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KISLEV - JESHVAN 5778 DEL 12 AL 20 DE DICIEMBRE

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sábado, 24 de noviembre de 2012

El Judío se Pregunta

Así como los efectos limitantes del juicio son relativamente “izquierda”, mientras que la bondad amorosa fluye libremente de la “derecha”, así el poder penetrante de la fe en la “derecha” se equilibra con los límites y fronteras de la inteligencia en la “izquierda” (la “izquierda” se refiere aquí a la parte izquierda de la santidad y no a la “izquierda” negativa).
En este contexto, Hilel, el hombre de la bondad y la fe, tiene su socio “izquierdista” en Shamai, que es más crítico y también tiene una mente aguda, como dice el Talmud que los discípulos de Shamai eran “más agudos” que los de Hilel (no obstante la ley se determina de acuerdo a Beit Hilel porque era “indulgente y modesto”). Hilel a la derecha y Shamai a la izquierda.
Con esta nueva percepción, ahora nos encontramos con que desde un punto de vista espiritual Abraham constantemente estaba yendo y viniendo entre su “intelecto” y su “fe”. Obviamente, Abraham actuó sobre la base de un gran intelecto, comenzando su servicio de Dios con una curiosidad intelectual que le llevó a darse cuenta de que hay un Creador del mundo, como dice Maimónides muy claramente: “empezó a preguntar ya desde joven acerca del día y la noche… y su mente cuestionaba y razonaba hasta llegar al camino de la verdad y comprender la línea de justicia por sí mismo. Hasta darse cuenta de que hay un solo Dios”.
El intelecto de Abraham le llevó a alcanzar la fe, un estado de conciencia que ya no se rige solamente por el intelecto. A pesar de la profundidad de la inteligencia humana y su gran capacidad de expansión sigue siendo limitada, mientras que la fe en Dios no conoce límites. La fe toca la esencia, la esencia misma de la materia que está por encima de la mente. Como vemos en la Cábala, que la corona súper-consciente (la fuente de la fe en el alma) está por encima de todos los poderes concientes incluido el intelecto. Abraham dejó a un lado todos los conocimientos que había adquirido a través de su intelecto en la comprensión de que a pesar de todo lo que sabemos, en realidad no sabemos nada. Por encima de mi conocimiento está mi fe simple y sincera.
Esto no fue un acto aislado por parte de Abraham, sino un proceso constante de avance desde la inteligencia hacia la fe. Abraham no permaneció inactivo ni un momento y dedicó permanentemente su mente y conocimiento al entendimiento de la Divinidad, tanto es así que se abrían ante él nuevos horizontes de conocimiento cada día. Lo que sabe de Dios hoy es más de lo que sabía ayer, trayendo consigo una nueva “izquierda” que le obliga a moverse aún más hacia la “derecha”, elevándose de lo que a él le parece que hoy es la fe que está por encima de su intelecto, hasta que eso también es entendido dando lugar al nacimiento de un nuevo nivel de fe. Abraham viajó “atrás y adelante” del intelecto hacia la fe, a un nuevo intelecto y una más nueva fe.
 

Las Maravillas de tu Torá

Blog del Rabino Itzjak Ginsburgh

Las catástrofes de la historia judía moderna

Con este modelo de cuatro tipos de catástrofe o crisis que nos ocupa, podemos entender mejor los procesos que han afectado al pueblo judío en la historia reciente.
Hasta el siglo 19, el mundo judío en la diáspora se centró en el viejo y buen shtetl, un sueño que fue y ya no es. Uno puede encontrar vívidas descripciones del shtetl (ya sea de las memorias del Rabí Iosef Itzjak de Lubavitch, las historias contadas por Agnón o la obra de arte pintada por Chagall), y recibir la impresión de que se trataba de un mundo relativamente de utopía, un sueño con un aroma de paraíso (aunque ciertamente no todo lo que había allí era siempre bueno). Sin embargo, ese sueño se hizo añicos por la terrible destrucción espiritual que visitó el shtetl, incluso mucho antes del Holocausto. La apariencia de la serpiente en este cuento (que nos sedujo a probar el fruto del árbol de la ciencia) era “el Iluminismo”. Los judíos de repente se encontraron fuera del Jardín del Edén, la antigua fragancia familiar de idishkait estaba desapareciendo. El blando algodón que nos había protegido fue arrancado e influencias extranjeras entraron en el hogar judío, vaciando a tantos judíos de su tradición, de la Torá y sacados fuera de ese ambiente espiritual relativamente protegido y cuidado. Ahora, cualquier intento de volver al viejo shtetl judío es en vano, no podemos volver a la vida como solía ser. Nuestra única posibilidad de reparación es con el duro trabajo en el mundo moderno en que nos encontramos hoy.
La segunda catástrofe es el Holocausto, en el que el mundo judío fue literalmente erradicado. Comunidades enteras fueron arrasadas y los carboncillos humanos que fueron recuperados de las cenizas tuvieron que levantarse a sí mismas y comenzar una nueva vida después de que su mundo había sido destruido, al igual que Noaj después del diluvio. La única manera de que cada uno de estos sobrevivientes pudo seguir adelante fue no ceder a la sombría situación, sino darse cuenta de que si habían logrado sobrevivir milagrosamente en contra de las probabilidades (incluso sin poder entender por qué él específicamente había sobrevivido mientras otros perecieron) su tarea es mirar hacia adelante y construir un mundo nuevo.
Mientras el pueblo judío fue sometido a la catástrofe del Holocausto, la comunidad judía en la tierra de Israel comenzó a crecer, salvado de correr la misma suerte por Providencia Divina. A pesar del fenómeno milagroso del retorno a Zión de los judíos, el establecimiento del Estado de Israel es una reminiscencia de una Torre de Babel decepcionante. En vez de fundar de manera explícita el Estado sobre la base de la Torá, reconociendo y declarando que somos el pueblo de Dios, se hizo un intento de crear una unión mantenidos unidos por una cooperación material superficial, mientras que el Dios de Israel y la Torá, la única fuerza verdaderamente unificadora detrás del pueblo judío, fueron dejados deliberadamente fuera de la foto.
Los primeros años de existencia del Estado parecieron demostrar un éxito, pero la consiguiente crisis de la dispersión no se hizo esperar. Después de un corto periodo de tiempo, hubo años de decepción, ya que la unidad nacional comenzó a desintegrarse. La polarización de las distintas facciones en el pueblo creció y la crisis nacional se manifestó severamente en el crecimiento del fenómeno de la emigración, un fenómeno que transmite una sensación de inutilidad de todos los esfuerzos que se hicieron. La rectificación es por medio de la fuerza unificadora imbuida en nuestra naturaleza por los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, mediante la creación de nuestro “hogar nacional” sobre la base de nuestra cultura judía única, levantando la bandera de la Torá y la fe como la bandera del Estado judío rectificado.
Por último, nos encontramos lidiando con la cuarta crisis, la esclavitud. No siempre podemos sentir cuán esclavizados estamos realmente, y a veces ese es el mayor problema, que indica que hemos interiorizado una cultura extranjera, hablamos y pensamos en términos tomados de una mentalidad extranjera que nos ata y esclaviza. Una de las expresiones más fuertes de esta esclavitud es el temor expresado por la constante pregunta de: “¿Qué decir de otras naciones?”, que muy probablemente ha sido la fuerza impulsora más consistente detrás de la política exterior y militar de todos los gobiernos israelíes desde el establecimiento del estado.
Para corregir la situación actual tenemos que discutir abiertamente la necesidad de un salvador, un rey, el Mashíaj- que va a liberar nuestras mentes y abrirá nuestras bocas para que podamos tener pensamientos judíos y hablar palabras judías. Necesitamos un redentor que nos va a sacar de nuestro servilismo cultural y dirigirá una verdadera revolución, hasta que el pueblo judío se dé cuenta de su condición de ser “un reino de sacerdotes y una nación santa”. El éxodo del exilio egipcio fue “con nuestra cabeza en alto”, abierto, público y con bombos y platillos, y también lo será nuestra redención futura, pronto en nuestros días, en que todo quedará claro para que todos lo vean.
El éxodo de Egipto se completó con la entrega de la Torá y así también el punto culminante de la redención final será la revelación de una “nueva Torá”, la esencia de la dimensión interior de la Torá que recibimos en el Monte Sinaí.
 

Las Maravillas de tu Torá

Blog del Rabino Itzjak Ginsburgh 

Toldot - COSTUMBRES PARA EL DÍA DEL CUMPLEAÑOS

De un shiur del rabino Itzjak Ginsburgh, 20 Jeshvan 5773
 
 
Rev Itzjak de Homil aprendió tres cosas de los Jasidim ancianos en Liozna: a. ama a un judío y Hashem te amará.
b. Haz un acto de bondad a un judío y Dios hará una bondad por ti.
c. Ofrece tu amistad a prójimo judío y Dios te ofrecerá Su amistad.
Las 10 costumbres para el cumpleaños enseñadas por los Rebes de Jabad corresponden a las 10 sefirot.
Corona: por encima de las 10 sefirot está la corona; en nuestro cumpleaños se refuerza la iluminación de nuestra alma-raíz Divina.
Sabiduría: en (o cerca de) nuestro cumpleaños nos conectamos a la sabiduría de la Torá leyendo del rollo de la Torá en la sinagoga.
Entendimiento: el cumpleaños es el momento de reconectarnos a Dios separando un tiempo para estar solos con Él y meditar escrutando nuestra alma.
Conocimiento: reconectarnos al “árbol de la vida” nutrido por los justos de las generaciones previas leyendo un discurso jasídico en público.
Bondad: hacer algo bueno por el otro y alimentar tus sentimientos de amor por el pueblo judío.
Poder: se fuerte y decide hacer hoy algo más por Dios.
Belleza: la Torá es buena para nuestro cuerpo y nuestra alma, en tu cumpleaños estudia más de la Torá revelada y más de los secretos de la Torá.
Victoria: aprende tu nuevo capítulo de los Salmos, el número del capítulo de tu cumpleaños más uno.
Agradecimiento: haz una fiesta de cumpleaños para todos tus amigos y parientes; alaba a Dios y regocíjate.
Fundamento: un justo (צדיק
) es un dador; dona caridad (צדקה
) hoy.
Reinado: Dijo el rey David: “Yo soy plegaria”; lo podemos emular leyendo su libro de salmos y concentrándonos en nuestras plegarias diarias.
 
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"EL SECRETO: AGRADECER" Rav Ginsburgh

En la Parashat Vaieitze nacieron la mayoría de las tribus de Dios, 11 de las 12 tribus nacieron en nuestra parashá. Comenzando por Lea, sus hijos fueron Reubén, Shimón, leví, y el cuarto fue Iehudá. Luego dejó de parir, y la Torá continúa contando acerca del resto de las tribus. Cuando Lea nuestra matriarca dio a luz a su cuarto hijo -el hijo ligado a la realiza, la cuarta pata de la Carroza Divina del cual surge el reinado de Israel, el rey David, y de él el Mashíaj- ¿Qué está escrito en la Torá, acerca de por qué lo llamó Iehudá, יהודה , el único nombre en toda la Torá que tiene todas las letras del Nombre Havaiá y una letra más, la dalet ד , que también es la dalet de David, דוד , como vamos a explicar?
Está escrito así: [Bereshit 29:35]
"ותהר עוד ותלד בן ותאמר הפעם אודה את הוי' על כן קראה שמו יהודה ותעמד מלדת"
"vatahar od vateled ben, vatomer hapam odé et Havaiá. Al ken kará shemó Iehudá vataamod miledet"
"y concibió nuevamente y parió un hijo y dijo 'esta vez agradeceré a Dios' y por eso lo llamó Iehudá, y dejó de parir".
Sobre esto hay una enseñanza de los sabios en el tratado de Berajot: "Dijo Rabí Iojanán en nombre de rabí Shimón Ben Iojai: 'desde el día en que el Santo bendito Es creó Su mundo, no hubo una persona que agradeció al Santo Bendito es, hasta que vino Lea y le agradeció, como está dicho: 'esta vez agradeceré a Havaiá'". No sólo esta vez [הפעם , hapaam] es la primera desde el nacimiento de sus hijos, sino la primera vez [הפעם , hapaam] en la historia desde la creación del mundo, como dice Rabi Shimon Bar Iojai, que alguien se preocupó de agradecer a Dios.
Explican los comentaristas por qué justamente aquí en el cuarto nacimiento agradeció a Dios. La explicación simple es que vio proféticamente que Iaacov Avinu iba a tener 12 tribus, y tendría 4 esposas, por ahora desposó sólo 2, dos hermanas, pero en el futuro iba a desposar a otras 2 mujeres. Entonces iba a tener 4 esposas, y por un simple cálculo, si tiene 4 esposas y 12 tribus, a cada esposa le corresponde 3 hijos.
Y he aquí ahora que tuvo el cuarto hijo entendió que "no lo merezco". Y por cuanto que recibió más, que "no lo merezco", entonces agradeció. De aquí aprendemos que debemos agradecer cuando recibimos algo que sentimos íntimamente que "no lo merezco".
Ahora, quien estudia Jasidut, en especial Torát Hanefesh, psicología de la Torá, y tikún hanefesh, la rectificación de la psiquis, sabe que al final de cuentas "no me corresponde nada". Nos dirigimos a Dios a manera de súplica, "el pobre dirá palabras de súplica" [Proverbios 18:23] porque no merezco nada. Es algo muy importante repetirnos y aprender hasta que lo arraiguemos en lo profundo de nuestra psiquis que nada me corresponde y por lo tanto todo es un regalo gratuito de Dios. Cada neshimá, respiración, "Toda Neshamá tehaleliá", "toda respiración te Alabará Dios", "Col Atzmotai tomarna Havaiá", "Todos mis huesos te dirán Dios", hay que agradecer. Y en realidad Iehudá, el agradecimiento , tiene que nacer en cada momento, no hay que esperar hasta el cuarto hijo. Todo es Iehudá, y por eso es el reinado, el reinado es todo, todo es Iehudá y por eso él es la tribu real en el pueblo de Israel. Entonces hay que llegar hasta el punto en que "no merezco nada", y automáticamente agradezco por todo lo que Hashem me da.
Hay quienes preguntan, puesto que Adam el primer hombre estuvo antes que Lea, y en los Salmos capítulo 139, adjudicado a Adam Harishón, relata cómo Dios lo creó, etc., y allí hay un verso que dice:
[Salmos 139:14]
"אודך על כי נוראות נפליתי נפלאים מעשיך ונפשי ידעת מאד"
"Odeja al ki noraot nifleti niflaim maaseja venafshi iodaat meod"
"Te agradeceré, pues fui formado de manera maravillosa e imponente; insondables son Tus obras, aunque mi alma comprende muy bien."
Vemos que este es un verso de agradecimiento a Dios "porque has hecho maravillas, etc.", agradeciendo a Hashem por los actos maravillosos. Entonces ¿por qué Rabi Shimon Bar Iojai dice no hubo nadie hasta que vino Lea y agradeció a Hashem? Explican que, y así lo vamos a explicar nosotros más claro y simple, tal como escribimos en varias lugares que para las palabras הוד , hod, "reconocimiento" o "agradecimiento" y להודות , lehodot, "agradecer", hay varios significados.
Está el agradecimiento por un regalo, "muchas gracias". Te agradezco porque me has hecho un bien que no merezco. Y está el agradecimiento, como trae el Tania en Igrot HaKodesh, la Epístola Sagrada 15, en donde explica el Rebe Shneur Zalmen todas las sefirot superiores, hay que agradecer por todas las maravillas de Dios. Hay quien diferencia entre las dos formas gramaticales הודיה והודאה , hodaiá y hodaá, "agradecimiento" y "reconocimiento" pero en esencia ambos son un agradecimiento. Está el agradecimiento por la verdad de Hashem, en especial por aquellas cosas que son terribles y maravillosas como dice el verso citado, "Te agradeceré, pues fui formado de manera maravillosa e imponente; insondables son Tus obras, aunque mi alma comprende muy bien", que enorme y maravilloso es todo lo que Tu haces.
Y está el agradecimiento simple por el regalo que Me has dado, que no es el agradecimiento por las maravillas de Dios. Aquí vemos el origen de que agradecer por las maravillas ya lo había hecho Adam HaRishón, pero dar gracias por cosas simples, por lo que no merezco, no hubo una persona que agradeció hasta que llegó nuestra matriarca Lea.
¿Qué hay de especial en Lea nuestra matriarca? "El nombre de la mayor es Lea." [Bereshit 29:16] Lea es la hei " ה grande", es "biná", "entendimiento". Como trae la Cabalá:
"בינה עד הוד אתפשטת"
"Biná ad hod itpashetet"
"Entendimiento se extiende hasta Agradecimiento".
Estudiamos hace algunas clases que Lea es un estado de humildad, como en Proverbios 22:4: "La base de la humildad es el temor a Havaiá". Entonces Lea es pensamiento, es entendimiento, biná, Lea es modestia, y allí está el origen del agradecimiento simple. Por cuanto que entiendo perfectamente que no me corresponde nada en el mundo, entonces agradezco a Dios.
Ahora, dijimos que en el nombre de Iehudá, "יהודה , "y lo llamó Iehudá", están todas las letras del nombre Havaiá, "Hashem es todo", y por eso Iehudá es todo, esa acción espiritual de agradecer a Dios abarca todo, es maljut, el reinado. Como está escrito "hod maljut", el resplandor del reinado", "Ella [Maljut] está en Hod". Además hay una dalet, ד , de David, דוד . Cuando interpretamos las letras de acuerdo a "Las Letras de Rabí Akiva" donde la alef, א , se deletrea תלף , אמת למד פיך , emet lamed pija, "verdad enseñará tu boca". ¿Y qué es dalet?
ד'ע ל'ומר ת'ודה
da lomar todá,
"sabe decir gracias".
Entonces está el Nombre Havaiá y la dalet está entre las letras vav y hei de Iehudá, en cuyo nombre está el Nombre Havaiá en su orden, iud-hei-vav-hei. Entre la Vav y la Hei, que forman en Cabalá lo que se denomina Iuda tataá, "unión inferior", y para generar esa unión tiene que estar en medio la dalet de "sabe decir gracias". Esto comprende toda la Torá porque toda la Torá es para unir a Havaiá con la Presencia Divina en nombre de todo Israel, [Leshem Ijud Kudsha Berij Hu uShjinte beshem col Israel] Esto es la unión vav-hei del Nombre.
Y para unirlos tiene que estar allí la raíz del rey David que viene de Iehudá, "Da lomar todá", "sabe decir gracias". Y de esta manera será Hashem, Havaiá, Rey sobre toda la Tierra". Cuando todos reconocerán a Dios, no sólo su existencia, no sólo por Sus maravillas tremendas, sino que simplemente agradecerán por cada respiración, por cada movimiento del cuerpo, por cada instante de vida. Esto es Iehudá, el cuarto hijo, [רבע , reva] el secreto de רבע ישראל מספר את , mispar et roba Israel, que también implica "zivug, "pareja", el aparejamiento de la vav y la hei del Nombre de Dios.
Entonces que logremos cumplir con esto tan simple como "sabe decir gracias", "y viene a Tzión el redentor".

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