CALENDARIO HEBREO: el mes de Tishrei (Rosh Hashaná)
ESTUDIO SEMANAL: Parashot
Nitzavim-Vaielej
DE PIE HOY ANTE DI-S
La parasháNitzavim comienza con las
siguientes palabras: "Y hoy estáis todos vosotros ante Di-s."[1]
Aunque, en un sentido literal, la mención de la Torá a que Moisés se dirige al
pueblo "hoy" no parece nada fuera de lo común, los sabios infieren de
ello que aquel día fue, de alguna manera, un día especial. Algunos sugieren que
ese fue el día en que murió Moisés y que reunió a todo el pueblo para
transmitir sus últimas enseñanzas. El Zohar sugiere que este día alude a
Rosh Hashaná, cuando el pueblo judío y, de hecho, toda la población del mundo, se
presenta ante Di-s para ser juzgada. [2]
De hecho, Nitzavim siempre se lee el Shabat antes de Rosh Hashaná.[3]
La primera interpretación toma sentido dado que
Moisés claramente se acerca al final de su vida, como demuestran las siguientes
porciones. La segunda encaja con la idea jasídica de que la porción siempre
refleja los acontecimientos actuales; así, resulta muy lógico que el
"hoy" en nuestro versículo aluda a Rosh Hashaná, aconsejándonos
implícitamente prepararnos mental y psicológicamente para el próximo Día del
Juicio.
La palabra "hoy" aparece en la parashá
Nitzavim 13 veces,[4]
aludiendo a los Trece Atributos de Misericordia que provocamos con nuestras
oraciones a lo largo del mes de Elul y los Diez Días de Teshuvá, desde
Rosh Hashaná hasta Iom Kipur.
Hoy es Cada Día
Alternativamente, la palabra "hoy" también se ha interpretado
en sentido figurado para dar a entender que cada día debe vivirse como si fuera
ese día tan único en el que Moisés se dirige al pueblo judío. Esta idea deriva
de la interpretación de otro acontecimiento fundamental en la historia judía:
la Entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Cuando los judíos llegaron al desierto
del Sinaí el primer día del tercer mes, la Torá afirma que llegaron "en
este día". Como el resto de la frase está en pasado, Rashi señala que la
frase "en este día" debería haberse escrito "en ese día".
Comenta que fue escrita en presente, para enseñarnos que cuando estudiamos Torá
debe sentirse tan nueva y apasionante para nosotros como si la hubiéramos
recibido hoy mismo. [5]
En otras palabras, en ambos casos fundamentales, la Torá nos enseña que no
debemos considerar estas experiencias únicas como acontecimientos puntuales del
pasado; más bien, debemos tratarlas como experiencias continuas. Cada día la
Torá debe sentirse nueva y cada día debemos sentir que estamos ante Di-s.
La palabra "hoy" también nos recuerda que, en
cuanto al tiempo, el pasado se ha ido, el futuro no ha llegado y el presente
pasa como "un parpadeo".[6]
El Talmud enseña que Mashíaj vendrá "hoy, si escuchas su voz."[7]
Así, cada día tiene el potencial de acercarnos a Di-s como lo hacemos en Rosh
Hashaná, de experimentar la revelación de la Torá como lo hicimos en el Monte
Sinaí y de revelar la venida de Mashíaj.
Renacimiento y renovación
Un aspecto adicional del "hoy" lo expresa el rey
David cuando dice: "Di-s me dijo: 'Eres mi hijo, hoy te he dado a
luz.'"[8]
David sentía como si le estuvieran dando constantemente el regalo de una nueva
vida. No importaba qué cambios atravesara en la vida, David se unía
continuamente a Di-s, siempre hablándoLe como si estuviera justo delante de Él
"hoy."
Todas estas interpretaciones de la palabra "hoy" -
el día de la muerte de Moisés, Rosh Hashaná, cómo cada día que estamos ante Di-s,
la Torá se renueva cada día, y el día de la llegada de Mashíaj -
contienen un aspecto de renacimiento. La muerte de Moisés por el "beso de Di-s"[9]
enfatiza que la muerte es solo una transición hacia un nuevo nivel de vida. En
Rosh Hashaná comienza un nuevo año con la oportunidad de renovación mientras la
revelación en el Sinaí continúa. En última instancia, la llegada de Mashíaj al
Final de los Días conducirá a un renacimiento total de la conciencia humana.
Sin embargo, incluso antes de llegar a ese punto, cada día,
en esencia, contiene el potencial de un verdadero renacimiento. Di-s está
renovando la creación cada fracción de segundo, como testificamos en nuestras
oraciones matutinas diarias: "En Su bondad renueva cada día el acto de la
creación." Ese proceso continuo de creación, iesh me'ayin,
"algo de la "nada" está al alcance de cada persona se conecte,
integre e inspire en ello. Cada día también es una oportunidad para transformar
nuestro ego, ani (אֲנִי) en un estado de humildad desinteresada,
un estado de "nada", ain (אָיִן). Obsérvese que ambas
palabras tienen las mismas letras solo que invertidas. Esto nos enseña el
trabajo espiritual interior que todos tenemos que hacer cada día.[10]
De pie ante Di-s
La idea de estar ante Di-s "hoy", donde
"hoy" se refiere a Rosh Hashaná, arroja una profunda luz sobre la
esencia de Rosh Hashaná. Cuando estamos ante Di-s en Rosh Hashaná, todas las
dimensiones del tiempo - pasado, presente y futuro - se manifiestan
simultáneamente. Estamos en el presente, "hoy", pidiendo perdón por
nuestras faltas y defectos pasados mientras nos comprometemos a comportarnos
mejor en el futuro. Aunque nuestro futuro depende de rectificar el pasado, el
juicio final de Di-s en Rosh Hashaná, que afecta a nuestro futuro, depende de
la sinceridad y el nivel de compromiso que logremos generar en el presente.
Entrelazando aun más el pasado, presente y futuro, la tradición judía enseña
que, aunque Di-s, al ser Omnisciente, sabe si realmente cambiaremos para mejor
o no, nos juzga con compasión según nuestro sincero deseo de cambiar y no según
lo que realmente suceda en el futuro.[11]
El nivel de conciencia completa alcanzado en Rosh Hashaná se
alude en la frase "todos vosotros" en el versículo inicial de Nitzavim.
En pocas palabras, todo el pueblo se había reunido para escuchar a Moisés
hablar. Sin embargo, una interpretación jasídica nos enseña que cuando estamos
ante Di-s en Rosh Hashaná, debe ser con "todos vosotros", con la
totalidad de nuestro ser, como recitamos en el Shemá: "con todo
vuestro corazón, con toda vuestra alma y con toda vuestra fuerza."[12]Esta frase equivale numéricamente a 737, al igual
que la palabra shalhevet (שַׁלְהֶבֶת), una llama, que significa que nuestras
almas necesitan estar "encendidas" al servir a Di-s.[13]
Lo que se nos pide en estos momentos es asegurarnos de
presentarnos ante Dios con todo nuestro ser, especialmente en Rosh Hashaná,
cuando Dios decide nuestro destino para el año que viene.[14]
Si no somos capaces de reunir esa presencia de mente y corazón, el sonido del shofar
está diseñado para despertarnos e "impactarnos" de modo que nos relacionemos
con Di-s desde lo más profundo de nuestro ser. El sonido penetrante del shofar
tiene la capacidad de fusionar todas las partes inconexas de nuestra
personalidad, toda la fragmentación interior, en una súplica unificada.[15]
Establecer de un Pacto Eterno
Tras describir cómo Moisés reunió a todo el pueblo, la Torá
relata por qué lo hizo: para restablecer la alianza entre Di-s e Israel:
Estableceros hoy como pueblo
para Él y que Él sea Di-s para vosotros, como Él os habló y como juró a
vuestros antepasados, a Abraham, a Itzjak y a Iaacov. No es solo contigo con
quien sellé este pacto y este juramento, sino con todos los que están aquí, junto
a nosotros hoy ante Di-s, nuestro Di-s, y con todos aquellos que no están aquí
con nosotros hoy.[16]
La inclusión de Moisés de todas las generaciones posteriores
- "aquéllos que no están aquí con nosotros hoy" - amplía
sustancialmente el alcance del pacto, creando un vínculo y unidad de propósito
que une a todos los judíos, en todos los lugares y en todo momento. A pesar de
estar dispersos por los cuatro rincones del mundo durante casi dos milenios, el
pueblo judío pudo mantenerse como un pueblo distinto y único gracias al pacto
entre Di-s y "todos vosotros".
La inclusión de "aquellos que no están aquí con
nosotros hoy" también tiene profundas ramificaciones cabalísticas. Según
los secretos de la reencarnación - registrados en muchos textos cabalísticos y
revelados por el Arizal, en particular - aquellas almas que fueron
redimidas de Egipto y se encontraron en el Monte Sinaí fueron posteriormente
reencarnadas repetidamente a lo largo de la historia. La frase "aquéllos
que no están aquí con nosotros hoy" se refiere a las generaciones
posteriores de judíos que encarnarían a partir de las almas de quienes sí
estuvieron allí. Así que, en cierto sentido, estos judíos posteriores "que
no estuvieron allí" también estuvieron allí.
Cuatro circuncisiones
En la porción de la Torá de Nitzavim hay un pasaje llamado Parashat
HaTeshuvá, que describe cómo Israel finalmente volverá a Di-s a través de la
teshuvá y luego ser reunidos de todos los rincones del mundo en la Tierra
de Israel. El versículo final de esta emotiva descripción dice: "Y Hashem, tu Di-s, circuncidará tu corazón
y los corazones de tus descendencia, [para que] ames a Di-s, tu Di-s, con todo tu corazón y con toda tu alma, en aras
de tu vida." [17]
Entre paréntesis, cabe señalar que en el Tanaj se mencionan cuatro
"prepucios" diferentes del cuerpo que necesitan circuncisión.
Recordamos estas circuncisiones al leer la porción de Nitzavim y su llamado a la
teshuvá en el Shabat antes de Rosh Hashaná.
Una alusión al Ba'al Shem Tov
Volvemos ahora al versículo anterior: "Y Havaia, tu Di-s, circuncidará tu corazón
y los corazones de tu descendencia, [para que] ames a Havaia, tu Di-s,
con todo tu corazón y con toda tu alma, en aras de tu vida."[18]
Este versículo tiene 18 palabras y 67 letras. Sesenta y siete es el equivalente
numérico del nombre del mes anterior a Rosh Hashaná, Elul (אֱלוּל), un mes de introspección y teshuvá,
el mes en que leemos este pasaje. También alude al Ba'al Shem Tov, que nació el
día 18 de Elul.[19]
El contenido de este versículo constituía la esencia de la misión del Ba'al
Shem Tov en el mundo: revelar un nuevo camino en el servicio a Di-s que abriera
las puertas de la verdadera teshuvá y
la circuncisión del corazón, conduciendo, finalmente, a la redención definitiva.
[11] Esto se aprende en el episodio en que Di-s salva
a Ishmael, "donde se encontraba", no en función de dónde estaría ni
lo que haría en el futuro. Rashi sobre Génesis 34:17.
Rabi Natan HaCohen Adler nació el 10 de Tevet de 5502
(1741), hijo de Rabi Shimon y Tzirale, su madre, en la ciudad de Frankfurt am
Main, Alemania. Su familia remontaba su linaje hasta Rabi Shimon HaDarshan de
Frankfurt, autor del Yalkut Shimoni. Era conocido por ser un niño dotado
y diligente. Estaba tan absorto en sus estudios que a menudo llegaba a las
oraciones solo después de que estas terminaban. Cuando el Jida, Rabi
Jaim Iosef David Azulai, visitó la comunidad de Frankfurt y fue testigo de la tardanza
del joven talentoso estudiante, bromeó con un juego de palabras al respecto. Rabi
Natan Adler estudió las dimensiones reveladas de la Torá bajo el Pnei Iehoshua,
Rabi Moshe Rappauf y Rabi David Tevli Katz Schiff, y estudió la Cabalá con Rabi
Avush, el rabino de Frankfurt. Rabi Natan Adler fue el maestro principal del Jatam
Sofer, quien se refiere a él a lo largo de sus escritos con expresiones de
profunda reverencia como: "el jasid del sacerdocio", "los
caminos del cielo le son más familiares que a un ángel" y frases
similares. Junto a su conducta sencilla y la humildad que mostraba a cada
persona, Rabi Natan Adler era conocido por sus costumbres extraordinarias al
servicio de Di-s: se ponía simultáneamente los tefilin de Rashi y
Rabeinu Tam, rezaba con el sistema litúrgico del Ari con pronunciación
sefardí y dirigía los servicios de oración en cada sinagoga donde rezaba.
También realizaba la Bendición Sacerdotal a diario, ayunaba y practicaba la
mortificación con frecuencia. Debido a sus peculiares prácticas, finalmente fue
objeto de una prohibición de ejercer por los rabinos de Frankfurt y se vio
obligado a abandonar la ciudad junto con sus discípulos. Tras varios años en
los que sirvió como rabino de Boskowitz en Moravia, la prohibición fue
levantada y regresó a Frankfurt. Poco después partió de este mundo, el 27 de
Elul, 5560 (1800), y está enterrado en el antiguo cementerio judío de
Frankfurt. Rabi Natan no dejó innovaciones escritas de la Torá, sosteniendo que
el permiso concedido para plasmar por escrito la Torá Oral no se aplicaba a
alguien como él, para quien el olvido no era motivo de preocupación.
En una
ocasión, los opositores de Rabi Natan Adler encontraron un pretexto para actuar
en su contra: se había emitido un decreto real que exigía la entrega de todos
los utensilios de plata para uso estatal. El rollo de la Torá del gran Rabi
Natan Adler poseía anillos de plata en sus etz jaim (los rodillos de
madera), y alguien informó a las autoridades de esto.
Una noche, mientras estaba
sentado estudiando con su alumno, oyeron ruido y alboroto procedente la planta
superior, donde se guardaba el rollo de la Torá. Rabi Natan Adler instruyó a su
alumno, el joven Moshe - que no era otro que el futuro Jatam Sofer - que
subiera al desván y viera qué causaba ese sonido. Aunque el joven tenía miedo -
¿y si había ladrones allí y le podían hacer daño? - la orden de su maestro era
vinculante, y subió las escaleras. Desde lejos vio a un anciano con barba
blanca como la nieve, golpeando con un martillo. Asustado por la escena, se
acercó para ver quién era y se sorprendió al encontrar al gran autor del Majatzit
HaShekel, golpeando con un martillo para separar y quitar los anillos de
plata del rollo de la Torá. Cuando se percató de la presencia del joven Moshe,
le pidió que no revelara lo que había visto, pues había venido en secreto, para
que rabi Natan Adler no se enterara del informe del delator y se entristeciera si
se llevaban a cabo registros en busca de los anillos de plata. De esto vemos el
gran amor que el autor del Majatzit HaShekel sentía por Rabi Natan.
En otra ocasión, funcionarios
del gobierno entraron en la casa de Rabi Natan Adler por orden judicial,
nuevamente basada en un informe de un delator, para buscar el rollo de la Torá.
En su precipitación, Rabi Natan tomó el rollo de la Torá y lo colocó en los
brazos de su alumno Moshe Sofer, colocándolo en medio de la sala. Los
funcionarios realizaron una búsqueda minuciosa de cada rincón, pero no se
percataron de la presencia de Moshe, que sostenía el rollo a la vista, pues Rabi
Natan lo había convertido en alguien que ve, pero no es visto. Cuando el Jatam
Sofer relató más tarde este suceso, dijo que no había que sorprenderse de
que Rabi Adler pudiera obrar este milagro, sino que era algo peligroso de llevar
a cabo.
En otra ocasión, el Jatam
Sofer viajó a Viena con Rabi Adler por un asunto urgente también
relacionado con un informe de un delator. Al salir de las puertas de la ciudad,
un profundo sueño cayó sobre el cochero y, en unas dos horas, llegaron a Viena.
Era evidente que el viaje se había acortado milagrosamente. Cuando el cochero
fue despertado y vio que ya habían llegado a su destino, no pudo entender cómo
habían llegado tan rápido.
(de Jut HaMeshulash HeJadash)
Se cuenta que el Ba'al Shem Tov dijo una vez: "Los
judíos polacos creerán en Di-s hasta la llegada de Mashíaj; a los judíos
alemanes, no puedo ayudarles hasta que llegue Mashíaj; vine por los judíos
rusos - aquellos que vacilan entre dos opiniones." Esta expresión, tomada
de las palabras de Elías el Profeta, enseña que el Ba'al Shem Tov era como
Elías, el heraldo de la redención mesiánica. Pero Rabi Natan Adler, que trabajó
junto a sus discípulos en Alemania, fue el heraldo de la redención para los
judíos de Alemania en particular, una especie de Ba'al Shem Tov para esa
comunidad. El Divrei Jaim de Tzanz testificó en nombre de Rabi Naftali
de Ropshitz, citando a Rabi Elimelej de Lizhensk, que aparte del alma del Ba'al
Shem Tov, ninguna alma tan santa como la suya había descendido al mundo en
generaciones recientes.
La semejanza entre ellos es realmente sorprendente:
confrontación firme con oponentes, sean judíos o no judíos, el viaje
milagrosamente acortado mientras el cochero dormía, la transformación de las
costumbres comunales en sus respectivas comunidades, y más. El milagro que
realizó haciendo invisible a su discípulo Moshé sosteniendo el rollo de la Torá
alude al Shem Tov, porque la expresión hebrea para "invisible", roe
veeino niré (רוֹאֶה וְאֵינוֹ נִרְאֶה)
equivale numéricamente a "Israel" (יִשְׂרָאֵל),
el nombre del Ba'al Shem Tov. La suma de sus años - los "gracia", jen
(חֵן), 58 años de rabi Natan junto con los 62
años del Baal Shem Tov - es 120, los años de la vida de Moisés, el primer
redentor y el último redentor.
¿Cuál es el secreto de Rabi Natan, que trabajó en un entorno
tan complejo?
Su apellido, Adler, significa "águila", una
alusión a Alemania, donde trabajó para elevar las chispas de la santidad. Al
revés, las letras de Adler (אַדְלֶר)
forman el acrónimo Radla (רדל"א),
que representa la parte más alta de la corona, la Cabeza Desconocida, donde se
encuentra la "fuerza oculta de la Esencia Divina". Su nombre, Natan,
significa "dado" o "dotado", aludiendo a que merecía el don
de servir a Di-s (véase Números 18:7), lo que es similar a servir a Di-s por
amor placentero, ahavá betaanuguim (אַהֲבָה
בְּתַעֲנוּגִים), un don del Cielo concedido a una persona que ha alcanzado el
temor reverencial hacia Di-s. Todo esto alude a que la raíz de su alma fue
tallada a partir de Atik, el Anciano de los Días, dentro de la Corona
suprema, donde el amor placentero se refiere a las facultades emotivas de Atik,
mientras que la Cabeza Incognoscible (su apellido) se corresponde con las
facultades intelectuales de Atik.
En conclusión, otra historia sobre Rabi Natan Adler, que
destaca el fuerte parecido entre él y el Ba'al Shem Tov:
El Jatam Sofer dijo una vez a sus discípulos:
"Realizar Kefitzat HaDerej - un acortamiento de una distancia - usando
Nombres Divinos, eso no es gran cosa. Mi maestro, el jasid del
sacerdocio (Rabi Natan Adler), ¡lo realizó sin ninguna acción!"
El Ba'al Shem Tov también tuvo una relación especial con
este mismo milagro. De niño, una vez usó un Nombre Divino para cruzar un río.
Cuando maduró, le dolió mucho haberlo hecho. A pesar de su arrepentimiento, no
se sintió tranquilo hasta que llegó al mismo río, esta vez perseguido por
ladrones. Cruzó el río solo por pura fe (sin emplear un Nombre Divino). De
hecho, la simple fe en la que confiaba es en sí misma el aspecto más elevado de
Atik en la corona, la fuente de la que se talló el alma de Rabi Natán.
¿CUÁNDO
VIENE EL REY?
RAV
SHÉSHET
HISTORIAS
DEL TALMUD
Rav
Shéshet era ciego (sagui nahor). Toda la gente iba a recibir al rey
terrenal, y Rav Shéshet se levantó y fue junto a ellos. Se encontró con él un min
[un hereje] y le dijo con ironía: "Los cántaros enteros van al río (a
llenarse de agua), ¿pero adónde van los cántaros rotos?". Es decir,
¿qué tiene que ir a ver un ciego al desfile del rey? Le respondió Rav Shéshet: "Ven
y verás que sé mucho más que tú".
Pasó el
primer regimiento en el cortejo real y, al oírse un gran estruendo, el hereje
dijo: "¡Ya viene el rey!". Rav Shéshet le contestó: "No
ha venido el rey". Pasó el segundo regimiento y, cuando volvió a
escucharse el tumulto, el hereje insistió: "¡Ya viene el rey!".
Rav Shéshet repitió: "No ha venido el rey". Pasó el tercer
regimiento y, en el momento exacto en que todos guardaron absoluto silencio,
dijo Rav Shéshet: "Ahora viene el rey".
Asombrado,
el hereje le preguntó: "¿De dónde deduces tal cosa?". Le
respondió Rav Shéshet: "Porque el reinado de la tierra es semejante al
reinado celestial, tal como está escrito: 'Sal y ponte de pie en el monte
delante de Hashem; y he aquí que Hashem pasa, y un viento grande y poderoso que
rompe montes y quiebra peñascos delante de Hashem; pero no está Hashem en el
viento. Y tras el viento un terremoto; pero no está Hashem en el terremoto. Y
tras el terremoto un fuego; pero no está Hashem en el fuego. Y tras el fuego,
una voz de sutil silencio' (Reyes I, 19:11-12)".
Cuando
llegó el rey, Rav Shéshet abrió su boca y recitó la bendición correspondiente
sobre los monarcas. El hereje le dijo burlonamente: "¿Acaso bendices a
alguien a quien ni siquiera puedes ver?".
¿Qué
ocurrió con aquel hereje al final? Hay quienes dicen que sus propios compañeros
le arrancaron los ojos, y otros dicen que Rav Shéshet fijó su mirada espiritual
en él y lo convirtió en un montón de huesos.
(Talmud
Babilónico, Berajot 58a)
🖊️Reflexión personal
Llama la
atención que tanto el inicio como el desenlace de esta historia suelen ser los
fragmentos menos recordados.
Rav
Shéshet sostenía que la Presencia Divina (Shejiná) mora en todo lugar y,
al ser ciego, necesitaba la ayuda de un asistente (shamash) para
apoyarse. En cierta ocasión, cuando se disponía a rezar, le dijo a su
asistente: "Hacia cualquier dirección puedes orientarme para rezar,
excepto hacia el oriente. Y no porque allí no esté la Presencia Divina, sino
porque los herejes dirigen sus rostros hacia ese lado (en sus oraciones)".
Lo que
más hirió a Rav Shéshet en nuestro relato fue la burla despiadada de aquel
hereje. Según la primera versión, ni siquiera sus propios compañeros pudieron
tolerarlo y ellos mismos le arrancaron los ojos por semejante descaro; tal vez
porque sus ojos miraban la realidad con soberbia y desdén. En cambio, los ojos
interiores de Rav Shéshet contemplaban el mundo con absoluta lucidez, aun sin
ver físicamente como los demás.
Comprender
que la Shejiná se encuentra en todas partes induce a la persona a
reconocer la presencia viva de Dios en cada aspecto de la creación. Si Dios
habita en cada detalle, es indispensable tratarlo con respeto y contemplar el
valor intrínseco que encierra. Por esta razón pidió a su asistente que no lo
orientara hacia el este: hacia cualquier rumbo era posible, menos hacia donde
rezaban los herejes. El rumbo de los herejes representa la mirada cínica que
desprecia la realidad y se niega a reconocer el valor sagrado de lo creado.
De su
biografía
Rav
Shéshet fue un célebre amoraíta de la segunda y tercera generación. Fue colega
y compañero de Rav Najmán y Rav Jisda. Su lugar de residencia principal fue
Shleji, a orillas del río Tigris, donde fundó su propia casa de estudio (Beit
Midrash); en ocasiones, también se le encuentra en Nehardea o en Mejoza.
Se
destacó de manera extraordinaria por su asombroso dominio y erudición (bekiut)
en las Mishnayot y las Baraitot. Rav Najmán testificó sobre él que había estudiado
y dominado las Halajot, el Sifrá, el Sifré, la Tosefta y todo el Talmud. Cuando
Rav Jisda y Rav Shéshet se encontraban, los labios de Rav Jisda temblaban ante
la inmensa erudición de Rav Shéshet en las fuentes de las Mishnayot y Baraitot,
mientras que Rav Shéshet se estremecía por completo ante la agudeza dialéctica
y el análisis profundo (pilpul) de Rav Jisda.
Cuando
sus alumnos le planteaban una consulta sobre algún asunto halájico, siempre
respondía directamente citando una Mishná o una Baraita. Acostumbraba responder
a las preguntas diciendo: «Tanituha» [«Ya hemos aprendido esto en una
fuente tanaítica»], y a varias de sus determinaciones halájicas solía añadir: «¿Maná
aminá lah? Dataniá» [«¿De dónde digo esto? Pues hemos aprendido en una
Baraita...»].
Detestaba
la dialéctica forzada (pilpul excesivo). En cierta ocasión, cuando su
discípulo Rav Amram le sugirió una interpretación rebuscada para una Mishná,
Rav Shéshet le replicó: «¿Acaso eres de Pumbedita, donde hacen pasar un
elefante por el ojo de una aguja?».
Alcanzó
semejante nivel de erudición gracias a su constante dedicación y perseverancia
en el estudio: cada treinta días repasaba de principio a fin todo su
conocimiento talmúdico.
De
acuerdo con la regla establecida por los Gueonim respecto a sus controversias
con su colega Rav Najmán, la Halajá se fijó según Rav Shéshet en todos los
asuntos de prohibido y permitido (Isur veHeter). En su extraordinaria
piedad (jasidut), jamás caminaba cuatro codos sin llevar colocados los
tefilín. Gran parte de los amoraítas de la tercera y cuarta generación
recibieron Torá de su boca, contándose entre ellos el célebre amoraíta Rava.
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En este último Shabat del año 5786 nos congregamos con la lectura
combinada de *Nitzavim-Vaiélej*, atravesando el portal solemne de las Selijot,
afinando los últimos pasos de la Teshuvá, multiplicando los actos de Tzedaká
y elevando una plegaria brotada desde lo más profundo del corazón.
No hacemos kidush hajodesh, bendición del mes porque Hashem bendice este
mes de Tishrei desde Rosh Hashaná hasta el fin del año siguiente. Pero sí
recitamos todo el libro de Salmos el Shabat por la mañana.
Permanecemos firmes ante Hashem: *«Atem nitzavim haiom kuljem» — אַתֶּם
נִצָּבִים הַיּוֹם כֻּלְּכֶם,*
«Ustedes están de pie, todos unidos hoy». (Devarim 29:9-11)
Al comenzar las *Selijot — *סְלִיחוֹת, nos acercamos a Hashem con
un corazón sincero, sabiendo que la teshuvá siempre es posible y que la Torá
«está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para cumplirla».
Estos días son especialmente propicios para aumentar la *tzedaká — צְדָקָה*. Cada ayuda que brindamos abre el corazón,
endulza los juicios y lleva bendición a quien da y a quien recibe.
Que este Shabat de culminación selle nuestras vidas en sincera hermandad
y misericordia, y que todos seamos inscritos y sellados para un año *5787*
colmado de bendición, salud, paz, alegría desbordante y redención completa. *¡Shabat
Shalom uMevoraj! ¡Ketivá vaJatimá Tová!*
___________
*DEL REBE*
Y sea la voluntad de Hashem que, por medio de estas palabras
pronunciadas en el Shabat anterior a Rosh Hashaná —del cual se bendicen todos
los días de la semana siguiente—, todas estas bendiciones desciendan y se
manifiesten aquí abajo:
Que tengamos un año bueno y dulce, tanto material como espiritualmente,
con todas las bendiciones de *hijos, vida y sustento abundante.*
Y hasta alcanzar la bendición general y particular expresada en el
versículo:
*«Y ustedes serán recogidos uno por uno, hijos de Israel»*,
como explica Rashi en la parashá *Atem Nitzavim;* con la
Redención verdadera y completa, muy pronto, verdaderamente, y rápidamente en
nuestros días.
(De la sijá de Shabat Parashat Nitzavim–Vaielej, 23 de Elul de 5735).
¡Shabat Shalom! ❤️
*¡KETIVÁ VEJATIMÁ
TOVÁ, LESHANÁ TOVÁ UMETUKÁ!*
*QUE SEAN INSCRIPTOS Y SELLADOS PARA UN AÑO BUENO Y DULCE*
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Una de las
fuentes que nos permiten reflexionar sobre la naturaleza de la difusión de la
Torá entre las naciones del mundo es el altar que la Torá ordenó construir en
el Monte Eival, sobre el cual estaban escritas "todas las palabras de esta
Torá, claramente expresadas", en las lenguas de las setenta naciones. El
Me'or Einaim, sobre este versículo, conecta la controversia entre rabi Iehuda y
rabi Shimon respecto a la escritura en el altar con el secreto de la conversión
en general, y de sus palabras se desprende una transición desde la conversión
"clásica", tal como se llevó a cabo durante nuestros largos años de
exilio, hasta la innovación de lo que hemos denominado la "Cuarta
Revolución".
Este artículo
se basa en una grabación del 21 de Iyar de 5786 y apareció por primera vez en
la edición Ki Tavó 5786 de Niflaot.
Escribir la Torá en el altar
En Parashat Ki Tavó, Moshe ordena a Israel:
Y será, cuando hayáis cruzado
el Jordán, cuando colocareis estas piedras, que os ordeno hoy, en el monte
Eival, y las cubriréis de cal. Y allí construiréis un altar a Havaia vuestro
Di-s, un altar de piedras; no utilizareis herramientas de hierro sobre ellas.
Edificaréis el altar de Havaia, vuestro Di-s de piedras enteras... Y
escribiréis en las piedras todas las palabras de esta Torá, muy claramente.[1]
Rabi Iehuda y rabi Shimon discrepaban sobre cómo se escribió
la Torá en las piedras[2]:
¿Cómo escribió Israel la Torá
[en las piedras]? Rabi Iehuda dice: la escribieron sobre las propias piedras,
como dice, "y escribiréis sobre las piedras", etc., y después las
cubrieron con cal. Rabi Shimon le dijo: Según tu opinión, ¿cómo aprendieron la
Torá las naciones del mundo? Él respondió: el Santo Bendito Sea dio a las
naciones del mundo "inteligencia adicional", y enviaron a sus
escribas, quienes desprendieron la cal y lo copiaron. Rabi Shimon dice: lo
escribieron sobre la misma cal, y luego [los israelitas] escribieron debajo [el
versículo], "No sea que te enseñen a hacer como todas sus abominaciones
[de idolatría]", etc.
Según rabi Iehuda, escribieron la Torá sobre las piedras del
altar y la cubrieron con cal, de modo que la Torá no era visible para las
naciones - salvo que Di-s les dio "inteligencia adicional" para
enviar escribas que despegaron la cal y copiaran la Torá. Esta era su
oportunidad para aprender; fue en aras de ellos que las palabras se escribieron
sobre el altar. Sin embargo, la gran mayoría de las naciones no se sintieron
atraídas hacia el bien por ello, "y por esto su sentencia quedó sellada
para el pozo de la destrucción, pues deberían haber aprendido y no
aprendieron." En cambio, según rabi Shimon, la Torá fue escrita
abiertamente, ante todas las naciones, con una invitación explícita al
arrepentimiento, para que fueran salvadas de la destrucción.
Israel y los niveles entre las naciones del mundo
La raíz de la controversia radica en la cuestión de a qué
naciones están dirigidas las palabras de la Torá. El Me'or Einaim
escribe que, según la interpretación de Rashi, tanto rabi Shimon como rabi Iehuda
coinciden en que, respecto a las siete naciones cananeas que habitan en la
Tierra de Israel, debemos cumplir el mandamiento: "los destruiréis por
completo"[3]
y "no dejarás con vida a nadie"[4]
- por lo tanto, incluso si vinieran a convertirse, no habrían sido aceptados,
pues se presume que su conversión proviene del miedo a la muerte y no es una
conversión genuina. En cambio, los miembros de las otras setenta naciones del
mundo pueden dedicarse al estudio de la Torá y sentir el despertar para
regresar a Di-s a través de ella.
La disputa se limita así a los miembros de las siete
naciones cananeas que no residen en la Tierra de Israel: rabi Iehuda dice que
ellos también están incluidos en el mandamiento, "los destruirás por
completo", y por eso no tiene sentido invitarlos a aprender la Torá y
arrepentirse; mientras que según rabi Shimon, el mandamiento, "los
destruirás por completo" no se aplica a ellos, y por tanto, si se
arrepienten al estudiar la Torá, pueden ser aceptados como conversos.
Resulta que aquí hay tres niveles de naciones no judías, de
abajo a arriba: las siete naciones cananeas que residen en la Tierra de Israel,
que deben ser destruidas (según la opinión de Rashi, no hay necesidad de
acercarse a ellas con un llamado a la paz[5]);
miembros de las siete naciones cananeas que residen fuera de la Tierra, sobre
las que rabi Iehuda y rabi Shimon discrepan; finalmente, están las otras
setenta naciones no judías en todo el mundo, de las cuales ciertamente se
pueden aceptar conversos.
En su interior, el pueblo de Israel representa el secreto
del Mundo de la Emanación (Atzilut), ya que se les describe como
"los nobles de los hijos de Israel."[6]
Debajo del Mundo de la Emanación se encuentran los tres niveles de naciones no
judías correspondientes a los tres Mundos inferiores de Creación, Formación y
Acción. El mundo de la Creación, más adyacente al de la Emanación, se describe
como un "ser posible"[7],
efsharut hametziut (אֶפְשָׁרוּת הַמְּצִיאוּת)
- una realidad aun sin forma que ciertamente, tiene el potencial de convertirse
en algo bueno, y en última instancia, en los días de Mashíaj, todas las chispas
encontradas en su interior serán sin duda reunidas, revelando que los
principios padre y madre (Aba e Ima), que habitan en los mundos
de Emanación y Creación[8],
como "dos compañeros que nunca se separan."[9]Correspondientes al mundo de la Creación - también el "mundo" del Intelecto,
de donde emerge el alma intelectual que existe incluso entre las naciones - están todas las naciones no judías, las
setenta naciones que pueblan todo el globo, entre las cuales ciertamente hay
quienes pueden acercarse a la Torá.
Del mundo de la Acción se dice: "incluso lo que he
hecho",[10]
porque entre este y los reinos de la santidad hay una brecha descrita como
"la ira del Todopoderoso"[11]
que hace que incluso la pequeña cantidad de bien que se encuentra en su
interior sea completamente absorbida por las cáscaras impuras, y que incluso
"la parte [pura] se vuelve tan impura como] un cadáver."[12]Ese es el reino habitado por las siete
naciones cananeas en la Tierra de Israel, que no pueden ser aceptadas cuando
abandonan la idolatría y se arrepienten (aunque deseen convertirse, está claro
que su motivo radica en los intereses materiales y prácticos del Mundo de la
Acción, y no en que busquen una relación genuina con Di-s).
La controversia expuesta en la sección del Talmud citada
anteriormente entre rabi Iehuda y rabi Shimon se refiere al Mundo de Formación,
que se describe como mitad bueno y mitad malo.[13]
Son los ámbitos de los impulsos y deseos - a los que aquí correspondemos con
los miembros de las siete naciones cananeas (correspondientes a los siete
impulsos o deseos impuros emotivos del corazón) que no viven en la Tierra de
Israel. Rabi Iehuda sostiene que no hay remedio para ellos, mientras que rabi
Shimon afirma que, dentro de la realidad equilibrada del Mundo de Formación, la
balanza de estos individuos puede inclinarse hacia la derecha y así pueden sentirse
atraídas hacia la santidad, y hacia Di-s, y por tanto, pueden convertirse al
judaísmo.
Emanación
el pueblo
judío
Creación
las Setenta
Naciones
Formación
Las Siete
Naciones Cananeas en el Extranjero
Acción
las Siete
Naciones Cananeas en la Tierra de Israel
El secreto de la conversión
Tras esta introducción, el Me'or Einaim pregunta:
"Ahora, la controversia no se entiende del todo, porque según rabi Iehuda,
¿por qué razón se escribió la Torá [en las piedras]?"
Según rabi Shimon, el propósito de escribir la Torá en las
piedras es permitir - incluso invitar - al regreso de miembros de las naciones
cananeas que abandonaron la Tierra de Israel, pero que permanecen en su entorno
y podrían hacernos pecar. Por lo tanto, tenemos un interés personal en
alejarlos de la idolatría. Pero, ¿por qué, según rabi Iehuda, la Torá fue
escrita en las piedras en primer lugar? Quiero decir, que si las palabras de la
Torá están dirigidas únicamente a las setenta naciones no judías y ni siquiera
incluyen una invitación para que se arrepientan (y la única forma en que pueden
aprender sobre la Torá es a través de la "inteligencia adicional" que
poseen - pues está cubierta con cal), ¿cuál es el propósito de la escritura?
Para responder a esta pregunta, el Me'or Einaim
explica primero el secreto de la conversión. Para resumir sus palabras, es
explícito en el Midrash[14]
que las primeras siete generaciones de la humanidad pecaron y causaron que la Shejiná
- la Presencia Divina - se retirara de la tierra de regreso al cielo más alto.
Esta fue la situación hasta que Abraham llegó al mundo y comenzó a traer la Shejiná
de vuelta a la tierra mediante sus acciones que difundían la divinidad y ganaban
conversos de entre las naciones, como se expondrá más adelante. Los pecados de
Adán y de las primeras siete generaciones hicieron que chispas de santidad
cayeran en la psique de las naciones del mundo, y estas chispas sustentan a las
naciones. Las chispas sagradas también son un vínculo con el bien puro - un
vínculo con la santidad de Israel - y por el poder de estas chispas sagradas,
los conversos encuentran su camino hacia la Torá y la conversión.
Vamos a explicarlo un poco más.[15]
En todo hay una chispa sagrada de lo Divino, sin la cual no podría existir.
Pero esta chispa puede ser un makif distante [una luz abarcadora
distante, o una revelación] tan alejada de la conciencia de la persona que no
recibe ninguna expresión en su realidad. En la nomenclatura jasídica, cuando
algo carece de influencia de esta manera, está en un estado llamado
"ocultamiento que carece [de conexión con] la realidad, hetzlem sheeino
bametziut (הֶעְלֵם שֶׁאֵינוֹ בַּמְּצִיאוּת)."
En cambio, la chispa de santidad también puede estar investida (usando el
lenguaje del Me'or Einaim) o estar más integrada en la conciencia de una
persona. Luego se describe como un casi makif [una luz o revelación casi
abarcadora]. En este estado, se encuentra cerca de la conciencia del individuo
y afecta su mente consciente. Aun así, aún no se revela completamente como
ocurre con un judío. Entonces está en un estado llamado "ocultamiento que
tiene [una conexión con] la realidad", hetzlem sheieshno bametziut
(הֶעְלֵם שֶׁיֶּשְׁנוֹ בַּמְּצִיאוּת). Tal chispa impulsa
a una persona hacia la conversión. La conversión es necesaria para la elevación
y rectificación del mundo, pues "nadie será rechazado por Él",[16]
y cada chispa debe impulsar y formar parte de una conversión antes de que el
Mashíaj pueda venir[17]
- pero aún requiere una depuración, lo que significa que debe liberarse de las
cáscaras impuras y alcanzar la plena revelación.
Todo el proceso de conversión pretende aclarar si aquí se ha
revelado una verdadera chispa, capaz de superar las cáscaras externas y
egocéntricas (kelipot) y esté dispuesta a acercarse a Di-s a pesar de la
intimidación. Diferenciar e identificar la verdadera motivación de un posible
converso requiere algo parecido a un "espíritu de santidad"
(inspiración divina) por parte del tribunal que supervisa la conversión. El
propósito de las amenazas de castigo para quienes transgreden (como judíos) los
mandamientos de la Torá es repeler las cáscaras externas. Pero una vez que un
posible converso demuestra seriedad y supera "amenazas"
superficiales, estamos obligados a convertirlo sin demora. Lamentablemente, hoy
en día falta la inspiración divina necesaria para identificar a un verdadero
converso. Como consecuencia, la conversión de los posibles conversos sinceros
se alarga, mientras que, por otro lado, se acepta incluso a conversos que no
son dignos de ello.[18]
Todo este proceso es necesario en el camino hacia la llegada
de Mashíaj, pero cuando Mashíaj llegue - tras la finalización definitiva del
trabajo de clarificación - los conversos ya no serán aceptados, porque se
presume que solo vienen a convertirse por intereses externos y superficiales.
Herejes y el perímetro de la Torá
La Torá que fue escrita en el altar del monte Eival
despierta a aquellos no judíos que tienen dentro de sí una chispa dispuesta a
arrepentirse y convertirse. Pero incluso quien no tiene tal chispa puede
sentirse atraído a estudiar la Torá, en cuyo caso, producirá en ellos el efecto
contrario. Los herejes - término usado por los sabios para los cristianos, a
quienes en particular se refiere el Me'or Einaim - se sienten atraídos
por la Torá, pero para la gran mayoría esto solo alimenta las cáscaras impuras
que les afectan, en lugar de acercarlos a lo bueno, ya que distorsionan los
versículos y encuentran en ellos "pruebas" de su falsa fe.
Este es entonces el significado de la "inteligencia adicional"
que poseen algunos no judíos, que los impulsa a enviar escribas para copiar la
Torá de debajo de la cal, y sin embargo ellos también fueron condenados al
purgatorio. El Me'or Einaim explica esto, recurriendo a un proceso que
comenzó con el pecado de Adán - la fuente de la cual descendieron chispas de
santidad hacia la luz todo abarcadora propia de los no judíos.
Se ordena a los sabios que "hagan una salvaguarda
alrededor de Mi precepto",[19]
y por ello establecieron una cerca alrededor de la Torá[20]
- no como una adición a las palabras de la Torá, sino como una barrera para
protegernos de alimentar las fuerzas de la impureza, al igual que los pelos que
protegen las extremidades, es decir, los 248 mandamientos, que son describen
como los 248 miembros del Rey,[21]
por así decirlo). Cualquier otra adición a las palabras de la Torá - una
adición superflua, no necesaria para salvaguardar las palabras de la Torá – constituye
un alejamiento del perímetro de la santidad y supone pasar del ámbito, dominio,
de "no hay verdad sino la Torá"[22]
al ámbito de la falsedad humana. Hacerlo, perturba la posibilidad de percibir
la verdad contenida en la Torá. Así, las adiciones añadidas por herejes - en
particular, la fe cristiana centrada en un ser humano - son falsedades que
perturban incluso su capacidad para captar la verdad de la Torá y convierten su
estudio en una fuente que nutre las fuerzas impuras de la realidad.
El Me'or Einaim dice que, según rabi Iehuda, hay razones
para escribir las palabras de la Torá para quienes tienen en su interior una
buena chispa "revestida" de santidad que está en un estado de
"ocultamiento que tiene [una conexión con] la realidad." Estas son
las chispas presentes entre las setenta naciones no judías del mundo. Pero hay
quienes sienten atracción por las palabras de la Torá estando motivada por una
"inteligencia adicional", un excedente superfluo que, en lugar de
acercarlos a la verdad de la Torá, solo sirve para alimentar sus cáscaras
impuras, arrastrándolos más profundamente hacia la destrucción. Aun así, se
puede argumentar que, desde la perspectiva de rabi Shimon - como se detallará
en breve - esa misma "inteligencia adicional" también puede ser una
fuerza positiva, proporcionándoles una motivación para penetrar incluso más
allá de la chispa positiva revelada. Un ejemplo claro fue el consejo dado por Itró,
el primer converso, cuya "inteligencia adicional" fue incorporada a
la Torá,[23]
añadiendo a la santidad.
Las conversiones de Rabi Iehuda y Rabi Shimon
Los comentarios del Me'or Einaim nos proporcionan una
profunda apreciación por el significado interno de la controversia entre rabi Iehuda
y rabi Shimon.
Como se señaló anteriormente, la existencia de cada persona,
así como la existencia de toda criatura, depende de una chispa Divina, una
chispa de afinidad con todo lo bueno y sagrado, y así, en cierto sentido, esta
chispa puede denominarse el "pintelé Yid - פינטעלעייִד", el pequeño punto o esencia del judaísmo. En un judío,
esta esencia semejante a un punto se manifiesta abiertamente, mientras que en
un no judío permanece oculta. Existen dos tipos de ocultamiento, como se ha analizado
previamente. Cuando esta esencia puntual existe como un makif cercano,
reside en el nivel de viviente (jaiá) del alma, que simplemente flota
sobre la conciencia, tocándola y, al mismo tiempo, sin tocarla, actuando como
una fuerza potencial que aspira a ser revelada. Cuando la esencia puntual
existe como un makif distante, reside en el nivel singular (iejidá)
del alma, que está completamente oculto y puede permanecer por siempre como una
mera posibilidad, sin que exista necesariamente en él un impulso hacia la
revelación.[24]
El makif cercano es susceptible de revelarse y provocar una conversión efectiva,
pero el makif lejano no tiene ninguna posibilidad de despertarse de
forma natural.
Por ello, rabi Iehuda, conocido como maestro de la tradición
revelada de la Torá - ya que sus dictámenes suelen [25]prevalecer
- se centra únicamente en aquellos potenciales conversos que poseen una chispa
oculta con conexión con la realidad. Estas son las chispas que se encuentran en
el Mundo de la Creación, cercanas a la santidad y con un alma intelectual
fuerte orientada hacia la santidad. Estos conversos son capaces de intuir que
bajo la cal hay un mensaje para ellos, porque ellos también poseen una chispa
que aspira a revelarse desde debajo de la cáscara externa, y la Torá que allí
se encuentra les incita a regresar a Di-s (en cambio, otros pueden ser herejes
que simplemente obtienen de ella una fuerza adicional para su herejía, y es
mejor no exponerlos a las palabras de la Torá por iniciativa propia).
Rabi Iehuda permite conversiones tal como se realizaron a lo
largo de los milenios de nuestro exilio desde la Tierra de Israel. Estas fueron
conversiones de almas atraídas por voluntad propia hacia el pueblo judío. No se
hizo ningún esfuerzo consciente por parte de los judíos para acercar a estos
posibles conversos a la Torá. Además, tuvieron que superar su rechazo inicial
por parte del tribunal de conversión, liberándose por sí mismos de las cáscaras
impuras, como se mencionó antes.
En cambio, rabi Shimon es reconocido como el maestro de la
tradición oculta de la Torá. En la tradición revelada (el Talmud), prevalecen
sus dictámenes específicamente respecto a las leyes del Shabat,[26]
el tiempo dedicado a un impulso hacia el interior y descrito como "una semejanza
del mundo por venir."[27]
No es otro que el famoso rabi Shimon bar Iojai, Rashbi, y también sostiene
que las chispas que se encuentran en el lejano makif, el nivel de
iejidá del alma, pueden llegar a revelarse en la realidad. [28]
Por ello, rabi Shimon no teme escribir la Torá abiertamente, con un llamado
explícito a todos. Considera que la exposición de todas las naciones del mundo
a la Torá - incluidas aquellas sumidas en el Mundo de la Formación, el mundo de
impulsos y deseos, sin ninguna afinidad revelada con la santidad – permitirá revelar
muchas más chispas que se podrán acercar y convertir, muchas más que el número
de conversos que se sienten atraídos por la Torá por su propia iniciativa,
incluso cuando está se encuentra escrita bajo la cal. En su opinión, los únicos
que no pueden ser aceptados son aquellos no judíos que, sin duda, están
motivados por un interés propio. Estas son las siete naciones cananeas que
residen en la Tierra de Israel, correspondientes al nivel del Mundo de Acción,
como se ha mencionado antes.
Resulta ser que, rabi Shimon, es la fuente de la
"Cuarta Revolución"[29]
- el esfuerzo consciente que se requiere a medida que nos acercamos a la época
del Mashíaj, para hacer brillar la luz de la Torá para todos, con la
expectativa de que esta también despierte chispas que se encuentran
completamente ocultas. Este esfuerzo acercará al pueblo judío millones de conversos, cuyo
retorno a su raíz precede a la Redención.
[11]Rasi al final de Parashat Noaj.
Véase también Zohar 1:147a; Shela, Introducción (11), a "Asara
Ma'amarot"; Shefa Tal, Jelek Tal, Sha'ar Rishon,
cap. 1.
[22] Talmud de Jerusalén, Rosh Hashaná 3:8;
Introducción al Eijá Rabá, sección 2; Pesikta DeRav Kahana 15:5.
[23]Mejilta, comienzo de Itró; Rashi
sobre Éxodo 18:1.
[24] Solo la santidad tiene un makif lejano.
Las fuerzas impuras en la realidad no lo tienen, que es el significado de la
afirmación de los Sabios de que "tienen un reflejo [un makif
cercano], pero no reflejo de un reflejo [un makif lejano]" (Guitin
66a).
[25] Véase, por ejemplo, Eruvin 46b. Y en otros
lugares.
[28] De manera apropiada, rabi Shimon fue uno de los
cinco grandes discípulos de rabi Akiva (Maimónides, Introducción al Mishné
Torá). De estos cinco estudiantes que corresponden a los cinco niveles del
alma de rabi Akiva, rabi Shimon representa la iejidá de su maestro, que
él mismo era "¡hijo de conversos!" (Véase también la clase de 18 Elul
5745 y otros lugares).
[29] Véase HaMahapeja HaRevi'it, y en las
clases que comienzan el 24 Tevet 5775.
UNA REFORMA SAGRADA:
FARBRENGUEN DE JAI ELUL
Registrado
por Itiel Guiladi. Al finalizar Jai Elul 5786 — ח״י
אֱלוּל תשפ״ו.
Traducción al inglés: Efrat.
Esta semana tuvimos el mérito de participar
en un farbrenguen extraordinario de Jai Elul — ח״י אֱלוּל. Allí se explicó que el Jasidut es una
«reforma sagrada»: una profunda transformación espiritual dentro del judaísmo.
Esta se opone a las reformas extrañas que pretenden introducir modificaciones
en los fundamentos mismos de la Torá, Dios nos libre. Esta reforma sagrada
también debe inspirar la transformación necesaria en preparación para la
llegada del Mashíaj.
El primer capítulo explica la relación
entre las dos grandes luminarias, el Baal Shem Tov y el Admur HaZakén. Ellos
revelan respectivamente que «Leit atar panui minei» — לֵית אֲתַר פָּנוּי מִנֵּיהּ,
«No existe lugar vacío de Él», y que «Kulá kamei kelá jashiv» — כּוּלָּא קַמֵּיהּ כְּלָא חֲשִׁיב,
«Todo ante Él es considerado como nada».
El segundo capítulo establece los
principios que distinguen la reforma inválida, acerca de la cual se dice
«Jadash asur min haTorá» — חָדָשׁ אָסוּר מִן הַתּוֹרָה, «Lo nuevo está prohibido por la Torá», de
la reforma sagrada del Jasidut. También establece una correspondencia entre
tres movimientos reformistas existentes en la actualidad y los tres mundos
inferiores de Beriá, Ietzirá y Asiá — בְּרִיאָה, יְצִירָה
וַעֲשִׂיָּה.
El tercer capítulo explica por qué es
necesario realizar un trabajo interior de renovación y revitalización, y cómo
se expresa ese trabajo dentro del servicio personal, según el camino del Baal
Shem Tov y el del Admur HaZakén.
El cuarto capítulo explica en qué consistió
la reforma introducida por el Jasidut en la comprensión de la relación entre
Israel y la Torá. También señala la dirección de la nueva reforma que
necesitamos: salir del gueto y comprender que el pueblo de Israel posee una
misión destinada al mundo entero.
El quinto capítulo profundiza en la forma
en que las innovaciones verdaderas se conectan con las enseñanzas antiguas,
fortaleciéndose mutuamente, según la expresión «Jadashim gam ieshanim» — חֲדָשִׁים גַּם יְשָׁנִים,
«Nuevos y también antiguos».
Se trata de una clase extraordinaria acerca
de la historia interior del pueblo de Israel y de los fundamentos de su
renovación de generación en generación. Esta clase solamente abre un tema que,
con la ayuda de Dios, todavía será ampliado y profundizado.
1. La relación entre el
Baal Shem Tov y el Admur HaZakén
«No existe
lugar vacío de Él» y «Todo ante Él es considerado como nada»
¡Gut Iom Tov — גוּט
יוֹם טוֹב para todos!
Es
costumbre entre los jasidim saludarse con Gut Iom Tov en Jai Elul, día del
nacimiento del Baal Shem Tov y del Admur HaZakén. Este día es también la gran
hilulá — הִלּוּלָא del Maharal de Praga, de quien el Admur HaZakén
desciende directamente, hijo tras hijo.[1]
Esta noche
queremos vivir con el Baal Shem Tov y vivir con el Admur HaZakén. Para ello
también cantaremos sus nigunim.
El nigún
del Admur HaZakén es «Kol Dodí» — קוֹל דּוֹדִי, tomado del canto de amor
entre el Santo, bendito sea, y Knéset Israel — כְּנֶסֶת
יִשְׂרָאֵל, la
congregación de Israel, que aparece en Shir HaShirim, el Cantar de los
Cantares, llamado «Kódesh HaKodashim» — קֹדֶשׁ
הַקֳּדָשִׁים, el
Santo de los Santos.[2]
Este nigún
se inspira en la melodía de anhelo del maestro y compañero del Admur HaZakén,
Rabí Menajem Mendel de Vítebsk, autor del Pri Haáretz. Él fue un
discípulo destacado del Maguid de Mezritch y también tuvo el mérito de recibir
enseñanzas directamente del Baal Shem Tov.
Pero
antes comenzaremos con un nigún alegre del Baal Shem Tov.
El Baal
Shem Tov y el Admur HaZakén son llamados «Shnei hameorot haguedolim» — שְׁנֵי הַמְּאוֹרוֹת הַגְּדוֹלִים, las dos grandes luminarias.[3] Ambos nacieron en este día, con
una diferencia de 47 años.
En la
Cabalá,[4] el número 47 representa la unión del Nombre Havaiá — הוי׳,
correspondiente a Jojmá — חָכְמָה, los mojín deAba — מוֹחִין דְּאַבָּא,
con el Nombre Ekié — אֶהְיֶה, correspondiente a Biná — בִּינָה, los mojín deIma — מוֹחִין דְּאִמָּא.
Esto alude
al relámpago intuitivo del Baal Shem Tov y a la comprensión intelectual del
Admur HaZakén: la unión de Aba veIma ilaín — אַבָּא
וְאִמָּא עִלָּאִין,
el Padre y la Madre supremos, según la expresión «Havén beJojmá» — הָבֵן בְּחָכְמָה,
«Comprende con sabiduría».[5]
En el Zóhar
aparecen dos expresiones: una corresponde al Baal Shem Tov y la otra al Admur
HaZakén. Ambas se unen en este día. Son dos principios esenciales que se
complementan mutuamente y que, juntos, constituyen la gran innovación del
Jasidut.
La primera
expresión es:
«Leit atar panui minei» — לֵית אֲתַר פָּנוּי מִנֵּיהּ,
«No existe lugar vacío de Él».[6]
La segunda
es:
«Kulá kamei kelá jashiv» — כּוּלָּא קַמֵּיהּ כְּלָא חֲשִׁיב,
«Todo ante Él es considerado como nada».[7]
La primera
expresión, «Leit atar panui minei», significa que la presencia de Dios se
encuentra en todas partes, tanto en lo material como en lo espiritual,
incluyendo cada lugar y cada dimensión dentro de mi propia alma.
Esta es la
revelación del Baal Shem Tov, quien la manifestó de una manera que nadie había
conseguido revelar antes.
La segunda
expresión, «Kulá kamei kelá jashiv», enseña que todo aquello que contemplamos
es, en verdad, como nada: toda la realidad se anula completamente ante la
Esencia de Dios.
Este es el
«manifiesto» del Admur HaZakén.[8]
El cerebro y el corazón
Una de
estas expresiones corresponde al corazón y la otra, al cerebro.
El Baal
Shem Tov dijo:
«Lev Israel jai» — לֵב יִשְׂרָאֵל חַי,
«El corazón de Israel está vivo».[9]
El corazón
de Israel está siempre vivo. Incluso cuando parece cumplirse «Aní ieshená» — אֲנִי יְשֵׁנָה,
«Yo duermo»,[10] durante el exilio,[11] continúa siendo verdad que «Velibí er»
— וְלִבִּי עֵר, «Mi corazón está despierto» y vivo.
El Baal
Shem Tov despertó el corazón de todo el pueblo judío. Llegó cuando el pueblo de
Israel se encontraba en una especie de coma o profundo letargo espiritual, y
pronunció nuestro nombre para despertarnos.
Su nombre,
Israel, es el nombre de todos nosotros. Él susurró nuestro propio nombre al
oído y, de esa forma, nos despertó.[12] Nos devolvió a la vida.
¿Cómo lo
hizo? Abriendo nuestros ojos a la hashgajá pratit — הַשְׁגָּחָה פְּרָטִית,
la Providencia Divina particular: la conciencia de una presencia divina que
dirige simultáneamente tanto la realidad general como cada uno de sus detalles.
El Baal
Shem Tov reveló el secreto de la Providencia particular de una manera que nadie
había revelado antes.[13] Existe una Providencia particular sobre cada
movimiento de una hoja que rueda de un lugar a otro: todo proviene de Dios.[14]
Cada detalle es necesario para completar la finalidad y la intención de toda la
Creación.[15]
Quizá la
palabra más importante del Jasidut Jabad sea bitul — בִּטּוּל,
autoanulación.
El bitul es
la cualidad y experiencia interior de la facultad de Jojmá dentro del alma. En
el lenguaje de Pataj Eliahu: «Jojmá mojá» — חָכְמָה מוֹחָא,
«Jojmá es el cerebro».
El
significado de bitul no es que todo aquello que observamos carezca
verdaderamente de existencia.[16] Se trata de una paradoja: lo que contemplamos
existe y, al mismo tiempo, está completamente anulado ante Dios, bendito sea.
Esto es
«Kulá kamei kelá jashiv» — כּוּלָּא קַמֵּיהּ
כְּלָא חֲשִׁיב,
«Todo ante Él es considerado como nada».
Memalé y Sovev: los
tefilín del brazo y los de la cabeza
En términos
relativos, el Baal Shem Tov reveló la inmanencia de Dios, mientras que el Admur
HaZakén reveló Su trascendencia.
En el
lenguaje del Jasidut, el Baal Shem Tov reveló la Or Ein Sof hamemalé kol almín
— אוֹר אֵין סוֹף הַמְמַלֵּא כָּל עָלְמִין, la Luz Infinita que llena
todos los mundos. El Admur HaZakén reveló la Or Ein Sof hasovev kol almín — אוֹר אֵין סוֹף הַסּוֹבֵב כָּל עָלְמִין, la Luz Infinita que rodea y trasciende todos los mundos.
Se trata de
dos luces, pero cada uno de ellos reveló que la luz y su manifestación
pertenecen a la propia Esencia Divina: son una revelación de la verdadera
Esencia de Dios.
La
Providencia particular también revela la Esencia de Dios.[17] Asimismo, la Luz
Infinita que rodea todos los mundos —aunque se la denomine «luz» y no «fuente
luminosa»— es una revelación de la Esencia Divina.
Estas dos
luces, Memalé y Sovev — מְמַלֵּא וְסוֹבֵב, son dos rostros o dos
manifestaciones de la Esencia de Dios, Uno, Único y Singular.
Una de las
parábolas que explican la relación entre el Baal Shem Tov y el Admur HaZakén es
la de un par de tefilín.[18]
Los tefilín
shel iad — תְּפִלִּין שֶׁל יָד, tefilín del brazo, se
colocan frente al corazón y revelan la presencia inmanente de Dios dentro de mi
vida.
Después se
colocan los tefilín shel rosh — תְּפִלִּין שֶׁל
רֹאשׁ,
tefilín de la cabeza, frente al cerebro. En realidad, están por encima de la
cabeza y del cerebro, como una corona colocada sobre la cabeza,[19] porque
revelan que nosotros no somos absolutamente nada ante la presencia total de
Dios.
El Baal
Shem Tov es nuestro corazón y el Admur HaZakén es nuestro cerebro, y ambos
deben trabajar juntos.
Sin
embargo, el orden consiste en hacer preceder el corazón —los tefilín del brazo—
al cerebro —los tefilín de la cabeza—.
En Jai
Elul, el día compartido de sus nacimientos, cuando el «mazal gover» — מַזָּל גּוֹבֵר,
su fuente espiritual adquiere mayor fuerza,[20] ambos se unen.
Primero se
revela el Baal Shem Tov con «Lev Israel jai» — לֵב
יִשְׂרָאֵל חַי,
«El corazón de Israel está vivo». Sobre el fundamento establecido por el Baal
Shem Tov aparece luego el Admur HaZakén,[21] su «nieto» espiritual,[22]
poseedor de un séjel nivdal — שֵׂכֶל נִבְדָּל, un intelecto
trascendente.[23]
Esta noche
meditaremos acerca de la revolución provocada por estas dos grandes figuras,
nacidas el Jai — חַי, 18, de Elul. Ellos introdujeron jaiut — חַיּוּת,
vitalidad, en el servicio de la teshuvá del mes de Elul,[24] el retorno a Dios
durante el mes en el cual «Hamélej basadé» — הַמֶּלֶךְ
בַּשָּׂדֶה, «El
Rey se encuentra en el campo»,[25] y nos invita a retornar a Él con amor antes
de los Días Solemnes.
Intentaremos
comprender qué instrucciones nos brindan para nuestra época. También hoy
necesitamos una nueva revolución inspirada por el Baal Shem Tov y el Admur
HaZakén.
Notas parte 1
[1] Beit Rebi, primera parte, capítulo 1, en la
nota; Séfer HaZijronot, capítulo 91.
[2] Mishná Iadáim 3:5.
[3] Séfer HaSijot 5703, página 188; Séfer
HaMinhaguim, página 101, entre otras fuentes. Basado en Bereshit 1:16.
[4] Shaar HaKavanot, exposiciones de Janucá,
exposición 1, y en otros lugares.
[5] Séfer Ietzirá 1:4.
[6] Tikunei Zóhar, tikún 57, 91b.
[7] Basado en el Zóhar I, 11b. Véase también Daniel
4:32.
[8] Ambas expresiones —«Leit atar panui minei» — לֵית אֲתַר פָּנוּי
מִנֵּיהּ y «Kulá kamei kelá jashiv» — כּוּלָּא קַמֵּיהּ כְּלָא
חֲשִׁיב— poseen una estructura idéntica: cuatro
palabras y quince letras.
Su valor numérico conjunto es 1885, equivalente a 29
veces 65 y a 13 veces 145. El número 13 es la figura inspiracional de 3,
mientras que 145 es la figura inspiracional de 9, es decir, 3 al cuadrado.
Las iniciales suman 299, equivalente a 13 veces 23.
Las letras interiores de las palabras suman 962, equivalente a 13 veces 74 —dos
veces 37—. Las letras finales suman 624, equivalente a 13 veces 48. Así, 145 se
divide en 23, 74 y 48.
Al agregar los nombres de los tzadikim, Israel Shneur
Zalman — יִשְׂרָאֵל
שְׁנֵיאוֹר זַלְמָן, cuyo valor es 1235 —19 veces 65—, se
obtiene 3120, equivalente a 48 veces 65 y diez veces jadash — חָדָשׁ,
«nuevo», como se explicará extensamente en el quinto capítulo.
Al agregar también sus títulos, Baal Shem Tov, Baal
HaTania — בַּעַל שֵׁם טוֹב בַּעַל הַתַּנְיָא, cuyo valor
es 1027 —13 veces 79—, el total asciende a 4147.
Este número equivale a 1885 más 2262. El número 2262
equivale a tal — טַל, 39, veces jen — חֵן, 58; a
Eldad — אֶלְדָּד
veces Meidad — מֵידָד; y a Havaiá — הוי׳ veces Aní
Havaiá — אֲנִי
הוי׳.
[9] Adiciones al Kéter Shem Tov, edición de
Kehot, tercera edición, sección 169.
[10] Shir HaShirim 5:2.
[11] Zóhar III, 95a.
[12] Reshimot Devarim, Jitrik, edición 5749,
tercera parte, páginas 7-8. Citado y explicado en Or Israel, primera
parte, dentro del relato «Yo duermo, pero mi corazón está despierto». Véanse
también las adiciones al Kéter Shem Tov, sección 418.
[13] Véanse las adiciones al Kéter Shem Tov,
desde la sección 179 en adelante, y las fuentes allí citadas. Véase también el
escrito «Hashgajá Pratit», en Likutei Sijot, volumen 8, desde la página
277.
[14] Adiciones al Kéter Shem Tov, secciones
182-183.
[15] Véase Haiom Iom, 28 de MarJeshván.
[16] Véase Séfer HaMaamarim 5629, desde el
final de la página 161, y las fuentes allí citadas.
[17] Véanse las clases del 2 de Kislev de 5780 y del
20 de Adar de 5785, publicadas en el cuadernillo Meet Havaiá haitá zot —
מֵאֵת
הוי׳ הָיְתָה זֹּאת, Adar de 5785— y en otros lugares.
[18] Véanse las clases del 29 de Shevat de 5771 y del
2 de Siván de 5777, entre otras.
[19] Véase Menajot 34b, Tosafot, comenzando con las
palabras Letotafot, y otras fuentes.
[20] Véase el Talmud de Jerusalén, Rosh Hashaná 3:8, y
el comentario Korban HaEdá, allí, sobre las palabras Haiá maamid.
[21] Dentro del propio Tania, esta relación se
expresa entre el capítulo lev — לֵב, capítulo 32, dedicado al amor hacia todos
los judíos, y el comienzo del Tania, capítulo 1, donde se distinguen
cinco niveles dentro del pueblo de Israel: desde el tzadik completo hasta el
malvado completo.
Sin embargo, el propósito principal es destacar al
beinoní — בֵּינוֹנִי, situado en el centro e incluyente de
todos los niveles, pues «esta es la cualidad de toda persona y hacia ella debe
esforzarse cada ser humano».
Por eso muchas personas acostumbran estudiar el
capítulo 32 antes de comenzar el estudio ordenado del Tania. Esto sigue
el modelo de hacer preceder al Baal Shem Tov antes del Admur HaZakén.
[22] Véase la introducción al Séfer HaToldot del
Admur HaZakén, primera parte, página 14.
[23] En nombre del Avnei Nézer se transmitió
que tres personalidades poseyeron un séjel nivdal — שֵׂכֶל נִבְדָּל,
un intelecto trascendente: el Maharal de Praga, el Baal HaTania y su suegro, el
«Saraf» de Kotzk.
Esto fue citado en nombre de Rabí Janoj Strikovski en Interpretaciones
del Maharal de Praga, página 31. Véase también, extensamente, el
farbrenguen de Jai Elul de 5783, en la sección publicada en el boletín de Ki
Tavó de 5784.
Los serafines del Mundo de Beriá representan los
intelectos separados —véase Moré Nevujim 1:49—, que arden debido a su
percepción intelectual de aquello que está «mimaal lo» — מִמַּעַל לוֹ,
por encima de ellos, como está escrito en Ieshaiahu 6:2.
Esta cualidad corresponde al Saraf de Kotzk y también
al Maharal, quien discrepó con el Rambam argumentando que, según la concepción
de este último, Dios no resulta verdaderamente separado y santo. Véase la
segunda introducción a Guevurot Hashem.
Sin embargo, precisamente en el Admur HaZakén esta
trascendencia se intensifica junto con la interioridad más absoluta. Este es el
secreto de «Kulá kamei kelá jashiv» — כּוּלָּא קַמֵּיהּ כְּלָא חֲשִׁיב,
a pesar de que la realidad no es una simple ilusión, como se explicó en el
texto.
[24] Véase Séfer HaSijot 5705, página 122.
[25] Likutei Torá, parashat Reé, 32b.
Parte 2: D. Cambio de
perspectiva: ¿quién existe para quién?
Para la Torá y para Israel
Al comienzo
de la Torá, Rashi explica, en nombre de nuestros Sabios[1], que la primera
letra de la Torá, la ב (bet), expresa la idea de bishvil, «por causa de» o «para» (Bereshit:
por causa de aquello que es llamado reshit, «principio»).
Sobre Rabí
Janiná ben Dosá —a quien mencionamos como raíz del alma de nuestro maestro, el
Baal Shem Tov— se dice:
«Todo el
mundo recibe sustento por causa de Janiná, Mi hijo; pero para Janiná, Mi hijo,
es suficiente una medida de algarrobas desde una víspera de Shabat hasta la
siguiente».[2]
Hashem
afirma que el sustento y el alimento de todo el mundo llegan por su mérito:
«por causa de Janiná, Mi hijo»; sin embargo, él mismo no necesita nada.
¿Cómo
interpreta el Baal Shem Tov[3] la palabra bishvil? La relaciona con
shvil, «sendero» o «camino». Rabí Janiná ben Dosá abre un sendero —un camino de
conciencia de la Divinidad— y por medio de ese sendero fluye toda la
abundancia. El Baal Shem Tov dijo que él mismo heredó ese sendero y lo acercó a
nosotros: primero fue el camino de Rabí Janiná ben Dosá y después fue entregado
en manos del Baal Shem Tov.
Nuestros
Sabios ofrecen numerosas explicaciones acerca de para qué fue creado el mundo,
interpretando así la ב de Bereshit: por causa de qué realidad
llamada reshit fue creado. No obstante, Rashi cita dos explicaciones
fundamentales: por la Torá y por Israel.
De acuerdo
con lo explicado, el mundo fue creado a través del sendero de la Torá y del
sendero de Israel.
La reforma del jasidismo:
Israel precede a la Torá
La pregunta
—que ya plantearon nuestros Sabios[4]— es: ¿qué precede a qué, la Torá o
Israel? Rashi menciona primero «por la Torá» y después «por Israel». Sin
embargo, nuestros Sabios concluyen que:
«El pensamiento de Israel precedió a todo, incluso
a la Torá.
El
jasidismo —siguiendo el camino del Baal Shem Tov— explica[5] que, después del tzimtzum,
Israel se une a Hashem por medio de la Torá. Sobre esto dice el Zóhar:
«Israel se vincula con la Torá y la Torá con el
Santo, bendito sea».[6]
Pero antes
del tzimtzum, las almas de Israel preceden incluso a la Torá, como
dijeron nuestros Sabios: «El pensamiento de Israel precedió a todo».
La
revelación fundamental del Baal Shem Tov es que «el tzimtzum no debe entenderse
literalmente».[7] El Baal Shem Tov lo percibe principalmente en la Providencia
particular, mientras que el Alter Rebe lo expresa principalmente mediante el bitul,
la anulación del yo: «Todo ante Él es considerado como nada».
Por eso,
incluso ahora es posible experimentar la revelación propia del estado anterior
al tzimtzum: la precedencia de las almas de Israel.
Esta es una
de las mejores maneras de explicar la reforma del jasidismo: representa una
transformación en la forma de comprender qué existe para qué. ¿Es Israel un
medio para la Torá o sucede lo contrario?
Hashem creó
el mundo siguiendo el plan de la Torá. Ella es el blueprint, el plano de
la creación.[8] Para que este plan se realice y la dimensión interior de la
voluntad de Hashem se manifieste ante todos, alguien debe cumplir la Torá; de
lo contrario, todo permanecería en un estado virtual.
Según esta
perspectiva, la función de Israel consiste en cumplir la Torá y mostrar que el
mundo posee un plano divino que constituye su propio origen y su permanencia.
Israel existiría, por tanto, para la Torá. Esta era la concepción predominante
en el judaísmo antes del Baal Shem Tov.
¿En qué
consiste entonces la reforma? En una renovación de la conciencia y en una nueva
valoración de qué existe para qué.
Como
explicaremos, para realizar una reforma auténtica y positiva dentro del
judaísmo no debe modificarse absolutamente nada de la Halajá. Por eso, el
Maguid pidió al Alter Rebe que escribiera una nueva edición del Shulján Aruj.[9]
El Alter
Rebe es conocido como el autor del Tania y del Shulján Aruj.
Escribió el Tania, enseñanza del jasidismo y alma de la Torá, y el Shulján
Aruj, correspondiente al cuerpo de la Torá.
Al comienzo
de la reforma jasídica era indispensable dejar claro —tanto para el propio
movimiento como hacia el exterior— que el jasidismo no pretendía alterar, Dios
libre, ninguna de las decisiones de la Torá Oral ni del Shulján Aruj.
Por eso era
tan importante para el Maguid que el Alter Rebe redactara una versión
actualizada del Shulján Aruj: no solamente para no cambiar nada de la
Halajá, sino también para incorporar las decisiones de las autoridades
posteriores y profundizar en sus fundamentos.
El Baal
Shem Tov ya había explicado que el nombre del Alter Rebe, Shneur —«dos luces»—,
alude a la unión de dos luces, como en la expresión «la Torá es luz»[10]: la
luz del jasidismo, representada por el Tania, y la luz de la dimensión
revelada de la Torá, representada por el Shulján Aruj.[11]
En
cualquier caso, el jasidismo llega y afirma que Israel no existe para la Torá,
sino que la Torá existe para Israel.
El Santo,
bendito sea, reveló la Torá en el mundo y se la entregó al pueblo de Israel:
«Moshé nos ordenó la Torá, herencia de la
congregación de Iaakov».[12]
Mediante la
observancia de la Torá por parte de Israel se revela la esencia del pueblo
judío, que se encuentra por encima de la Torá.[13]
La Torá
viene a revelar que el alma de cada judío es verdaderamente una «parte de Dios
de lo Alto». Esta expresión existía antes del Tania,[14] pero constituye
uno de los fundamentos esenciales de toda la novedad de la enseñanza jasídica,
como se explica en el Tania.[15]
El alma es
una «parte del Creador que se convirtió en criatura»[16] mediante un tzimtzum
entendido como concentración —como en la expresión: «Concentró Su Presencia
entre las dos varas del Arca»[17]— y no como retirada o ausencia.
Esta es la
reforma del jasidismo. Si se comprende correctamente, constituye una
transformación enorme. No transgrede ninguna norma halájica, pero modifica
numerosas costumbres y la jerarquía social del judaísmo.
¿Quién
ocupa ahora el centro de la comunidad? Ya no es exclusivamente el rabino, cuya
función es determinar la Halajá, sino el Rebe, cuya misión es rectificar las
almas. Esto representa un cambio institucional dentro de la comunidad.
El Rebe no
transgrede la Halajá, Dios libre. Por el contrario, la cumple mejor que nadie y
constituye un ejemplo vivo del cumplimiento íntegro de la Torá, tanto en su
dimensión interior como exterior.
Esto es
especialmente significativo en Jabad, que exige que cada persona trabaje
mediante sus propias fuerzas.[18] El Rebe constituye el ejemplo de cómo se debe
vivir:
«De él observarán y así harán».[19]
Rabí Najman
dijo[20]:
«Mírenme y hagan como yo».
Cada
persona puede hacerlo según su propia medida y capacidad.
La próxima reforma: Israel
para el mundo
Ahora
comenzamos a comprender en qué consiste la siguiente reforma.
La primera
reforma, la reforma del jasidismo, transformó la orientación acerca de qué
existe para qué: pasó de la concepción según la cual Israel existe para la Torá
—una percepción posterior al tzimtzum— a la conciencia, procedente del
estado anterior al tzimtzum, de que la propia Torá existe para Israel.
¿Qué puede
encontrarse más allá de esto? ¿Cuál puede ser la siguiente revolución, la
próxima reforma, la nueva recreación?
Una
verdadera revolución implica una nueva creación, una nueva formación y una
nueva realización. La nueva realización supone también una transformación
institucional, incluso dentro de la sinagoga. Después del jasidismo, si es
necesario un espacio para renovarse y alegrarse, puede encontrarse un lugar
para ello dentro de la propia sinagoga —por ejemplo, mediante un salón de
celebraciones—, pues renovarse y revitalizarse también es una mitzvá.
La
concepción anterior sostenía que los judíos existían para la Torá. El Baal Shem
Tov enseñó lo contrario: la Torá existe para los judíos.
¿Cuál puede
ser el paso siguiente? Comprender que los propios judíos existen para algo más.
Podemos
expresarlo de dos maneras, que en realidad significan lo mismo. Una resulta más
fácil de comprender; la otra contiene la verdadera novedad:
Israel existe para Hashem.
Y, de una
manera aún más profunda:
Israel existe para el mundo.
La pregunta
original era: ¿para qué creó Hashem el mundo? La respuesta era: por la Torá y
por Israel. La primera reforma cambió el orden de precedencia entre estas dos
respuestas.
El
siguiente paso, la reforma mesiánica, consiste en comprender que, si Israel se
encuentra por encima de la Torá, entonces Israel existe para el mundo.
En
realidad, esto equivale exactamente a decir que Israel existe para Hashem.
Hashem creó el mundo porque deseó tener una morada en los mundos
inferiores,[21] y el pueblo de Israel se encuentra aquí para hacer realidad ese
deseo divino.
El
propósito final es que el pueblo de Israel salga de sí mismo. Hashem no
necesita el mundo, pues es absolutamente autosuficiente. Sin embargo, cuando
creó el mundo, por así decirlo, «salió de Sí mismo»: la palabra beriá,
creación, puede relacionarse con la idea de salir hacia afuera. De ese modo se
revela como Aquel que desea y quiere el mundo.
De la misma
manera, si decimos que el propósito final es Israel, podría parecer que Israel
es autosuficiente. Pero el pueblo judío debe salir de sí mismo: salir como
emisario hacia el mundo y existir para el bien del mundo.
Esta es la
reforma que debe ocupar nuestra conciencia para traer al Mashíaj. Para ello
necesitamos un nuevo Baal Shem Tov, un nuevo Maguid y un nuevo Alter Rebe que
nos muestren que no estamos aquí para permanecer en el gueto.
Todavía
vivimos mentalmente dentro del gueto, pero debemos salir de él y dirigirnos
hacia el mundo, sin modificar ni el más mínimo detalle de la Torá.
Nuestra
posibilidad de sobrevivir depende del orgullo y la firmeza respecto de nuestro
«cuerpo», que no cambia: el cumplimiento de las mitzvot. Sin embargo, nuestra
finalidad y nuestra alma consisten en rectificar el mundo.
En otras
palabras, debemos traer paz al mundo. Sin paz, Hashem no se revela en él.
Hashem se manifiesta precisamente «en un lugar íntegro»,[22] allí donde existe
una paz verdadera.
Debemos
dejar de limitarnos a sentir que nosotros tenemos razón dentro de nuestro
propio ámbito y comprender que el mundo no fue creado para nosotros. Fue creado
para que Hashem tenga una morada en él, y nosotros somos sus emisarios para
realizar ese propósito.
Fuentes parte 2
[1]
Bereshit Rabá 1:6; Vaikrá Rabá 36:4.
[2] Berajot 17b.
[3] Kéter Shem Tov, edición Kehot, §5. [4] Taná Devei Eliahu, cap. 14.
[5] Véase, por ejemplo, el discurso «Torá tzivá lanu Moshé», 5717.
[6] Zóhar III, 73a.
[7] Guinzei Nistarot, sección Or Israel, carta 55; citado y
explicado en Lev Ladaat.
[8] Zóhar II, 161a: «Observó la Torá y creó el mundo».
[9] Introducción de los hijos del autor al Shulján Aruj del Alter Rebe.
[10] Mishlé/Proverbios 6:23.
[11] Likutei Diburim, p. 83; Séfer HaSijot 5702, p. 129.
[12] Devarim/Deuteronomio 33:4.
[13] Véase Likutei Sijot, vol. 28, Matot I, y otras fuentes.
[14] Introducción de Shefa Tal.
[15] Tania, cap. 2.
[16] Likutei Torá, Reé 27a, basado en Etz Jaim. [17] Tanjumá, Vaiakhel 7; Shir Hashirim Rabá 1:62; Bereshit
Rabá 4:4.
[18] Haiom Iom, 29 de Menajem Av. [19] Basado en Shoftim/Jueces 7:17.
[20] Sijot HaRan §165; Jaiei Moharán §229.
[21] Tanjumá, Nasó 16; Tania, cap. 36. [22] Zóhar I, 216b.
PARTE
9: https://galeinai.org/2026/09/03/la-tierra-de-israel/
La parashá de
Ki Tavó comienza: "Y será,
cuando vengas [ki tavó] a la tierra,
que Havaia, tu Di-s, te da como
herencia, y la poseas y te establezcas en ella."[1]
La idea de venir a
la tierra es una alusión sutil a relaciones matrimoniales íntimas, que son
denominadas bi'ah (בִּיאָה), de la misma raíz que la palabra "tú vengas", tavó (תָּבוֹא).
La relación entre Israel y su amada tierra es como el amor de un novio por su
esposa. Esta relación amorosa incorpora esencialmente las otras tres relaciones
amorosas esenciales: amor a Di-s, amor a la Torá y amor al pueblo de Israel.[2]
Esta misma dinámica
se observa en la relación entre Israel y el Shabat, al que también se hace
referencia como la novia. Esta alusión se incorporó al canto litúrgico Leja Dodi, que se entona los viernes por
la noche para dar la bienvenida al Shabat: "Ven, mi amado [Di-s], vamos a
dar la bienvenida a la novia [Shabat], el rostro del Shabat daremos la
bienvenida [juntos]."[3]
Las últimas palabras
del verso inicial de Ki Tavó citadas
arriba, "y asentaos en ella", conectan aún más la Tierra de Israel y
el Shabat. En primer lugar, la palabra hebrea para "en ella", bah (בָּהּ)
está escrita en tiempo femenino, aludiendo a la Tierra de Israel como la novia
del pueblo judío. El valor de esta palabra, bah (בָּהּ),
es 7, una alusión al Shabat también llamado "el séptimo día". La
palabra en hebreo para "asentarse", vaiashavta (וְיָשַׁבְתָּ), comparte la misma raíz que la palabra
Shabat (שַׁבָּת)
y teshuvá (תְּשׁוּבָה).[4] Aquí de
nuevo vemos una conexión esencial entre la forma en que Israel se relaciona
tanto con la Tierra de Israel como con Shabat, a los que se refiere como una novia.
Más adelante en la porción,
la Torá describe una renovación del pacto Divino que tendría lugar en una
ceremonia pública en el monte Grizim y el monte Eival cuando Israel entrara en
la tierra.[5] Según
algunas opiniones, el lugar exacto donde se renovó el pacto fue exactamente el
mismo en el que Di-s estableció el primer pacto con Abraham. Fue entonces
cuando prometió inicialmente a Abraham que la Tierra de Israel sería para
siempre su herencia y la de sus hijos. El matrimonio se denomina "un
pacto". Así, entrar en la Tierra de Israel y renovar el pacto es similar a
renovar los votos matrimoniales entre Di-s e Israel, y entre Israel y la Tierra
Santa.
Una tierra de leche y miel
La conocida
expresión que describe la Tierra de Israel como "una tierra que mana leche
y miel" aparece tres veces en la parte de KiTavó.[6] Para
entender la importancia de esta frase, que aparece muchas otras veces en la
Torá,[7] es que
el Shemá, la declaración cardinal de fe en la unidad de Di-s, está
escrito en la porción de Va'etjanan
inmediatamente después de una descripción de la Tierra de Israel fluyendo leche
y miel.[8]
Las tres letras de
la palabra "uno", ejad (אֶחָד)
son las iniciales de las tres palabras, "tierra, leche, miel", eretz jalav dvash (אֶרֶץ חָלָב דְּבַשׁ).[9]
Cuando uno percibe verdaderamente la unidad de la creación expresada en el Shemá,
la materialidad misma se entiende como una dimensión integral de la Divinidad.
El punto central de esta sencilla pero profunda percepción de la unidad entre
lo material y lo espiritual se manifiesta con mayor intensidad en Tierra Santa.
Una tierra de fe
Otra descripción
utilizada para referirse a la Tierra de Israel es "la tierra de tzvi",
eretz tzvi (אֶרֶץ צְבִי). La palabra tzvi tiene dos
significados principales: ciervo y libertad. De hecho, Ezequiel en particular
yuxtapone la Tierra de Israel como una tierra que mana leche de miel y su
descripción como una tierra de tzvi.[10]
Una de las razones por las que se compara la tierra con un ciervo es porque el
valor numérico de la palabra tzvi (צְבִי)
es 102, lo mismo que
"fe", emuná (אֱמוּנָה).
En la transformación alfabética conocida como Atbash, donde la primera
letra del alfabeto se intercambia por la última letra, la segunda por la
penúltima y así sucesivamente, tzvi (צְבִי) se transforma en Moisés (מֹשֶׁה). El Zohar se refiere a Moisés como
"el pastor fiel" (Raia Mehemna).
De hecho, Moisés comenzó su camino para guiar al pueblo de Israel como pastor:
"Moisés pastoreaba los rebaños de Itró, su suegro, el jefe de Midián, y condujo
los rebaños en busca de pastos libres, y llegó al monte de Di-s, a Jorev."[11] Aunque
Moisés no logró entrar en la Tierra de Israel, guio fielmente a Israel durante
cuarenta años a través del desierto y los llevó hasta las fronteras de la Tierra.
Otra conexión entre
la Tierra de Israel y la fe se encuentra cuando Caleb y Iehoshua - los dos
espías que argumentaban que los israelitas, con la ayuda de Di-s, podían
conquistar la Tierra de Israel - declararon: "La tierra por la que pasamos
para explorar es una tierra sumamente buena."[12]
El valor numérico de las palabras "la tierra es sumamente buena", tová haAretz meod meod (טוֹבָה הָאָרֶץ
מְאֹד מְאֹד) es 408, o 4 por 102, el valor de "fe" (אֱמוּנָה). Así, la media de cada una de estas
cuatro palabras es en sí misma "fe".
Desde que Abraham
llegó por primera vez a la tierra y Di-s hizo un pacto con él, el pueblo judío
ha mantenido un amor constante con la tierra "que mana leche y miel",
siempre manteniendo la fe en nuestra más profunda creencia de que esta tierra
no solo es sagrada, sino que estamos intrínsecamente ligados a ella.
Otra razón por la
que se compara la Tierra de Israel con un ciervo es que, cuando se despelleja,
su piel nunca podrá volver a ponerse sobre el ciervo debido a que queda
demasiado tensa. Simbólicamente, esto alude a que las fronteras físicas
relativamente pequeñas de la Tierra de Israel contienen un potencial infinito.
Las fronteras de la Tierra de Israel no son fronteras políticas, son fronteras
de rituales - es decir, los campos de cultivo situados dentro de esas fronteras
deben estar sujetas al diezmo y sus cosechas deben destinarse a alimentar a los
hambrientos y pobres, además de cumplir con una variedad de otros mandamientos.
Según los Sabios, en el futuro estas fronteras se expandirán hasta abarcar todo
el mundo, requiriendo que toda la humanidad trate incluso a los miembros más
débiles de la sociedad con dignidad y respeto.[13]
Trayendo los primeros frutos
Parashat Ki Tavó comienza con el mandamiento de llevar los
primeros frutos de la propia cosecha al Templo Sagrado: "Y será cuando
entres en la tierra cuando Havaia, tu Di-s, te dé como herencia ... que
tomarás el primero de cada fruto... y lo pondréis en una cesta e iréis al lugar
que Havaia, vuestro Di-s, elijará."[14]
Los sabios han enseñado que cuando una parashá comienza con "Y
será" (וְהָיָה), como hace Ki Tavó,
es un signo de gran alegría.[15]
Después de llevar
los primeros frutos, en lo que la Mishná describe como una procesión
increíblemente alegre, al Templo y recitar palabras de agradecimiento y
alabanza a Di-s, la Torá dice: "Te alegrarás con todas las bendiciones que
Havaia, tu Di-s., te ha concedido"[16]
Más adelante en la porción, la Torá analiza las consecuencias que enfrentará el
pueblo judío si escucha o no a Di-s y siguen Sus mandamientos. Esta sección se
denomina "las bendiciones y las maldiciones". Hacia el final de las
maldiciones, la Torá da una razón por la que podría llegar a producirse esta
lamentable situación: "Porque no servisteis a Havaia vuestro Di-s
con alegría y bondad de corazón."[17]
Servir a Di-s con
alegría y mirar siempre el lado positivo de la vida es crucial en el
pensamiento judío para mantener la observancia adecuada y una existencia
espiritualmente vibrante y significativa. Cuando cosechamos los frutos de
nuestro trabajo, podemos relacionarnos con nuestro éxito de una de dos maneras:
podemos atribuir nuestro éxito únicamente a nuestros propios talentos y
esfuerzos, o bien atribuirlo a Di-s y darLe gracias por bendecirnos con
sabiduría y habilidades para alcanzar nuestros objetivos. El secreto de la
felicidad radica en anular la tendencia natural del ego a reclamar todo el
mérito; en cambio, debemos aprender a regocijarnos en las bendiciones que Di-s
nos otorga. Porque, en verdad, cuando se da rienda suelta al ego, este no
conoce límites en cuanto a la gloria que considera que le corresponde, y por
eso se excede, para acabar sintiéndose decepcionado y frustrado ante su
incapacidad para sentirse plenamente satisfecho.
El mandamiento de
llevar las primicias al Templo contiene una hermosa alusión que nos enseña cómo
alcanzar un estado de ánimo alegre. En el versículo, "y pondréis [los
primeros frutos] en una cesta", la palabra hebrea usada para cesta es
"tene" (טֶנֶא).[18]
El valor numérico de esta palabra es 60. Dado que según las reglas de la
guematria (numerología cabalística), se puede añadir un uno adicional a la
suma para representar la palabra completa, encontramos una alusión a la ley de
anulación de los Sabios, según la cual una mezcla de uno entre sesenta hace que
una sustancia quede ritualmente nula y sin efecto.
La "cesta",
cuyo valor es igual a sesenta, representa la capacidad de una persona para
anular su propia sed de honor al ofrecer los primeros frutos a Di-s. Esta idea
también se insinúa por el hecho de que el valor numérico de la palabra hebrea
para "yo", ani (אֲנִי) es 61. Estas mismas letras hebreas,
cuando se intercambian, forman la palabra hebrea para "nada", ain (אָיִן).[19] Así, aquel
(el 1) que deposita sus primeros frutos en una cesta (60) está, en efecto,
anulando su ego, su "yo", en una proporción de 1:60, alcanzando así
un estado de desinterés o autoanulación, el secreto de la verdadera alegría.
El Ba'al Shem Tov
enseñaba un mensaje similar usando la imagen de depositar los primeros frutos -
el mérito de los propios logros - en la cesta. Señala que las tres letras
hebreas de la palabra para "cesta", tené (טֶנֶא)
son las iniciales de las palabras "marcas de cantilación", teamim (טְעָמִים),
las señales con las que se canta la Torá, "vocales", nekudot (נְקֻדּוֹת)
y "letras", otiot (אוֹתִיּוֹת).[20]
Estos son los tres elementos que componen el texto bíblico. Como los seres
humanos suelen querer atribuirse el mérito exclusivo de sus logros, la Torá nos
ordenó colocar los primeros frutos en una cesta, un recipiente que nos recuerda
a la Torá, para que controlemos nuestro ego y reconozcamos a Di-s como la
fuente de toda bondad material y espiritual.
La Torá y sus
mandamientos nos recuerdan constantemente nuestra conexión con Di-s, para que
no perdamos la perspectiva adecuada sobre esta relación. El Ba'al Shem Tov
enseñaba que debemos aprender a tomar nuestros pensamientos, palabras y
acciones, e integrarlos en las letras, vocales, y y el canto de la Torá, lo que
a nivel práctico significa incorporar la sabiduría de la Torá en todas nuestras
actividades.
La obligación de estudiar
Torá va más allá de aprender el texto de la Torá y se extiende a alcanzar un
estado de conciencia que permita que todas las experiencias de la vida se
filtren a través de la Torá, como si llevaras "gafas de color Torá".
Colocar los primeros frutos de nuestro trabajo en la cesta de la Torá es
similar a llevar "gafas de color Torá", de modo que todas nuestras
experiencias vitales se reflejan a través del prisma de la Torá. Que todos
aprendamos a ver el mundo a través de las "gafas de color Torá"
rectificadas y desinteresadas.
[2] Consulta Sha'arei Ahavá VeRatzon para una
exploración profunda de estos cuatro amores esenciales y las trece relaciones
que surgen de ellos. Véase también Las Letras Hebreas, pp. 336-7.
[20] Ba'al Shem Tov sobre la Torá, Ki Tavó, 2. Para un tratamiento más
profundo del acrónimo de la palabra tene, véase Wonders Número
119, Ki Tavo 5784.
Con la
ayuda de Dios
UN CAMBIO DESDE EL
INTERIOR
Al concluir
un año y encontrarnos en el umbral del nuevo, resuena en los oídos de todos el
llamado:
«Jadshú maaseijem veshaprú maaseijem» — חַדְּשׁוּ מַעֲשֵׂיכֶם וְשַׁפְּרוּ מַעֲשֵׂיכֶם, «Renueven sus acciones y mejoren sus acciones».
Si el
cumplimiento de la Torá y las mitzvot envejece o pierde su vitalidad, tanto en
la vida de una persona como en toda una generación, es necesario renovarlo y
revitalizarlo. El Baal Shem Tov afirmó que su alma descendió a este mundo para
despertar al pueblo de Israel de un profundo letargo, insuflar un espíritu de
vida en el servicio a Dios e introducir en él frescura y renovación, frishkait
— פְרִישְׁקַיְיט. ¿Cuál es el camino para lograrlo?
Algunas
personas piensan que la renovación debe producirse en el «gufá deOraita» — גּוּפָא דְאוֹרַיְתָא, el cuerpo mismo de la Torá, mediante cambios y nuevas
composiciones dentro del ámbito de la Halajá.
A quienes «se
desvían hacia la izquierda», es decir, los diferentes movimientos
reformistas inválidos, les parece que reducir el yugo de las mitzvot permitirá
que el judaísmo florezca. Quienes «se inclinan hacia la derecha», en
cambio, piensan en agregar o restablecer preceptos que no fueron practicados
durante generaciones, creyendo que eso le dará un nuevo rostro al judaísmo.
También en
el servicio individual hay quien considera que, si deja de ser meticuloso en
ciertos detalles de la Halajá, o incluso abandona algunas rigurosidades y
embellecimientos de las mitzvot, le resultará más fácil cumplir las
obligaciones fundamentales con vitalidad y alegría. Otros, en cambio, depositan
la esperanza de un cambio positivo en la incorporación de nuevos detalles,
exigencias y acciones religiosas.
Sin
embargo, en verdad, la auténtica renovación —tanto para el individuo y, con
mayor razón, para la comunidad— depende precisamente del alma interior.
El cuerpo
judío, es decir, el cumplimiento de la Torá y las mitzvot que nos fue
transmitido de generación en generación, está sano y es deseado por Dios. No
necesita ninguna modificación fundamental, comparable, Dios no lo permita, con
amputar o agregar miembros a un cuerpo.
La
vitalidad depende del alma, del espíritu de vida que anima al cuerpo. Es allí
donde se necesita una constante reevaluación: un jeshbón hanéfesh — חֶשְׁבּוֹן הַנֶּפֶשׁ, un balance espiritual que conduzca a una nueva percepción de
nosotros mismos, a una comprensión renovada de nuestra finalidad y a un cambio
de orientación en el servicio a Dios.
Una
transformación interior semejante influirá profundamente sobre el servicio del
alma y la organización de la sociedad. Incluso podrá influir sobre la manera en
que se cumplen las mitzvot, estableciendo nuevos énfasis y prioridades. Pero
todo ello debe realizarse sin quebrantar los marcos de la Halajá, sin apartarse
del camino central del judaísmo y sin invertir energías innecesarias en cambios
externos que finalmente demostrarán carecer de verdadera importancia.
La reforma
sagrada más significativa de la historia reciente del pueblo de Israel es el
Jasidut. El Baal Shem Tov abrió un nuevo sendero en el servicio a Dios que
modificó la orientación de todo el judaísmo, tanto en el trabajo espiritual
individual como en la vida comunitaria, sin perjudicar en lo más mínimo la
observancia de la Halajá. Por el contrario, agregó mayor excelencia y vitalidad
al cumplimiento de todos sus detalles y precisiones.
Antes del
Baal Shem Tov se consideraba que el pueblo de Israel existía para la Torá, que
precede a todo. El Baal Shem Tov recordó que:
«Majshavtán shel Israel kadmá lejol davar» — מַחְשַׁבְתָּן שֶׁל יִשְׂרָאֵל קָדְמָה לְכָל דָּבָר, «El pensamiento acerca de Israel precedió a todas las cosas».
La
finalidad de la Torá es revelar la grandeza de las almas de Israel. Esta
enseñanza provocó un verdadero «terremoto» en la estructura comunitaria. El
Rebe dedicado a rectificar las almas adquirió un lugar más central que el
rabino cuya función principal era dictaminar la Halajá.
También
transformó el servicio a Dios, que comenzó a prestar mayor atención a lo que
sucede en el interior del alma, en lugar de ocuparse exclusivamente de los
logros exteriores.
Para traer
al Mashíaj debemos producir una transformación dentro de nosotros mismos y
abrir nuevos caminos en el servicio a Dios. La clave consiste en cambiar
nuestra orientación mediante una nueva definición de la finalidad de nuestro
trabajo espiritual.
Debemos
«salir de nosotros mismos» y contemplarnos como enviados consagrados a una
finalidad que nos trasciende. Nuestra misión es hacer realidad el deseo de Dios
en la Creación: tener una «dirá batajtonim» — דִּירָה בַּתַּחְתּוֹנִים,
una morada en los mundos inferiores.
Para
lograrlo debemos dirigir nuestra mirada hacia el tikún olam — תִּקּוּן עוֹלָם,
la rectificación del mundo, y orientar todo nuestro servicio hacia el
establecimiento de una paz verdadera. Esa paz permitirá que el Creador se
revele y habite dentro de Su mundo.
«PORQUE ESTA COSA ESTÁ MUY CERCA DE TI»
¡Shalom,
niños!
- Disculpa, querido niño, ¿por dónde se entra
a la ciudad?
Rabí
Iehoshúa, uno de los más grandes tanaítas, le dirigió esta pregunta a un niño
que estaba sentado junto al camino, donde los senderos se bifurcaban.
- Depende - respondió el niño con inteligencia - . Para
tomar el camino corto y largo debes girar a la derecha; pero para tomar el
camino largo y corto, gira a la izquierda.
Rabí
Iehoshúa sonrió al escuchar aquella respuesta tan ingeniosa y giró hacia la
derecha, por el camino corto y largo. En pocos minutos llegó frente a la
ciudad, pero el acceso a sus puertas estaba bloqueado por jardines y huertos, y
era imposible atravesarlos.
Rabí
Iehoshúa dio media vuelta y regresó a la bifurcación de los caminos, donde
todavía estaba sentado aquel niño.
- ¿Por qué me engañaste? - le reclamó el sabio - . ¡Este camino no
permite llegar a la ciudad!
- Eso es precisamente lo que te dije - respondió el astuto niño - . Es un camino
corto al comienzo, pero largo al final. Si hubieras elegido la segunda
posibilidad, el camino largo y corto, habrías descubierto hasta qué punto
resulta corto para llegar a la ciudad…
¿Conocen
este relato? Supongo que ya lo habrán escuchado alguna vez. La sabiduría del
pequeño, que superó a la del gran sabio, nos enseña un principio muy
importante: debemos levantar la mirada y observar más allá de aquello que
tenemos cerca y que parece conveniente en el momento. Siempre debemos pensar
uno o dos pasos hacia adelante.
El Admur
HaZakén eligió colocar este principio en la portada de su gran obra, el Tania,
para explicar el camino de estudio y de servicio a Dios que deseaba
transmitirnos por medio de su libro.
¿Sabían que
el Admur HaZakén trabajó aproximadamente veinte años en la composición del Tania?
Esto nos enseña que cada palabra fue escrita después de mucha reflexión y
cuidadosa consideración, especialmente las palabras de la portada.
Así
describe el Admur HaZakén el contenido de su libro:
«Porque la cosa está muy cerca de ti, en tu
boca y en tu corazón, para llevarla hacerla».
Y agrega
que el propósito del libro es:
«Explicar
claramente cómo esto se encuentra verdaderamente cerca, mediante un camino
largo y corto».
El
precio de la precipitación
Mi papá es
el más meticuloso entre los meticulosos. Tendrían que verlo reparar una falla
eléctrica o colgar una cortina nueva en el salón. Uno de mis mayores placeres
es permanecer a un lado, observar su trabajo cuidadoso y aprender mucho de él.
Primero
toma medidas, realiza cálculos mentalmente, dibuja toda clase de anotaciones en
una hoja y solamente después comienza a trabajar, paso a paso.
¿Pero saben
qué? Yo soy exactamente lo contrario. Cuando tengo que realizar un trabajo
manual, lo primero que pongo en funcionamiento son… ¡las manos!
Eso fue
precisamente lo que ocurrió la semana pasada. Mamá encargó en Ikea una nueva
sección para nuestra biblioteca. Dos días después, durante la tarde, llegó a
casa el pedido, embalado dentro de una enorme caja de cartón.
- Razi - me anunció mamá - , papá quiere que esta vez
seas tú quien arme la biblioteca. Regresará tarde y no tendrá tiempo de hacerlo
personalmente.
- ¡Sííí! - grité de alegría.
¿Por qué me
alegré tanto? En primer lugar, porque me encanta armar cosas, especialmente
muebles de Ikea. Pero todavía más me alegró saber que mi papá confiaba en mí.
Abrí
cuidadosamente el paquete y extendí todas las piezas. ¿Qué es lo primero que se
debe hacer? Naturalmente, aquello que papá siempre me recuerda:
- Primero hay que leer todas las
instrucciones, y leerlas muy bien.
Pero, al
parecer, el «muy bien» de papá no es igual a mi «muy bien»…
Revisé
rápidamente los dibujos de las doce etapas del montaje, comprendí la idea
general y… ¡manos a la obra!
¿Qué fue lo
que no hice? Mi papá jamás pasa por alto esas cosas. Primero compara las piezas
del paquete con las que aparecen en el manual y cuenta la cantidad de
elementos. Solamente después de esta ceremonia comienza a estudiar las etapas
del montaje. Pero de ninguna manera inicia el primer paso antes de haber
examinado cuidadosamente todo el manual hasta el final.
Yo, en
cambio, no hice nada de eso. Avancé rápidamente. Uní los dos soportes
principales con los estantes, atornillé fuertemente las piezas de sujeción,
fijé la parte trasera del armario y, de pronto, ¡todo estaba casi terminado!
Solo
faltaba la etapa final: colocar las puertas de vidrio. Esto debía hacerse
después de levantar el mueble y colocarlo firmemente en su lugar.
¡Arriba!
Con la ayuda de mis queridos hermanos, levantamos rápidamente el armario y
también completamos aquella tarea. Pero entonces se me oscureció la vista…
¡Descubrí
que había colocado los cuatro estantes exactamente al revés!
En lugar de
verse al frente el hermoso acabado de madera pulida, una fea franja de madera
adornaba la parte delantera de cada estante. Y, para colmo, la pieza destinada
a sostener la puerta de vidrio había quedado en la parte posterior…
Entusiasmarse de verdad
Como pueden
comprender - y como yo mismo finalmente
comprendí - , mi trabajo había sido rápido, pero precipitado. En muy poco
tiempo conseguí un resultado que parecía impresionante, pero terminó
revelándose como un error vergonzoso.
En cambio,
un trabajo cuidadoso como el de mi papá quizá lleve más tiempo, pero permite
alcanzar plenamente el resultado deseado.
¿Cuál es la
diferencia fundamental entre las dos formas de actuar? Yo deseaba
desesperadamente sentirme grande, ser como mi papá. Para lograrlo, busqué
atajos y estuve dispuesto a conformarme con algo hecho «más o menos».
Mi papá, en
cambio, no necesita parecerse a papá: ¡él ya es papá! No busca sentirse grande;
es grande de verdad.
Este es el
principio que el Admur HaZakén desea enseñarnos acerca del servicio a Dios.
Quien busca un camino corto para acercarse a Dios intenta encontrar rápidamente
emoción y entusiasmo.
Los
sentimientos y el entusiasmo no son algo negativo. Por el contrario, la
cercanía con Hashem debe sentirse en el corazón e incluso en nuestra carne
física.
Pero cuando
la emoción y el entusiasmo se convierten en una finalidad por sí mismos, nos
dejan lejos de la meta, fuera de la ciudad. El corazón se despierta y se
enciende, pero enseguida vuelve a apagarse; entonces permanecemos solamente en
la parte exterior y superficial del corazón.
En cambio,
quien desea seguir el camino de nuestro «padre», el Admur HaZakén, comprende
que para despertar verdaderamente el corazón al servicio de Dios primero debe
transformar su manera de pensar.
Es
necesario estudiar mucho Jasidut, con profundidad y vitalidad, hasta que al
corazón no le quede otra posibilidad que entusiasmarse y arder por Hashem con
todas sus fuerzas.
¡Que
tengamos el mérito de recorrer el camino largo y llegar en poco tiempo!
Hay
momentos donde la distancia desaparece y los corazones laten al mismo compás.
Ayer vivimos un encuentro luminoso junto a nuestra querida comunidad
internacional: melodías que acarician el alma, diálogos esenciales y
meditaciones profundas concebidas para preparar el terreno hacia un 5787 de
plenitud, ventura y alegría verdadera.
La energía que se generó sigue viva y está disponible para ti. Deseo de corazón
que disfrutes esta grabación tanto como nosotros disfrutamos cada minuto del
encuentro
Dios se encuentra en todas partes. Está junto a
mí, como dice el versículo: «Dios es tu sombra junto a tu mano derecha». Cuando
una persona comienza a sentir que Dios está con ella, que Dios está con
nosotros y que Dios está cerca, se llena de alegría. Aunque por mí mismo me
encuentre muy lejos, Dios está sumamente cerca.
MATERIAL
DE ESTUDIO
MÚSICA DE LA CLASE
RAJAMANA
Rajamaná significa «el Misericordioso», refiriéndose a
Hashem. Anéiná significa «respóndenos». Se dice durante las Selijot,
y cada frase recuerda cómo Hashem respondió a nuestros patriarcas, profetas y
tzadikim en momentos difíciles. La comunidad responde reiteradamente: עֲנֵינָא — Anéiná — Respóndenos.Es una plegaria en arameo que se recita en las Selijot.
Su frase principal es:
Esta es la estrofa que se canta con la conocida
melodía compuesta por el Alter Rebe, Rabí Shneur Zalman de Liadí. En la
tradición de Jabad, Avinu Malkeinu se recita principalmente:
En Rosh Hashaná.
Durante los Diez Días de Teshuvá, entre Rosh Hashaná y Iom
Kipur, en Shajarit y Minjá.
En Iom Kipur, especialmente con gran emoción al aproximarse
la conclusión de Neilá.
En determinados días de ayuno público.
Generalmente no se recita en Shabat.
Cuando Rosh Hashaná cae en Shabat, se omite ese día. La estrofa“Avínu Malkénu, jonénu vaanénu…”— es
la última de la plegaria. En Jabad se canta con la melodía solemne atribuida al
Alter Rebe. Se acostumbra entonarla especialmente en Rosh Hashaná y
durante los Diez Días de Teshuvá, aunque también puede cantarse en farbrenguens
y encuentros de preparación espiritual. En Selijot antes de Rosh Hashaná,
normalmente no forma parte del texto diario regular de Selijot; su lugar
litúrgico central comienza en Rosh Hashaná y continúa durante los Diez Días de
Teshuvá.
Cuando perdemos algo, hay una regla sencilla: buscamos
en el lugar donde lo perdimos.
El Admur HaZakén toma esta regla y la
aplica al trabajo espiritual del mes de Elul. En el famoso maamar «Ani
LeDodi», explica el versículo: «וּבִקַּשְׁתֶּם מִשָּׁם אֶת ה' אֱלֹקֶיךָ» — «Y buscarán desde allí al
Hashem, su Dios».
Para regresar a Hashem hay que buscar «allí», precisamente dentro de los
lugares en los que nos alejamos de Él: en nuestros actos, nuestras palabras y
nuestros pensamientos.
Pero, ¿qué buscamos realmente allí?
💡 Podemos volver a todos los lugares no buenos del último año y buscar
qué es lo que debemos corregir. Pero también podemos buscar allí algo más
profundo: el deseo de Hashem que se perdió en esos lugares.
Porque muchas veces, incluso cuando fuimos
detrás de cosas sin sentido, en lo más profundo estábamos buscando algo
verdadero. Queríamos sentir algo intenso, real, cercano. Queríamos vitalidad,
conexión, satisfacción. En lo profundo queríamos al Creador, pero cuando
Él no era lo suficientemente tangible para nosotros, buscamos sustitutos que
pudieran sentirse más concretos y accesibles.
🌱 Y entonces llega Elul y «HaMélej BaSadé» — «El Rey está en el
campo». El Rey sale a nuestro encuentro, nos muestra un rostro iluminado y
hace que la conexión con Él sea más cercana y accesible.
Él nos dice: «Regresen allí». A todos
los lugares donde buscaron vitalidad en otra parte. Descubran que también allí,
debajo de todas las vestiduras y apariencias, estaba escondido su deseo por
Mí.
🗝️ Quizás eso es «וּבִקַּשְׁתֶּם מִשָּׁם
— Y buscarán desde allí»: recoger de los lugares alejados el deseo que se dispersó en ellos y
llevarlo de regreso a casa.
Porque el Rey está en el campo, y ahora
podemos creer que la conexión que estuvimos buscando todo este tiempo realmente
está cerca y es accesible.
¡Éxito!
(Basado en las enseñanzas del Rabino Itzjak
Shapira.)
Selijot según la costumbre
de Jabad
En la costumbre de Jabad, las Selijot
comienzan el sábado por la noche, después de la medianoche halájica,
cuando faltan por lo menos cuatro días para Rosh Hashaná. Si Rosh Hashaná
comienza un lunes o martes, se empieza una semana antes.
La primera noche se acostumbra acudir a Selijot
con vestimenta digna de Shabat. El jazán se reviste con talit sin
bendición, ya que todavía es de noche. En los días siguientes se recitan las
Selijot temprano por la mañana, antes de Shajarit.
Las Selijot no son solamente un pedido de
perdón. Son una preparación interior para presentarnos ante Hashem en Rosh
Hashaná. Su núcleo es despertar la compasión divina mediante los Trece
Atributos de Misericordia y retornar a Hashem con sinceridad.
Una particularidad importante de Jabad es que
durante el mes de Elul no se agregan diariamente Selijot extensas desde Rosh
Jodesh. Se pone el acento en el trabajo personal de jeshbón hanéfesh,
balance del alma; aumento de Torá, tefilá y tzedaká; revisión de los actos y
preparación para la coronación de Hashem en Rosh Hashaná.
El Alter Rebe explica que en Elul «el Rey
está en el campo»: Hashem se acerca a cada persona y recibe a todos con un
rostro amable. Las Selijot expresan nuestra respuesta a esa cercanía. No
acudimos solamente quebrantados por nuestras faltas, sino también confiados en
que el Padre misericordioso desea recibirnos.
Una idea jasídica fundamental es que la
verdadera teshuvá no consiste únicamente en lamentar el pasado. Significa regresar
a nuestra esencia, porque en su interior el alma judía permanece siempre
unida a Hashem. Como enseña el texto de Nitzavim:
«Y retornarás hasta Hashem, tu Dios… con todo
tu corazón y con toda tu alma»
(Devarim 30:2).
La teshuvá por amor revela que la falta nunca
representó la verdadera voluntad del alma. Por eso posee fuerza para
transformar incluso las transgresiones en méritos.
Mensaje breve
Las Selijot nos enseñan que nunca estamos
demasiado lejos. Cuando el corazón despierta y llama sinceramente a Hashem,
descubrimos que Él ya estaba cerca. En estos días previos a Rosh Hashaná,
abramos el corazón con tefilá, teshuvá y tzedaká, y pidamos ser
inscritos y sellados para un año bueno y dulce.
—Disculpa, querido niño, ¿por dónde se entra a
la ciudad?
Rabí Iehoshúa, uno de los más grandes tanaítas,
le dirigió esta pregunta a un niño que estaba sentado junto al camino, donde
los senderos se bifurcaban.
—Depende —respondió el niño con inteligencia—.
Para tomar el camino corto y largo debes girar a la derecha; pero para tomar el
camino largo y corto, gira a la izquierda.
Rabí Iehoshúa sonrió al escuchar aquella
respuesta tan ingeniosa y giró hacia la derecha, por el camino corto y largo.
En pocos minutos llegó frente a la ciudad, pero el acceso a sus puertas estaba
bloqueado por jardines y huertos, y era imposible atravesarlos.
Rabí Iehoshúa dio media vuelta y regresó a la
bifurcación de los caminos, donde todavía estaba sentado aquel niño.
—¿Por qué me engañaste? —le reclamó el sabio—.
¡Este camino no permite llegar a la ciudad!
—Eso es precisamente lo que te dije —respondió
el astuto niño—. Es un camino corto al comienzo, pero largo al final. Si
hubieras elegido la segunda posibilidad, el camino largo y corto, habrías
descubierto hasta qué punto resulta corto para llegar a la ciudad…
¿Conocen este relato? Supongo que ya lo habrán
escuchado alguna vez. La sabiduría del pequeño, que superó a la del gran sabio,
nos enseña un principio muy importante: debemos levantar la mirada y observar
más allá de aquello que tenemos cerca y que parece conveniente en el momento.
Siempre debemos pensar uno o dos pasos hacia adelante.
El Admur HaZakén eligió colocar este principio
en la portada de su gran obra, el Tania, para explicar el camino de
estudio y de servicio a Dios que deseaba transmitirnos por medio de su libro.
¿Sabían que el Admur HaZakén trabajó
aproximadamente veinte años en la composición del Tania? Esto nos enseña
que cada palabra fue escrita después de mucha reflexión y cuidadosa
consideración, especialmente las palabras de la portada.
Así describe el Admur HaZakén el contenido de
su libro:
«Porque la cosa está muy cerca de ti, en tu
boca y en tu corazón, para llevarla hacerla».
Y agrega que el propósito del libro es:
«Explicar claramente cómo esto se encuentra
verdaderamente cerca, mediante un camino largo y corto».
PARASHÁ
Parashat Nitzavim–Vaielej
— Resumen
Parashat Nitzavim (Devarim 29:9–30:20) y Parashat Vaielej
(Devarim 31:1–30) forman parte del discurso final de Moshé Rabenu antes de su
fallecimiento. Habitualmente se leen en las semanas previas a Rosh Hashaná y
los Diez Días de Teshuvá, pues sus temas centrales son la unidad de Israel, el
retorno a Dios, la renovación del pacto y la elección de la vida.
Parashat Nitzavim — Firmes ante Dios,
Nitzavim — נִצָּבִים, «Firmes», comienza con todo el pueblo de Israel reunido ante
Hashem en el último día de la vida de Moshé: dirigentes, ancianos, jueces,
hombres, mujeres, niños, conversos, leñadores y aguadores. Nadie queda
excluido. Todos ingresan juntos en el pacto con Dios, porque cada judío es
responsable por los demás mediante el principio de arvut — עַרְבוּת, responsabilidad mutua.
Este pacto no compromete solamente a quienes
estaban presentes, sino también a todas las generaciones futuras. Israel queda
establecido como el pueblo de Dios, unido por una misión espiritual y una
responsabilidad compartida.
Moshé advierte contra la idolatría,
especialmente contra quien se desvía en secreto y cree que podrá actuar con
impunidad. El alejamiento de Hashem puede provocar la desolación de la Tierra y
la dispersión del pueblo entre las naciones. Devarim/Deuteronomio 30:2
Sin embargo, la Torá también anuncia la promesa
de la teshuvá — תְּשׁוּבָה,
el retorno a Dios. Después de experimentar las consecuencias del exilio, el
pueblo reflexionará y regresará a Hashem con todo su corazón y toda su alma.
Entonces Dios reunirá a los dispersos de Israel desde los confines del mundo y
los llevará nuevamente a la Tierra de Israel.
Hashem promete «circuncidar» el corazón del
pueblo y de sus descendientes para que puedan amarlo plenamente. La teshuvá no
solo repara el pasado: renueva interiormente a la persona y acerca la
Redención.
Moshé enfatiza que la Torá no es inaccesible ni
se encuentra lejos de nosotros:
«Lo bashamáim hi» — לֹא בַשָּׁמַיִם הִוא, «No está en el Cielo».
Tampoco se encuentra al otro lado del mar,
porque:
«La COSA está muy cerca de ti: en tu boca y en
tu corazón, para cumplirla».
La Torá puede ser estudiada, comprendida y
llevada a la práctica. El camino hacia Dios se encuentra dentro de nuestras
posibilidades, en nuestros pensamientos, palabras y acciones.
La parashá concluye con el gran llamado al
libre albedrío. Hashem coloca ante nosotros la vida y el bien, la muerte y el
mal, la bendición y la maldición, y nos ordena:
«Y retornarás hasta Hashem, tu Dios, y
escucharás Su voz conforme a todo lo que yo te ordeno hoy, tú y tus hijos, con
todo tu corazón y con toda tu alma»
Devarim/Deuteronomio 30:2
Puntos de las enseñanzas sagradas
¿Cómo puede la teshuvá eliminar
retroactivamente una transgresión?
Acerca del efecto de la teshuvá, se
enseña en la Guemará —Iomá 86b y Rashi allí— que cuando una persona hace teshuvá
por amor, sus transgresiones deliberadas se transforman en méritos y:
«Su pecado queda arrancado desde su origen».
Es decir, esta teshuvá puede actuar incluso retroactivamente:
la transgresión es eliminada completamente y se considera como si jamás hubiera
existido.
A primera vista, esto resulta difícil de
comprender. Existe un principio general según el cual una causa
necesariamente debe preceder al efecto que produce. Entonces, ¿cómo es
posible que la teshuvá sea la causa que elimine el mal de la transgresión
«desde su comienzo», si la teshuvá tiene lugar cierto tiempo después de haber
cometido el pecado?
Podemos explicarlo de la siguiente manera:
La regla según la cual una acción no puede
afectar algo que la precedió se aplica únicamente cuando se desea producir una
realidad nueva que no existía anteriormente.
Pero cuando se trata solamente de aclarar y
revelar algo que ya existía desde antes, también una acción posterior puede
revelar cuál era la verdadera realidad en el tiempo anterior.
Así ocurre en nuestro caso: por su esencia y
por la dimensión interior de su alma, todo judío es bueno y santo. Durante el
pecado, su verdadera esencia —que es buena— permanece oculta.
Por lo tanto, podemos comprender cómo la teshuvá
por amor puede actuar retroactivamente. No necesita crear algo nuevo en el
tiempo anterior, sino solamente aclarar y revelar el bien y la santidad que
ya existían en el judío, incluso en el momento en que cometió la
transgresión.
Basado en Likutei Sijot, tomo XVII, p.
45; tomado de Likrat Shabat.
Devarim/Deuteronomio 30:3
«Entonces Hashem, tu Dios, hará retornar a tus
cautivos, tendrá misericordia de ti, volverá y te reunirá de entre todos los
pueblos entre los cuales Hashem, tu Dios, te haya dispersado».
Devarim/Deuteronomio 30:15
«Uvajarta bajaím» — וּבָחַרְתָּ בַּחַיִּים, «Elegirás la vida».
Elegir la vida significa amar a Hashem,
escuchar Su voz, cumplir Sus preceptos y aferrarnos a Él. No se trata
únicamente de elegir para nosotros mismos, sino también para que vivan
espiritualmente nuestros hijos y las generaciones futuras.
Parashat Vaielej — La despedida de Moshé
En Vaielej — וַיֵּלֶךְ, «Y fue», Moshé se despide del pueblo al cumplir 120 años.
Anuncia que ya no continuará conduciendo personalmente a Israel en su entrada a
la Tierra y transmite públicamente el liderazgo a Iehoshúa.
Moshé fortalece al pueblo y a su sucesor con
las palabras:
«Jazak veematz» — חֲזַק וֶאֱמָץ, «Sé fuerte y valiente».
Les asegura que Hashem marchará con ellos,
combatirá por Israel y no los abandonará. Aunque Moshé ya no ingresará en la
Tierra, la presencia de Dios continuará acompañando al pueblo. Devarim
31:28-29
La parashá presenta también la mitzvá de Hakhel
— הַקְהֵל, la gran reunión nacional que
se celebra cada siete años, durante Sucot, después del año sabático de Shemitá
— שְׁמִטָּה. Todo Israel —hombres,
mujeres, niños y conversos— debe reunirse en el Beit HaMikdash para escuchar al
rey leer secciones de la Torá.
El propósito de Hakhel es renovar la conciencia
del pacto, fortalecer el temor a Dios y enseñar a las nuevas generaciones a
observar la Torá. La experiencia reproduce la entrega de la Torá en el monte
Sinaí: todo el pueblo reunido como una sola unidad para escuchar la palabra
divina.
Moshé completa la escritura de la Torá y la
entrega a los cohanim, a los leviím y a los ancianos. Ordena colocar el rollo
junto al Arón HaBrit — אֲרוֹן הַבְּרִית,
el Arca del Pacto, como testimonio permanente para el pueblo de Israel.
Hashem llama a Moshé y a Iehoshúa a la Tienda
del Encuentro y les revela que, después del fallecimiento de Moshé, el pueblo
atravesará períodos de alejamiento espiritual. Como consecuencia aparecerá el hester
panim — הֶסְתֵּר
פָּנִים, el
ocultamiento del rostro divino:
No obstante, el ocultamiento no significa que
Hashem abandone a Israel. Incluso cuando Su presencia no resulta visible, Dios
permanece junto al pueblo y prepara el camino para su retorno.
Para que esta enseñanza permanezca viva a lo
largo de las generaciones, Hashem ordena a Moshé escribir y enseñar el cántico
profético de Haazinu — הַאֲזִינוּ.
Este cántico servirá como testimonio y jamás será olvidado por los
descendientes de Israel.
Mensaje central
Nitzavim y Vaielej enseñan que todo Israel
permanece unido y firme ante Hashem. Aunque Moshé se despide y el pueblo deberá
atravesar momentos de exilio y ocultamiento, la Torá continúa estando muy
cerca, la teshuvá siempre es posible y Dios nunca abandona a Su pueblo.
Cada generación debe renovar el pacto,
transmitir la Torá a sus hijos y elegir conscientemente la vida. La verdadera
fortaleza consiste en permanecer unidos, retornar a Hashem y avanzar con la
seguridad de que Él marcha junto a nosotros.
MEDITACIONES DEL REBE
Devarim/Deuteronomio 30:15
«Mira: he puesto hoy delante de ti la vida y el
bien, la muerte y el mal».
Rashi — «La vida y el bien»: Una cosa depende de la otra: si
haces el bien, tendrás vida; pero si haces el mal, tendrás la muerte. A
continuación, el versículo explica cómo ocurre esto.
Puntos sencillos de santidad
En las exhortaciones generales acerca del
cumplimiento de la Torá y las mitzvot está escrito:
«Mira: he puesto hoy delante de ti la vida y el
bien… y escogerás la vida».
A primera vista, la persona puede «ver» y
comprender por sí misma que la Torá y las mitzvot son «la vida y el bien».
Entonces, ¿por qué es necesario advertirle nuevamente que debe escoger la vida?
La explicación es la siguiente: si la elección
de la persona por la Torá y las mitzvot se fundamenta solamente en su
comprensión intelectual de que ellas son la vida y el bien, todavía no es
considerada un verdadero servidor de Hashem.
El servicio a Hashem es semejante al servicio
de un siervo a su amo: todo lo que el siervo hace es porque acepta el yugo que
su amo ha colocado sobre él. Por eso, la elección de la Torá y las mitzvot debe
fundamentarse en el mandato del Santo, bendito sea:
«Y escogerás la vida».
Sin embargo, antes de impartir este mandato, el
versículo dice:
«Mira: he puesto…».
Incluso cuando ordena «escogerás», destaca que
se debe escoger «la vida». Esto se debe a que el Santo, bendito sea, desea que
la persona elija la Torá y las mitzvot con toda su existencia y con todas sus
facultades.
Por ello, también el intelecto debe comprender
y sentir que:
La Torá y las mitzvot son la vida y el bien.
(Likutei Sijot, Parashat Vaielej, tomo
XV).
Devarim/Deuteronomio 30:16
«Porque yo te ordeno hoy amar a Hashem, tu
Dios, caminar por Sus caminos y guardar Sus mandamientos, Sus estatutos y Sus
leyes; entonces vivirás y te multiplicarás, y Hashem, tu Dios, te bendecirá en
la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella».
Rashi — «Porque yo te ordeno hoy amar»: Esto es el bien, y de ello depende
la vida.
Devarim/Deuteronomio 30:17
«Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, y
eres apartado y te prosternas ante otros dioses y los sirves…».
Devarim 31:28-29
«Reúnan ante mí a todos los ancianos de sus
tribus y a sus oficiales; hablaré a sus oídos estas palabras y tomaré como
testigos contra ellos a los cielos y a la tierra.
Porque sé que después de mi muerte ciertamente
se corromperán y se desviarán del camino que les he ordenado; y el mal les
acontecerá al final de los días, cuando hagan lo malo ante los ojos de Hashem,
provocándolo con la obra de sus manos».
Puntos de las Sijot Kódesh
Los pastores de Israel no se separan del rebaño
que apacientan
En la parashá Vaielej (Devarim 31:28) está
escrito: «Reúnan ante mí a todos los ancianos de sus tribus y a sus oficiales».
Rashi explica:
«Aquel día no tocaron las trompetas para
congregar a la asamblea. Puesto que Dios le había dicho a Moshé: “Hazte para ti
dos trompetas”, estas le pertenecían exclusivamente y Iehoshúa no recibió
autoridad sobre ellas. Incluso durante la vida de Moshé fueron ocultadas antes
del día de su muerte, para cumplir lo dicho: “No existe dominio en el día de la
muerte”».
Podemos explicar esto según el camino del
Jasidut.
Es conocido lo que está escrito en los libros
sagrados —véase Tania, Igueret HaKódesh, epístola 27 y su explicación en
la epístola 28—: «La obra que el tzadik realizó para la vida, su espíritu y su
alma, se eleva en ascenso tras ascenso hasta las alturas más sublimes».
De acuerdo con esto, ¿cómo concuerda esta
enseñanza con el versículo: «No existe dominio en el día de la muerte», del
cual se desprende que en el momento de la muerte disminuye la capacidad de
dominio del tzadik?
Podemos explicar que el versículo debe
interpretarse en un sentido positivo. Cuando una persona domina algo, ello
demuestra que todavía mantiene una relación con esa realidad, hasta el punto de
poder ejercer dominio sobre ella. Sin embargo, en el día del fallecimiento del
tzadik, puesto que este se eleva constantemente de un nivel a otro, deja de
tener relación con los asuntos de este mundo. Por eso se dice: «No existe
dominio en el día de la muerte».
Según esto, podríamos haber pensado que el día
del fallecimiento de Moshé, cuando ascendió a un nivel tan elevado que ya no
correspondía decir que tenía «dominio» sobre Israel, se interrumpió —Dios no lo
permita— la conexión entre él y el rebaño que apacentaba.
Por eso la Torá nos enseña que incluso en el
día de su fallecimiento Moshé dijo: «Reúnan ante mí». Él mismo quiso congregar
a todos los hijos de Israel, porque cualquiera sea la situación o el nivel
espiritual en el que se encuentre Moshé, continúa unido y completamente ligado
al rebaño que apacienta.
Como expresa Rashi sobre el versículo de Jukat
(Bamidbar 21:21):
«Moshé es Israel e Israel es Moshé» — מֹשֶׁה הוּא יִשְׂרָאֵל
וְיִשְׂרָאֵל הֵם מֹשֶׁה.
Basado en Likutei Sijot, volumen 24, páginas
220 y siguientes.
*MELAVE MALKA PARASHÁ NITZAVIM VAIELEJ*
*SHAVÚA TOV*
*🔸ACOMPAÑAMOS A LA REINA DEL SHABAT CON UNA
HISTORIA DEL BAAL SHEM TOVY MUCHO MÁS🔸*
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_🎻Es costumbre relatar cada sábado por la noche,
durante la comida de Melavé Malká, una historia jasídica sobre el Baal
Shem Tov. Se considera un canal de bendición (segulá) para el buen
sustento, para tener hijos y satisfacción de ellos, para una vida buena y
larga, y para la salud._
—¿Hay alguien que pueda hacer teshuvá en mi lugar?
—preguntó una persona al Rabino Dweck HaCohen al finalizar una
disertación sobre la teshuvá.
Durante su exposición, el rabino había relatado la historia del tanaíta Elishá
ben Avuiá, conocido como “Ajer” — “el Otro”, quien escuchó una voz
proveniente del Kodesh HaKodashim que proclamaba:
El rabino le respondió siguiendo el espíritu de su propia enseñanza:
—¡Es imposible! ¿Acaso no fue dicho: “Retornen, hijos
descarriados… excepto Ajer”? Ajer no puede hacer teshuvá en tu lugar. Solo
tú puedes hacerla.
En la parashá de esta semana (KI TAVÓ), junto con la Tojajá — las
amonestaciones, leemos también el versículo en el que el Santo, bendito
sea, declara que nos ha escogido para ser para Él un “Am Segulá” — un pueblo
preciado.
Todo judío está conectado con el Santo, bendito sea. Estos versículos
que hablan de la relación entre nosotros y Hashem nos recuerdan la necesidad de
prepararnos adecuadamente para el nuevo año y asumir buenas resoluciones,
para que seamos inscritos y sellados para un año bueno y dulce.
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EL NIÑO QUE LLAMABA “ABUELO” AL BAAL SHEM TOV
Los largos mechones de cabello del pequeño niño caían sobre sus hombros.
Sus dos ojos brillantes y despiertos revelaban de inmediato su gran
inteligencia.
Con una mano lo sostenía su madre y con la otra, su tía. Antes de bajar
del carruaje que los había llevado a Mezhibuzh, las dos se asomaron y
examinaron cuidadosamente los alrededores. Miraron hacia uno y otro lado, como
temiendo que ojos indiscretos descubrieran su llegada.
Cuando bajaron del carruaje comenzaron a caminar rápidamente, apremiando
al niño para que acelerara sus pequeños pasos. Un instante después
desaparecieron dentro de la casa.
En el interior ya las esperaba el tzadik, aquel de cuyas maravillas
todos hablaban.
—Aquí estoy, Rebe. Hice tal como prometí y traje aquí a mi hijo —dijo la
madre con voz temblorosa.
El tzadik contempló a la madre con el rostro radiante y pasó suavemente
su mano acariciando la cabeza del niño.
—Espero que tú y tu marido hayan tenido mucho cuidado en cumplir todas
mis indicaciones —dijo, mientras tomaba unas tijeras que estaban sobre la mesa.
—Por supuesto, Rebe —respondió la madre con reverencia—. Hemos cuidado
mucho a nuestro hijo para que no apareciera en público y para que ningún ojo
humano viera su llegada hasta aquí.
El tzadik tomó delicadamente los largos cabellos del niño y comenzó a
cortarlos lentamente. A ambos lados de la cabeza dejó las peot, según la
costumbre de Israel.
—No se demoren más aquí —les dijo a la madre y a la tía al terminar el
corte de cabello—. Regresen rápidamente y en paz a sus hogares, y continúen
comportándose tal como le indiqué detalladamente a Rabí Baruj.
Ellas asintieron con sumisión y se dispusieron a marcharse.
—Y una cosa más —las llamó cuando ya se encontraban en el umbral de la
casa.
Acercó un dedo a sus labios en señal de silencio, mientras dirigía su
mirada hacia el niño. La intención era perfectamente clara: el tzadik quería
ocultar el significado de lo ocurrido incluso al propio niño.
Durante el camino de regreso, el niño permaneció en silencio la mayor
parte del tiempo. Desde hacía tiempo conocía la costumbre de cortar el cabello
de un niño judío al cumplir los tres años, para comenzar a educarlo en las
mitzvot. También sabía que ese mismo día había cumplido tres años.
Pero la identidad del tzadik que le había cortado el cabello era para él
un misterio fascinante.
—¿Quién es el hombre que me cortó el cabello? —preguntó a su madre.
Por un instante, la madre se turbó, pero enseguida recuperó la
compostura.
—Es el abuelo —respondió, sin dar más explicaciones.
Por fortuna, el niño se conformó con aquella respuesta.
LA BENDICIÓN DEL BAAL SHEM TOV
Rabí Baruj, a quien había mencionado el tzadik, era el padre del niño y
esposo de su madre, Rivka. Pertenecía al grupo de los tzadikim ocultos,
dirigidos por el Baal Shem Tov.
Tampoco Rivka era una mujer sencilla. Por su propia cuenta mantenía un
programa regular de estudio de Torá y era una mujer verdaderamente erudita.
Todo había comenzado después de que transcurriera cierto tiempo desde su
matrimonio y Rabí Baruj y su esposa aún no habían sido bendecidos con hijos.
Acudieron a su Rebe y le suplicaron que despertara misericordia celestial por
ellos y pidiera su salvación.
En una ocasión, cuando volvieron a plantearle el asunto, sus ojos se
iluminaron.
—Con la ayuda de Hashem, el próximo año recibirán la salvación
—les dijo.
Su felicidad no tuvo límites.
Transcurrió un año y llegó el día 18 de Elul de 5505 (תק״ה).
Aquella mañana el Baal Shem Tov se encontraba en un estado de ánimo
especialmente elevado. Cuando regresó de su inmersión en la mikve, se acercó al
lugar de la plegaria y comenzó a rezar con una melodía festiva. Incluso no
recitó Tajanún ese día.
Sus discípulos lo advirtieron y se sorprendieron. Es dudoso que alguno
de ellos supiera que aquel era el cumpleaños del propio Baal Shem Tov, pero,
aun así, su alegría era excepcional.
Después de la plegaria, los discípulos se reunieron alrededor de su
maestro y él les dijo:
“En este día, miércoles, en la semana en que leemos la Haftará ‘Kumi Ori
— Levántate, resplandece’, descendió al mundo un alma nueva que iluminará al
mundo con la Torá revelada y con la Torá del Jasidut. El poseedor de esta alma
ha sido bendecido con mesirut nefesh por el Jasidut, y su camino tendrá éxito
hasta la llegada del Mashíaj”.
Los discípulos supusieron que esta era la razón de la alegría especial
de su maestro. Pero no sabían más que eso, y tampoco se atrevieron a preguntar.
“El alma de tu hijo pertenece a mi discípulo Rabí DovBer”
Tiempo después, Rabí Baruj llegó a Mezhibuzh para comunicarle a su Rebe
el nacimiento de su hijo, ocurrido el 18 de Elul.
El Baal Shem Tov se alegró enormemente y le indicó a Rabí Baruj toda una
serie de conductas que debía observar respecto del recién nacido.
La principal indicación era mantener al niño oculto de la mirada de
la gente por temor al ain hará — el mal de ojo — y no contarle absolutamente
nada acerca del Baal Shem Tov.
El Baal Shem Tov le dijo al padre:
“Debes saber que el alma de tu hijo no me pertenece a mí, sino a mi
discípulo Rabí Ber”,
quien posteriormente sería conocido como el Maguid de Mezritch.
Tiempo después, ambos padres acudieron juntos al Baal Shem Tov para
agradecerle por la bendición que se había cumplido.
En aquella oportunidad, la madre pidió permiso para llevar a su hijo a
Mezhibuzh cuando cumpliera tres años, para que el Baal Shem Tov lo iniciara en
la mitzvá de las peot.
El Baal Shem Tov reflexionó por un momento y aceptó, pero con una
condición: todo debía realizarse ocultándolo de la mirada de la gente y su
identidad debía permanecer secreta para el pequeño.
Y así fue exactamente como ocurrió.
¿Quién era aquel niño?
El Baal Shem Tov vivió aproximadamente quince años después del
nacimiento de aquel niño. Sin embargo, durante todos esos años tuvo especial
cuidado de ocultar su identidad de aquel pequeño que había nacido gracias a su
bendición, cuya alma había elogiado tanto y a quien él mismo, con sus propias
manos, había dejado por primera vez las peot.
No pasó mucho tiempo hasta que el nombre de aquel niño llegó a ser
conocido en todo el mundo como el fundador del Jasidut Jabad.
Aquel niño era nada menos que:
Rabí Shneur Zalman de Liadí, el Alter Rebe.
Durante toda su vida continuó llamando al Baal Shem Tov:
“Zeide” — “Abuelo”.
Y solía decir:
“El Baal Shem Tov es mi abuelo espiritual”.
(Fuente: Sijat HaShavúa)
18 de Elul — Jai Elul
Esta próxima semana, el lunes 18 de Elul, se conmemora el
cumpleaños de dos grandes luminarias:
Rabí Israel Baal Shem Tov, fundador del movimiento jasídico, y Rabí Shneur Zalman de Liadí,
fundador del Jasidut Jabad.