal
inferior). El Zohar afirma que "Él está en la victoria y ella en el
reconocimiento", que aquí representa la unión de los dos mazalot,
la raíz de todas las uniones a lo largo de todos los partzufim del Mundo
de la Emanación.
[1]Tur Oraj Jaim 581:1. Véase Pirkei
DeRabi Eliezer, cap. 46. Para un relato detallado de las tres ascensiones
al monte Sinaí, véase Rashi en Deuteronomio 9:18.
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🎻Es costumbre relatar cada sábado por la noche, durante la comida deMelavé Malká, una historia jasídica sobre el Baal Shem Tov. Se considera un canal de bendición (segulá) para el buen sustento, para tener hijos y satisfacción de ellos, para una vida buena y larga, y para la salud.
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Un gran tzadik dijo que, parasentir cómo se aprende Torá correctamente, hay que observar a una persona que regresa a su casa después de una jornada agotadora de trabajo. Se sienta cómodamente en un sillón y toma en su mano un periódico interesante y atrapante para relajarse y desconectarse. Esa persona elige leer un artículo de una revista que le resulta fascinante, y lo lee como quien leealgo que no es obligatorio.
Está escrito:“Oraita meJojmá nafkat” —“La Torá surge de la Jojmá (Sabiduría)”. Y la Jojmá esreiyá, visión. Por eso,todo el fundamento de la Torá consiste en las historias de nuestros Sabios que ilustran y hacen comprensible aquello que ella enseña.
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*LAS GUERRAS DE ELUL*
Laavodá de “Aní Ledodí” —“Yo soy para mi Amado”—durante los días de Elul consiste en el despertar de nuestra voluntad, en nuestra libre elección que se eleva desde abajo hacia Arriba. A partir de la fe en que Hashem, en Su bondad, renueva constantemente cada día el mundo y al ser humano, podemoselegir nuevamente el servicio a Hashemy dedicarnos a él con vitalidad y frescura renovadas.
Sobre este despertar de nuestra voluntad —libremente elegido y lleno de vitalidad—, el Santo, bendito sea, coloca desde lo Alto Su “sello” mediante la revelación de“Vedodí li” —“y mi Amado es para mí”. Entonces Él revela que nuestra libre elección refleja Su carácter absoluto: dentro de“la libertad ha sido concedida” (הרשות נתונה)se revela que“todo está previsto” (הכל צפוי); y dentro del servicio del hombre se revela quetodo es Hashem y Hashem es todo.
Una expresión especial de esta idea aparece en el ámbito delas guerras, un tema que pertenece particularmente al mes de Elul, la“teshuvá del año”, tal como vemos en las porciones de la Torá que se leen durante este período.
La Torá habla principalmente de lasmiljamot reshut, las guerras facultativas. Sin embargo, cuando salimos a la guerra desde nuestra propia libre elección, con un espíritu de voluntad y entrega voluntaria, se revelala fuerza, la necesidad y el carácter imperativo Divino que existe en esa guerra, en su resolución y en la victoria.
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Rabí Tzadok HaCohen de Lublin: LA MONEDA EN EL BARRO |
9 de Elul,
Hilulá del Santo RABÍ TZADOK HACOHEN DE LUBLIN
El santo Rabí Tzadok HaCohen de Lublin relató
algo que había visto con sus propios ojos durante su juventud. De aquel
episodio extrajo una enseñanza y un principio fundamental que lo acompañaron
durante toda su vida. Gracias a ello logró quebrar todas las duras barreras que
el ietzer hará colocaba ante él en los distintos aspectos de su servicio a
Hashem, hasta que tuvo el mérito de elevarse a niveles muy altos y sublimes.
Así sucedió:
Una vez, cuando era joven y caminaba por la
calle, vio a un padre y a su hijo. Eran extremadamente pobres, caminaban juntos
y casi desfallecían de hambre. De pronto, el padre divisó una moneda brillante
que estaba tirada en el suelo, hundida en el barro, y le dijo a su hijo que la
recogiera. Pero el hijo estaba tan debilitado que, además, pensando que se
trataba de una moneda pequeña y de escaso valor, actuó con pereza y no quiso
levantarla. Entonces su padre se agachó, la recogió y, con gran esfuerzo, consiguió
limpiarla. Al hacerlo descubrió que la moneda tenía suficiente valor como para
comprar algún alimento con el cual mantenerse con vida. Fue inmediatamente y
compró con ella trece frutas.
Al ver que su hijo estaba casi desfalleciendo
de hambre, el padre le ordenó que comiera todas las frutas. Pero el hijo se
negó y le dijo: “Tú recogiste la moneda, te esforzaste con las pocas fuerzas
que te quedaban para limpiarla y luego fuiste a comprar las frutas. Por derecho
te corresponde comerlas todas. Yo, en cambio, fui perezoso y no hice ningún
esfuerzo. ¿Por qué habría de merecer comer de sus frutos y saciarme con su
bondad? Lo justo es que solamente tú las comas”.
Pero como la misericordia de un padre no
tiene límites, y especialmente porque su hijo se encontraba en una
situación de mayor peligro que él, el padre ideó una manera de conseguir que su
hijo comiera. Se dirigió a él y le dijo que ahora debía ir solo a cierto lugar,
y que quería que su hijo lo siguiera desde lejos hasta encontrarse con él en un
punto determinado. Así hicieron. El padre emprendió el camino y, mientras
avanzaba, dejó caer una fruta al suelo; después otra, y luego otra más, hasta
que las trece frutas quedaron dispersas a lo largo del camino, hundidas en el
barro.
Cuando el hijo siguió los pasos de su padre,
encontró una fruta tirada en el barro. Se alegró muchísimo por el hallazgo. Ni
siquiera se le ocurrió pensar que provenía de su padre, sino que supuso que
otra persona la había perdido. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se
inclinó para recogerla y, con enorme esfuerzo, consiguió limpiarla del barro en
el que estaba hundida hasta dejarla apta para comer.
Mientras tanto divisó, a cierta distancia, otra
fruta semejante tirada en el barro. También allí se esforzó para levantarla y
limpiarla. Y así continuó, trabajando y esforzándose enormemente con cada una
de las frutas, hasta que, después de trece grandes y difíciles esfuerzos,
consiguió finalmente revivir su alma y recuperarse del hambre…
La
enseñanza que se desprende de esta historia es evidente: un solo esfuerzo
realizado al comienzo puede ahorrarnos muchos esfuerzos innecesarios a lo largo
del camino. Si aquel hijo se hubiera esforzado la primera vez, cuando
encontraron la moneda, se habría ahorrado todos los trabajos posteriores, pues
habría tenido pleno derecho a comer de los frutos adquiridos con ella. Pero
como al principio actuó con pereza, después necesitó realizar muchísimo trabajo
y esfuerzo para completar aquello que había omitido por su falta de diligencia.
Lo mismo
sucede en la avodat Hashem, el servicio a Dios. Si la persona se
esfuerza al comenzar su avodá, al comenzar su seder y al comenzar su tefilá,
con ello se ahorra muchas pruebas, dificultades y luchas contra el ietzer hará
que, de otro modo, se despiertan posteriormente durante el transcurso de su
servicio.
(Extraído
de “Zijronam Livrajá”)
__________
Breve reseña de su vida
Rabí Tzadok
HaCohen nació el 23 de Shevat de 5583 (1823). Su padre fue el gaón Rabí
Iaakov, Av Beit Din de Kreisburg. Su padre falleció cuando él todavía era niño,
y Rabí Tzadok creció en casa de su tío, autor del libro Kapot Zahav, en
Krinik, cerca de Bialystok. Cuando llegó a su Bar Mitzvá pronunció, con
extraordinaria agudeza y erudición, cuatro discursos que posteriormente fueron
impresos en su libro Meshiv Tzedek.
Cuando
visitó al santo Rabí Mordejai Iosef de Izbitza, autor del Mei HaShiloaj,
su alma quedó profundamente ligada a él y lo aceptó como su Rebe. Con el tiempo
se convirtió en uno de sus principales discípulos. Su compañero, Rabí Iehudá
Leib Eiger, fue también uno de los grandes discípulos del Mei HaShiloaj, y después
del fallecimiento de éste, la mayoría de los jasidim siguieron a Rabí Iehudá
Leib.
Tras el
fallecimiento de Rabí Iehudá Leib Eiger en el año 5648 (1888), miles de jasidim
comenzaron a acudir a Rabí Tzadok. Sin embargo, Rabí Tzadok se negaba a asumir
el liderazgo como Admur y apoyaba a Rabí Abraham Eiger, hijo de Rabí Iehudá
Leib, para que dirigiera la comunidad. Pero muchos jasidim lo valoraban
profundamente y no desistieron de seguirlo, hasta que, contra su propia
voluntad, terminó convirtiéndose en Rebe.
El séptimo
día de Pesaj del año 5660 (1900) enfermó repentinamente de gravedad, y el 9
de Elul de 5660 falleció. Su lugar de descanso se encuentra en Lublin.
La historia
está dedicada a la elevación del alma del querido niño Tzur Levaví Simjí z”l.
❤️
___________
*LA HISTORIA DEL BAAL SHEM TOV*
“YO DUERMO, PERO MI CORAZÓN ESTÁ DESPIERTO”
Del
libro del Rabino Ginsburgh OR ISRAEL, historias del Baal Shem Tov explicadas.
RELATÓ
EL REBE RAYATZ (RABÍ IOSEF ITZJAK SCHNEERSON):
Antes de
que el Baal Shem Tov fuera revelado públicamente, hubo decretos muy severos
sobre el pueblo de Israel, semejantes a los decretos de los años 5408-5409
(1648-1649), las terribles matanzas de Jemelnitzki y sus seguidores.
La situación de los hijos de Israel era muy mala, tanto espiritual como
materialmente. Los pritzim —terratenientes y señores feudales— los
oprimían y les imponían durísimos abusos. No pasaba un año sin que los judíos
sufrieran atrocidades semejantes, tanto en su cuerpo como en su alma.
Había
terratenientes que acostumbraban alquilar a judíos “kretshmes” [posadas o
tabernas] a la vera de los caminos o de las ciudades. Si el judío no tenía
dinero para pagar la deuda de la taberna a tiempo, el terrateniente lo arrojaba
a una especie de prisión y le infligía diferentes tormentos.
Si era un
año en el que no había redención alguna y no había con qué pagar al
terrateniente la deuda de la taberna, entonces la vida del hombre y de su
familia quedaba suspendida en el aire. Permanecían encerrados en una prisión
bajo tierra hasta que se encontraban los medios para saldar las deudas.
La
situación de los hijos de Israel era de verdadera opresión espiritual, y
esta situación material influía también sobre su estado espiritual, hasta el
punto de que estaban sumidos en un profundo letargo y desmayo.
Desde el
Cielo vieron que era necesario hacer descender un alma elevada para
despertar a los hijos de Israel, tanto espiritual como materialmente. Así
como cuando una persona se desmaya, el remedio consiste en llamarla por su
nombre, para que despierte, del mismo modo, para despertar a los hijos de
Israel de su desmayo y letargo, hicieron descender a este mundo el alma de
nuestro maestro, el Baal Shem Tov, llamado “Israel”, el nombre
general de todo el pueblo de Israel, para despertarlo de su desmayo.
(Reshimot
Devarim, vol. III, pág. 7)
LOS DOLORES DEL PARTO
En toda la
parashá de las aflicciones y las amargas desgracias que atraviesa el pueblo de
Israel a lo largo de todo el prolongado exilio, vemos una y otra vez que “un
tiempo de angustia es para Iaakov, pero de ella será salvado”
(Irmiahu/Jeremías 30:7).
Precisamente
desde el interior de la angustia obtenemos las fuerzas más profundas y
auténticas que poseemos, y de ella misma nace la salvación.
Así
ocurre con el ser humano: el enfrentamiento renueva y fortalece la
personalidad, y hace emerger fuerzas latentes.
La
angustia no es un castigo, sino que se asemeja a las contracciones y los
dolores del parto. Cuando el Santo, bendito sea, y la Congregación de Israel
están alejados uno del otro desde hace mucho tiempo, se necesita una
experiencia de sacudida y conmoción para generar un nuevo acercamiento.
La salvación
más elevada que surge de la angustia consiste en atraer al mundo el alma de
un tzadik supremo, cuyo poder es ser un verdadero líder y elevar al pueblo
sobre sus propios pies. Este es el fruto de la renovada unión entre el Santo,
bendito sea, y la Congregación de Israel, que nace después de un prolongado
alejamiento.
Así
sucedió con nosotros en el exilio de Egipto: después de todas las diásporas, fuimos
merecedores del alma de Moshé Rabenu, desde el interior de la amarga y
profunda esclavitud. Por eso, la angustia es semejante a los dolores de parto,
y también a los “tzirim” —mensajeros— enviados entre Dios y nosotros
para acercarnos y redimirnos por medio de la palabra de Dios.
Así como
nos fue enviado Moshé Rabenu, por medio de quien fue entregada la Torá
al pueblo de Israel y cuya luz ilumina a los siete pastores —las figuras
fundamentales de liderazgo espiritual de cada generación—, del mismo modo nos
fue enviado el Baal Shem Tov, junto con los demás “grandes luminarias”,
que encendieron su luz con una gran iluminación.
EL NOMBRE OCULTO
Hemos
aprendido que la angustia (tzará) hace que las fuerzas ocultas del alma se
revelen.
La
salvación no es algo externo que comienza cuando termina la angustia y la
reemplaza. En el Jasidut se explica que de la propia angustia surgen tres
elementos complementarios, que expresan tres cualidades del mundo.
El primer
mundo es como una llama ligada a la brasa. La llama se encuentra
dentro de la brasa, pero no arde realmente. Este “mundo” es llamado “el
mundo que está en la realidad”, porque aquello que está oculto en él existe
verdaderamente y sólo espera que se abra la válvula adecuada para poder
manifestarse exteriormente. Para revelar la llama desde su estado oculto basta
con soplar sobre ella, e inmediatamente arde con una llama visible.
Un mundo
más profundo es como el fuego que se encuentra en el pedernal. No está
contenido en la piedra de manera evidente, sino únicamente de un modo oculto,
en potencia. Este estado es llamado “el mundo que no está en la realidad”.
Para extraer el fuego de su ocultamiento se requiere un esfuerzo mayor: hay que
golpear el pedernal con fuerza para que surja el fuego oculto.
El mundo
más profundo de todos es el mundo del nombre que está dentro de la esencia.
“Todo aquello que una persona sea llamada por su nombre...” El nombre de cada
persona está asociado a la raíz de su alma, pero no posee existencia propia
e independiente. Solamente por ello responde cuando se la llama, pues la
raíz de ese nombre está grabada en los fundamentos de su mazal supremo.
Sin
embargo, el nombre es más difícil de revelar desde el interior de la esencia.
Allí se encuentra aún menos manifiesto...
Así como
el fuego que se encuentra en el pedernal. Y, en efecto, dijeron los tzadikim
que, para despertar el espíritu de una persona, el Rúaj HaKodesh, cuando
vienen a llamarla por su nombre, de no ser por ello, no le vendría a la mente
orientarse hacia su verdadero nombre.
Cuanto
más profunda es la angustia, cuanto más profundamente llega el golpe hasta el
interior del alma, se necesita hacer descender una luz nueva y revivir
al hombre desde su raíz más profunda. Si la angustia es leve, basta con un
tratamiento sencillo, y cuando la persona despierta y vuelve en sí, es como
alguien que se desmaya y está cerca de que su alma se extinga: no existe otra
solución que llamarlo por su nombre, es decir, dirigirse a las
profundidades más hondas, a la raíz de su vida, porque solamente desde allí es
posible tomar una gota de vitalidad y devolverle la vida.
En los
días de los profetas, en vísperas de la destrucción del Templo, nos
encontrábamos en un estado de sueño estival. Entonces los profetas
intentaron soplar sobre nuestra brasa y encender nuestra alma mediante sus
reproches y sus palabras de consuelo.
En medio
del prolongado exilio, en los días de Mordejai y Ester, nos dormimos en
un sueño profundo: “hay un pueblo que duerme”. Solamente mediante la
anulación del decreto de Hamán, que buscaba destruir, matar y exterminar,
nuestra alma despertó y volvió nuevamente a la vida.
Al final
de los días del exilio, cuando la oscuridad se intensifica y se acerca el alba,
nuestras fuerzas se debilitaron y fuimos arrojados desmayados sobre la tierra.
Entonces nos fue enviado el Baal Shem Tov, el alma de Israel y su espíritu.
Cuando se pronunció su nombre en los oídos de la nación, su alma retornó a ella
y fue como si hubiera nacido de nuevo.
Este es
el significado de llamar por el nombre: por eso la angustia es comparada
con los dolores del parto, con el momento mismo del nacimiento, con la
aparición de una nueva gota de vida; y desde allí el alma vuelve a florecer
nuevamente. Ahora está más fresca, más valiente y más preparada para soportar
las nuevas circunstancias que la rodean.
EL NOMBRE Y LA ESENCIA
Desde
entonces, el Baal Shem Tov ha pasado por muchos mundos, y hasta el día
de hoy seguimos extrayendo de nosotros mismos nuevas fuerzas. Sabemos en
nuestra alma que las generaciones están llegando al final; nosotros somos como
la luz que se alza en contraste con la oscuridad. Si aquellos fueron tiempos de
desmayo, nosotros estamos en un estado de coma verdadero.
Si en
aquellos días recibíamos una dosis de “estimulante” por medio de los ojos de
los malvados, hoy nos aplicamos las angustias a nosotros mismos. Es como una
enfermedad maligna que anida en el corazón de la nación, envía sus metástasis y
vacía el cerebro y el corazón judío.
“Un
sueño oculto”:
Rabí Eizik de Homil dijo, cerca de su fallecimiento, que el mundo vuelve
a caer en un nuevo estado de “sueño oculto”. Puesto que Rabí Eizik se
refería al último orden de la enseñanza del Jasidut —la aparición del Baal Shem
Tov, el Maguid y el Admor HaZakén—.
Rabí Eizik
de Homil determinó que no alcanzaba con la luz que había iluminado hasta
entonces. Debido a la oscuridad que nuevamente se había intensificado a
nuestro alrededor, era necesario un estímulo aún más profundo: el nombre de
la esencia que el Baal Shem Tov pronunció en nuestros oídos debía volver a
ser pronunciado sobre nosotros por segunda vez, con voz fuerte y clara; no
solamente como un susurro al oído de quien se desmaya, sino mediante los
manantiales del Jasidut.
Es posible
comprender que el Jasidut en general, y la Torá del Rebe de Lubavitch en
particular, llegan hasta la esencia misma, incluso más allá del nombre, y
que esto responde a las necesidades de nuestra generación, el tiempo de la
Gueulá.
El Rebe nos
enseña el camino para pertenecer a la Esencia, cómo continuar la
revelación de Dios, bendito sea, en Su gloria y por Sí mismo, y no
conformarnos con un nivel intermedio cualquiera.
___________
❣️¡Shavúa Tov Umevoraj!❣️ 🍯¡Shaná Tová Umetuká!🍯
¡Que las historias de nuestros justos nos acompañen y abran las puertas de la bendición en esta nueva semana!
*📌RECORDATORIO: ENCUENTRO DE ESTE DOMINGO*
Para continuar refinando nuestra alma a través del tiempo, los invitamos a nuestro próximo encuentro del ciclo de Astrología Judía por ZOOM y YOUTUBE:
*TEMA: MAZAL MOZNAIM (LIBRA) PARTE 2*
Fecha: Este Domingo – 21:00 Horas en vivo desde Israel.
El Rebe Simja Bunim Bonhart de Peshisja nació en el año 5527
(1767) siendo su padre, Rabi Tzvi Hirsh. Fue reconocido como un niño prodigio y
fue enviado a estudiar a la ieshivá de Mattersdorf, Hungría
(actualmente: Mattersburg, Austria), y posteriormente bajo la tutela de Rabi
Mordejai Benet en la ciudad de Nikolsburg. Tras regresar a Polonia, se casó con
Rivka, hija de Rabi Moshe de Bendin. Tras su matrimonio, se acercó al Jasidut
bajo la influencia del Rebe Moshe Leib de Sassov y el Maguid de Kozhnitz, y se
convirtió en un jasíd apasionado de Kozhnitz. El Rebe Simja Bunim era
reconocido como un hombre de gran sabiduría y erudición, y se mantuvo a través
de su trabajo como farmacéutico incluso durante los años de su liderazgo como
rebe. En su juventud, se dedicó al comercio, gestionando los asuntos
comerciales de la célebre mecenas Tamaril Bergson. Gracias a este trabajo
devolvió a muchos comerciantes asimilados que conoció en Europa Occidental al
camino de la observancia religiosa, habiéndose hecho amigo de ellos y siendo
aceptados como uno de los suyos. Tras su estancia en Kozhnitz, el Rebe Simja
Bunim se convirtió en un discípulo cercano del Joize de Lublin y del
discípulo del Joize, el Santo Yid de Peshisja. En el año 5574 (1814)
falleció el Santo Yid, y el Rebe Simja Bunim ocupó su lugar en Peshisja.
Durante su mandato, el número de estudiantes del beit midrash de Peshisja
aumentó significativamente.
Una gran cantidad de almas elevadas se reunió en torno a él,
entre ellos el Rebe de Kotzk, el Rebe de Izhbitz, el Rebe Itzjak de Vorka y
otros. Sin embargo, la oposición al enfoque intelectualmente exigente de Peshisja
también se intensificó, hasta que se alcanzó una reconciliación en la
"Gran Boda de Ustila", que celebraba el matrimonio del nieto del Ohev
Israel de Apta. El Rebe Simja Bunim, honrado con el título de "el Rebe,
Reb Bunim", partió de este mundo el 12 de Elul de 5587 (1827) y fue
enterrado en Peshisja. Colecciones de sus enseñanzas de Torá se imprimieron en
las obras Kol Simja y Kol Mevaser.
En una ocasión, un grupo de
jasidim de Peshisja partió junto a su Rebe, como era costumbre en Jabad y en
todas las comunidades jasídicas, viajar en grupo. A mitad de su viaje, uno de
los jasidim falleció repentinamente en un lugar desolado sin rastro de
presencia judía. Los compañeros no sabían qué hacer. Ante ellos estaba su
compañero, cuyo cuerpo necesitaba purificación y entierro inmediatos, pero no había
asentamiento judío cerca, y ciertamente ningún cementerio judío. ¿Qué podían
hacer?
Se dirigieron al pueblo más
cercano y llamaron a una de las puertas. Salió un anciano y le preguntaron si
conocía algún cementerio judío en la zona. Él respondió: "Sé que, en tal
lugar, no muy lejos de aquí, hay un antiguo cementerio judío." Los jasidim
se sintieron muy aliviados y se pusieron inmediatamente en marcha en la
dirección que él había señalado.
Cuando llegaron, buscaron un
poco y encontraron un cementerio judío oculto bajo la maleza. Siguieron
buscando hasta encontrar una parcela libre. Cavaron una tumba, realizaron los
ritos de purificación y todo lo necesario, y enterraron a los difuntos con la
dignidad adecuada. Tras completar el entierro, comenzaron a alejarse del lugar.
De repente oyeron un gran alboroto en dirección al cementerio. Miraron hacia
atrás y vieron el cuerpo de su compañero tirado en el suelo. ¡Alguien lo había
sacado de la tumba! Extraño y aterrador. Sin embargo, eran jasidim, valientes
de corazón y de temperamento sereno. Regresaron al cementerio, lo enterraron de
nuevo y continuaron su camino.
Y entonces volvió a pasar:
acababan de recorrer una corta distancia cuando volvieron a oír el ruido.
Miraron hacia atrás y vieron el cuerpo arrojado fuera de la tumba. Entendiendo
que ocurría algo fuera de lo común, los compañeros regresaron y gritaron con
gran fuerza a quienes yacían en el cementerio: "Aquí hay un judío que
necesita entierro inmediato. No hay otro lugar donde enterrarlo. ¡Debe de estar
enterrado en este lugar!"
Inmediatamente un coro de
voces surgió de la tierra y les respondió: "Hemos estado aquí durante
cientos de años, y cada uno de nosotros fue asesinado santificando del Nombre
de Di-s. Todos los que descansan en este terreno son santos mártires, y ninguna
criatura es digna de estar en nuestra compañía. Por eso no permitimos que nadie
sea enterrado aquí, ¡ni siquiera un judío! Cada vez que lo pongáis aquí, lo
expulsaremos."
Los jasidim de Peshisja
mantuvieron la compostura y respondieron: "Somos jasidim de Peshisja,
discípulos del Rebe Reb Bunim, y este es nuestro compañero. Él también es jasid
del Rebe Reb Bunim, y requiere entierro inmediato. Pedimos con todo nuestro
corazón que nos permitan enterrarlo." Lo enterraron una vez más y esta vez
no se oyó ningún sonido, y el difunto permaneció en su tumba.
Los jasidim continuaron su
viaje y llegaron a Peshisja junto a su Rebe. Antes de que tuvieran siquiera
oportunidad de llamar y entrar, el Rebe salió ante ellos y les dijo:
"Debéis saber que me costó mucho esfuerzo persuadir a esos santos para que
aceptaran a su nuevo vecino entre ellos."
En esta historia "aterradora" - como en las
historias de muchos tzadikim - el tzadik supera un obstáculo
espiritual que se interpone en el camino de sus discípulos. En esta historia en
particular, se requería una enorme capacidad para superar obstáculos. Primero,
la contienda aquí no es contra fuerzas de impureza y cáscaras profanas, sino
con mártires sagrados supremos. Segundo, estos santos son, ellos mismos figuras
con el poder de superar obstáculos y enfrentarse a otros en defensa de sus
principios, pues superaron tanto a sí mismos como a sus perseguidores, y
santificaron el Nombre Divino ante multitudes; se requiere una fortaleza de
carácter aún mayor para superar su firme resistencia.
Un detalle adicional destaca de la historia: no solo el Rebe
participa en el debate con los difuntos. Los propios jasidim saben cómo
mantenerse firmes, incluso ante una reivindicación mística que surge de la
tierra. El Rebe Reb Bunim era conocido como un Rebe de sabiduría y
discernimiento, y sus jasidim eran lo suficientemente perspicaces como
para presentar los argumentos adecuados y asegurar que su compañero recibiera
un entierro judío.
La capacidad del Rebe Reb Bunim para transmitir valor y
clarividencia a sus discípulos está ligada de manera particular a la victoria
celestial en esta disputa: la victoria está relacionada con el atributo de netzaj,
que significa tanto victoria como eternidad. La sefirá de netzaj,
como eternidad, alimenta la energía necesaria para transmitir enseñanzas y legado
a la siguiente generación. Corresponde a la pierna derecha en el cuerpo y la
pierna representa la herencia y el linaje, tal como en el dictamen talmúdico de
que "el hijo es la pierna de su padre." A través de la facultad de netzaj
(eternidad), el pasado y el presente se perpetúan como una herencia hacia las
generaciones futuras.
En este propósito se cuenta
que una vez, una familia de tres generaciones acudió al Rebe Reb Bunim -
abuelo, padre y nieto - y los tres entraron juntos. Tras su conversación, el
Rebe miró a los tres y dijo al abuelo: "Todo lo que hiciste en vuestra
vida fue por el bien de vuestro hijo." Luego se volvió hacia el padre:
"Todo lo que hiciste en tu vida fue por el bien del nieto." Y
entonces se volvió hacia el nieto y le dijo: "Después de todo lo que han
hecho el abuelo y el padre, ¿dónde estás? ¿Aieka?"
Esto es herencia espiritual: todo el esfuerzo de los padres
es por el bien de los hijos. Nuestro deber, como hijos de nuestros padres y
abuelos, es primero apreciar la herencia que se nos ha dado, recibir su
vitalidad y, posteriormente, aplicarla y actuar en consecuencia para que se
transmita a la siguiente generación. Esta es la verdadera naturaleza de la
riqueza judía multigeneracional.